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Vol. 143 - Número 10 - Julio 2022 (en Castellano) |
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Una visión holística de quiénes somos
Carlos Pérez Menéndez
Uno de los requerimientos más universales expresados para aquellos que quieren desarrollar su potencial interno es que los candidatos deben conocerse a sí mismos. En el portal del templo de Apolo en Delfos había una inscripción que decía “Hombre, conócete a tí mismo”. Hay un acuerdo en toda tradición esotérica sobre la necesidad de conocernos a nosotros mismos. Ramana Maharshi ha promovido la auto-indagación con una pregunta: “¿Quién soy yo?”. Esta pregunta no es intelectual o conceptual, sino una que gradualmente producirá respuestas más profundas y conscientes.
¿Quiénes somos realmente? Estamos acostumbrados a presentarnos con nuestro nombre, edad, estudios, profesión, aficiones, etc. Pero todo esto se refiere únicamente a los hechos de nuestra vida y no refleja nuestra naturaleza psicológica, nuestras aspiraciones o, más importante aún, nuestra realidad interna. No es fácil responder a la pregunta de quiénes somos realmente. ¿Somos la máscara amable y tierna que mostramos al mundo exterior, o quizás la dura y severa? ¿Somos los miedos y prejuicios que nos acompañan desde temprana edad? ¿Somos la persona enojada, envidiosa y competitiva? ¿O somos la persona amable, cariñosa y amistosa que revelamos en otros momentos? ¿Somos el hijo, el cónyuge, el padre, el hermano, el amigo o el compañero de trabajo? Todas estas son facetas de nuestra vida y las desempeñamos a todas simultáneamente. ¿Somos los pensamientos y emociones fugaces que cambian constantemente, o quizás los más persistentes? Según la investigación del Dr. Fred Luskin de la Universidad de Stanford, un ser humano tiene unos 60.000 pensamientos al día. Por lo tanto un pensamiento nos dura en promedio 0,7 segundos, contando el tiempo en que dormimos. Pero el sorprendente descubrimiento de este estudio es que el 90% de los pensamientos son repetitivos. ¿O tal vez somos nosotros los que observamos y reflexionamos sobre esto?
¿Cómo conocernos a nosotros mismos? Tratamos de saber lo que somos mirando dentro de nosotros mismos: nuestros pensamientos, nuestras emociones, la grandeza del misterio que somos. Pero nuestra naturaleza psicológica distorsiona lo que observamos y no nos es posible entendernos completamente a nosotros mismos porque existen algunas barreras para hacerlo:
Las relaciones nos retratan Para conocernos a nosotros mismos, una parte de la respuesta es ver cómo nos relacionamos con otras personas y con el mundo en general. ¿Cómo son nuestras relaciones? ¿Tenemos relaciones duraderas? ¿O cambiamos de amigos y de pareja con demasiada frecuencia? No hay dos relaciones iguales, pero veamos la generalidad. ¿Son nuestras relaciones saludables y satisfactorias para nosotros y también para los demás? ¿Se basan en la libertad y en el respeto mutuo o están plagadas de desconfianza y control? ¿Son relaciones “win-win” (donde ambos ganamos)? ¿Amamos y somos amados? ¿Sentimos que la vida fluye a través de nuestras relaciones o son ellas conflictivas y neuróticas? ¿Creemos que nuestros amigos y familiares nos consideran con respeto y cariño?
La influencia de la red social Todas nuestras relaciones forman una red, nuestra red social. Esto no significa plataformas de Internet para redes sociales como Facebook, Instagram o Twitter. La red social está formada por todas las personas con las que tenemos algún tipo de relación: familiares, amigos, compañeros de trabajo, clientes y proveedores, vecinos, e incluso las personas a las que compramos con frecuencia. No importa los canales que utilicemos para comunicarnos con ellos. Podemos comunicarnos cara a cara, por correo electrónico, por teléfono o a través de una plataforma de red social, como se mencionó anteriormente. Entre 2007 y 2010, dos investigadores en Ciencias Sociales, Nicholas Christakis y James Fowler, realizaron un análisis estadístico desde la perspectiva de las redes sociales del “Framingham Heart Study”, iniciado en 1948 y activo hasta la actualidad, sobre hábitos de vida y enfermedades cardiovasculares de personas que viven en Framingham, Massachusetts, Estados Unidos. Descubrieron que influimos en las personas de nuestra red hasta en un tercer grado de conexión. Lo que hacemos, sentimos y pensamos influye en nuestra red social hasta en un tercer grado. Es decir, que influimos en nuestros amigos pero también influimos en los amigos de nuestros amigos, y también influimos en los amigos de los amigos de nuestros amigos. Aquí a las personas emparentadas se les llama “amigos” aunque sean parientes o vecinos. A su vez, las personas que componen nuestra red social, nuestros amigos, también nos influyen de la misma manera. Todos somos influenciadores (influencers) mutuos en la vida real. Cabe señalar que la probabilidad de influencia, o contagio, como lo llamaron los investigadores, es más fuerte cuanto más directa es la relación. Por ejemplo, los amigos de una persona que se vuelve obesa tienen un 45% de posibilidades de volverse obesos si están en el primer grado de la relación, un 20% si están en el segundo grado y un 10% si están en el tercer grado1. En grados de relación mayores de tres, la influencia es despreciable. Las influencias en las redes sociales son muy importantes. El antropólogo y psicólogo británico Robin Dunbar estimó que una persona promedio en el mundo de hoy puede mantener 150 relaciones, lo que se conoce como el número de Dunbar. De esta forma, una persona influye y es influenciada por unas 1503 = 3,3 millones de personas. Es probable que la cifra real sea menor porque muchos de nuestros amigos también son amigos entre sí.
El cerebro global Algunos pensadores de diferentes campos, como Peter Russell, 2 han propuesto la idea de que la humanidad está construyendo un cerebro global. Debido al desarrollo de Internet que conecta a muchas personas y dispositivos, se genera y almacena una enorme cantidad de información, que fluye entre las personas como las señales que fluyen entre las neuronas de un cerebro. Las redes sociales y la web con sus hipervínculos, juegan un papel fundamental en la difusión de información. Este es un ejemplo de inteligencia colectiva. La inteligencia de la red se distribuye como en las neuronas de nuestro cerebro, y no existe un nodo central que lo controle todo, aunque algunas personas lo intentan. Personas con intereses mezquinos intentan “envenenar” esta mente colectiva difundiendo noticias falsas y creando usuarios falsos en las redes sociales con el único fin de manipular el pensamiento de muchos individuos que no tienen tan claras sus propias ideas. Al hacerlo, pueden torcer la dirección de la opinión pública sobre un tema o pueden ganar una elección. Pero nosotros, las personas que conformamos la red global tenemos las herramientas para defendernos de estos ataques si estamos atentos. Un buscador de la verdad no debe difundir mentiras sin antes verificar su veracidad. De la misma manera, nuestra red social tiene su inteligencia distribuida. Tomamos decisiones influenciados por ella y también estamos presentes en las decisiones que toman nuestros amigos aunque no las hayamos comentado. James Fowler ha dicho que “las redes sociales nos influyen más que los medios de comunicación”.
Interdependencia con la Naturaleza Dependemos de otros seres tales como bacterias, hongos, plantas y animales, y ellos a su vez dependen de nosotros. En nuestro cuerpo, hay bacterias que necesitamos para nuestro funcionamiento normal. Necesitamos el oxígeno que producen las plantas y ellas necesitan nuestro dióxido de carbono. Los insectos y los hongos descomponen nuestros desechos y devuelven los materiales al ecosistema. Somos parte de los innumerables ciclos de vida de la Naturaleza. Todo está maravillosamente interconectado, formando un sistema. Somos parte de muchos sistemas. Somos parte de la Unidad de Vida. En un sistema, el todo es más que la suma de las partes. En cada uno de nosotros hay un reflejo del Todo. Al ignorar esta realidad que estamos comprendiendo cada vez más profundamente, estamos poniendo en peligro el ecosistema de la Tierra, Gaia. El doctor James Lovelock elaboró la teoría de que el conjunto o colección de todos los organismos biológicos, minerales, agua, gases, rocas y todo lo que existe en la Tierra, es un sistema autorregulado al que llamó Gaia. En la Naturaleza, la cooperación es más importante que la competencia. La Naturaleza nos da muchas evidencias de cómo la cooperación entre individuos ha sido más importante en la evolución que la competencia y la lucha por la subsistencia. Sólo por existir dejamos una huella en la Naturaleza. Necesitamos agua, aire, espacio y alimentos, y a su vez, dejamos desechos. Pero si entendemos que somos parte inseparable de la Naturaleza, intentaremos hacer el menor daño posible, utilizando conscientemente los recursos y descartando la crueldad y explotación de nuestros hermanos menores, los animales.
No estamos separados Si nos damos cuenta de la Unidad de toda la Vida, podemos comprender más acerca de nosotros mismos. Somos una radiación de Vida y dentro de nosotros está el potencial del Uno. Todos los seres y la materia están interconectados y son interdependientes. El yo se disuelve: nos damos cuenta cada vez más de que, aunque somos una singularidad, ninguna membrana o envoltura nos separa del todo. La separación está sólo en nuestra mente que ha elaborado la estructura del “yo” separado. Así que conocernos a nosotros mismos es una búsqueda, una aventura. Es el descubrimiento de nuestra esencia, de lo sagrado y permanente que está dentro de nosotros, pero también fuera. Si podemos ver la grandeza potencial dentro de nosotros, también la veremos en otros seres. Y si no la vemos en ellos, tampoco la vemos en nosotros. Interior y exterior son conceptos elaborados por uno mismo porque todo está relacionado. Podemos creer que somos muy buenos, pero cómo son nuestras relaciones nos dirá mucho sobre quiénes somos realmente. Otros actúan como espejos.
El auto-descubrimiento Se requiere una actitud inquisitiva y atenta. ¿Cómo lo hacemos? El estudio y la meditación son importantes, pero es a través del servicio como podemos conocernos mejor: cómo nos relacionamos, qué sentimos y cómo reaccionamos. Podemos creer que somos muy espirituales y elevados por encima de los seres humanos ordinarios, pero observando las dificultades de la vida cotidiana y el trato que damos a los demás es como nos damos cuenta de dónde estamos. Cada acto de la vida es de alguna manera un servicio. No importa lo que hagamos. Ya sea que estemos cuidando a un miembro de la familia, construyendo una casa, fabricando un producto, enseñando en una escuela, trabajando como servidor público o resolviendo el problema de un cliente, siempre estamos sirviendo. Hay algo sagrado en todas nuestras acciones, sentimientos y pensamientos. Toda la vida está en constante cambio y transformación, y eso nos incluye a nosotros. No basta con obtener una imagen estática de nuestra naturaleza psicológica de una vez para toda la vida, aunque esto fuera posible, porque cambiamos con las experiencias de la vida y con el aprendizaje. El autodescubrimiento es un proceso continuo y requiere atención constante. Es necesaria una visión integral, una visión holística para entendernos a nosotros mismos, que es lo mismo que entender la Naturaleza, o la Vida. La visión que tenemos determina nuestra escala real de valores, y ésta, a su vez, determina nuestro comportamiento en el día a día. El sentido de unidad con la Vida y la compasión que de ella se deriva, nos hace respetar a todos los seres vivos, seres humanos, animales, plantas, hongos e incluso minerales o el paisaje como algo precioso del que formamos parte. J. Krishnamurti ha dicho: “Descubrirse a sí mismo no tiene fin y requiere constante investigación, percepción total, darse cuenta sin elección alguna. En realidad este viaje consiste en abrir una puerta al individuo en relación con el mundo". Cuando contemplamos la inmensidad del Universo nuestro sentido del yo se desvanece. Nuestra admiración por lo inconmensurable, lo infinito, nos permite vencer la ilusión de sentirnos separados. Entonces, en lugar de preguntarnos en singular “¿Quién soy yo?” debemos preguntarnos en plural: “¿Quiénes somos?” Porque el descubrimiento de nosotros mismos es la realización de la Vida Una en nosotros, como en todo el Universo. “No estás en el Universo. Eres el Universo, una parte intrínseca de él. En el fondo, no eres una persona. En cambio, eres un punto focal donde el Universo se hace consciente de sí mismo. ¡Qué milagro tan maravilloso!” Eckhart Tolle
Referencias 1. Christakis, N. A., Fowler, J. H. (26 July 2007), “The Spread of Obesity in a Large Social Network over 32 Years”, New England Journal of Medicine. 2. Russell, Peter (1985). The Global Brain: Speculations on the Evolutionary Leap to Planetary Consciousness.
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