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Vol. 143 - Número 10 - Julio 2022 (en Castellano) |
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“La Escala de Oro” - Parte I David P. Bruce David P. Bruce es el Secretario Nacional de la ST en Estados Unidos y forma parte del Consejo Directivo. Es asimismo director educativo, supervisa el programa de actividades de prisiones; es conferenciante nacional, escritor y editor.
Introducción La pluma prolífica de H.P. Blavatsky (HPB) dejó un rico legado para las generaciones futuras de eruditos de la teosofía, estudiantes e investigadores curiosos. Incluye piezas maestras como Isis sin velo y la Doctrina Secreta, así como obras más cortas pero notables, tales como La Clave de la Teosofía y La Voz del Silencio. Una de sus más modestas contribuciones literarias, “La Escala de Oro”, a menudo pasada por alto para aquellos familiarizados con sus grandes obras, está silenciosamente incluida en los Collected Writings. Conteniendo tan sólo 120 palabras y desprovista de tecnicismos que requieran la asistencia de un glosario, esta es probablemente una de sus obras más infravaloradas y subestimadas. No obstante, aquellos que la han estudiado cuidadosamente, saben que, en su modesta apariencia, reside su verdadero valor. Esencialmente, es una lista de 13 preceptos cortos para el caminante espiritual, seguido de un breve colofón: 1 Una vida limpiapia 2 Una mente abierta 3 Un corazón puro 4 Un intelecto ávido 5 Una percepción espiritual sin velos 6 Un afecto fraternal hacia todo 7 Una presteza para dar y recibir consejo e instrucción 8 Un leal sentimiento del deber hacia el Instructor 9 Una obediencia voluntaria a los mandatos de la Verdad 10 Un valeroso ánimo para soportar las injusticias personales 11 Una enérgica declaración de principios 12 Una valiente defensa de los que son injustamente atacados 13 Y una mirada siempre fija en el ideal de progreso y perfección humana que nos revela la ciencia secreta El cómo hemos de interpretar cada uno de estos peldaños y cómo cada peldaño se relaciona con los otros, se discutirá a su debido tiempo.
Dos desafíos Cuando examinamos el considerable número de trabajos con la firma de HPB, es tentador descartar una pieza corta como “La Escala de Oro”. Su modesto tamaño y facilidad de lectura sin duda contribuye a que sea pasada por alto por lectores más ambiciosos, que prefieren el reto intelectual que plantea La Doctrina Secreta o Isis sin velo. Mientras que estas dos grandes obras llenan juntas casi 3000 páginas, “La Escala de Oro” puede imprimirse en una sola hoja de papel. Además, las dos obras anteriormente mencionadas, presentan al lector numerosos tecnicismos, cuyo significado y pronunciación requieren la consulta de un glosario. Por otro lado, el lenguaje de “La Escala de Oro” no podría ser más claro y simple. Debido a estos factores, una lectura superficial podría dar la impresión de que “La Escala de Oro”, no es más que una compacta colección de sonidos devocionales agradables. Después de haberlos leído debidamente una vez – quizás dos – el lector despreocupado concluye, que ya puede tacharlo de su lista de lecturas teosóficas y pasar a algo más sustancial.
No obstante, hay en “La Escala de Oro” más de lo que se ve a primera vista. Contiene un par de desafíos que pueden no ser evidentes pero no son una cuestión del lenguaje, sintaxis o términos extravagantes. El primero es un tema de aplicación, de poner los 13 peldaños en práctica, un día sí y al otro también. Esto parece una obviedad, pero ¿acaso no es siempre así con las listas cortas de preceptos morales? Leerlos es mucho más sencillo que aplicarlos. Por supuesto, esto no será una sorpresa para aquellos que han realizado el intento de vivir en concordancia con ciertos códigos morales de conducta, independientemente de la religión o tradición espiritual que haya propiciado ese código.
El otro reto podría no ser tan obvio y aquí es dónde se pone interesante. Esencialmente, es un desafío de comprensión. ¿Cómo es esto posible, podrías preguntar? Tú dices que has leído “La Escala de Oro”, dos o incluso tres veces y sientes que la has entendido por completo, pero ¿es así realmente? El lector despreocupado normalmente subestima escritos como este. Es casi como si la simplicidad sin sofisticaciones del lenguaje actuase de camuflaje a las profundas capas de significado, escondidas debajo de la superficie de las palabras, esperando tan solo a ser descubiertas. Si vamos de prisa, nos privamos de la oportunidad de descubrir nuevas perspectivas, que tan solo acuden a aquellos que tienen paciencia y perseverancia.
¿Una lista aleatoria?
“La Escala de Oro” ofrece un conjunto de reglas imperecederas para los aspirantes espirituales. Su estructura es simple y consta de tres secciones: (1) una directiva concisa, (2) los trece peldaños y (3) una conclusión decisiva. La frase de apertura (frecuentemente omitida en algunas versiones) actúa como un requisito para aquellos que desean escalar los peldaños: “Contempla la verdad ante ti”. El verbo contemplar parece ser significativo y deliberadamente elegido. Si Blavatsky hubiese escrito “Ve la verdad ante ti” o “Observa la verdad ante ti”, ¿Habría tenido el mismo efecto? Me parece que no. Mientras que las palabras “ver” y “observar”, se aplican normalmente a una percepción superficial y momentánea, la palabra contemplar acarrea la connotación particular de mantener algo a la vista, considerando todos sus aspectos, de retener en la memoria una profundidad y todo esto sugiere, un nivel de percepción más profundo, como sugiere esta línea del Soneto 106 de William Shakespeare: “Más nosotros, que contemplamos estos días presentes, tenemos ojos para preguntarnos…” Bien podríamos preguntarnos por los trece peldaños: ¿es una lista aleatoria? O ¿hay alguna lógica en la secuencia?, ¿pueden ser divididos en grupos? Y si es así, ¿Cómo podría hacerse esto? Repasémoslos: [1] Una vida limpia, [2] una mente abierta, [3] un corazón puro, [4] un intelecto ávido, [5] una percepción espiritual sin velos, [6] un afecto fraternal hacia todo, [7] una presteza para dar y recibir consejo e instrucción, [8] un leal sentimiento del deber hacia el instructor, [9] una obediencia voluntaria a los mandatos de la Verdad una vez que hemos puesto nuestra confianza en ese Instructor y creemos que Él la posee, [10] un valeroso ánimo para soportar las injusticias personales, [11] una enérgica declaración de principios, [12] una valiente defensa de los que son injustamente atacados, [13] y una mirada siempre fija en el ideal de progreso y de la perfección humana que nos revela la ciencia secreta. Para aquellos que albergan la esperanza de adquirir una comprensión más profunda de “La Escala de Oro”, sería muy beneficioso emplear más tiempo contemplando la interrelación entre los trece peldaños. Organización ¿Están estos trece peldaños organizados de alguna manera? O ¿no son más que una recopilación ecléctica de cualidades admirables y consejos inspiradores, destinados a los aspirantes espirituales? En 1958 la Theosophical Press publicó un artículo de Sidney Cook en “El Teósofo”:
No debería sorprendernos si encontramos que HPB nos ha dado mucho más que una lista aleatoria de peldaños o etapas. ¿Acaso el hecho de que ella los nombra una escala, sugiere que debe haber un orden y una secuencia de pasos a seguir; de que la escalera tiene una estructura y forma y que cada uno de los peldaños debe, por tanto, ser hollado en el momento apropiado? Otros respetados autores teosóficos incluyendo a John Algeo y Joy Mills, han llegado a la misma conclusión y es por qué estamos mirando la estructura global de “La Escala de Oro” antes de discutir sus trece peldaños uno a uno. Creo que el saber cómo la escalera está organizada, puede conducirnos a una apreciación y entendimiento más profundos de sus componentes.
Los primeros cuatro peldaños –una vida limpia, una mente abierta, un corazón puro, un intelecto àvido – forman la base de la escala; ellos proveen el fundamento para las posteriores etapas de desarrollo. Sin unos sólidos y estables cimientos, el aspirante no alcanzará el templo de la sabiduría divina, que es en última instancia hacia donde esta metafórica escala conduce. Algeo incluye el quinto peldaño, una percepción espiritual sin velos, en el primer grupo, pero yo acuerdo con Cook y Mills, quienes lo colocan separado, siendo los cuatro primeros prerrequisitos necesarios para que emerja el quinto. A continuación, todos están de acuerdo en que los ocho peldaños restantes se agrupan en dos grupos de cuatro: un afecto fraternal hacia todo, una presteza para dar y recibir consejo e instrucción, un leal sentimiento del deber hacia el instructor y una obediencia voluntaria a los mandatos de la Verdad conforman el siguiente grupo, mientras que el último incluye un valeroso ánimo para soportar las injusticias personales, una enérgica declaración de principios, una valiente defensa de aquellos que son injustamente atacados y una mirada siempre fija en el ideal del progreso y perfección humana. En otras palabras, los peldaños se organizan así: 4 + 1 + 4 + 4 = 13.
Para resumir, los peldaños del 1 al 4 tienen una naturaleza preparatoria, que conducen al quinto peldaño – una percepción espiritual sin velos. Los peldaños del 6 al 9 esbozan información adicional en el contexto de las relaciones y los peldaños del 10 al 13 describen la expresión de las cualidades del alma como el coraje, el valor y la constancia. Hemos concluido ahora nuestra visión general sobre “La Escala de Oro” y comenzaremos a examinar cada uno de los 13 peldaños.
Existe una buena razón por la que estos trece peldaños comienzan con una vida limpia. Sirve como base para todos los peldaños que siguen. Sidney Cook lo ha descrito como “una cualidad básica requerida para el desarrollo interno”. De manera similar, John Algeo lo ha llamado “la preparación ineludible”. Algunos podrían tentarse a rebajar la importancia de este peldaño, ya que, carece del atractivo dramático que se encuentran en los siguientes, como “coraje para soportar”, “valiente defensa”, “enérgica declaración”, los cuales son capaces de conmover el corazón e imaginación del neófito con visiones de actos heroicos. Sin embargo, “La Escala de Oro” no es un ascensor rápido por el que se llega sin esfuerzo al último piso. Con el fin de ascender al templo, el estudiante debe hollar cada peldaño individualmente, comenzando con el primero. De hecho, la mayor parte de los caminos espirituales comienzan con una etapa preliminar para aclimatar y preparar al novicio para lo que le espera. Parte del entrenamiento conlleva limpieza y purificación de cualidades y hábitos indeseables. Hablando metafóricamente, no se puede entrar en el templo de la sabiduría divina con los zapatos embarrados. Esta idea está extraordinariamente ilustrada en la magistral alegoría de Dante, Purgatorio, en la que Dante tiene que hacer la larga y ardua subida al Monte Purgatorio para poder ascender al Cielo.
Aquellos de nosotros que nos sentimos atraídos hacia las enseñanzas esotéricas, estamos acostumbrados a tener que cavar profundo para encontrar los significados ocultos. Sin embargo, los componentes de una vida limpia no están velados en un halo de misterio, ni enterrados en simbolismos ocultos. Ellos son obvios, están ampliamente aceptados y son fácilmente comprendidos. Se encuentran en las enseñanzas éticas de las religiones más importantes del mundo y han sido puestos en práctica por innumerables personas que adhieren al precepto de que la pureza está próxima a la divinidad. Así pues, ¿cuáles son los componentes de una vida limpia? Incluyen sustituir la falsedad por la veracidad, tanto en palabra como en acción; tratar a otros justamente y no con engaño; sustituir la tosquedad y la vulgaridad mediante el cultivo del refinamiento y de la pureza en nuestros patrones de pensamiento y habla; mostrar amabilidad y caridad a los demás, incluso a completos extraños en vez de seguir absorbidos en nuestros asuntos e insensiblemente indiferentes; y finalmente, eliminar las distracciones, el desorden y las cosas no esenciales en la vida de cada persona. Si todo esto parece un poco desalentador, aquellos sabios que han ascendido las escaleras nos dicen que no nos sintamos descorazonados. La perfección absoluta no es requerida en esta etapa, solo un grado razonable de logro. Si mantenemos esto en mente, la tarea será manejable y no imposible.
Mantener una mente abierta es considerada una virtud. Aquí la palabra mantener, como opuesto a tener, está elegida deliberadamente. Mantener algo implica hacer un esfuerzo consciente durante un período de tiempo, mientras que la palabra “tener” podría sugerir pasividad. La mente humana es fácilmente condicionada, un proceso que comienza en la infancia y continúa durante la adolescencia y la adultez. Incluso si éramos bastante abiertos de mente cuando jóvenes, probablemente nos acomodamos en patrones de pensamiento predecibles a medida que crecimos. Para evitar este condicionamiento de la mente, un proceso que es tanto natural como universal, se requiere vigilancia y autoconsciencia. En las sociedades pluralistas, una mente abierta favorece la cortesía y la afabilidad en las relaciones sociales. Cada persona tiene su punto de vista, su perspectiva sobre la vida, algunas podrían diferir radicalmente de las nuestras y una mente cerrada crea barreras, que dividen en vez de construir puentes que conectan. En un mundo tecnológico que parece estar cambiando a un ritmo vertiginoso, las soluciones del ayer puede que no sean aplicables hoy. Mantener una mente abierta nos da flexibilidad y nos proporciona opciones sobre cómo responder a las cambiantes circunstancias. ¿Puede una mente abierta impedirnos de tener opiniones y creencias? No necesariamente, siempre que las retengamos de una manera ligera. Hay que reconocer que esto puede ser complicado para aquellas personas que cuando ven sus creencias desafiadas, se ponen a la defensiva o en contra. Sin embargo, nuestras opiniones pueden cambiar y muchas veces así lo hacen. Incluso nuestras más apreciadas creencias cambian con el tiempo. Podemos creer en el principio de justicia, por ejemplo, pero nuestra comprensión de lo que significa la justicia puede cambiar a medida que adquirimos conocimiento y experiencia. Cuando somos jóvenes nuestra comprensión es limitada, pero a medida que crecemos, también lo hace nuestra capacidad de entender sutilezas o complejidades que estaban anteriormente más allá de nuestro alcance. Consideren lo que G.M.A Grube dice en El pensamiento de Platón: “Cuando volvemos la mirada al conjunto de obras de Platón, encontramos que su creencia en un orden y un propósito en el universo es la misma a lo largo de todos sus escritos, si bien el significado de sus dioses se hace más profundo y se desarrolla desde un período de su vida a otro. Platón no abandonó sus principios y tampoco deberíamos hacerlo nosotros, pero una mente abierta nos posibilita ver esos principios con una nueva luz y comprensión.
“La Escala de Oro” enumera un corazón puro como una de las cualidades preparatorias necesarias, antes de que un despertar espiritual genuino tenga lugar. Así, la importancia para el aspirante espiritual no puede ser exagerada. Utilizando la metáfora de la escalera en vez de la escala, La Voz del Silencio, emite una advertencia a aquellos que están demasiado ansiosos por avanzar sin haber hecho el trabajo preparatorio necesario: “Sé precavido, no sea que pongas un pie todavía manchado en el peldaño inferior de la escalera.” Limpiar las impurezas del corazón puede ser una tarea monumental, especialmente para aquellos que viven en un mundo de pensamientos e ideas y buscan la lógica y la razón para solucionar sus problemas. Bien harían en prestar atención a las palabras del filósofo francés Pascal: “El corazón tiene razones que la razón ignora.” Como se mencionó arriba, el proceso de la purificación debe comenzar antes de que se pueda ascender con seguridad la escala, que conduce al templo de la sabiduría divina. Afortunadamente la tarea se realiza de manera mucho más sencilla, si se ha practicado el primer paso de “La Escala de Oro” – una vida limpia. La persona que afronta este reto se describe en el Salmo 24 como “El de manos limpias y corazón puro.” (Merece la pena contemplar como los requisitos preliminares de una vida limpia y un corazón puro se refuerzan uno al otro.) También es de interés el hecho de que, en El libro de los Salmos, la palabra “corazón” aparece más de 100 veces. Habla de corazones limpios y corazones puros; corazones heridos y corazones rotos; corazones orgullosos y corazones endurecidos; corazones confusos y corazones dichosos. Claramente, el corazón es el lugar donde el cambiante drama de los asuntos humanos tiene lugar. El novelista ruso Fyodor Dostoevsky aparentemente tenía esto en mente cuando escribió, “La belleza es misteriosa tanto como terrible. Dios y el diablo luchan allí, y el campo de batalla es el corazón del hombre”. “No endurezcáis vuestro corazón”, dice el Salmo 95. Aquel que hace esto, erige rígidas barreras para dejar fuera las cosas que son incómodas, dolorosas o desagradables. Quizás todos hagamos esto en cierta medida. En cambio, un corazón puro es un corazón abierto y receptivo, está en comunión con la vida. Siente la pena, así como la alegría. El pensamiento de disminuir esas barreras puede parecer arriesgado para algunos, pero un corazón que siente tanto la lluvia como el sol, es un corazón que está vivo. Y se nos anima a hacer esto en un precioso verso de La Voz del Silencio: “¿Has puesto a tono tu corazón y tu mente, con la gran mente y el corazón de la humanidad toda? “
El cuarto precepto de “La Escala de Oro” – un intelecto ávido – junto a los otros tres primeros – una vida limpia, una mente abierta, un corazón puro – forman un cuaternario, proporcionando al peregrino una base segura y sólida para el ascenso. Como se ha indicado anteriormente, esta tarea no está exenta de peligros y dificultades y aquellos que se aventuran prematuramente son como escaladores aficionados, que intentan escalar un precipicio empinado, sin el resultado de un intenso entrenamiento y capacitación. Antes de comentar la función que un intelecto ávido desempeña en “La Escala de Oro”, deberíamos considerar el significado de “intelecto”. El diccionario The Shorter Oxford English Dictionary define intelecto como “la facultad de conocer y razonar”. Como definición breve para trabajar está bien, pero los escritos de HPB proporcionan mucha mayor profundidad y detalle en cuanto a la naturaleza de esta importante y definida facultad. En lo que se refiere al modelo de la constitución septenaria humana (se encuentra en La Clave de la Teosofía y en otras obras), el intelecto corresponde al principio de manas, una palabra sánscrita, que significa “pensar”, “cogitar” o “reflexionar”. Esta habilidad de atraer pensamiento racional y abstracto forma la línea distintiva de demarcación entre el humano y el reino animal. Otra característica de manas es su naturaleza dual, la superior y la inferior, que HPB describe en la Clave de la Teosofía: “Existe una consciencia espiritual, la mente Manásica iluminada por la luz de Buddhi, aquella que subjetivamente percibe abstracciones; y la consciencia sensitiva (la luz manásica inferior), inseparable de nuestro cerebro físico y sentidos… Solamente la primera clase de consciencia, cuya raíz yace en la Eternidad, es la que sobrevive y vive para siempre y, por lo tanto, es considerada inmortal. Todo lo demás pertenece a las ilusiones pasajeras. Más específicamente, el intelecto corresponde al aspecto superior de manas. Es lo que sobrevive de una encarnación a otra. En el Glosario Oculto de Purucker, nos dice que “manas en sí mismo es mortal, se hace pedazos al morir – en lo que concierne a sus partes inferiores”. La única porción que sobrevive a la muerte es “tan solo lo que es espiritual en ello y lo que puede ser extraído de ello, es decir – el “aroma” de manas; algo similar a como el químico extrae de la rosa su esencia”. Habiendo encuadrado la palabra “intelecto” dentro del marco teosófico, continuemos explorando el significado de un intelecto ávido. Un intelecto ávido es impulsado por la necesidad de conocer y entender. Es diferente a una mente abierta. Mientras que la última se caracteriza por la receptividad a nuevas ideas, carece de la ferviente intensidad que se encuentra en la primera. Una mente abierta permite la familiaridad con muchas facetas del conocimiento, pero con frecuencia se activa con curiosidad momentánea o por casualidad. En contraposición a este estado algún tanto pasivo, un intelecto ávido se caracteriza por una ardiente y persistente búsqueda de mayor conocimiento y comprensión. Puede también exhibir una penetrante cualidad que ayuda a ver a través de la superficialidad de los clichés y trivialidades y más allá de las barreras impuestas por el pensamiento convencional. La aceptación sin crítica de la opinión pública proporciona un falso sentido de seguridad, especialmente cuando se camufla con el manto de autoridad. Aunque pueda contener algún elemento de verdad, es conocimiento de segunda mano y de poco valor si no hemos pensado sobre el asunto por nosotros mismos. En este punto, merece la pena repetir un comentario de Leonardo da Vinci “Quienquiera que durante una discusión aduce a la autoridad, no usa el intelecto sino la memoria”. Ser capaz de repetir algo que hemos oído, no significa que lo hayamos entendido. Es más, aquellos que ejercitan su intelecto no tienen miedo de diferenciarse de la multitud. Como Thomas Paine observó: "No creo que dos hombres piensen igual en absoluto, sobre lo que se llama puntos doctrinales. Son sólo aquellos que no han pensado que parecen estar de acuerdo". La Doctrina Secreta define manas como “el asiento del intelecto”, pero deberíamos recordar que manas tiene un aspecto dual – uno superior y uno inferior. La parte que lidia con lo ordinario y común es la inferior; aquella que aprehende la verdad, tanto la filosófica, matemática o espiritual, es la superior. Ambas funciones son necesarias, pero el contenido de la inferior desaparece después de que una encarnación haya completado su ciclo, mientras que la superior se retiene en el cuerpo causal. Otra forma de decir esto es que la mente inferior lidia con lo particular, la mente superior con lo universal. El filósofo trascendentalista Ralph Waldo Emerson entendió esto. En su ensayo titulado “Intelecto” dice: “aquel que está inmerso en lo que concierne a persona o lugar, no puede ver el problema de la existencia. Esto es porque el intelecto siempre está comparando.” En otras palabras, si siempre están inmersos en lo particular – los detalles cotidianos de la existencia diaria – no serán capaces de ver con claridad, porque su visión estará oscurecida con lo efímero y transitorio.
5. Una Percepción Espiritual sin Velos El quinto paso de “La Escala de Oro” marca un punto de transición en la vida de la evolucionante alma. Los primeros cuatros – una vida limpia, una mente abierta, un corazón puro y un intelecto ávido – son fundamentales para los peldaños que siguen. Son desarrollados con intención consciente y esfuerzo en el transcurso de numerosas vidas, pero no necesariamente dentro del contexto de una visión espiritual predominante. La motivación puede ser simplemente una de mejoramiento personal: eliminación de la tosquedad y la crudeza de la propia personalidad, desarrollo de la universalidad de la mente y limpieza del corazón de los bajos deseos – todo lo cual es encomiable, pero sigue girando en torno al yo personal. El fino análisis de Cook sobre “La Escala de Oro” describe los cuatro primeros pasos como preparación, receptividad, transmutación y búsqueda. A través de este largo proceso, ha habido “un afinamiento gradual de los velos, una apertura de la mente, una purificación del corazón, una avidez de búsqueda". Como resultado de este proceso, la facultad espiritual que había estado en gran medida dormida, ahora se activa y se alcanza un punto de transición en el desarrollo del alma. Se experimentan visiones inspiradoras y aunque puedan ser breves e infrecuentes, tal experiencia, tiene el potencial de hacer un profundo impacto. En vez de ver todo a través de las lentes personales del interés propio, una visión más amplia y una mirada más universal es posible. Los Preceptos dorados del Esoterismo de Purucker describen esto de esta manera: “una percepción espiritual sin velos es simplemente la pérdida de la personalidad en las opiniones, visiones, y de autosatisfacción” El adelgazamiento de los velos es una buena metáfora, pero no se debería asumir que un influjo de luz repentino es análogo al de una lámpara que se ha encendido con un interruptor, con solo una posición de encendido y apagado. Hay más en la naturaleza de una lámpara con un regulador de intensidad, permitiendo una gradual iluminación u oscurecimiento a lo largo de una escala móvil. Purucker en Fountain Source of Occultism anota que “detrás de cada velo hay otro, pero a través de todos ellos, brilla la luz de la verdad, la luz que ha vivido por siempre dentro de cada uno de nosotros, porque es nuestro yo más interno”. Puede ser que veamos esta divina luz, pero sólo momentáneamente y lamentar su inevitable desvanecimiento a medida que el velo desciende. Pero Cook nos alienta con esta observación: “Una vez que ha llegado el amanecer de esta percepción espiritual, la nueva dirección…. Sólo puede ser temporalmente abandonada.” (Continuará) La gratitud no es solo la más grande de las virtudes, sino la madre de todas las demás Cicerón
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