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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 143 - Número 09 -  Junio 2022  (en Castellano)

 
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El Gobierno de la Ley en el Budismo

 

C. Jinarajadasa

 

C. Jinarajadasa (16 de Diciembre de 1875 - 18 de Junio de 1953), erudito de Sri Lanka, orador, y escritor de Sri Lanka (antigua Ceylán) que sirvió como el cuarto Presidente de la Sociedad Teosófica establecida en Adyar, Chennai, India, desde 1945 a 1953. Del Prefacio y capítulo I del folleto del mismo nombre, ed. 1948.

 

Este pequeño trabajo no intenta presentar una exposición del Budismo desde el punto de vista de un serio estudiante del Budismo… El valor del ensayo será únicamente a causa de que refleja las experiencias de un budista que ha intentado, aunque humildemente, moldear su vida en la vida del gran Señor Buda.

 

Tal intento sólo ha sido posible para mí debido a mis estudios de Teosofía. Es la Teosofía la que ha vivificado e iluminado para mí, de una manera que ninguna tradición en el Budismo ni ningún exponente viviente de él lo ha hecho, las antiguas verdades en cuanto al Camino predicado por el Señor. Soy perfectamente consciente de como mis compañeros budistas en Ceylán miran absolutamente con recelo las ideas teosóficas como heréticas.

 

Este pequeño trabajo es un testimonio para aquellos entre ellos que puedan ser atraídos a investigar en la Teosofía, pero que son frenados por conceptos populares erróneos. Yo, por ejemplo, para quien el Señor Buda es el más grande Ideal en la vida, he encontrado en la Teosofía lo que no he encontrado en ningún libro o tradición budista existente, es decir, una fuente infalible de inspiración en la comprensión del Dhamma como el poder más benéfico en el universo, y la Sangha como los guardianes de la humanidad siempre vigilantes y compasivos.

 

He buscado hacer del Buda, el Dhamma (enseñanzas budistas), y la Sangha (una comunidad de monjes budistas) un poder viviente en mi vida, y es la Teosofía y sólo la Teosofía la que ha provocado en mí este milagro.

 

El Gobierno de la Ley

 

De todos los grandes cambios que se han producido durante los últimos cien años en el pensamiento moderno, no hay nada tan profundo como la idea del gobierno de la ley universal.

 

Dondequiera que miremos, ya sea con el microscopio o el telescopio, encontramos leyes. El más diminuto electrón como el más poderoso sistema solar obedecen leyes que la mente del hombre puede tabular.

 

Todos los descubrimientos de la ciencia moderna, que nos han presentado esta idea, han sacudido profundamente las teologías occidentales. Tanto es así, que un cínico ha declarado que hoy, “Dios existe solamente en los vacíos del orden cósmico”. Uno de los problemas más difíciles para los cristianos reflexivos en los tiempos presentes es armonizar los hechos de la evolución y las doctrinas de la teología.

 

Las últimas conclusiones de la ciencia moderna son después de todo, nada más que las declaraciones del Señor Buda. Cuando comprendemos lo que el Señor significaba por la palabra Dhamma o Ley, comprendemos que es la ley absoluta, la que trae bajo su influencia todas las cosas grandes y pequeñas. Se ha dicho que una ley científica es solamente una declaración de las condiciones bajo las cuales seguirán ciertos resultados. Esto es exactamente verdad acerca del Dhamma.

 

Porque todas las enseñanzas del Señor Buda están basadas en la inevitabilidad de la ley. Él no predica una ley moral que tenga un valor por su aprobación, sino que trae su propia autorización con ella. En la ciencia no decimos que una partícula de materia atrae a otra a causa de un decreto divino, sino a causa de que es la naturaleza de la materia atraerse entre sí de una manera particular. Similarmente, toda la concepción de la vida ofrecida por el Señor Buda está basada en un concepto científico del universo.

 

Uno de los conceptos más maravillosos que el Señor Buda entregó es que la ley moral es exactamente lo mismo que una ley física. Cuando proclamó que “el odio no cesa por el odio, sino solamente por el amor”, no estaba expresando un bello ideal, sino que estaba presentando una afirmación científica de las leyes del universo, visible e invisible.

 

Últimamente muchos pensadores occidentales, quienes están profundamente influenciados por los conceptos científicos, están comenzando a comprender que en el Budismo hay una afirmación de la vida que está de completo acuerdo con la ciencia. Por supuesto, hay algunos que consideran el Budismo una religión fría, porque hay poco margen en su práctica para la emocionalidad. Pero hay poco espacio para la emoción en la ciencia.

 

Sin embargo, todos los grandes cambios en la civilización material que tenemos ahora se deben a la aplicación de las verdades científicas. Similarmente, cuando los grandes principios de la moralidad sean comprendidos enteramente como expresiones de la ley natural, todos intentaremos vivir vidas más morales. El mundo ha fallado en ser más moral de lo que es, en gran parte a causa de su falsa idea de moralidad.

 

Si la moralidad es solamente la declaración de un dios personal quien puede ser aplacado, entonces no hay una tendencia natural a ser absolutamente rígido en cumplimiento a la moralidad. Pero si comprendemos que romper una ley moral es exactamente como quebrantar una ley física, entonces estamos en guardia de una nueva manera. Si vamos a caminar descuidadamente sobre un precipicio, sé lo que sucederá, y así, tengo cuidado de ser prudente cuando me acerco al borde de los precipicios.  Exactamente de la misma manera, si creo totalmente que decir una mentira es poner en funcionamiento las fuerzas naturales cuya reacción sobre mí será dolor, me abstengo de decir mentiras.

 

Por supuesto, no debemos ser veraces porque tenemos miedo al dolor si decimos una mentira; debemos ser veraces porque la verdad es nuestro ideal, y mientras más honestos somos a la vida y a los hechos, más honestos somos con nosotros mismos.

 

Cuando tenemos la idea que los principios de moralidad son preceptos de la ley natural, hay una respuesta más rápida a la moralidad. En teoría, las tierras Budistas deberían ser tierras ideales de vida moral; pero si en la práctica no son  tanto mejor que los países no budistas, se debe simplemente al hecho que los budistas aún no han despertado al inapreciable valor de las enseñanzas que el Señor Buda les presentó.

 

Tal es la naturaleza inherente de Dhamma, que prácticamente todo hombre que se ciñe a las enseñanzas de la ciencia, ya sea hindú, cristiano, zoroastriano o musulmán, no puede evitar ser en una parte de su mente un budista. Porque sus inclinaciones científicas lo impulsarán a considerar no solamente la naturaleza física, sino también la naturaleza invisible de los corazones y mentes de los hombres, desde el mismo punto de vista de la ley natural. Esto, por supuesto, es Budismo puro. De aquí que tengamos un interesante hecho psicológico que hay muchos budistas practicantes, que no lo son de nombre, por todo el mundo. Porque el verdadero budismo no es algo que se encuentra en los libros sagrados, sino una enseñanza universal diseminada por todo el mundo donde las leyes de la naturaleza están en funcionamiento.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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