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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 143 - Número 08 -  Mayo 2022  (en Castellano)
 

 
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Conciencia e Intuición

G. DE PURUCKER

G. de Purucker (1874-1942), fue un líder muy admirado de la Sociedad Teosófica con sede en Point Loma desde 1929 hasta 1942. Reimpreso de su libro, Studies in Occult Philosophy, p. 212.

No sé – y sin embargo me alegro de ver que el hecho del que hablo es así – por qué la gente está tan interesada en saber qué es la conciencia y dónde está localizada en la constitución humana y cómo puede hacerla funcionar. Sabemos que mientras el hombre es una corriente de conciencia, es una corriente septenaria, y cada aspecto del septenario vuelve a tener sus divisiones, que es una de las razones por las que los hombres difieren tanto entre ellos y es una lástima que esto no se comprenda mejor. Los hombres diferirían más, pero se pelearían menos. Las peleas son estúpidas; los “chascarrillos” amables hacen firmes amigos – ¡si son amables!

Ahora bien, como entiendo el asunto, nuestra conciencia, a la que frecuentemente le prestamos poca atención, para nuestra pérdida, es ese susurro cálido y amoroso de lo alto, el cual sentimos que nos muestra lo correcto y lo incorrecto, y proviene de la sabiduría ética almacenada en nuestro ser. No está en el discutible cerebro-mente: está en el corazón. Es la parte más elevada del ego humano, el tesoro de la experiencia ética, la sabiduría acumulada de vidas pasadas, cosechada y atesorada en nuestras partes superiores; y hasta donde llega, su voz es infalible y poderosa; pero no llega lo suficientemente lejos como para hacer de su voz una guía infalible en nuestra alma porque no hemos tenido vidas humanas pasadas a lo largo de la eternidad y no somos seres infinitos, humanamente hablando. 

La conciencia de un hombre es fuerte, la conciencia de otro hombre es más débil. Por dos razones: el primero puede estar más evolucionado y puede haber aprendido a escuchar más atentamente al maestro interior. Por eso su voz es familiar, fuerte y firme, y como decimos, cálida y dulce. Amamos eso, y una de las razones por las que lo amamos es porque es muy personal para nosotros. Es la parte superior o la más elevada de cada uno de nosotros como un ser humano, susurrándonos advertencias de lo correcto, y negándonos las formas de hacer el mal. Es la parte de buddhi-manas (yo superior) del ser humano, que acumula experiencia de épocas pasadas de  nacimientos y renacimientos, el eco de pasados sufrimientos y angustias de los cuales hemos recogido sabiduría y la hemos atesorado en las tablas del Yo. Eso es la conciencia.

Pero por encima de la conciencia está la intuición: la intuición es infalible. Su voz es inconmensurablemente infalible, porque es el susurro dentro de nosotros, por así decirlo, de las verdades del Espíritu Cósmico. Es un rayo directo del Espíritu Divino en nuestros corazones. Nuestra conciencia no nos dirá la verdad sobre un hecho de la naturaleza, ni susurrará en nuestras mentes una guía por los senderos del descubrimiento científico, religioso o filosófico porque es la sabiduría ética acumulada y conocida por el alma de cada uno de nosotros. Pero la intuición nos lo dirá al instante, tiene una visión instantánea de la verdad. Su voz no es ni familiar ni desconocida. Es totalmente impersonal. Su atmósfera no es ni “caliente” ni “fría”. Es neutral en este sentido y es la voz del Ātma-buddhi-manas dentro de nosotros, la Mónada como la llamó H. P. Blavatsky.

¿Entienden la distinción? La conciencia es nuestro propio tesoro de sabiduría ético-espiritual. Es infalible, hasta donde podemos escuchar su voz; y podemos escucharla cada vez más con la práctica, con el entrenamiento, escuchándola, reconociéndola y siguiéndola. Pero como sólo es nuestro propio tesoro reunido, no es infinito, y por lo tanto no es siempre infalible en el verdadero sentido.

Pero en lo que respecta a cada uno de nosotros como individuos, cuando nuestra consciencia nos susurre, necesitamos seguirla, porque nos susurrará sólo cuando estemos en peligro, o buscando hacer lo correcto: mientras que la voz de la intuición es la voz del Espíritu dentro de nosotros, y es infalible. No tiene fronteras. Es, por así decirlo, un rayo directo del Mahā-Buddhi del Universo; y podemos permitir que la intuición se vuelva cada vez más fuerte dentro de nosotros, iluminando nuestras mentes y abriendo nuestros corazones, al no tenerle miedo, ni miedo de tener corazonadas, o de seguir nuestra conciencia, y nuestras intuiciones cuando vienen a nosotros. Ellas nos llegan todo el tiempo.

La mayoría de los hombres se avergüenzan de actuar intuitivamente. No quieren cometer errores. ¡Prudencia, sí! Pero sólo es prudencia, y poco recomendable, cobarde y débil, y pequeña, si es simplemente porque no quieren empezar a hacer el ridículo hasta que hayan aprendido más. El hombre fuerte no teme hacer el ridículo de sí mismo, de vez en cuando, porque sabe que ese mismo hecho lo estimulará, lo despertará, lo hará pensar; y después de un tiempo no hará el ridículo. Aprenderá a confiar en sus poderes internos. Esa es la manera de cultivar la intuición, cultivándola, no teniendo miedo de lo que hay dentro de ustedes. Supongamos que cometen errores, ¿qué pasa con ello? Con la práctica de su ejercicio, los errores serán cada vez menos.

Hagan de su conciencia una compañera. El hombre o la mujer que no ha escuchado la voz de la conciencia susurrando en su alma, que nunca ha sentido su presencia, no es verdaderamente humano. Ya saben lo que quiero decir con esa compañía: lo llamamos una voz que nos susurra. Es una luz que vive siempre dentro de ustedes y que les dice que es lo correcto, y que lo sigan; que es lo erróneo, y que lo abandonen. Hagan de su consciencia una compañera, estimulándola, abriéndole sus corazones y sus mentes a ella. Sus vidas se embellecerán, se fortalecerán, se harán más felices de lo que son ahora, porque estarán siguiendo la voz interior que es la sabiduría acumulada de los siglos.

Además, en la medida en que aprendan a conocer su conciencia que es su propio yo, la parte superior o más elevada de ustedes, y a confiar en ella y a seguirla, más iluminará sus vidas la intuición, aportando un conocimiento directo, un conocimiento infalible.

 

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