Volver al Índice de Revistas
El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 143 - Número 07 -  Abril 2022  (en Castellano)
 

 
Anterior
Página 11
Siguiente

 

Tomar Conciencia del Sufrimiento Y Cómo Lidiar con Eso

 

JANNE VUONONVIRTA

Janne Vuononvirta es Secretario General de la ST en Finlandia. Charla pronunciada en la 145ª Convención Internacional en Adyar, Chennai, India, en diciembre de 2020.

EL Buda enseñó acerca de las dos flechas del sufrimiento. La primera es el dolor, sucesos adversos y momentos difíciles en la vida, que todas las personas se ven obligadas a enfrentar en la vida diaria. Nadie puede escapar del dolor. Es una parte inevitable de la existencia. Todos somos vulnerables a las miserias de la vida. La primera flecha es algo que nos sucede, algo que viene de afuera. Incluso si hiciéramos todo bien, no podríamos evitarla por completo. Las cosas malas simplemente suceden.

La segunda flecha es algo que sucede dentro de nosotros. Es la reacción a las dificultades, percepciones, pensamientos, emociones, sentimientos, sensaciones corporales y acciones. Nosotros mismos disparamos esa flecha. Aquí es donde tenemos algo de poder, quizás no mucho, pero algo. Puede que no sea fácil, pero podemos influir en cómo reaccionamos, cómo percibimos las cosas, cómo pensamos y cómo actuamos.

Veamos la segunda flecha con más detalle. La terapia conductual cognitiva enfatiza que la interpretación que uno hace de los eventos tiene un fuerte efecto en cómo reaccionamos. Imaginen el siguiente ejemplo. Vamos caminando por la calle y vemos a un amigo nuestro al otro lado de ella. Intentamos saludarlo, pero no nos devuelve el saludo. Él no parece darse cuenta de nosotros. ¿Cómo reaccionaríamos?

Los pensamientos que vienen a nuestra mente dan dirección a las emociones siguientes y otras reacciones. Si pensamos, “supongo que me está evitando; tal vez ya no le agrado; tal vez lo he ofendido de alguna manera”, probablemente nos sentiríamos tristes, desilusionados y solos. Por otro lado, si pensamos, “él podría estar ocupado; simplemente no me vio”, sería fácil dejarlo ir y continuar el día.

Después de este tipo de acontecimientos, algunas personas que tienen tendencia a la depresión pueden seguir pensando: “soy tan estúpido y poco interesante. Nadie me quiere” y así se sienten aún peor. Estos pensamientos pueden seguir pasando por la cabeza y cuando uno llega a casa se siente muy ansioso, avergonzado y solo. Uno podría gritarle a la esposa y a los hijos y ver televisión y beber cerveza toda la noche o actuar de alguna otra manera poco constructiva, como desistir de las relaciones sociales o hacer un trabajo o recreación excesivos, ignorando todo lo demás en la vida.

Los pensamientos que surgen en las situaciones desafiantes de la vida diaria, son automáticos. Por lo general, ni siquiera nos damos cuenta de lo que está pasando por nuestra cabeza. Durante el día, miles de pensamientos pueden pasar por nuestra mente. Cuando no somos conscientes de este proceso, por la noche simplemente nos sentimos mal y no sabemos el motivo. Los pensamientos automáticos derivan del sistema de creencias, de la filosofía de vida personal que uno ha aprendido a lo largo de la vida, generalmente de manera inconsciente.

El sistema de creencias se activa cuando algo nos recuerda la historia que hemos vivido, las heridas que hemos tenido, las heridas que aún no cicatrizan. Cuando investigamos el sistema de creencias, podemos encontrar pensamientos y emociones rudimentarios que expresan cómo pensamos sobre nosotros mismos, sobre los demás y sobre el mundo que nos rodea. Estas creencias fundamentales suelen ser algo así como “no valgo nada”, “no merezco amor”, “soy una mala persona”. Parece que en el centro de la filosofía de vida personal de uno se encuentra un profundo sentido de separación, un fuerte pensamiento de "no pertenezco".

Sin embargo, podemos tomar conciencia de esto y comenzar a cambiar nuestro condicionamiento que hemos ido acumulando desde la primera infancia, e incluso desde antes. Podemos dejar de reaccionar y comenzar a recrearnos nosotros mismos y nuestras vidas. Hay cuatro pasos, que podemos dar para debilitar el poder de la segunda flecha.

El primer paso es tomar conciencia de que este es un momento de sufrimiento. En Occidente, el ethos es, que el sufrimiento es una anomalía de la vida. No se supone que sucedan cosas malas, al menos no a "mí". Los occidentales tienen la tendencia a mirar hacia otro lado cuando hay sufrimiento, ya sea el nuestro o el de otra persona. Sin embargo, el sufrimiento no desaparece cuando enterramos nuestra cabeza en la arena. Permanece hasta que decidimos hacer algo al respecto.

Necesitamos detenernos y mirar la situación, mirar las reacciones, pensamientos, sentimientos, emociones, sensaciones corporales y tendencias de la acción y tratar de ver todo tan puramente como podamos y mantener así, todo con una conciencia abierta. En este punto, no tratamos de cambiar nada, ni la situación, ni las reacciones internas. Dejamos que todo sea como es. El primer paso es ver lo que está sucediendo realmente. No juzgamos ni criticamos nuestra vida ni nuestras reacciones, solo las notamos. Reconocemos que este es un momento de sufrimiento.

El segundo paso es aceptar que el sufrimiento es parte de la vida. Suceden cosas malas. Significa aceptar no solo las dificultades, sino también nuestras propias reacciones a las dificultades. Somos seres humanos. Nacimos con esta respuesta de "luchar, huir o congelarnos". Cualquier cosa que pensemos, sintamos o experimentemos, está bien. No tenemos que avergonzarnos de nuestras reacciones. Son la voz de nuestro pasado. Aceptar significa que dejamos de luchar contra los molinos de viento. Significa que dejamos de intentar poner la vida, o a nosotros mismos, en una forma predeterminada de cómo nos gustaría que fuera todo. En cambio, nos conectamos con la realidad. Aceptar requiere mucho valor, pero solo así es posible un cambio real.

El tercer paso es recordar la unidad de la humanidad. Cuando sucede algo malo, podemos pensar que somos los únicos que estamos pasando por momentos difíciles. Si pensamos de esta manera, nos sentimos solos, separados de los demás. En este caso, estamos olvidando la realidad de que todos enfrentamos dificultades. A nadie le gusta sufrir. A nadie le gusta el estrés. Todos quieren ser felices. Todo esto es parte del ser humano. Podemos recordarnos que nosotros también pertenecemos a la red de la vida. Somos parte de este gran cuerpo que es la humanidad. Cuando abrimos nuestro corazón a este hecho, y es un hecho, podemos sentirnos elevados. El dolor no desaparece, pero es más ligero de soportar cuando no estamos solos. Tenemos una conexión con los demás, con toda la humanidad. Nosotros formamos parte de ella.

El cuarto paso es nuestro compromiso de hacer todo lo posible para mejorar la situación. También significa abstenerse de empeorar las cosas. Es común que cuando las dificultades entran en nuestra vida, uno comienza a criticarse o culparse a sí mismo o a los demás. Esta clase de hablar con uno mismo puede ser desalentadora y disminuye la energía que necesitamos para mejorar la situación. No necesitamos sumirnos en la autocompasión. La vida ya es bastante difícil. En cambio, podemos ser amables con nosotros mismos, como lo somos con los demás.

Para concluir, el dolor y las dificultades son partes inevitables de la vida. Sin embargo, comprender cómo la mente puede empeorarlo, tomar conciencia del condicionamiento de la mente y cambiar la forma en que nos relacionamos con las situaciones, puede hacer que las miserias de la vida sean más fáciles de soportar. Con conciencia, podemos empezar a construir un futuro más feliz.

 

Anterior
Página 11
Siguiente