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Vol. 143 - Número 07 - Abril 2022 (en Castellano) |
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Siempre hay Reencarnación
Tim Wyatt
El Sr. Tim Wyatt es orador nacional de la ST en Inglaterra y anterior miembro de su Comité Ejecutivo. También es autor de libros sobre la vida espiritual. Ver: <firewheelbooks.co.uk>
La mayoría de las culturas por los largos y tortuosos corredores de la historia han creído en alguna forma de renacimiento o reencarnación. La actual negación generalizada de la reencarnación en Occidente es solamente un rechazo temporario de la santidad de esta verdad eterna. Una combinación de una ciencia fuertemente materialista y cínica y las noticias falsas acerca de la muerte difundida por las tres religiones Abrahámicas de la Cristiandad, Judaísmo e Islamismo han otorgado la condición de anatema a esta parte esencial de las enseñanzas de la Sabiduría Eterna.
A pesar de esta negación a gran escala, ha habido un constante y algunas veces dramático ascenso en el número de personas en Europa, y Norteamérica especialmente, quienes realmente creen en la reencarnación. Las más recientes investigaciones ponen esta cifra entre un cuarto y un tercio de aquellos encuestados y esto es enormemente significativo. Hace medio siglo esa proporción era minúscula.
Renacimiento, reencarnación, metempsicosis y conceptos similares, por supuesto, han estado profundamente arraigados en la mentalidad oriental durante milenios gracias al Hinduismo y al Budismo. Quizás el Covid-19 junto a todas las otras crisis y conflictos que enfrenta el mundo pueden actuar extrañamente como un catalizador en la transformación de las ideas de muchas personas en muchas cosas, incluida la muerte.
Aunque la reencarnación nunca borrará totalmente ese temor a la muerte que atormenta a tanta gente, al menos proporciona una idea plausible para la continuidad de la existencia y la idea vital de que la vida y la consciencia pueden existir sin un cuerpo físico. Si aceptamos esta idea fundamental de que morimos y renacemos sobre una base regular, nos da una perspectiva mucho más grande sobre la existencia en general. Después de todo, esta es una vida entre las muchas. Y aunque es importante, es por definición solamente una situación transitoria.
No estoy sugiriendo que la muerte masiva o un confinamiento global causado por invasores microscópicos con púas, repentinamente convencerán a todos los escépticos, cínicos, o materialistas de que hay un mundo más allá del físico y que la vida perdura después de la muerte. Pero para aquellos que buscan respuestas más significativas a las preguntas más profundas de la vida, puede actuar como un poderoso estimulante para un nuevo pensamiento.
Entonces, si usted o yo morimos por este virus –o de hecho por cualquier otra causa – usted puede estar seguro de dos cosas. Una: que su muerte no fue en última instancia por el corona virus, cáncer, o armas químicas. Casi seguramente se debió a su karma, esa ley infalible de causa y efecto que moldea nuestras vidas presentes a causa de nuestros pensamientos, palabras, acciones y emociones en esta y en vidas anteriores. Dos: usted volverá finalmente a la Tierra en otro lugar, en otra época y con un cuerpo y personalidad diferentes de las que piensa como suyas en esta vida. Pero aún será el mismo centro alma-espíritu, aunque quizás un poco más perfeccionado, modificado y evolucionado de lo que es en su vida actual.
Este virus no está solo infectando y matando personas. Está fundamentalmente remodelando nuestra conducta y consciencia de una manera importante y sin precedentes. Puede cambiar el mundo de manera más integral que las palabras engañosas de políticos, tomadores de decisiones y otros influencers (personas influyentes de masas) de la época moderna.
Paradójicamente, además de ser un presagio de fatalidad y muerte, también actúa como un agente purificador del cambio y un profundo fumigante de la estupidez y avaricia humanas. Representa tanto una oportunidad para cambiar como una clara advertencia de que ya no podemos comportarnos de la manera que lo hacemos. Este virus ha sido una purga emocional tal que incluso ha eclipsado temporalmente la histeria del cambio climático. Y aquí hay otra gran ironía – ha alcanzado en realidad muchas de las aspiraciones defendidas por esos guerreros verdes de la rebelión contra la extinción, cancelando viajes local e internacionalmente y reduciendo drásticamente el movimiento. Las ciudades están repentinamente menos contaminadas, los caminos menos concurridos y muchas actividades que emiten carbono, suspendidas.
Esta pandemia puede también proporcionar un medio y un mecanismo para presentar a la gente la idea de que ellos no son sólo humanos que tienen espíritus, sino espíritus que están atravesando una experiencia humana. Puede persuadir a las personas que piensen asuntos más grandes tales como la muerte y más allá, e incluso convencerlas de que hay más en la vida que el trabajo, el ocio, comida, sexo, deudas y consumo.
La historia nos muestra que las guerras, las crisis y los conflictos tienden a agudizar repentinamente las aspiraciones espirituales de las personas. Cuando las certezas habituales se han evaporado y nuestro anterior inflado sentido de privilegio se destroza, somos más propensos a descubrir, explorar e incluso abrazar nuestro ser interno.
Después de la Guerra Civil Norteamericana de la década de 1860, hubo un repentino aumento en el interés por el destino de los muertos coincidiendo con el crecimiento del espiritualismo, cuando cientos de miles de esposas, madres, hermanas y novias preguntaban qué les había sucedido a sus amados. Una situación similar surgió después de la matanza de la Primera Guerra Mundial, y la pandemia de la Gripe Española que le siguió posteriormente y que se llevó unos veinte millones de vidas más.
Bajo circunstancias normales la muerte es un tema desagradable para la mayoría de las personas, un tema desagradable para una conversación grupal en una cena y algo a ser ignorado y evitado tanto como sea posible. Pero en tiempos de crisis como este, el tema de la mortalidad humana es tan generalizado que ya no puede ser ignorado. Tiene que ser enfrentado porque está siempre presente y es muy real. La muerte es ahora el tema de conversación y no es un momento demasiado pronto.
Hace un siglo y medio Helena Blavatsky, llamada adecuadamente madrina de la Nueva Era, hizo un claro llamado a la humanidad para estudiar particularmente y consagrar la “ley de leyes” – el karma, el que decide y condiciona así la forma y calidad de la reencarnación en cada caso. El interés en este concepto se ha extendido lentamente a lugares a través del globo donde tales ideas eran anteriormente extrañas. Pero estas ideas no se han extendido con la misma rapidez que el virus. De hecho, el virus puede actuar como un acelerante.
Así como las verdades acerca de la muerte, el corona virus puede también introducir a más personas a otra piedra angular clave de las enseñanzas de la Sabiduría Eterna: la ley de los ciclos. Todas las cosas, desde un electrón a un cúmulo de galaxias tienen un ciclo de vida idéntico: nacimiento, crecimiento, madurez, decadencia, muerte y renacimiento. Demasiadas personas han ignorado esta verdad obvia durante demasiado tiempo y, al hacerlo, se han quedado en un páramo espiritual y en un callejón existencial sin salida. Ignoramos los ciclos bajo nuestro propio riesgo.
Aparte de ser viral, esta pandemia también es parte de un ciclo mayor, una repetición incontenible de lo que sucedió hace un siglo con la Gripe Española. Han habido muchos puntos en el pasado donde (no hay duda por razones esotéricas más allá de nuestra comprensión) la población se ha reducido repentinamente – por la hambruna, plagas, peste, guerra y desastres naturales. Lo que es diferente de este escenario es que este no es un desastre localizado, sino uno verdaderamente internacional cuyas horribles realidades penetran en cada poro del planeta.
Tanto si la mente moderna ignorante puede retraerse de la idea o no, esto es parte del ritmo natural de la Tierra y de vez en cuando se requiere un dramático reajuste para asegurar el equilibrio. Pocos tienen una clara comprensión de esto y así solamente podemos especular sobre qué verdades ocultas se encuentran detrás de esta pandemia. Pero podemos estar seguros que está sucediendo como parte de un plan mayor y este es el punto en el ciclo para que tenga lugar.
El Covid-19 puede ser uno de los más severos maestros que alguna vez hayamos encontrado - pero quizás puede demostrar ser uno de los más efectivos. Cuando finalmente retroceda y enfrentemos las secuelas quizás habrá una comprensión más sofisticada de la muerte, renacimiento, karma, y la importancia fundamental de los ciclos.
En la naturaleza nunca vemos nada aislado, sino que todo está en conexión con otra cosa que está por delante, al lado, debajo y encima. Johann Wolfgang von Goethe
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