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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 143 - Número 07 -  Abril 2022  (en Castellano)
 

 
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Volverse consciente es descubrir el amor

 

Tran-Thi-Kim-Dieu

 

La Srta. Tran-Thi-Kim-Dieu, Directora de la Federación Teosófica Europea, dicta conferencias internacionalmente y es anterior Secretaria General de la Sociedad Teosófica en Francia. Conferencia en la Convención de Adyar, Diciembre del 20.

 

Toda nuestra vida es para aprender. ¿Qué es el aprendizaje? Es aprender a estar consciente. Comienza desde una temprana edad hasta el fin de esta vida – y comienza nuevamente después del renacimiento. El campo del conocimiento se extiende desde adentro hacia afuera. No es diferente del campo de la conciencia. Así, conocer es ser consciente, darse cuenta. Un simio es consciente pero solamente de su entorno limitado. Es poco consciente de sí mismo, mientras que los humanos pueden ser conscientes tanto de lo externo como lo interno. Pueden aprender a expandir su propia percepción dentro del campo de la consciencia. Esta capacidad es otro paso de los humanos hacia ciclos de aprendizaje y conocimiento.

 

La observación de la situación presente muestra que el conocimiento de lo externo implica esta clase de conciencia acerca del mundo objetivo. Es decir, usted ve un árbol, que está en su mundo físico, real, objetivo, porque usted puede verlo como yo puedo verlo. Si no soy suficientemente consciente, puedo chocar con el árbol. De manera similar, cuando conduzco, la consciencia del mundo externo es indispensable.

 

Ahora, mirando hacia adentro, a nivel de la conciencia humana, yo no puedo ser consciente de lo que sucede en la conciencia de ustedes, como ustedes no pueden ser conscientes de lo que sucede en la mía. Es subjetivo porque es relevante solamente para los individuos. Ustedes pueden ser conscientes de lo que sucede dentro de sus mentes, como yo puedo ser consciente de lo que sucede en la mía. Cada uno de nosotros, en alguna medida, puede ser consciente de sí mismo. La autoconciencia implica que cuando estoy haciendo algo, sé que está teniendo lugar la acción; estoy consciente. Asimismo, cuando estoy pensando en algo o en alguien, sé que el proceso de pensamiento está sucediendo, y dónde está enfocado, y así sucesivamente. Puesto en forma simple, estoy consciente.

 

Así que, aunque el contenido de sus conciencias y la mía puedan diferir, la estructura fundamental de ambos es la misma. Si no hubiera sido así, ninguna comunicación habría sido posible. La conciencia es el campo unificado que permite a los individuos comunicar, aprender y compartir. Ya que la acción comienza en la mente, toda acción en el mundo físico objetivo tiene su origen enraizado en la conciencia.

 

Por lo tanto, la mejor disciplina para la correcta acción es la conciencia. Aprender a ser consciente, entonces, es aprender a ser correcto, porque la conciencia abarca todo el campo del conocimiento, incluyendo la mente, sentimientos y sentidos.

 

La auto-observación puede arrojar una nueva luz sobre lo que uno está haciendo (en la acción física, palabra y pensamiento) y puede dar la sensación de si es correcto o no. No es una cuestión de moralidad, sino un acto de ponerse a tono con lo que está más profundo en uno mismo. En realidad, cada conciencia individual es una parte integral de la Consciencia Una, el campo unificado. Las tendencias pasadas y el presente marco mental de cada uno circunscribirían el límite y extensión de nuestra conciencia. Fuera de estos dos factores que nos hacen diferir en los patrones mentales, cada uno de nosotros es idéntico a todos los demás, fundamentalmente hablando, en el último nivel de la conciencia.

 

Surge entonces una pregunta: ¿cómo es que uno no puede reconocer el hecho de ser del mismo entramado? Comprender las enseñanzas, junto a una aguda observación, muestra que la percepción de la separación entre el “yo” y los demás proviene de la negligencia o falta de genuina atención. De hecho, cuando aparento estar consciente, ¿de que soy consciente? La mayor parte del tiempo, la atención se centra en mí sin saberlo. La atención ha estado hasta ahora mantenida “en la ignorancia”, a tal grado que la conciencia dentro de mí está absorta solamente en mí. La autoabsorción da testimonio del egoísmo.

 

Los demás están alrededor, visibles para mí, y sin embargo los veo solo como elementos del paisaje. El hecho de que sean seres sensibles se pierde totalmente en mi visión. Esto sucede cuando las personas ven una vaca y su ternero, los ven como carne y no como seres sensibles, cuidando los unos a los otros, como también siendo capaces de sufrir dolor y desesperación cuando son conducidos al matadero. El hecho es que la desatención genera la insensibilidad.

 

Esto conduce a la noción del “otro”. El otro es desconocido para el fragmento de consciencia que he identificado como “yo”. Cada uno de los numerosos “yoes” fragmentados viven en la ignorancia del “otro”, cualquiera que sea este “otro” – humanos, animales o vegetales, o todo el planeta. Para estos “yoes” fragmentados, significando la mayor parte de la humanidad, el “otro” no cuenta. Finalmente, ninguno de los “otros” contaría realmente, porque a cada uno solo le importa a sí mismo. Esta es una preocupación que clama conmovedoramente por un cambio: “¿Qué hacer?”

 

“¿Puede aprenderse a ser consciente? es la siguiente pregunta. Aprender a  ser consciente es entonces una parte integral del nuevo ciclo de conocimiento. Mientras que el conocimiento del mundo objetivo en el presente ha sobrepasado todo nivel hasta ahora alcanzado, el conocimiento del mundo subjetivo permanece casi en el mismo nivel como era hace milenios. Nunca la mente humana ha dominado su uso en el mundo objetivo como lo hace ahora. Sondas, satélites, toda clase de dispositivos de exploración espacial están funcionando para ampliar el conocimiento del mundo objetivo. Pero hoy, surge una pregunta crucial con el asunto de la inteligencia artificial.

 

Usando el desempeño de la inteligencia artificial, los humanos han aumentado tremendamente sus capacidades. Tratando de unir los datos psicológicos del desarrollo cognitivo con el desempeño técnico de la computadora, los humanos pueden crear en un robot un bajo nivel de reacciones que indiquen alguna sensibilidad. Pero la pregunta es: ¿es sensibilidad genuina o sólo un esquema formateado de respuestas que se ajustan a un grupo de datos? Así, la pregunta exacta es: “¿Puede enseñarse a los robots a ser humana y correctamente sensibles?” significando “¿Se les puede enseñar ética a los robots?”

 

La situación global es una severa competencia entre la inteligencia humana y la artificial. Con el veloz desarrollo de los algoritmos, los humanos pronto estarán abrumados por la inteligencia artificial. Su velocidad y flujo de cálculos sobrepasa tremendamente las capacidades de la mente humana. Los algoritmos son más capaces que los humanos para resolver problemas específicos, siempre que se den los datos precisos y una clara definición de los objetivos. Esta función, a pesar de ser impresionante, es solo mecánica. Debido a la ausencia de emociones, no puede haber en el proceso ninguna perturbación por “interferencia” emocional; por lo tanto, la inteligencia artificial no cometería errores como los humanos. Los únicos errores posibles vendrían de datos parciales.

 

Esta es su fortaleza, y su debilidad. Mientras sobrepasan la mente humana en tareas específicas, su “sensibilidad”, si hay alguna, proviene de un programa formateado. En este punto, uno puede sentir que el nombre “inteligencia artificial” es un tanto inapropiado. De hecho, la “inteligencia” incluye capacidades tanto de la mente como de las emociones. Puesto que las computadoras y robots no tienen ni pueden tener emociones auténticas, o incluso pensamiento autónomo genuino, uno puede suponer lógicamente que la ética auténtica no puede ser “enseñada”. El hecho es que enseñar no es formatear.

 

Uno puede entonces preguntar: ¿Qué es la conciencia y qué es la autoconciencia? La verdadera conciencia debe abarcar en su campo el mundo objetivo, a los humanos, y a todos los otros seres sensibles. Para reconocer los seres sensibles como capaces de cuidar y de sufrir, el observador debe estar consciente de que ellos son parte de esta comunidad global de seres sensibles. Sin embargo, la empatía no es esta solidaridad corporativa que existe solamente para una colectividad específica elegida. Debe extenderse más allá de nuestro círculo de relaciones.

 

Poco comunes son los animales que aplican la empatía de una manera general con sus compañeros animales, aunque algunos pueden estar interesados en su misma e incluso otras especies. Los simios pueden ser cariñosos con su descendencia. ¿Qué hay entonces acerca de los robots? Los monos pueden tener una autoconciencia limitada; por lo tanto, tienen una sensibilidad auténtica. Los robots pueden tener un amplio rango de conciencia del mundo objetivo, y sin embargo, por falta de sensibilidad genuina, la autoconciencia está para ellos fuera de su alcance.

 

Volviendo a los humanos, ellos son más o menos conscientes, debido a la negligencia o falta de atención, más o menos autoconscientes, estando  muy absortos en ellos mismos. Salir de la caverna del egoísmo pide alguna cooperación: ellos deben mirar hacia afuera (de la caverna) para ver que otra vida está dispuesta para ellos si tal es su deseo. Desear aquí significa estar dispuesto. Sin ser totalmente altruistas, pueden comenzar a interesarse, en alguna medida, por los demás, no necesariamente dentro de su propia familia o aquellos relacionados con ellos de alguna manera.

 

Aplicar la autoconciencia es comenzar a comprender la rectitud, y junto con esto, a descubrir otras dimensiones de la vida. Primero, termina el menosprecio por los otros reinos; un respeto general por todos los seres sensibles envuelve nuestra percepción, y nuestro sentimiento, resultando en una observación incuestionable, que es: Todos (ustedes y yo) deseamos estar vivos, entonces, ¿por qué imponemos la matanza de animales para alimentarnos? La integridad en todo el proceso del razonamiento inteligente conduce necesariamente a la comprensión que tomar una vida sensible para alimentarnos es horrible. El sentido de realidad  objetiva no debe ser oscurecido por la especulación teórica.

 

En el proceso, algo nuevo alborea en la conciencia. De hecho, cuando el interés por otros seres sensibles confirma la conciencia, como un movimiento natural de la vida, entonces la conciencia alimenta el interés. Algo nuevo crece en la conciencia de uno. Un sentimiento de ternura desborda el contenido de la mente. La mente, por así decir, ”cede” al corazón, y repentinamente, el amor está allí – sin expectativa ni esperanza.

 

Este es un paso de crecimiento espiritual. Puede sentirse como una fuente interna derramando oleadas de ternura y benevolencia. La absorción en uno mismo, como también otras formas de egoísmo, pueden ser progresivamente borradas. La gente lo llama compasión. Susurra que el amor debe ser usado inteligentemente y no ser guardado como un mero tema de discurso.

 

Epílogo

 

Las enseñanzas teosóficas insinúan que las vibraciones de nuestro mundo, de acuerdo al ciclo del tiempo, indican, si no conducen, el proceso evolutivo. Así que, hay un tiempo para cada ciclo. Ha habido un tiempo para el conocimiento del mundo objetivo, luego, un tiempo para estar consciente internamente de uno mismo. Luego llega un tiempo para descubrir otras dimensiones de la consciencia. Se superponen uno al otro, el comienzo de un nuevo ciclo no puede ser claramente perceptible, como la penumbra en el amanecer y el crepúsculo.

 

Desde la semiconciencia, la mente humana evolucionó a la plena consciencia. Luego se transformó en autoconciencia, para finalmente despertar en la concienciación plena y la autoconcienciación.  Volviéndose más consciente, la mente, por su inclusión, accede a un ciclo de conocimiento de un orden más sutil. Esto señala el amanecer de la intuición, la inteligencia real, o amor, tal como es insinuada sistemáticamente en el plan evolutivo a través de ciclos universales de conciencia. Este ciclo marca el final de la misión de la mente.

 

Desde una condición particular “circunscrita” de la conciencia, la mente humana ahora comienza a fluir hacia dimensiones superiores. Desde su condición de “espacio” limitado, comienza ahora a explorar el “espacio” interno ilimitado. Y a través de esta exploración, puede comprender su real naturaleza, cimentada en lo infinito.

 

 

 

 

 

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