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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 143 - Número 05 -  Febrero 2022  (en Castellano)
 

 
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El observador que camina a solas

Cecil Messer

 

El señor Cecil Messer, después de retirarse del equipo de ciencia e ingeniería del programa espacial de la NASA, presentó enseñanzas espirituales de muchas tradiciones durante doce años mientras residía en el Instituto Krotona de Teosofía, en Ojai, California. Actualmente es un practicante de dharma y vive en las montañas de Carolina del Norte.

 

 

El eminente filósofo y profesor Jiddu Krishnamurti (conocido como Krishnaji) presentó una mente meditativa con una visión fundamental de la matriz de la meditación. Desde la infancia, estuvo marcado por una singular falta de una imagen operativa de sí mismo. Aunque creció bajo el paraguas de la Teosofía, sus enseñanzas parecen frescas - surgiendo de profundidades comparativamente libres de condicionamientos psicológicos. Su enfoque de la meditación contrasta marcadamente con las numerosas tradiciones a las que estuvo expuesto. Al igual que el contrapunto en la música, donde diferentes melodías interactúan para tejer un conjunto armónico, la singularidad tiene su función.

 

Toda la obra de Krishnaji refleja una pasión por la meditación y se ocupa principalmente de relacionarse con aquellos que tienen la capacidad de identificarse con ella. Después de sus largas caminatas diarias por el campo, a menudo apuntaba la observación de que ni un solo pensamiento le venía a la mente durante el paseo. Obviamente, sí se producían percepciones, tal como lo demuestran sus vívidas descripciones; pero no había ningún juicio comparativo, ninguna participación, ningún enredo con el pensamiento. Tal vez los pensamientos o las emociones surgieron, pero no encontraron un lugar en el que quedarse o adherirse; fueron liberados naturalmente, como volutas de nubes en un cielo soleado. Caminar, ver y oír eran parte integral de un estado de conciencia libre de pensamientos.

 

La belleza original de sus enseñanzas se corrompe fácilmente tanto por la interpretación como por la fácil aceptación. Durante la experiencia inmediata de escucharle hablar o incluso mientras se leen los pasajes de sus transcripciones, uno siente a veces una cierta resonancia con la verdad. Después, al tratar de recordar la experiencia, se pueden constatar los hechos, pero la verdad no mora en el residuo de la memoria. Si tenemos "suerte", la conciencia sin obstrucciones puede agudizar nuestra indagación y fomentar una conexión directa con las verdades no veladas. En un estado de serenidad meditativa, Krishnaji escribió lo siguiente en su Diario:

 

“En el silencio de la noche profunda y en la tranquila mañana cuando el sol alcanza las colinas, hay un gran misterio. Está ahí en todas las cosas vivas. Si te sientas tranquilamente bajo un árbol, sentirás la tierra ancestral con su incomprensible misterio. En una noche tranquila, cuando las estrellas se ven claras y cercanas, estarás consciente del espacio en expansión y del orden misterioso de todas las cosas, de lo inconmensurable y de la nada, del movimiento de las colinas oscuras y del ulular de un búho. En ese silencio absoluto de la mente, este misterio se expande sin tiempo ni espacio... Esto es el amor. Con esto todo el misterio del universo se despliega.”

 

Krishnaji aborda la problemática de ver el hecho de lo que es cuando habla de un tipo de observación que percibe sin juzgar, sin desear agrandarse. Se refiere a esta condición como ser consciente sin elegir, sin calificar: ver el todo, aquello que es. Esa claridad de visión es inherente a la libertad del condicionamiento y sagrada para la meditación. Mirar la vida desde un punto de vista particular impide que uno vea totalmente. La verdad de algo visto sólo intelectualmente es, en el mejor de los casos, parcial, ya que el pensamiento, que es inevitablemente limitado y condicionado, ha coloreado esa observación. Cuando se ilumina con la luz de la indagación abierta y se refleja en una mente tranquila y receptiva, nos encontramos con una totalidad, característica inherente a la meditación. El siguiente pasaje de su Diario ofrece un panorama de esa totalidad.

 

“Por la noche se produce un silencio extraordinario, rico y penetrante. La meditación cultivada es un sacrilegio a la belleza, y cada hoja y rama hablan de la alegría de la belleza y el alto  oscuro ciprés permanecía en silencio con ella; el viejo y nudoso pimentero fluía con ella. No puedes, no debes, invitar a la alegría; si lo haces, se convierte en placer. El placer es el movimiento del pensamiento y el pensamiento no puede, de ningún modo, cultivar la alegría, y si persigue lo que ha sido jubiloso, entonces sólo es un recuerdo, una cosa muerta. La belleza nunca está ligada al tiempo; está totalmente libre del tiempo y, por tanto, de la cultura. Está ahí cuando el ser no está. La total no-acción interior es la atención positiva de la belleza. En la tranquila quietud de la mente, lo que es belleza eterna aparece, sin ser invitada, sin ser buscada, sin el ruido del reconocimiento.”

 

¿No debe "la meditación cultivada", como las hojas de un árbol cuando se acerca el invierno, morir y disolverse en la tierra para alimentar la renovación de la conciencia prístina? Tal vez no se pueda saber realmente lo que es la meditación, pero se puede saber lo que no es. En su Cuaderno, Krishnaji aborda la cuestión candente como si se observara una joya de muchas facetas:

 

“La meditación no es una búsqueda; no es una indagación, un sondeo, una exploración. Es una explosión y un descubrimiento. No es la domesticación del cerebro para que se conforme, ni es un análisis auto-introspectivo; ciertamente no es el entrenamiento en concentración que incluye, elige y niega. Es algo que surge naturalmente, cuando todas las afirmaciones y logros positivos y negativos han sido comprendidos y se desprenden fácilmente. Es el vacío total del cerebro. El vacío es lo esencial, no lo que hay dentro del vacío; sólo desde el vacío puede haber observación; toda virtud, pero no la entendida moral social y la respetabilidad, surge de él. De este vacío surge el amor, de lo contrario no es amor. El fundamento de la rectitud está en este vacío. Es el fin y el principio de todas las cosas.”

 

En su último diario, Krishnamurti a sí mismo, gira la joya de la meditación para revelar otra faceta:

 

“En la meditación no debe haber medida… La meditación es un movimiento sin ningún motivo, sin palabras y sin la actividad del pensamiento. Debe ser algo que no se propone de forma deliberada. Sólo entonces la meditación es un movimiento en el infinito, sin medida para el hombre, sin meta, sin fin y sin principio... Y en la meditación sin medida está la acción misma de lo más noble, lo más sagrado y lo más santo.”

 

Desde otro punto de vista, en Libérese del pasado, vuelve a girar la joya y describe con más detalle su percepción de la siguiente faceta:

 

“La meditación es una de las más grandes artes de la vida -quizás la más grande- y no se puede aprender de nadie: ésa es su belleza. No tiene técnica y, por tanto, no tiene autoridad. Cuando aprendes sobre ti mismo, te observas a ti mismo, observas tu forma de caminar, tu forma de comer, lo que dices, las habladurías, el odio, los celos... si eres consciente de todo eso en ti mismo, sin ninguna elección, eso forma parte de la meditación. Así, la meditación puede tener lugar cuando estás sentado en un autobús, o caminando por el bosque lleno de luces y sombras, o escuchando el canto de los pájaros, o mirando la cara de tu mujer o de tu hijo.”

 

Sin embargo, paradójicamente, en una conversación con un joven estudiante sobre la meditación, recogida en La educación y el significado de la vida, dice:

 

“Siéntate muy tranquilamente y quédate quieto, no sólo físicamente, no sólo en tu cuerpo, sino también en tu mente. Quédate muy quieto y luego, en esa quietud, presta atención. Presta atención a los sonidos fuera de este edificio, al canto del gallo, a los pájaros, a alguien que tose, a alguien que se marcha; escucha primero las cosas que hay fuera de ti, y luego escucha lo que pasa en tu mente. Y entonces verás, si escuchas muy atentamente, en ese silencio, que el sonido exterior y el interior son el mismo.”

 

 

 

Si quieres profundizar en tu conciencia de escuchar, escucha el lenguaje de los árboles. Cuando los toques, escucha la elocuencia de sus partes blandas y duras: el tronco sólido, las hojas que caen en cascada en otoño, los nuevos brotes en primavera. Los árboles cantan aleluyas al amanecer, pero rara vez nos quedamos lo suficientemente en silencio para escucharlos. Hablan más directa y claramente a los seres humanos cuando se balancean con la brisa.

 

Cynthia Overweg

Conciencia silenciosa: La revelación que

lo cambia todo, 2021, p. 62

 

 

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