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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 143 - Número 05 -  Febrero 2022  (en Castellano)
 

 
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La Belleza, las Artes y la Espiritualidad — I

 

GRACIELA RICCI

 

                La Prof. Graciela Ricci es miembro de la Junta de Árbitros de la Sección Italiana y expresidenta de la Logia Teosófica “Ars Regia”, Milán, Italia. (Traducido por Daniele Urlotti.)

 

 

            Una novela no examina la realidad sino la existencia. Y la existencia no es lo que ha ocurrido, la existencia es el reino de las posibilidades humanas, todo lo que el hombre puede llegar a ser, todo lo que es capaz de hacer.

Milán Kundera

 

            Puede parecer un desafío discutir el rol de la belleza en un espacio tan limitado, ya que la inmensidad de la tarea podría abordarse desde diferentes perspectivas: ¿Qué es la Belleza? ¿Cuál es el rol del observador en su interpretación? ¿Cuáles han sido las teorías sobre la Belleza en la historia de la filosofía y de las artes en general? Y finalmente, ¿cuál es el rol de la Belleza en la investigación espiritual? Deberíamos examinar nuestra experiencia práctica en un primer momento, ya que esto puede proporcionar un punto de partida para definir un concepto que no tiene una definición única.

 

            Basado en mi trabajo sobre literatura y artes podría ofrecer un relato de mis experiencias personales de vida al respecto, pero prefiero dejar de lado mi historia y centrarme en la dimensión estética del mundo, que es tan vasta como para inspirar un sentido de humildad y admiración. De hecho, el mundo está tan lleno de belleza que despierta asombro y admiración, a pesar de todas las acciones irresponsables que nuestra civilización está perpetuando repetidamente, empobreciendo el planeta y llevándonos al borde de una catástrofe ambiental.

 

            No es fácil ni dar una definición de Belleza con “B” mayúscula, ni entender si reside en el mundo objetivo, o en el ojo del espectador; tampoco es sencillo definir el rol del observador o del artífice en su propia interpretación. He destacado tres aspectos: artístico, relacional y creativo, porque hay una gran diferencia entre el concepto polimórfico de la Belleza en la historia de todas las artes y la mayor o menor creatividad del observador para interpretar la belleza. El segundo aspecto se refiere al efecto empático y relacional entre el observador y los demás, siendo estos últimos una persona o una obra de arte, ya sea visual, literaria o musical. También en este campo, el efecto empático es muy ambiguo y, por lo tanto, polimorfo.

 

            Dado que todos estos aspectos son bastante complejos, se caracterizan por una gran amplitud de perspectivas. De hecho, Remo Bodei nos proporcionó una definición amplia que contiene todos los diversos conceptos de belleza desarrollados por la tradición occidental. Como consecuencia, este artículo será necesariamente carente e incompleto, debido a la amplitud del tema en espacio y tiempo. Mi objetivo es simplemente ofrecer algunas ideas ligeras a mis lectores, para alentarlos a investigar este tema por sí mismos y sacar sus propias conclusiones.

 

  1. El sentimiento estético del espectador y las teorías sobre la Belleza

 

            El escritor Suizo Heinrich Woelfflin escribió hace años que la belleza está en el ojo de quien la mira. Por un lado esta es una afirmación cuestionable, aunque sabemos que la simple observación puede modificar el comportamiento de los electrones. De todos modos, debemos reconocer que la estética es parte de la sensibilidad humana. El mismo étimo de la palabra Griega de la que deriva, aisthesis, lo confirma, pues significa “sensación, sentimiento”. Edgar Morin escribió: “El sentimiento estético es una emoción que deriva de formas, colores, sonidos, pero también de cuentos, espectáculos, poemas, ideas”. (Morín 2019: 11).

 

            Este sentimiento, difícil de definir, puede derivar de diferentes fuentes: la observación de la naturaleza (por ejemplo, una puesta de sol o un cielo estrellado), una obra de arte, la experiencia de escuchar música o leer un cuento o un poema, etc. La emoción estética, de la que deriva la impresión de belleza, es universal, aunque está influenciada por la cultura y la concepción de la belleza del período histórico en el que se está inmerso (por ejemplo, Picasso, Kandinsky, Mondrian, Dalí y muchos otros probablemente no se habrían entendido antes del siglo XX).

 

            Por tanto, la belleza puede manifestarse y ser percibida de diferentes formas, según la sensibilidad del observador, los gustos personales de cada uno y las normas culturales y los cánones de belleza de los tiempos y lugares específicos. A lo largo de la historia han habido innumerables teorías sobre lo bello y la belleza, a veces en relación con el bien o con la idea de excelencia o perfección moral.

 

            En el Antiguo Egipto la belleza estaba ligada a la simetría, mientras que en la Antigua Grecia primaba la medida y el orden (por ejemplo, en los muros exteriores del templo de Delfos se inscribían máximas como: “lo más justo es lo más bello”, “conozca su límite”, “nada demasiado”, etc.) (Bodei 2017:21). La idea de medida generaría más tarde la teoría de las proporciones que se convertiría por mucho tiempo en la Gran Teoría, con la famosa frase: “La relación de la parte menor a la parte mayor es la misma que la relación de la mayor al todo” (Esta proporción contiene la llamada “constante de Phydias, phi” con la proporción áurea 1,618.)[1]

 

            Con Pitágoras (siglo VI a.C.) encontramos una nueva concepción tripartita de la Belleza asociada a lo verdadero y lo bueno. Para él, “todas las medidas mundanas son cognoscibles porque cumplen leyes que se manifiestan a través de los números” (Ibíd., 24). Se cree que Pitágoras fue el primero en nombrar el universo como kosmos (palabra que antes de él solo describía los adornos o el maquillaje de las mujeres, de donde proviene la palabra “cosmético”). Son bien conocidas sus reflexiones sobre el concepto de “armonía musical” en relación con los números y la música de las esferas.

 

            A partir de Pitágoras, la idea de un “orden cósmico” se convirtió en el modelo de belleza, verdad y bondad en toda la tradición Occidental, que cobró nueva fama durante el humanismo renacentista, cuando kosmos (orden) y polis (ciudad) estaban estrechamente ligados. Después del período barroco, con su rechazo del orden, los nuevos descubrimientos en astronomía y física trajeron de regreso la triple idea de verdad, bondad y belleza, en conexión con el nuevo modelo cósmico (ibid., 22-35). La idea de la Belleza como un valor absoluto más allá de los sentidos comenzó con Platón, pero trataremos este tema más adelante.

 

            Volviendo a la relación entre la Belleza y quienes se ponen en contacto con ella, podríamos afirmar, como regla general, que la vida humana está polarizada entre lo que nuestras responsabilidades nos exigen que hagamos en relación con los aspectos prosaicos de la vida y la cosas que amamos hacer y con las cuales tenemos un sentido de comunión, como los aspectos poéticos de la Naturaleza y las acciones humanas, o en otras palabras, aquellas cosas que nos tocan el corazón. Por eso estoy de acuerdo con Rita Levi Montalcini cuando afirma:

 

            Todo el mundo dice que el cerebro es el órgano más complejo del cuerpo humano y, como médica, incluso podría estar de acuerdo. Pero como mujer te aseguro que no hay nada más complejo que el corazón, cuyos mecanismos aún hoy en día se desconocen. En los razonamientos del cerebro encontramos la lógica, mientras que en los del corazón encontramos las emociones[2].

 

            De hecho, es el corazón el que permite crear lazos de afinidad tanto con nuestros semejantes como con las situaciones de la vida, por lo que, de las palabras de Levi Montalcini, podemos deducir que la belleza golpea a los observadores en el mismo momento en que toca sus corazones y despierta su sensibilidad. Son los aspectos más bellos y poéticos de la vida los que nos hacen regocijar y hacen que nuestra vida cotidiana tenga sentido. Edgar Morin también afirma:

 

            La vida adquiere un sentido para nosotros en el estado poético. El sentimiento estético es un componente contemplativo y/o encantado del estado poético. Un estado poético intenso nos conduce hacia la dicha. El máximo gozo se convierte, evidentemente, en éxtasis en sus diversas formas. Luchamos por alcanzar el éxtasis que, si somos bendecidos, a veces podemos experimentar (Morin, 2019: 119).

 

            Si la calidad poética de la vida empuja al observador hacia la comunión, el éxtasis y el amor, es cierto que, como dijo una vez Dostoievski, la belleza puede salvar al mundo. Pero, debido a la miopía del mundo contemporáneo, creo que pocas personas son conscientes de esta maravillosa oportunidad.

 

            Estas reflexiones nos llevan al tema principal de este artículo: el papel de la Belleza en la investigación espiritual. Pero conviene primero hacer una distinción entre la belleza de lo que percibimos a través de nuestros sentidos y la belleza de lo invisible. La investigación espiritual toca ambas dimensiones, aunque concierne especialmente a la última.

 

2.  Belleza visible

 

            En primer lugar, comencemos examinando la belleza visible y sus efectos empáticos en su creador y observador. Cuando los artistas pintan, o los autores se dedican a escribir un poema, su conciencia se encuentra en un estado definido como “segundo o semi-trance” (ibid., 96-97). Cuando los artistas están absortos en tal estado, están, por así decirlo, en otra dimensión. Al estar en este estado, pueden componer, modificar, crear o, en otras palabras, traer a la dimensión material algo que antes estaba oculto en el inconsciente de su psiquis. De hecho, están utilizando al mismo tiempo las capas consciente e inconsciente de su espíritu.

 

            Es un estado similar al que algunos entran cuando están en meditación profunda: al principio se concentran usando disciplina y su voluntad consciente, que los guían en una determinada dirección, pero luego de un tiempo entran en un estado de profunda meditación y establecen un contacto con fuerzas espirituales más allá del nivel mental. Como muy bien decía Morin, las fuerzas espirituales nos permiten comprender qué es realmente la dicha o el éxtasis, cuando logran hacernos experimentar, al menos en parte, la Unidad de la Vida, ya sea llevándonos hacia un acto creativo o animándonos a tomar parte en la creación como observadores.

 

            He asociado aquí artífices y observadores porque cuando miramos una obra de arte, escuchamos una sinfonía o leemos una narración con la que resonamos aun sin ser su creador, podemos, en relación con el misterio de la vida, experimentar esa misma emoción que llevó a los artistas a crearlos. Hablando de creatividad, Milan Kundera dijo que para ser considerados artistas, los escritores “deben convertir sus propias emociones en aspectos que sus lectores puedan reconocer”. Aquí encontramos una correspondencia con el premio Nobel Orhan Pamuk, cuando dice: “El talento narrativo consiste en hablar de nosotros mismos como si fuéramos otra persona y de los demás como si estuviéramos en su piel”. (Casadio, 2015:51). Y es la resonancia empática la que hace posible el milagro de hacernos sentir la dimensión de la Belleza con mayúscula “B” dentro de nosotros, porque toca nuestros corazones. Coincido con Edgar Degas en que: “La pintura no es lo que ves, sino lo que te permite ver”[3]. Y esto nos lleva de nuevo a la importancia de la empatía, tanto en el crear como en el participar de las diversas artes como espectadores, oyentes o lectores. Por ello, vamos a analizar qué se entiende por “empatía” y su relación con los valores éticos y estéticos.

 

3.a. El proceso empático

 

            Se da por sentado que la capacidad de comprender y compartir las experiencias de los demás constituye la base de la comunicación y la interacción humana, pues el sentido común señala que un sentimiento fraterno de compartir abre la puerta al buen vivir y a la aceptación de los demás. Entre los estudiantes de Teosofía creo que este aspecto es bastante indiscutible. Sin embargo, el vivo debate entre las diversas neurociencias, la filosofía de la mente y la fenomenología ha planteado la problemática cuestión de encontrar, a lo largo de los años, una definición unánime de “empatía”.

 

            De hecho, esta palabra, del Griego en-pathein (sentir dentro), nos permite entender por qué su significado ha dado lugar a una serie de cambios semánticos en relación con su propia definición. Esta palabra se remonta a hace unos cien años. Se utilizó por primera vez cuando Robert Vischer (1847-1933) escribió una tesis de filosofía en 1871 para explicar cómo reacciona la mente humana a las formas abstractas. Para describir su concepto utilizó la palabra Einfuehlung (sentir dentro) (Searls 2018:118), que se tradujo como “empatía” pero también como “simpatía”. Entonces, podríamos decir que la evolución del significado de la empatía ha estado marcada por las traducciones. Hacia fines del siglo XIX, mientras se traducía de un idioma a otro cruzando diferentes tradiciones filosóficas, desde el Inglés “empathy” hasta el alemán “Einfuehlung”, la palabra se convirtió en sinónimo de la palabra “simpatía”.

 

            Max Scheler (filósofo interesado no sólo en la biología sino también en las teorías del inconsciente), en su La Naturaleza de la Simpatía (1913, traducción al Inglés 1954), denunciaba esta confusión terminológica imperante y proponía, como posible solución, adoptar una doble terminología, teniendo en cuenta que “empatía” y “simpatía” correspondían a dos fenómenos distintos. El término “simpatía”, del Griego syn-pathein (sentir con) similar al francés sympathie, se usaría para referirse a la ética de la compasión, mientras que la palabra “empatía”, que incluye una serie de procesos en transformación, debía ser utilizado en relación con aquellos fenómenos neurobiológicos y cultural-antropológicos de tipo físico y preverbal que señalan la interdependencia de los seres humanos y su participación como individuos en todo el universo viviente (Boella 2019:70 –73). El interés en estas definiciones disminuyó en la primera mitad del siglo XX, pero rápidamente resurgió a partir del período de posguerra con muchas controversias sobre su significado.

 

            La palabra "empatía" se ha utilizado en varios contextos para referirse a una multiplicidad de fenómenos, desde el ser espejo, que describe la identificación involuntaria con otros seres humanos involucrando neuronas espejo (por ejemplo, cuando nos enfrentamos a una persona en apuros estaremos inconscientemente inclinados a imitar su condición), a lo que se denomina mentalizar o “leer la mente” en el campo de lo pragmático de la comunicación (es decir, suponemos que sabemos lo que otra persona está pensando o sintiendo y le atribuimos lo que en realidad es solo nuestro propio estado mental). Además, la palabra “empatía” también puede significar “ponerse en el lugar del otro” y cuidar de aquellos a quienes valoramos como frágiles o necesitados. (ibíd., 75–77).

 

            Independientemente del significado específico de la palabra, en la mayoría de los casos la expresión “efecto empático” se utiliza en relación con las emociones, consideradas desde una perspectiva que se ha ido modificando con el paso del tiempo.

 

            Hasta hace poco, por ejemplo, una técnica que se usaba a menudo en los seminarios de capacitación implicaba la visualización de un árbol en transformación: los participantes eran guiados a través de una visualización interna en la que se percibían a sí mismos como un árbol en crecimiento que producía flores y frutos. Esto era un símbolo muy bonito de la evolución del alma humana. Recientemente, se ha desarrollado una nueva técnica que involucra realidad virtual y elementos multisensoriales para un proyecto llamado “Árbol”, que tiene como objetivo hacer que los participantes experimenten con el crecimiento y la transformación de una planta o árbol. Con la ayuda de una mochila interactiva, los participantes se sumergen en una experiencia en primera persona del difícil proceso que debe atravesar un árbol al intentar emerger del suelo o al enfrentarse a una sequía o un incendio. Es una experiencia de identificación muy dramática, hasta el punto de que muchos de los participantes acaban llorando cuando se quitan el visor de realidad virtual[4]. Contrariamente a lo que suele pensarse, esta técnica no tiene nada que ver con la empatía, ya que trabaja creando un efecto simpático.

 

            Por lo tanto, podemos decir que la empatía es un tema ampliamente discutido en el debate público contemporáneo, debido a sus múltiples significados, aunque podemos agregar que, gracias a los resultados de las investigaciones sobre el cerebro humano, la empatía también ha sido considerada como una suerte de mito colectivo para calibrar las relaciones entre la ciencia y las humanidades a nivel global.[5] Dejando de lado todas las controversias, la empatía se ha convertido hoy en día en un término general, lo que implica una gran cantidad de usos diferentes que hacen que sea más fácil definir lo que no es, que lo que es.[6]

 

            En conclusión, la empatía se puede considerar como un proceso, un verdadero trabajo en progreso, que varía según los diferentes contextos; en su esencia podemos encontrar una relación entre un individuo y otro, lo que no implica afinidad inmediata ni comprensión integral de la otra persona. La alteridad permanece en la base de cada relación, excluyendo la posibilidad de que uno mismo sienta lo mismo que el otro, ya que la exploración del mundo del otro ocurre a través de múltiples actividades, como conocer la historia del otro e investigar las razones detrás de su sufrimiento; es decir, a través de otras actividades cognitivas que van más allá del fenómeno empático.

 

            Esto implica claramente una redefinición total de las ideas generalizadas actuales sobre la empatía. Por lo tanto, podemos decir que la empatía nos permite mirar las cosas desde una perspectiva inusual porque implica el movimiento de una persona desde el mundo personal de uno hacia el de otro, en una dimensión que va más allá de la propia experiencia personal, pero manteniendo las diferencias específicas de cada uno. El otro es y sigue siendo otra persona (ibid., 103-104).

 

3.b. Arte, tecnología y efecto empático: el vínculo invisible entre arte y esoterismo

 

            En cuanto al efecto empático, hemos visto cómo las ciencias contemporáneas no han llegado a una definición unánime. Otro aspecto problemático es la relación actual entre la empatía y la revolución tecnológica, que ha cambiado radicalmente nuestra civilización y ha embotado la sensibilidad de los seres humanos con sus excesos. Aunque esta revolución ahora se ha vuelto inevitable, ha causado muchas críticas incluso desde Silicon Valley. Aquí, a pesar de los conocidos riesgos de la adicción a los smartphones y todos los peligros potenciales derivados de los avances tanto de la inteligencia artificial como de los algoritmos de aprendizaje automático a través de los cuales las máquinas aprenden por sí mismas, se realiza una incesante investigación tecnológica que nos presenta grandes perplejidades, cuando pensamos en las posibles consecuencias para el futuro de la humanidad.

 

            El anonimato del mundo virtual global dificulta los encuentros de la vida real que son la base de la empatía. Y lo mismo ocurre en escenarios públicos o colectivos. Aquí, las acciones empáticas son mal interpretadas cuando se aplican a entornos sociales como hospitales, escuelas, cines o tribunales de justicia. Esto sucede porque, si bien el descubrimiento de otro prójimo puede ocurrir incluso cuando el otro es desconocido y está ausente, el acto empático no se produce. Podemos sentir simpatía o compasión por situaciones de sufrimiento, que pueden tener un valor ético, social o pedagógico, pero estas emociones no forman parte del mismo fenómeno y no deben confundirse con el proceso empático.

 

            He desarrollado estas reflexiones porque el aspecto relacional es fundamental para comprender las implicancias de la empatía en las relaciones artísticas, grupales y sociales y en la búsqueda espiritual. Volvamos ahora al tema principal. Decíamos al principio que hay un tipo de Belleza que atañe a las percepciones sensoriales y que es relativa tanto al universo visible de la Naturaleza como al mundo artístico, literal y musical; también hay una Belleza que se refiere al mundo invisible. Describiré brevemente cómo nació la pasión por lo invisible dentro del mundo artístico y su conexión histórica con el mundo esotérico.

 

            El final del siglo XIX, con el posimpresionismo, la teoría simbolista y un interés generalizado por las sesiones de espiritismo, puede considerarse como el período en el que surge la pasión por lo oculto y todo lo misterioso. Los artistas querían reemplazar la concepción física del universo por la búsqueda de lo invisible y su libertad para crear. Kandinsky solía decir: “El mundo resuena. Es un cosmos de seres que ejercen sobre él una acción espiritual, de modo que la materia muerta es espíritu vivo.”[7] En este período, que anticipa la vanguardia histórica del siglo XIX, muchos lectores obtuvieron inspiración literaria en los poètes maudits como Baudelaire y sus Correspondencias; también lecturas populares fueron H. P. Blavatsky (HPB), Edouard Schuré, Nietzsche, Bergson y la revista teosófica Le Lotus Bleu. El color blanco fue elegido como símbolo de silencio y ascensión hacia el mundo invisible de la espiritualidad. El artista se convirtió en un demiurgo, en un creador de mundos.

 

            La fascinación por los misterios, lo inconsciente, lo suprasensible, el renacimiento de la tradición hermética, la actitud mágica de los hombres prehistóricos, la fascinación del Lejano Oriente, fueron todos elementos que propiciaron el paso de la pintura imitativa a la abstracta, donde los colores y los ritmos musicales convertidos en pinceladas eran la prioridad.

 

            Los movimientos de ese período, como el cubismo, el simbolismo y el surrealismo, además de Péladans Rosicrucians, la experiencia que tuvo el grupo alemán Der Blaue Reiter (fundado por Vasili Kandinsky y Franz Marc en Berlín en 1911) en Monte Verità cerca de Ascona (Suiza) y sobre todo el contacto con la Teosofía y los seguidores de Steiner, animaron a los artistas a investigar el mundo invisible. De especial relevancia son las tallas de La Voz del Silencio de Kupka, inspiradas en HPB y el cuadernillo del pintor francés Delauney titulado La Luz, donde se definía a los ojos como “las ventanas del alma” y al Arte como “la voz cuya luz nos hace escuchar y que Hermes Trismegistus describió en el Pimander”. (París 2018: 17–32).

 

            El espiritismo y el misticismo se fusionaron y mezclaron, ayudados por los descubrimientos de Freud y los descubrimientos científicos de la física cuántica. Ese período fue sumamente importante porque puso en primer plano tanto el mundo suprasensible como la posibilidad de entrar en contacto con lo invisible a través de las formas meditativas de las diversas artes.

 

(Continuará)


Referencias:

[1]     Hay que decir que la sección/proporción áurea ya se conocía en el Antiguo Egipto: las pirámides se construían con estas proporciones.

[2]     Citado en Di Muro 2016:46.

[3]     Citado en Casadio 2015:14

[4]     Cf. Giuliana Ferraino, “Vivere come un albero”, Corriere della Sera, 23 de enero de 2019, p. 21

[5]     Estas expectativas hacia la “civilización de la empatía” (Boella 2018:7) decayó rápidamente cuando se observó que, por ejemplo, en Estados Unidos, la empatía, que había sido la el eslogan de la presidencia de Obama, se convirtió en furia al punto que Obama fue sustituido por un personaje como Donald Trump. Por lo tanto, “las investigaciones más recientes han demostrado que el efecto empático no siempre es una buena guía para la conducta moral, ya que puede interferir con la justicia e introducir parcialidad a favor del grupo de pertenencia. [Sin embargo, se ha convertido] en un vasto contexto interdisciplinario, en un catalizador del interés por asuntos cruciales del mundo contemporáneo: el individualismo y la supremacía de la Economía a escala global, los estallidos de fuertes emociones en los medios de comunicación en relación con los tsunamis, la destrucción de sitios arqueológicos, la tragedia de las migraciones masivas, los ataques terroristas, la crisis ambiental y finalmente la transformación de experiencias debido a las tecnologías digitales”. (Boella 2018:9)

[6]     Varios fenómenos se clasifican bajo el término general "empatía" y son todos al mismo tiempo diferentes pero interconectados, como la empatía ampliada y restringida, la empatía de ser espejo o la empatía de bajo nivel y la mentalización o empatía de alto nivel. Por lo tanto, es más fácil enumerar lo que no es empatía:

        – Empatía no es compartir un sentimiento análogo (también puedes empatizar intenciones, pensamientos, voluntades).

        - La empatía no corresponde a la intersubjetividad, siendo esta última un elemento fundamental de la condición humana.

        - La empatía no es leer la mente, lo que significa que no corresponde a convencerse de que somos capaces de saber lo que piensan los demás, que es una actitud que mucha gente tiene y que conduce a graves malentendidos.

        - La empatía no es el origen de la moral interpretada como ética de la curación” (Boella 2018:86).

[7]     Citado en Jolanda Nigro Covre, “Esoterismo e Astrattismo”, Arte e Magia (Francesco Parisi ed.), Milano: Silvana editoriale 2018, p. 57

 

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