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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 143 - Número 04 -  Enero 2022  (en Castellano)
 

 
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Una Tierra sin Caminos

 

CLEMICE PETTER

 

La Sra. Clemice Petter es una conferencista internacional de la Sociedad Teosófica, que vive en Adyar.

 

 

Más allá de las ideas del bien y del mal, hay un campo. Nos encontraremos allí.

                                                                                                    Rumi

 

 

J. Krishnamurti dijo: "Sostengo que la Verdad es una tierra sin caminos, y no puedes acercarte a ella por ningún camino, por ninguna religión, por ninguna secta. Ese es mi punto de vista, y me adhiero a él absoluta e incondicionalmente". Para la gente que lo rodeaba era difícil entender o incluso escuchar lo que estaba diciendo. La primera vez que entramos en contacto con sus enseñanzas, no entendimos lo que quería decir cuando afirmaba que la Verdad no puede ser abordada por ningún camino. Como la mayoría de nosotros estamos acostumbrados a seguir, pensamos en términos de caminos que nos han de llevar a aquello que buscamos. Pero Krishnaji aporta una nueva perspectiva a todo lo que creemos conocer.

 

Lo primero que hay que entender es que todo lo que creemos saber, en el ámbito del viaje interior o espiritual, no puede ser la Verdad. Esto se debe a que intentamos explorar lo sutil, el mundo interior, con las mismas herramientas que utilizamos en el mundo material bruto. Este es un error común que cometemos sin darnos cuenta de que antes de iniciar el viaje interior, necesitamos un equipo adecuado. Cuando vamos a un lugar frío nos aseguramos de que llevamos con nosotros ropa apropiada para un clima frío. Del mismo modo, antes de iniciar el viaje interior, o espiritual, necesitamos comprender lo que significa poner el pie en tierra sagrada lo cual ningún hombre puede describir, simplemente porque el mundo interior es de silencio, donde las palabras no tienen cabida y las opiniones sólo nos cierran la puerta.

 

La mayoría de nosotros queremos lo mejor de ambos mundos, nos negamos a entender que no se puede vivir una vida espiritual y al mismo tiempo ser una persona mundana. Quizás sería importante profundizar un poco en lo que significa vivir una vida espiritual. Algunas personas creen que lo que es espiritual para unos puede no serlo para otros. Este puede ser el caso cuando hablamos de opiniones, pero cuando se trata de la comprensión real, la realización del mundo espiritual, no existe tal cosa como "yo" y "tú", y por lo tanto no hay una realización diferente de la Verdad para diferentes personas. Cada maestro realizado enseñó lo mismo de diferentes maneras, de acuerdo con el tiempo y el lenguaje disponible durante la vida de esa persona en particular. Aunque a veces estas enseñanzas puedan parecer diferentes, la mayoría de esas diferencias son creadas por la interpretación, que siempre está destinada a ser una distorsión de lo que fue enseñado, y por lo tanto no puede ser tomada como definitiva.

 

También es importante entender por qué las interpretaciones están destinadas a ser erróneas; no podemos ver lo que la persona vio y, por lo tanto, lo interpretamos de acuerdo con nuestro sistema de creencias y prejuicios. Las interpretaciones son como mirar algo con lentes embarradas, el barro distorsionará la percepción de lo que tratamos de ver, al igual que hacen los prejuicios y las creencias. Por lo tanto, uno siempre debe ser consciente del peligro de las conclusiones que algunos tratan de imponer.

 

Otro aspecto importante es que entendamos que hemos de ver por nosotros mismos, y que una persona realizada sólo puede señalar que hay otra forma de vida. Pero el vivir de otra manera es completamente diferente a hablar de ello, o incluso de comprenderlo. Mientras no cambiemos y desechemos todas las lentes a través de las cuales miramos la vida, las descripciones tienen poco o ningún valor en absoluto.

 

"Espiritual" significa sutil, y bueno por naturaleza – lo que es completo, sin división. Por lo tanto, una vida espiritual consiste en dejar de lado todas las divisiones y el sentido de separación que es creado por la idea de "yo" y "lo mío". Para vivir una vida espiritual, hay que comprender la noción egocéntrica creada por el ego.

 

Cuando Krishnamurti dice que no hay un camino hacia la Verdad, nos sentimos perdidos porque estamos acostumbrados a la idea de que existen muchos caminos y que sólo tenemos que elegir uno que nos atraiga y finalmente lograremos o alcanzaremos la Verdad. Y la tendencia de la mente es saltar de un extremo a otro, por lo que o bien dirigimos nuestra atención a seguir un camino o nos instalamos en la desatención.

 

Lo que Krishnamurti está señalando es que seguir un camino o seguir a alguien embota la mente, y que necesitamos una mente aguda para ver con claridad. Por lo tanto, el movimiento se desvincula del acto de seguir, para que podamos desarrollar nuestra capacidad de ver la vida con nuestra propia comprensión, por muy pobre que sea. Si partimos de ahí, nuestra mente empieza a estar alerta, porque sabemos que no hay nadie que nos diga lo que tenemos que hacer, o lo que está bien o mal, necesitamos descubrirlo a través de nuestra propia percepción.

 

Esto no significa que no podamos escuchar lo que otros tienen que decir, al contrario, la capacidad de escuchar es importante en el proceso de comprensión. Escuchar aquí no significa seguir. Significa que estamos vacíos de conclusiones y dispuestos a considerar, reflexionar sobre lo que se dice. El acto puro de escuchar no es fácil porque estamos llenos de ideas y formulaciones preconcebidas. Una mente que cree saber no está abierta al aprendizaje.

 

La verdad es una de esas cosas de las cuales oímos hablar a la gente, pero no entendemos realmente lo que significa. Cuando los Seres realizados hablan acerca de la Verdad, están hablando de la capacidad de mirar la vida con una mente libre, una mente que no tiene creencias ni ilusiones. No están hablando de un hecho específico como la Verdad, sino de una mente clara que es capaz de percibir lo que es sin interpretaciones.

 

Cuando se dijo por primera vez que la Verdad es una tierra sin caminos, era difícil entender que la Verdad es nueva en cada momento, que no existe tal cosa como una verdad estancada. ¿Cómo puede haber un camino hacia algo que está en movimiento, que cambia a cada momento? Un camino, siendo una vía bien definida que conduce a un lugar fijo y conocido, no puede llevarnos a algo que no tiene lugar ni forma concreta – a lo desconocido. Al estar en constante movimiento, cambiando, no se repite. Para ser aún más explícito, la Verdad está siempre aquí y ahora, el único problema es que no somos capaces de verla, porque nos negamos a mirar. Por otro lado, un camino es algo que nos aleja del momento presente – nos llevará a otro lugar en el futuro.

 

Cuando imaginamos encontrar la Verdad en algún lugar en el futuro, para lo cual hacemos todo tipo de tonterías, en realidad nos estamos alejando de ella y nunca la veremos. Esto parece algo difícil de entender. O vemos la Verdad ahora o no la veremos nunca. Porque, al igual que la Verdad, la vida está constantemente fluyendo, nunca es la misma; nosotros también cambiamos y nunca podemos repetir una experiencia, por mucho que lo intentemos, es simplemente imposible. Si consideramos todo esto, veremos que no puede haber un camino hacia la Verdad.

 

Lo que podemos y debemos hacer es preocuparnos por la claridad de la mente, por identificar los bloqueos que impiden que el Sol inmaculado brille e ilumine el mundo de oscuridad creado por la falta de una percepción clara. Ver las barreras erigidas por nuestra propia mente nos hace conscientes, lo cual trae atención. No se trata de prestar atención a algo, sino de un estado de atención que hace que la mente esté alerta, aguda. Tal estado de alerta es vital para evitar que se construyan nuevos bloqueos y para destruir los existentes.

 

En este proceso no hay que seguir ni apoyarse en nadie. Ello requiere la fortaleza de caminar solo, de no dejarse influir por nadie, por ningún líder o enseñanza. Esto no significa que tengamos que dejar de leer libros o escuchar enseñanzas, sino que tenemos que aprender sobre nosotros mismos para aclarar nuestra percepción. Para aprender sobre nosotros mismos tenemos que aprender a mirar lo que ocurre en nuestra propia mente.

 

La mente es el instrumento a través del cual percibimos lo que es, y si está llena de conocimientos, percibiremos el mundo a través de ese conocimiento, por lo que no hay una percepción directa. Por ejemplo, si creemos en la reencarnación, esa creencia va a contaminar nuestra comprensión de la vida, pero si no sabemos si hay o no hay reencarnación, entonces no afirmamos una cosa o la otra, y estamos en un estado que nos permite explorar el asunto y tal vez averiguar la Verdad sobre ello. Creer o negar es el mismo movimiento; con él llegamos a una conclusión, y a partir de esa conclusión actuamos. Las conclusiones son enemigas del estado mental en el que es posible el aprendizaje.

 

Otro aspecto que es importante considerar es que una mente que está constantemente sacando conclusiones busca la certeza y necesita estar segura de todo. Una mente así es incapaz de ver la Verdad; se vuelve rígida y, por tanto, incapaz de ver y soltar. Las conclusiones son el acto desesperado de quienes buscan el control, y creen que sacando conclusiones y afirmando encuentran seguridad. Lo que no vemos es que esta necesidad de control es lo que está creando el desorden en el mundo.

 

Cuando buscamos un camino para llegar a la Verdad, estamos buscando certeza, un camino seguro. Creemos que la Verdad puede ser abordada con el mismo tipo de mente que es experta en evadirla. Cada conclusión que nos formamos es una barrera erigida contra la Verdad. Para poder ver con claridad lo primero que hay que hacer es darse cuenta de que no tenemos claridad y necesitamos averiguar dónde están las barreras que la impiden.

 

Durante mucho tiempo hemos creído que tenemos que hacer algo para aclarar nuestra mente; que tenemos que cultivar la conciencia, la atención y las virtudes para tener claridad. La conciencia, la atención y las virtudes son el subproducto de una mente clara. Lo que no vemos es que esas cualidades no pueden cultivarse como cultivamos los cereales en el campo. Y éstas han sido nuestras dificultades, porque queremos entrar en el campo sutil, dúctil y sagrado de la paz y el silencio con la misma actitud burda y ruidosa que aplicamos en el mundo material bruto. Es simplemente imposible; es como tratar de mantener un elefante en una casa de cristal.

 

La necesidad de entendernos a nosotros mismos, cómo surgió este sentimiento de una entidad separada llamada "yo", y cómo mantiene su estructura es lo primero que hay que comprender. Si esto no se ve y se comprende, no hay posibilidad de que surja la claridad. Krishnaji también dice que para llegar lejos hay que empezar cerca. Esto no es difícil de entender, ya que el camino comienza con el primer paso. O damos este primer paso o no hay andadura.

 

El punto de partida suele ser el más difícil, porque requiere una enorme cantidad de energía para cambiar de dirección y vencer la inercia; al ser una tarea difícil, tratamos de evitarla y pensamos que es posible saltar directamente al destino. Lo que obviamos es algo que también señaló Krishnaji: "El primer paso es el último". Por lo tanto, no hay manera de evitar el duro trabajo necesario para conocernos a nosotros mismos.

 

El autoconocimiento es necesario en cada paso y, sin embargo, es el tema más evitado. Antes de que Cristo diera sus enseñanzas, hace más de dos mil años, los griegos señalaban su gran importancia, y decían: "Hombre, conócete a ti mismo y conocerás a los dioses y al Universo". Pero nosotros evitamos los consejos de todas las enseñanzas que apuntan en esta dirección. Nos aferramos a la idea de que es posible seguir siendo completamente ignorantes sobre lo básico y, sin embargo, que seamos conocedores de las materias más elevadas sobre la vida y el Universo. Esto es como un niño que se niega a ir a la escuela y aprender el arte de la lectura y la escritura, pero desea convertirse en un científico.

 

Mirar hacia nuestro interior y comprender el funcionamiento de la mente es el comienzo de la sabiduría. Ver lo que somos, en realidad, es duro y doloroso, pero es un paso inevitable que no puede ser ignorado por aquellos que están cansados de las cosas de la mente. El mundo creado por la ignorancia de nuestros motivos y deseos ocultos tiene que ser comprendido antes de que podamos hablar honestamente de la paz en la Tierra y de la Fraternidad.

 

Hablar de Amor y Compasión y al mismo tiempo ser descuidado y poco amable es una contradicción en la que la mayoría de nosotros estamos atrapados. Es una ley de la Naturaleza que las personas ignorantes, las que no se conocen a sí mismas, hablen de lo que necesitan comprender, de lo que no ven en sí mismas. Rumi dice: "Ayer era inteligente, así que quería cambiar el mundo. Hoy soy sabio, así que me estoy cambiando a mí mismo".

 

El deseo de cambiar el mundo proviene de la falta de autoconocimiento, de la ignorancia de lo básico, que son nuestros propios comportamientos y conflictos. El autoconocimiento es el primer y último paso en el camino de la sabiduría. Éste derriba los muros de la separación; las barreras que impiden que la Verdad brille. La Verdad no es algo alejado de nuestra vida cotidiana, no es algo que tengamos que adquirir, está siempre aquí y ahora. Nuestra dificultad es que la buscamos en los lugares equivocados. Somos como el hombre que perdió su tesoro en un rincón oscuro y lo busca en un lugar donde hay luz, porque es más fácil de buscar, pero donde nunca se podrá encontrar.

 

Enfrentarse al hecho de que no hay más problemas en el mundo que los creados por la mente tiene una importancia fundamental si queremos iniciar el viaje que nos conduce a la libertad. Liberarse de la ilusión de la separación, es decir, de la idea de que somos diferentes del mundo, es el comienzo de la claridad. Ver que hemos creado el caos actual en el mundo y que estamos añadiendo continuamente a la miseria del mundo es algo difícil de aceptar. La verdad no se atiene a razones de comodidad, no hace concesiones para adaptarse a nuestras esperanzas y expectativas. Antes de que uno pueda darse cuenta de la Verdad, hay que abandonar todas las esperanzas y expectativas.

 

 

La verdad, al ser ilimitada, incondicionada, inabordable por cualquier camino, no puede ser organizada; tampoco debe formarse ninguna organización para dirigir o coaccionar a la gente por un camino determinado. Si uno primero comprende eso, entonces verá lo imposible que es organizar una creencia. Una creencia es un asunto puramente individual, y no se puede ni se debe organizar. Si se hace, se convierte en algo muerto, cristalizado; se convierte en un credo, una secta, una religión, para ser impuesta a los demás.

 

J. Krishnamurti, 1929

(Cuando disolvió la organización de la Orden de la Estrella en Oriente).

 

 

 

 

 

 

 

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