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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 143 - Número 04 -  Enero 2022  (en Castellano)
 

 
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Las Tres Proposiciones

 

David Grossman

 

El Sr. David Grossman ha sido estudiante de Teosofía desde mediados de los 70 y es ex-Tesorero del ITC, Conferencias Teosóficas Internacionales, Inc. Vive en Brooklyn, NY, y es reportero gráfico.

 

Las Tres Proposiciones Fundamentales de La Doctrina Secreta de H.P.Blavatsky (HPB) son una especie de portal metafísico a través del cual podemos investigar los misterios de la vida. Cada uno de nosotros preguntamos en uno u otro momento de manera sincera: “¿Quién soy yo? ¿De dónde vengo? ¿Hacia dónde voy?” Esta clase de preguntas surge muy a menudo cuando nos sentimos desconectados, o hemos tenido sucesos difíciles en nuestras vidas que no podemos atravesar fácilmente. “¿Por qué me sucedió esto a mí?” “¿Qué hice para merecer esto?”

 

O vemos cosas que suceden en el mundo que parecen tan absurdas tales como la forma en que los humanos se tratan entre sí o por qué “le suceden cosas malas a la gente buena.” Si permanecemos flotando en la superficie de la vida, por así decir, no es tan difícil sentir que el universo es un proyecto casual y sin sentido, en el análisis final. Necesitamos perforar su superficie opaca si queremos penetrar la fachada de la vida.

 

Las disciplinas más formales que ha creado la humanidad para abordar las preguntas de la vida, y más específicamente nuestras vidas, son la Religión, la Ciencia y la Filosofía. Las tres exploran a su propio modo la pregunta general, “¿Qué es la Verdad?” Pero con demasiada frecuencia confundimos la fachada con la esencia vital, el fenómeno con el noúmeno. Si nos detenemos un momento y pensamos acerca de esto, veremos que las formas de vida, sean físicas o formas de pensamiento, están cambiando constantemente y no son fundamentos confiables para el verdadero conocimiento.

 

La Teosofía señala en la Primera Proposición de La Doctrina Secreta, que Dios, la fuente, “un principio sin fronteras e inmutable” por definición es ilimitado, entonces cualquier idea que tengamos de lo que significa esencialmente sin fronteras “No es”. Hay una unidad subyacente que nos une a todos. Podríamos definir la religión aquí, que está generalmente asociada con la idea de Dios, como nuestro anhelo por la totalidad y Unidad. Nuestra esencia deífica es la fuente de esperanza y optimismo realista en que se disuelve ese falso sentido de separatividad y soledad existencial que la gente siente hoy más que nunca, especialmente cuando con demasiada frecuencia ponemos una inversión tan grande en cosas efímeras.

 

El enfoque budista Zen nos entrena a trascender la mente dual (manas inferior) con paradojas y aparentes “preguntas sin respuestas” que evocan un grupo superior de facultades a los cinco sentidos y los modos de pensar lógico y lineal, con imaginación, consciencia, y percepción directa e iluminación desde la “mente superior” (buddhi-manas): “¿Cuál es el sonido de una mano aplaudiendo?”; “Muéstrame tu rostro original antes de nacer”; o en nuestra propia literatura, “La Voz del Silencio”. Estos enigmas nos ayudan a abandonar la mente inferior y a entrar en un estado más inclusivo moviéndonos hacia un sentido más pleno de la unidad. Se manifiesta más como un sentimiento que un pensamiento concreto, una consciencia de la unidad, un sentimiento de conexión, un estado de paz. Podríamos incluso llamarlo amor.

 

Mientras la religión tiende a hablar de la naturaleza de lo que llamamos Dios, o la fuente última de la vida, terrenal y cósmica, la ciencia se enfoca más en cómo  funciona el universo, en el sentido que a través de la observación, experimento y prueba podemos obtener conocimiento acerca de quiénes y qué somos y cómo nosotros y todo en la Naturaleza entramos en existencia.

 

Donde la ciencia se queda corta es que tiende a ser materialista y no considera, al menos muy a menudo, esos fenómenos y observaciones desconocidas que no puede medir. Términos como mente, intuición, amor, imaginación, las causas y efectos generados por los estados moral/ético en el universo físico están principalmente fuera del territorio de la ciencia tradicional. Por supuesto, siempre habrá “pioneros” entre las filas pero a menudo no se toman en serio e incluso son marginados por cruzar la línea.

 

Incluso las prometedoras exploraciones en neurología y ciencia del cerebro parecen relegar frecuentemente todo lo que un ser humano muestra de creatividad y amor a la espiritualidad y un sentido de corrección moral/ética, a alguna configuración de la “materia gris”. La ciencia todavía tiene una falta de imaginación cuando se trata de algo más allá de lo físico y que no puede medir ni cuantificar. Y demasiado a menudo parece haber una falta de responsabilidad moral por lo que la ciencia “presenta”.

 

Considerando todo lo que la ciencia ha aprendido durante los últimos siglos, es cuestionable si se ha acercado más a explicar el origen del hombre y sus facultades conscientes. Es aún más cuestionable si la comunidad científica ha desarrollado cualquier tipo de filosofía que actúa como una brújula moral de responsabilidad respecto a la aplicación del conocimiento obtenido. Hemos conseguido a través de la aplicación científica crear armas de destrucción masiva, desarrollado drogas tales como los opioides que se han introducido en las vidas de personas y las han devastado.

 

De alguna manera con todas nuestras formas sofisticadas de vidas “modernas”,  en poco tiempo hemos contaminado el aire, agotado el suelo, y envenenado hasta un grado alarmante el agua. En realidad no es la ciencia real la culpable sino nuestra falta de moral, imaginación y previsión en términos de la aplicación del conocimiento científico que a menudo resulta ser conocimiento a medias.

 

La Teosofía apunta al hecho que el hombre, el pensador autoconsciente, está esencialmente en el centro de todo lo que sucede en la Tierra. Y así también, el hombre es la llave que abre los misterios de la religión, filosofía y ciencia. El axioma hermético suena verdadero en el sentido muy práctico de “Como arriba así es abajo” Somos el microcosmos del macrocosmos; Dios está dentro; “Hombre, conócete a ti mismo”. Todas las leyes de la Naturaleza están dentro nuestro y nosotros las ponemos en movimiento. Cada pensamiento y acción posterior es una clase de mini “big bang” si se quiere. Somos nosotros quienes ponemos el (nuestro) universo(s) en movimiento. La Teosofía propone la ley de periodicidad funcionando en y sobre todas las cosas todo el tiempo, desenvolviéndose como la ley de los ciclos en los cuales participa cada fenómeno vivo, desde el ir y venir del universo al ciclo actual de reencarnación expresado en la rotación de las estaciones, los ciclos que vemos tan claramente en el reino vegetal y el ciclo de reencarnación en el hombre.

 

Cuando veamos la ley de periodicidad (Segunda Proposición), las variadas vueltas de un ciclo (nacimiento, crecimiento, realización, declinación, muerte y renacimiento) trabajando en nuestras propias vidas, entonces seremos más capaces de ser auto evolucionadores conscientes individual y colectivamente como se expresa en la Tercera Proposición de La Doctrina Secreta. Se afirma  allí que la evolución es triple, física, mental y espiritual, entretejida y entremezclada en cada punto.

 

La filosofía ha sido definida de las siguientes maneras. Muy literalmente, el término “filosofía” significa “amor a la sabiduría”. En un sentido amplio, es una actividad que emprendemos cuando buscamos comprender las verdades fundamentales acerca de nosotros mismos, el mundo en el que vivimos, nuestra relación con el mundo y nuestras relaciones mutuas. Hablando teosóficamente, podríamos decir que la filosofía es primero estudiar las leyes y principios de la Naturaleza –física, mental y espiritual– y luego hacer el trabajo autoconscientemente para progresar en el espíritu de hermandad para cumplir el propósito de la vida durante muchas vidas con el fin de alcanzar la divinidad consciente y trabajar idealmente en beneficio de la totalidad. Concedido que es un concepto difícil, pero es la tercera proposición de La Doctrina Secreta que nos da propósito y dirección en el viaje que llamamos evolución. En las palabras de Séneca, “Si no sabes a qué puerto te diriges, ningún viento te será favorable”.

 

Si aceptamos la idea de que las tres proposiciones fundamentales de La Doctrina Secreta son todas expresiones de la Vida Una que trabaja en y dentro del ser humano, podemos entonces percibir la realidad de que el hombre, el pensador autoconsciente, está en el centro de la religión, ciencia y filosofía. Por qué el universo trabaja de la forma que lo hace solamente será comprendido una vez que percibamos que jugamos una parte integral en todo esto.

 

En su primer libro teosófico, La Clave de la Teosofía, HPB expresa poéticamente el sendero de la Teosofía de esta manera: “Por cada flor de amor y caridad que plante en el jardín de su vecino, desaparecerá una mala hierba del suyo, y de tal modo, la Humanidad, este jardín de los dioses, florecerá como una rosa”.

(1° edic, Sección IV, p.53)

 

 

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