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Vol. 143 - Número 03 - Diciembre 2021 (en Castellano) |
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Hablando de Paz
Ananya Sri Ram Rajan
La Sra. Ananya Sri Ram Rajan es una antigua miembro de la Sociedad Teosófica en Norteamérica y editora de las publicaciones de EE.UU. de la Orden Teosófica de Servicio (OTS).
¿Ustedes saben que de acuerdo a <visionofhumanity.org>, la violencia cuesta anualmente al mundo 14 billones de dólares estadounidenses? Es difícil comprender una suma así de dinero excepto saber que es grande y que podría beneficiar a una cantidad de gente pobre alrededor del mundo. Tales fondos podrían crear escuelas, construir estructuras sustentables, mejorar la atención de salud, y proporcionar a los países la riqueza necesaria para aliviar los desastres.
En realidad, cuando miramos los problemas del mundo respecto a la violencia, el problema no es el mundo: son las personas. Entre las diferentes poblaciones alrededor del mundo, no hay un solo grupo que sea el culpable, somos todos nosotros. La violencia vive en cada uno de nosotros. Incluso Gandhi reconoció que tenía poca paciencia con su esposa analfabeta de quien se decía él maltrató. Ser conscientes de que somos violentos, verdaderamente conscientes, puede crear un cambio en nosotros, como afirma J. Krishnamurti. La pregunta es, ¿podemos aceptar que somos violentos?
La violencia puede ser sutil. Mientras se define como una fuerza que causa o se propone causar daño –física, psicológica, emocional, o verbalmente– puede también ser pasiva. A menudo, podemos ser violentos sin siquiera pensar que la acción que realizamos es tal. Un simple ejemplo es cuando emitimos una opinión acerca de otra persona, o cuando imponemos nuestra opinión a otro, o cuando nos negamos seguir una ley porque no nos conviene, tal como ir a exceso de velocidad porque vamos tarde.
Mientras muchas organizaciones afirman que promueven la paz, el lenguaje usado puede algunas veces ser visto como violento y crítico. Puede que no lo interpretemos como tal porque nos hemos vuelto inmunes a él. Por ejemplo, la palabra “maldad” se usa a menudo en el trabajo pacífico (y, damos por sentado, que ha habido y hay acciones de gobiernos y personas que autorizan tal palabra). Surge la pregunta si puede haber paz cuando consideramos algo como malo. Si una acción se considera mala, las personas que realizan la acción son a menudo consideradas malas también. Nosotros tendemos a mezclar la acción y las personas.
La paz en su forma verdadera es unificadora. No podemos afirmar que estamos trabajando para promover la paz mientras denigramos a aquellos que denigran. Tal acción solamente crea más desarmonía y falta de comprensión. Cuando vemos a otro como diferente a nosotros, se pierde la unidad. Esto es verdad para todos. Nuestra opinión acerca de la persona, objeto o causa interfiere con nuestra capacidad de ver algo objetivamente o incluso trabajar desde un lugar de paz y compasión.
En una entrevista con el difunto diputado John Lewis, el líder de los derechos civiles Fr. John Dear preguntó:
“Como sabe muy bien, parte del desafío de la no violencia es responder sin violencia al ataque personal, sino mantenerse insistiendo en la verdad de la justicia y de la paz. Jesús personificó esto y Gandhi nos enseñó esto. ¿Cómo respondió personalmente a estos policías que lo golpearon y a todas las personas que lo amenazaron durante esos años de lucha? ¿Cómo respondió? ¿Fue agradable para usted tratar esta violencia sin violencia?
Y el Dip. Lewis respondió:
“Bien, creo en la filosofía y la disciplina de la no violencia. Lo acepté no simplemente como una técnica o una táctica, sino como una forma de vida, una forma de vivir. Tienen que llegar al punto como creyentes en la fe cristiana que en cada ser humano hay una chispa divina. Cada personalidad humana es algo sagrado, algo especial. No tenemos el derecho como otra persona, o como una nación, a destruir esa chispa divina, esa chispa de la humanidad, que está hecha y creada a la imagen de Dios.
Vi al sheriff Clark en Selma, o Bull Connor en Birmingham, o George Wallace, el gobernador de Alabama, como víctimas de este sistema. No hemos salido a destruir a estos hombres. Salimos a destruir un sistema despiadado y malo. Así, nuestro ataque tenía que ser dirigido contra las costumbres, tradiciones, leyes injustas – pero no contra estos individuos.” (<johndear.org.>)
El Dip. Lewis era un cristiano que vivía su fe. Pero sus palabras podían provenir fácilmente de un estudiante de Teosofía, ya que el mensaje es el mismo: “No tenemos el derecho como otra persona, o como una nación, a destruir esa chispa divina”. Este es un lugar en que podemos comenzar con nuestro trabajo por la no violencia y la paz. Sus palabras son similares a la invocación de Annie Besant “Oh, Vida Oculta”: “Que cada ser que se sienta uno Contigo, sepa que por lo tanto, es también uno con todos los demás”.
Como señala el Dip. Lewis, la no violencia es una forma de vida. Es una disciplina diaria de observar nuestros pensamientos, las palabras que usamos, la manera de expresarnos, y las acciones que emprendemos. Es ver que todo a quien encontramos, agradable o no, tiene algo que enseñarnos acerca de nosotros mismos. Como dice: “Cada personalidad humana es algo sagrado, algo especial”. |
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