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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 142 - Número 10 -  Julio 2021  (en Castellano)
 

 
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¿Qué es la Verdad?

 

MARGARET BOVE STURMAN

Margaret Bove Sturman, miembro de la S.T. desde 1986, ejerce medicina alternativa en Nápoles, Italia.

 

 

¡Es muy sencillo! La Verdad se manifiesta en nuestro ser interno, nuestra esencia dorada, nuestro corazón henchido de compasión, nuestro profundo silencio, nuestra serenidad de días y noches, nuestro milagro y maravilla, la raíz sin raíces, nuestra dicha y felicidad, todo lo que es bueno, verdadero y hermoso.

 

Nosotros somos la Verdad, réplicas de lo Divino. Por lo tanto, haremos bien en extinguir el miedo, permanecer tranquilos, eliminar las preocupaciones y sonreír. Durante la Primera Guerra Mundial, los soldados entonaban juntos una canción cuando se enfrentaban al peligro de muerte: “Pon en tu vieja mochila todos tus problemas y sonríe, sonríe, sonríe… ¿De qué sirve preocuparse?” Ciertamente, para qué preocuparse por el coronavirus, o por cualquier otro virus. Somos seres divinos inmortales y, por ende, no podemos caer en el olvido. Lo que denominamos como “muerte” no existe. Únicamente se trata de un cambio de conciencia.

 

El miedo a la muerte se originó en la antigua época de los Atlantes por influencias que no eran positivas, y debe evitarse en todos los niveles. Un mando superior Nazi dijo: “Introduce el miedo en la gente y harán todo lo que quieras”. En lugar de esto, se debería poner énfasis en la Vida. La evolución es un proceso iniciático que nos conduce a través de una serie de experiencias vivenciales, una tras otra. Entonces, tratemos de reemplazar el miedo por el coraje y el conocimiento de que nuestro verdadero ser jamás cambia ni muere. Cuando cruzamos al otro lado hay un periodo de descanso y después volvemos a la Madre Tierra para continuar nuestro peregrinaje de aprendizaje, a menudo en compañía de nuestros seres queridos y amigos. Frecuentemente los mismos grupos encarnan juntos debido a que deben aprender lecciones similares, y nos ayudamos los unos a los otros, o bien creando obstáculos, o bien ofreciendo simpatía y comprensión donde sea necesario. Los obstáculos son necesarios para poder aprender, crecer, y avanzar. A menudo las personas difíciles o las circunstancias críticas son nuestros mejores maestros y nos obligan a reflexionar profundamente.

 

El coronavirus es democrático y un sabio maestro; nos muestra la necesidad de compartir (la Era de Acuario); nos inspira a tener consideración por los demás de forma altruista, y se puede tomar como ejemplo a las abejas que trabajan auto-sacrificándose para el bien del conjunto. El zumbido de la abeja se ha comparado con el murmullo del Universo (la música de las Esferas), la palabra mística de lo Divino, el “OM” que reproduce el sonido sagrado.

 

El virus pone de relieve el gran abismo entre la enorme riqueza y los débiles, pobres y desfavorecidos. En este juego participamos todos juntos, nos necesitamos los unos a los otros; no hay favoritos, y el virus afecta libremente a toda la humanidad, independientemente de la raza, el credo, el sexo, la casta o el color. Simplemente se rige por las leyes de la Naturaleza – todo lo que es aplicable para uno, es aplicable para los demás. Citando un poema de John Donne: “¿Para quién repica la campana? Repica para él [ego]… Ningún hombre es una isla.” El sufrimiento que infunde el coronavirus es una oportunidad para unir a toda la humanidad …. El Musulman que cuide al Hindú, el Hindú  a los sikh, los chiitas pueden estar en armonía con los sunnitas, los iraníes con los palestinos y los sirios, los árabes con los jesuitas. Tal vez la amorosa Madre Naturaleza ha decidido que para sus hijos el impacto del virus puede conducir a la paz mundial, a la libertad, y a la verdadera fraternidad, de modo que pueda aflorar una nueva conciencia colectiva.

 

El cuerpo físico que tenemos en esta encarnación es temporal y es necesario para las lecciones concretas que debemos aprender. En nuestras próximas encarnaciones tendremos otro cuerpo, luego otro, y luego otro. Pero nuestro verdadero ser jamás muere y nada puede aniquilar o destruir nuestro espíritu inmortal. Todo evoluciona del OM TAT SAT. Incluso lo que llamamos Dios evoluciona, y va de una espiral de evolución a otra, una y otra vez, a través de eones de tiempo indescriptibles.

 

Finalmente, mediante pruebas y ensayos, alcanzamos una etapa de la evolución donde podemos escoger si volver a la Tierra para auxiliar a la humanidad como un Bodhisattva, o ir a otro sistema solar, o permanecer en un estado perpetuo de Dicha derramando Luz sobre el Mundo (Dhyani Buddhas). Cada uno de nosotros albergamos una viviente Chispa de Alegría. Podemos hallarnos en medio de un terrible incendio que puede consumir nuestro cuerpo físico y todas nuestras posesiones, pero nuestra Chispa Divina hará brillar su propia Luz con más intensidad que el fuego y retornará a la Fuente Ain Soph, la fuerza divina de la vida y del amor en la constitución del ser, para continuar su viaje revestido de una nueva forma física.

 

Podemos preguntarnos cuánto tiempo durará el viaje hasta conquistar la Verdad. Si citamos y traducimos a Angelus Silesius (1624-77):

 

“¿Cuán lejos de aquí queda el Cielo?

No está lejos, no está lejos, amigo mío:

Un solo paso hacia el interior

Hará que todos tus viajes lleguen a su fin.”

 

Los discípulos monásticos de Amma (Mata Amritanandamayi), quien abraza al mundo, llevan un brazalete de papel en la muñeca, donde se puede leer: “Hijos, Dios está en lo más profundo de vosotros. Él mora allí como amor puro e inocente”.

 

Al entrar en el tempo de Delphi en Grecia, famoso por sus oráculos, sobre los antiguos pilares están grabadas las palabras: “Hombre, conócete a ti mismo”.

 

Cuando Jesús dice a sus discípulos, “Estoy con vosotros hasta el fin de los tiempos”, está aludiendo a su conciencia Crística y a la divinidad innata, la cual se encuentra en todos nosotros, pero necesita ser liberada y revelada.

 

En el mantra de “Gayatri”, una de las más antiguas invocaciones conocidas por la humanidad, pedimos el sustento del Universo para que nos muestre la faz del Verdadero Ser Espiritual del Sol, oculto por un disco de Luz dorada, que podamos conocer la VERDAD, y así sucesivamente.

 

Se ha dicho que únicamente podemos aproximarnos a la Verdad. Cuando meditamos profundamente en un vacío de silencio, un silencio que desearíamos que perdurara por siempre, entonces sí nos acercamos a la Verdad, pero nuestro estado de polaridad nos impide alcanzar la meta. La gota aún no ha caído en el Océano; el sujeto todavía debe ser absorbido por el objeto.

 

Durante nuestro viaje evolutivo hemos de llegar eventualmente y necesariamente a la Verdad, esto es, la iluminación, y verdaderamente llegaremos a conocer. El gran Sanat Kumara, la Ascendida Dama y Maestra Kwan Yin, Tara y Avalokitesvara, nuestros queridos Guardianes y Amigos Verdaderos, con un inmenso sacrificio y dedicación, han decidido permanecer en los alrededores del planeta tierra hasta que “cada brizna de hierba” haya recibido la iluminación, en otras palabras, haya alcanzado la Verdad.

 

Por lo tanto, tratemos de eliminar el miedo y hollar el sendero hacia la Verdad reconociendo nuestras debilidades, reflexionando sobre nuestros pensamientos internos y volviéndonos instrumentos de Luz en el viñedo perfumado de los Maestros. Cuanto más puros seamos, más cerca estaremos de la Verdad. Al comienzo de nuestro ciclo evolutivo, cuando iniciamos nuestro descenso gradual en la materia, somos la Verdad pura y transparente. Citando un axioma hermético, “Como es arriba, es abajo”, el aura de un recién nacido brilla con Luz antes de verse envuelto en los asuntos mundanos.

 

Esta vida es solo transitoria. ¿Tenemos el valor para aceptar esto? No. Nuestro ego se aferra a nuestra forma física y somos reacios a dejarlo marchar. ¿Pero a dónde marchará? Se fundirá en la alegría, una paz y protección reconfortantes. Nosotros seremos llevados a los brazos de lo Divino y reconfortados con una profunda e indescriptible compasión. Seremos queridos y mecidos como niños pequeños, pues nosotros somos hijos de lo Divino, y cuando abandonamos nuestro plano físico, simplemente estamos volviendo al hogar. Entonces ¿por qué preocuparnos? – nuestro destino se está cumpliendo y podemos dejar atrás toda duda y temor.

 

Clara Codd, una conocida teósofa inglesa del siglo pasado, cuando visitaba amigos y pacientes en orfanatos, siempre se mostraba muy positiva en su actitud hacia los pacientes que se hallaban postrados en la cama. Cuando el paciente decía “Me estoy muriendo”, ella respondía “¡Qué maravilla!”

 

Alice Bailey escribió un libro titulado Muerte – La Gran Aventura y ciertamente el pasar al otro lado es una “gran aventura”. Sólo imaginen el encuentro con nuestros seres queridos que llegaron antes que nosotros, y la situación de paz y dicha que nos invadirá. Todos los malentendidos durante nuestras encarnaciones en el planeta tierra se olvidan por completo y al fin nos damos cuenta de que todos somos uno y verdaderas almas gemelas.

 

Se dice que cuando abandonamos el cuerpo físico nos volvemos omniscientes. En algunas ocasiones durante las experiencias cercanas a la muerte, pueden producirse atisbos de la vida después de la muerte, pero es extraño que este conocimiento se divulgue antes de la desintegración del cuerpo físico. H.P. Blavatsky era de la opinión de que los secretos de la Naturaleza solamente pueden ser revelados a los puros de corazón y que un verdadero ocultista es una fuerza puramente benéfica de la Naturaleza. Tal como dijo un gran lama, “Puede confiarse en alguien cuando es inofensivo.” La verdadera incapacidad de hacer daño es extremadamente profunda, e involucra una comprensión y albergar compasión incluso para el asesino de nuestros hijos. Ello implica tener empatía con los asesinos de ISIS, lo cual resulta tremendamente difícil para la gran mayoría.

 

Debemos darnos cuenta, al observar la miseria, la pobreza y la ignorancia en el mundo, de cuán privilegiados y afortunados somos por haber entrado en contacto con el conocimiento de que nuestro ser interno es eterno e irradiamos chispas brillantes que proceden de la gran llama divina – la Llama que no arde. Por esta razón, es tan importante que divulguemos libremente el conocimiento de la Teosofía, que ofrece una gran esperanza y consuelo a todos los seres. Siempre que surja la ocasión podemos dar pie a incluir la Teosofía en nuestra conversación poniendo énfasis en la reencarnación, especialmente en estos tiempos más difíciles.

 

Dispongámonos, con humildad y dedicación, en toda ocasión que se nos presente, a ayudar a los Grandes Seres a alimentar las “briznas de hierba”, contribuyendo al proceso evolutivo, de modo que la Verdad y la Paz puedan imperar en la Tierra.

 

 

 

La Verdad se halla en nosotros mismos, no se inmuta

Por las cosas del exterior, a pesar de lo que puedas creer.

Existe un centro en lo más recóndito de nosotros

Donde mora la verdad en toda su gloria, y conocer

Consiste más bien en descubrir un camino

Por el que el aprisionado esplendor pueda escapar,

Que en crear una entrada para una luz que

Se presupone existe en el exterior.

 

Robert Browning

 

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