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Vol. 142 - Número 07 - Abril 2021 (en Castellano) |
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El fuego interior: Tiempo de actuar
TIM WYATT El Sr. Tim Wyatt es un orador nacional de la ST de Inglaterra y ex miembro de su Comité Ejecutivo. También es autor de libros sobre la vida espiritual: <www.firewheelbooks.co.uk>. EL espectacular progreso de la Humanidad en los últimos tres siglos, especialmente su abrazo exponencial al ingenio tecnológico, ha superado con creces su evolución espiritual interior. El progreso material acelerado puede incluso haberlo frenado o distorsionado. La revolución digital, una vez anunciada como salvadora y conectora de la humanidad, se está convirtiendo en una maldición y una enfermedad que está causando más daño que beneficio. La ignorancia de los fundamentos espirituales de la humanidad, por no hablar de nuestro potencial estado divino, permanece muy extendida y casi omnipresente. El señuelo del materialismo y el miasma y la confusión que ha creado han obstaculizado gravemente cualquier búsqueda significativa de verdades más profundas. Curiosamente, nuestra actual confección de las crisis y los conflictos, ya sean ambientales, militares, políticas, sociales o económicas, está teniendo el efecto un tanto paradójico de actuar como una camisa de fuerza y obligar a las personas a verse a sí mismas y al mundo más allá de los grilletes perceptivos de un paradigma exclusivamente material. Según muchas encuestas de investigaciones recientes, cada vez más personas se consideran ellas mismas como “espirituales pero no religiosas”. Liberadas de la camisa de fuerza del pensamiento científico y religioso convencional, cada vez más personas ven el mundo y de hecho, todo el cosmos, como una entidad viviente que respira. Algo está cambiando violentamente dentro la psique humana. Las placas tectónicas de nuestra mente colectiva se muelen agresivamente. Grandes cambios y mejoras en la conciencia como estos son siempre acompañados de una profunda fricción. Los conflictos surgen al excavar los cauces de los ríos para que nuevas corrientes de pensamiento puedan fluir. La geografía de la mente está siendo remodelada. Los profundos cambios en la condición física del planeta se reflejan con precisión en nuestro propio sentido de angustia y malestar. Este paralelo se extiende a los cuerpos etérico, astral, mental y cuerpos superiores de la Tierra –y a los nuestros también-. Además de estar físicamente dañada, la Tierra también está dañada mental y astralmente y aquí es donde debe comenzar la curación. No es posible realizar mejoras en el plano físico sin accionar primero en los reinos sutiles. La prolongada alienación espiritual de la humanidad la ha llevado a un callejón de un solo sentido y directo a un páramo metafísico. Hay una histeria global colectiva que se centra muy de cerca en el medio ambiente y en la política. Nuestras respuestas se han vuelto crudas, nuestros diálogos burdos y nuestra capacidad de actuar colectivamente mermada. Nuestras emociones de alto octanaje se han sobrecargado y están envenenando nuestra atmósfera y dañando nuestro equilibrio. El pensamiento racional y la acción positiva controlada parecen imposibles en una vorágine emocional tan potente. Las lecciones para la humanidad son urgentes, vitales y simples. Tenemos que saber quiénes somos. Este es un crucial e inevitable primer paso. En primer lugar y primordialmente, somos espíritus. Aceptar nuestra innata naturaleza espiritual ya no es más una opción deseable para la gente con nada mejor que hacer. Puede ser la herramienta de supervivencia más esencial que poseemos. Igualmente peligroso en este momento es permitir que el pesimismo sobre nuestras perspectivas arraigue más de lo que ya lo hace. El ingenio humano y una versión muy cuestionable y sesgada del progreso nos han atrapado en esta lamentable situación. El ingenio humano liberado de los lazos de acero endurecido del materialismo tiene el potencial para identificar una ruta de escape de este callejón sin salida. El mundo exclusivamente material es el único mundo que la mayoría de la gente ve. Pero esta percepción cambiará porque tiene que hacerlo. El universo ya no es la extensión muerta, aleatoria, impulsada por un aparato de relojería de desechos congelados, como nos dijeron que era. Es un conglomerado vibrante y en evolución de mundos ocultos, energías invisibles y entidades impregnadas de tendones y filamentos de pura conciencia. La ciencia finalmente está comenzando a reconocer algunas de estas verdades a menudo extrañas sobre nosotros mismos y el cosmos. Tomó un siglo profundizar en el extraño e inexplicable mundo de la mecánica cuántica, y al mirar hacia los más lejanos tramos del espacio, esta unión con algunas de las verdades de la Sabiduría Eterna puede suceder. Pronto el viejo lenguaje del astrofísico: palabras como vasto, helado, muerto, tramos sin vida del espacio vacío y así sucesivamente, serán parte de un lenguaje olvidado. Algunas de las tradiciones que alguna vez fueron secretas y que se conservaron a lo largo de las edades por iniciados y principalmente ocultas a la vista, se están filtrando en este mundo con mucha más energía de lo que muchos creen. Tal vez por primera vez en Occidente, las previamente subversivas nociones de karma y reencarnación, la interconexión del universo y el hilozoísmo, la doctrina de que toda la materia tiene vida, se empiezan a profundizar de raíz. Pueden ser la panacea para prevenir una pandemia. Es fácil identificar muchos lugares, situaciones e individuos donde esta energía aún no puede fluir. Pero nuevos canales se abren hora a hora. Esta nueva conciencia está empezando a latir hacia adentro de los capilares, arterias y venas de nuestra consciencia colectiva. A pesar de esto, es imposible negar que un sudario de fatalidad y penumbra se cierne sobre el planeta como persistente y letal gas mostaza a la deriva, a través de los alambres de púas sembrados de cadáveres del campo de batalla de la Primera Guerra Mundial. Los niños están siendo llevados a la depresión y a la desesperación por este manto imperante de impotencia. A ellos y de hecho a todos, no se les debe lavar el cerebro creyendo que no hay soluciones para nuestros problemas. Tal admisión sería equivalente a un suicidio masivo de espíritus humanos. Sería la mayor derrota. Representaría una capitulación del alma y eso no se puede permitir. Estos conflictos, catástrofes, enfrentamientos y crisis pueden confundirnos y perturbarnos. Pero aunque invisiblemente, se están agrietando y se abren nuevos caminos, nuevas posibilidades y capacidades individuales revitalizadas que ni siquiera sabíamos que poseíamos. Cualquiera, en cualquier tipo de sendero espiritual, se debe a sí mismo y a la humanidad sufriente en general, no sucumbir a las fuerzas malignas e insidiosas de desesperación, porque estas son corrosivas y drenan la vida. La culpa por sí sola no resuelve nada. Necesitamos salir a la luz y empezar a cultivar y darle nacimiento a estas emocionantes nuevas/antiguas ideas de que somos seres eternos, en evolución, conscientes y animados y pisar los caminos y remansos de la eternidad. Hemos probado nuestro ingenio y nuestra adaptabilidad a través de nuestra presencia en esta Tierra. Ahora debemos usarla de una manera más pura y una forma más rejuvenecida para crear un cambio sísmico en la conciencia. Este es el fuego que arde dentro de todos nosotros.
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