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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 142 - Número 07 -  Abril 2021  (en Castellano)
 

 
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Giordano Bruno, defensor de la verdad

 

CATALINA ISAZA CANTOR

Traductora de artículos teosóficos al español desde hace más de una década, es editora de la revista de la ST en Colombia, y colabora en la Academia Teosófica de Adyar. Basado en una charla grabada para la Logia Rohit, Ahmedabad, India, en el Día de Adyar, 17.02.2021.

En este día de Adyar, nos reunimos para celebrar la vida de verdaderos mensajeros de las enseñanzas teosóficas: Giordano Bruno, Leadbeater, Krishnamurti y Olcott, de aquellos apóstoles de la Verdad  cuya vida y obra fue testimonio de la integridad, el libre pensamiento en el sentido más krishnamurtiano del término y quisieron expandir esa Verdad a sus contemporáneos. Fueron aquellos que se convirtieron en antorchas de luz para una humanidad que aún vive en la sombra de la ignorancia y en el apego a la ilusión de lo pasajero. 

Siempre me ha fascinado la figura de Giordano Bruno y su obra y qué mejor que este día de Adyar para compartir algo de la vida de este ser notable que dedicó la mayor parte de su vida a proclamar un mensaje que sigue resonando  hasta nuestros días, uno de verdadera religiosidad.

 

La palabra religión tiene su raíz etimológica en el vocablo latín religare, que significa reunir (volver a unir). Si tomamos el lema de la ST, “No hay religión más elevada que la verdad”, vemos que esa búsqueda de la verdad es la que debe inspirar al verdadero hombre religioso. No obstante, pocos seres humanos pueden llamarse verdaderamente religiosos, pues muy pocos van realmente, con fiero  propósito, más allá de lo que la doctrina dominante de la época—científica o religiosa—les enseña. Pocos buscan realmente remover los velos tras los cuales se esconde la Sabiduría Eterna. Giordano Bruno  es uno de estos hombres. 

 

Bruno se hizo sacerdote dominico a una edad temprana y, posteriormente, fue excomulgado por la Iglesia católica. Por irónico que parezca, fue la misma Iglesia católica, la institución que se preciaba de ser la difusora y protectora de la religión, encargada de dictar los límites de la ciencia en la época, la que, a través de su santa Inquisición, condenó a la hoguera a nuestro héroe. Fue incluso perseguido por los calvinistas protestantes, lo que muestra que, a pesar de autodenominarse reformadores del cristianismo, se convirtieron en una iglesia igualmente dogmática y cerrada a ideas profundas y reveladoras como las suyas.

 

Giordano Bruno, nació en Nola, Italia, en 1548 y murió quemado en la Plaza di Fiori en Roma frente a una multitud, luego de un largo juicio que duró los últimos 8 años de su vida y después de pasar gran parte de su existencia huyendo de una ciudad a otra en Europa. De hecho él afirmaba: “Toda la tierra es patria para un verdadero filosofo”. Su muerte sucede el 17 de febrero de 1600 y, antes de morir, pronuncia ante sus jueces las siguientes palabras: “Quizás vuestro temor de emitir el juicio es mayor que el mío al recibirlo.”

 

Él no temía a la muerte porque entendía que la vida trasciende lo momentáneo de la materia, porque conoce la unidad de la vida, sabe que el cuerpo es sólo un vehículo de lo superior y que el verdadero propósito de la existencia humana es la evolución y la meta última la unión con la fuente. Bruno afirmaba que el Universo es infinito, que Dios está en todas las cosas, que hay innumerables mundos con otras formas de vida. También negaba el núcleo de las doctrinas católicas y habló abiertamente acerca de la reencarnación. Su filosofía, inspirada en Pitágoras, expresa ideas similares a las de los Upanishads. En Isis sin velo (Volumen 1) H. P. Blavatsky (HPB) dice:

El Eterno es el espíritu ígneo que educe, plasma y desenvuelve todo cuanto al calor de Brahmâ nace en las aguas, de suerte que Brahmâ es el universo y el universo es Brahmâ. Dios es entidad per se, el infinito Espíritu, el único Ser independiente de toda otra causa y efecto, que por su voluntad produjo todas las cosas y estableció las leyes del universo cuya ordenada existencia mantiene perpetuamente (p119).

 

Y de hecho, las ideas de Pitágoras le eran muy próximas, no solamente por su afinidad, sino porque Nola, su tierra natal, fue en la época de Pitágoras el centro donde el filósofo impartía sus enseñanzas. Se dice incluso que en una vida anterior, Bruno formó parte del grupo de discípulos cercanos a Pitágoras.

 

Por su filosofía se lo persiguió y se lo juzgó de hereje y ateo, como a los  swâbhâvikas indos, de quienes se dice que pertenecieron a una de las más antiguas escuelas budistas de Nepal. Bruno impartía sus enseñanzas y expresaba sus creencias públicamente y no había nada más opuesto a las doctrinas religiosas y científicas predominantes. Por este motivo, fue perseguido durante la mayor parte de su vida y finalmente condenado a muerte. Y aunque muchas veces tuvo el favor de reyes e importantes académicos, nunca se le dio la paz que buscaba, pues nunca cedió a las solicitudes de retractarse de sus ideas, de callar su voz y su mente inquieta. Poseedor de una mente profundamente abierta,  un intelecto despierto, una inteligencia brillante, una elocuencia y natural disposición para el debate, siempre cuestionó lo impuesto y examinó a profundidad todas las enseñanzas de su época y con ello dejó en evidencia el atraso científico y filosófico. 

 

Bruno fue un apóstol de la verdad. Su vida fue un ejemplo viviente de esa enérgica declaración de principios de la Escala de Oro de HPB. Se puede ceder cuando se trata de cosas de importancia menor, pero nunca cuando se trata de retractarse de ideas que abrían nuevos horizontes y quitaban el velo de la ignorancia en el que se había sumido la sociedad europea durante la Edad Media: “El miedo, la falsedad y la bajeza son los verdaderos males de la vida. Sólo una vida noble es útil. El deshonor es peor que la muerte, mancha la vida, mientras que la muerte no hace más que romper la forma”, decía. Nunca, ni siquiera cuando se le pidió asistir a misa y reafirmar su fe en la Iglesia a cambio de su sueño de dar clases en la universidad de París y en otras importantes universidades europeas, ni siquiera durante los ocho años que pasó en una celda mientras se llevaba a cabo su juicio, ni siquiera durante los ocho días anteriores a su muerte en los que las autoridades religiosas le ofrecieron perdonarle la vida si se retractaba públicamente de sus afirmaciones, nunca traicionó sus principios y el llamado de su alma. En sus textos se lee: “Todavía hay ideales que merecen el martirio; todavía hay un servicio que exige el sacrificio de todo lo que el mundo aprecia.” Esos ideales eran los mismos ideales del servicio de los Maestros para el progreso de la humanidad.  

 

El camino de Bruno se puede comparar al del Bodisatwa: se embarcó en la búsqueda de las verdades universales, del conocimiento de lo eterno y se esforzó, a lo largo de toda su vida, no solamente por defender dichas verdades sino por difundirlas, por despertar las mentes.  Su búsqueda no era en su propio beneficio sino en el de todos, como el Bodisatwa, que no busca sólo la salvación individual sino la colectiva, lo motivan la compasión y el compromiso con la religión de la verdad. Bruno se identificaba a sí mismo como “despertador de las almas adormecidas”. 

HPB dedica fragmentos de Isis sin velo y Escritos recolectados a difundir y explicar sus ideas. Annie Besant lo admiraba profundamente y escribió extensamente sobre él, lo llamaba “el apóstol de la teosofía”. Incluso se dice que ella era la reencarnación de Bruno. Eso no lo sabemos con claridad, pero lo que sí podemos afirmar es que el mensaje que Bruno proclamó en el siglo XVI resuena en el mundo en el siglo XXI. Él llevó al mundo occidental de su época el mensaje de la Teosofía.

Es esa actitud de Bruno la que debemos recordar en nuestro día a día. Hoy, en este día de Adyar en el que se cumplen 421 años de su muerte física, lo hacemos de forma especial. Sus ideas siguen vigentes y son más relevantes que nunca, volver a ellas debe hacernos pensar en nuestro propósito como estudiantes de Teosofía y en cómo hacer que el dharma de la ST se lleve a cabo. La ST es un centro que propende por la difusión de  la Sabiduría Eterna, por combatir la intolerancia, el dogmatismo, la superstición y el fundamentalismo que fueron, que son y serán siempre los obstáculos para el progreso interno del hombre.

En el día de Adyar, centro vibrante de nuestra amada ST, recordemos que es desde la actitud de una mente abierta, un corazón puro, un intelecto despierto, que podemos transformar nuestra vida en testimonio de la religión de la verdad, que debemos posicionarnos siempre como defensores de aquellos injustamente atacados y que una comprensión profunda de los principios de Gupta Vidya es fundamental para mantener, como lo hizo Bruno hasta el último instante de su vida, una enérgica declaración de principios.

Concluiré con sus palabras: “No importa cuán oscura sea la noche, espera el alba, regocíjate y mantente íntegro, devuelve amor por amor” (GB). Rindámosle honor a estas palabras haciendo de la nuestra una vida íntegra, de servicio y de férrea declaración de principios. 

 

 

 

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