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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 142 - Número 07 -  Abril 2021  (en Castellano)
 

 
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De volverse consciente a estarlo siempre

 

Jenny Baker

 

La Sra. Jenny Baker es la Presidenta Nacional de la Sociedad Teosófica en Inglaterra. Simposio en línea organizado por el equipo de la Convención Internacional de la ST en Adyar presentado el 29 de Diciembre de 2020.

 

 

Desde una edad muy temprana un bebé comienza a ser consciente de su entorno, y a la edad de tres puede reconocerse en un espejo y conocerse como un individuo separado. A través de toda su niñez, hasta la adultez, crece la consciencia de nosotros mismos y del mundo en el que vivimos. Acumulamos cantidades enormes de conocimiento, adquirimos habilidades, y desarrollamos una personalidad cuando maduramos en la adultez. Nos hacemos conscientes de todo lo que la vida tiene que ofrecer en un mundo materialista, y para algunas personas esto es todo lo que necesitan de la vida.

Pero esta conciencia no es toda la historia, y para algunos de nosotros parece ser que algo está faltando. Sentimos la necesidad de un significado más profundo en nuestras vidas y comenzamos a buscar algo más allá de nuestra conciencia despierta que llamamos espíritu o alma. Esta búsqueda en las profundidades de nuestro ser toma varias formas y llevará un largo tiempo. Para la mayoría, este reconocimiento de un alma, de una “Unidad” eterna, llega gradualmente, y para otros puede suceder espontáneamente. Permítanme compartir mi historia con ustedes.

Fui una niña muy tímida, introvertida, y carente de confianza en sí misma. A la edad de alrededor trece años anhelaba ser como algunas otras niñas de mi escuela: extrovertidas, sociables y aparentemente pasándola siempre bien. Me abrumaron  estos pensamientos durante mucho tiempo, hasta que un día tuve una repentina comprensión. No importaba lo que fuera en el exterior, porque, independientemente de si era introvertida o extrovertida, mi “yo” o mi “Yo”, siempre sería el mismo yo, el mismo “Yo”.

En ese momento de inspiración, me hice consciente de mi Yo verdadero, había logrado separar mi ego personal de mi ego espiritual, y lo encontré sumamente reconfortante. Decidí dejar de desear ser diferente, y en cambio, entenderme con el ser que era. Desgraciadamente, el significado de esto no fue aparente para mí hasta mucho después en la vida cuando comencé a estudiar yoga, filosofía y Teosofía.

Hacerse consciente, o llegar a ser consciente que nuestra personalidad y nuestros sentidos y emociones no son quien realmente somos, es el primer paso en el sendero a la auto-realización. Como las muchas sendas que conducen a la cumbre de la montaña, hay muchos enfoques diferentes en cuanto a cómo puede alcanzarse esta meta.

Al igual que los muchos peligros que se encuentran a lo largo de esas sendas de la montaña, necesitamos ser cautelosos de las cosas que pueden distraernos en nuestra búsqueda por la Verdad. Ascender una montaña requiere aptitud física, atención y alertidad para los variados obstáculos que se hallan en el sendero, como sucede con nuestro viaje espiritual, porque es fácil volverse menos alerta y quizás complaciente o impaciente, o ser distraído por los placeres de la vida.

Nuestros cinco sentidos nos permiten conocer dónde estamos en el tiempo y el espacio. Nuestros sentidos alimentan nuestras mentes con experiencias, imágenes y sensaciones. Pero ¿qué parte juega la mente en nuestra consciencia? ¿Son lo mismo la mente y la consciencia? Pongámoslo de otra manera, ¿puede haber mente sin consciencia? No, no puede haber mente a menos que la consciencia esté presente, pero la mente no es la consciencia, porque la consciencia es el conocimiento de sí mismo. ¿Y qué es el conocimiento de sí mismo? Es el conocimiento de nuestro verdadero Yo.

A partir de la toma de conciencia de los planos externos de la existencia, finalmente comprenderemos que hemos profundizado en los planos internos de la existencia. Entonces cambiamos de volvernos conscientes a sólo serlo, a “estarlo siempre”. Estar siempre conscientes describe el “progreso del peregrino” en su viaje espiritual hacia la Unidad. Para alcanzar la Unidad, debemos  liberarnos de todas las dualidades y buscar nuestra paz interna en medio de la complejidad de la vida.

Es difícil imaginar una vida libre de la dualidad, porque la dualidad está por todas partes y es una parte integral de nuestras vidas. No puede haber luz si no hay oscuridad, ni adentro sin salir, ni alegría sin dolor, ni positivo sin negativo, etc. Consideremos una moneda, tiene dos lados, una cara y un sello, pero también tiene un borde o canto. Es lo mismo con una hoja de papel pero aquí el borde es más fino aunque todavía está presente. Así, imaginemos que podemos disolver los dos lados y dejar solamente el borde. Se pierde la dualidad y solamente queda la Unidad.

“Estar siempre consciente” no es una expresión limitada sino una que describe la evolución continua del espíritu interno. El comienzo del proceso evolutivo se nos dice que es el Gran Aliento, que en La Doctrina Secreta también se llama el Aliento Divino. Este Gran Aliento es el movimiento eterno del universo. La Teosofía enseña que la VIDA tiene sólo un atributo que es el movimiento eterno incesante. De aquí  el significado del término “Estar siempre consciente” cuando se aplica a la Vida Una Universal y a nuestra propia vida.

Una vez que hemos comenzado  el sendero de la auto-realización no hay vuelta atrás, aunque puede haber momentos de inercia, duda, distracciones y numerosas desviaciones a lo largo del camino. Para ayudarnos en el viaje usamos guías que defienden ciertas prácticas. Estas pueden incluir el yoga, la meditación y el estudio de libros sagrados, pero el primer paso requerido podría ser un cambio en nuestro estilo de vida. Necesitamos desarrollar paciencia con nosotros mismos y desinterés, porque mientras más podamos dejar nuestra naturaleza inferior atrás, más suave será el sendero hacia adelante. Nuestros pensamientos y acciones son para el bien de otros cuando ponemos a un lado nuestros propios deseos y necesidades. No necesitamos reconocimiento o recompensa por lo que hacemos aunque el karma jugará su parte. El anhelo de la unión con nuestro Yo superior es incontenible, una parte del proceso de “estar siempre consciente”.

 

Mientras más firmemente intentemos, más serán recompensados nuestros esfuerzos, y  encontraremos más fácil soltar las cosas materiales, porque sabemos que no tienen permanencia. Lo único permanente es AQUELLO que buscamos.

Regresemos a la analogía de ascender la montaña. El escalador ha superado muchas dificultades, pero no obstante continúa sin inmutarse, muy seguro de que alcanzará su meta. Es decir, hasta que llega a un obstáculo final, un profundo barranco con paredes rocosas y un torrente de agua que fluye rápido en el fondo.  La única manera de cruzar es construir un puente usando los medios disponibles. El montañista ve a una persona al otro lado y arroja una cuerda, y juntos construyen un puente.

El buscador de la verdad alcanza un obstáculo similar, el vacío entre su yo inferior y su Yo superior. Esto también requiere la construcción de un puente, el antakharana, o como algunas personas gustan llamarlo, el puente del arcoíris. Así, ¿cómo salvamos esta separación entre nuestros dos yoes? Nuestro Yo superior no puede cruzar al inferior pero en cambio anima al peregrino en sus esfuerzos por unir la separación. Lanzamos una cuerda mental; nuestros pensamientos están solamente en alcanzar nuestro Yo superior, cuando decimos a nuestro Yo superior que estamos listos para cruzar, que hemos dejado atrás las trampas de nuestra vida terrenal. Hemos alivianado la carga que llevamos, porque a lo largo del sendero hemos podido distinguir entre lo finito y lo infinito. Nos hemos sintonizado con todas las cosas espirituales y estamos listos para disfrutar una absoluta y total Felicidad.

Se ha comprendido la oración védica.

 

Condúceme desde lo ilusorio a lo Real

Condúceme desde las tinieblas a la Luz

Condúceme desde la muerte a la Inmortalidad.

 

Hari Om Tat Sat.

 

 

 

 

 

 

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