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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 142 - Número 05 -  Febrero 2021  (en Castellano)

 
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Sesenta Años de Teosofía - II

 

Gabriel Burgos

 

 

 

Cecilita estuvo comprometida toda su vida con la Teosofía, lo mismo que yo lo estoy ahora.  Y si estaba yo entusiasmado en esa época con el estudio en la Logia de Bogotá, hoy lo estoy todavía más.  Es algo que me llena tanto el estar en la Logia con amigos del alma, compartiendo ideas, descubriendo cosas, abriéndonos a las puertas del misterio, porque todos los días hay cosas por aprender.  Muchos pueden creer, bueno, yo ya sé algo de karma, de reencarnación, de la vida después de la muerte, ¿para qué más? ¡No! Todos los días hay cosas por descubrir; es algo maravilloso.

 

El mundo es de una belleza y amplitud tan gigantesca, no solamente en el aspecto físico, cósmico, que estudia la Teosofía también, sino en los mundos internos que rigen esas cosas.  En el mundo del pensamiento a través de los libros en donde, por ejemplo, encontramos los enigmas que aparecen en los libros sagrados.  Leer esos libros con la clave teosófica es sumamente iluminador.  Leerlos en una forma corriente, al pié de la letra, nos dicen muy poco, y a veces nos confundimos y seguimos caminos equivocados; pero si existe esa clave, si la comprendemos y aplicamos, entonces nosotros descubrimos cómo son las cosas.

 

Quisiera poner el ejemplo de un mito que se encuentra en la Biblia.  Pero, ¿qué nos dirá un cristiano si le decimos que en la Biblia existen mitos? Seguramente que rechazará la idea.  Nos va a decir "¿Cómo que mitos? Lo que dice la Biblia es la verdad, es cierto, allí está escrito".  Sin embargo, hay, entre muchos otros, un mito importantísimo al comienzo de la Biblia, en el Génesis.  Allí encontramos el mito del paraíso terrenal.

 

Hay una pareja, Adán y Eva, que no tiene ningún conocimiento.  Viven en un paraíso de los animalitos, porque su razón no se ha desarrollado.  En el mito hay un árbol que produce frutos, y el que los come va a distinguir entre el bien y el mal.  Ese ­árbol no existe, es un mito, es un símbolo, como es también un símbolo la serpiente tentadora que les dice: "Coman de ese fruto, y ustedes se harán sabios semejantes a Dios."  Pero son tentados —aunque, en su ignorancia, no pueden discernir entre lo que está bien y lo que está mal— comen el fruto, cometiendo así un pecado tan grave que son expulsados del paraíso.

 

Para la mente que inquiere, que busca, eso aparece como un enigma, porque se dice que, por el pecado de Adán y Eva, que fue el comer de un fruto, todos sus hijos, a través de generaciones de miles y millones de años, vivimos en un mundo de pecado y confusión.  No puede ser así.  Si según el relato ellos cometieron algún pecado —aunque yo creo que comerse una fruta no es un pecado— ¿cómo es posible que millones de seres descendientes de Adán y Eva, que posiblemente ni siquiera estaban todavía en la mente divina, tengan que pagar las consecuencias de ese horrible pecado que cometió esa pareja? Si así fuera, sería completamente injusto.  Pero Dios es Justicia perfecta y Sabiduría y Amor infinitos.  El mundo en el cual vivimos y nos desarrollamos tiene un propósito grandioso que nos conduce a una meta maravillosa.

 

De acuerdo con algunas de esas religiones que se llaman paganas, tras el símbolo hay raudales de sabiduría.  La Teosofía, con su luz, es la clave que desentraña el misterio del símbolo haciéndonos ver la sabiduría que encierra.

 

Ese Adán, esa Eva, esa humanidad de los primeros tiempos, no peca.  Un animal que mata nunca lo hace por hacer daño a otro, por vengarse, o por lograr ventajas.  Su naturaleza le dice "tienes hambre", y mata buscando saciar su necesidad inmediata, nada más.

 

Ese ser primitivo obra como un animalito.  Pero si más adelante conoce que hay que respetar la vida de otro, y mata, entonces sí comete un pecado.  Es un proceso de razonamiento en el que el ser humano empieza a ver las cosas de una manera diferente, empieza a ver que es responsable de sus actos.  Ese ser ha despertado.  Pero "despertar al ser" quiere decir que tiene que enfrentarse con la vida, luchar para decidir entre lo que es bueno y lo que es malo, y obrar en consecuencia.  Hay una lucha, en la cual estamos nosotros y en la cual tenemos que vencer.

 

Con nuestro estudio teosófico empezamos a aprender muchas cosas importantes.  Una de ellas es que hay prioridades para los individuos.  Si para un individuo lo prioritario es lo material, vive para lo material durante una y muchas vidas, pero jamás se sentirá pleno, satisfecho y feliz.  Ha buscado la felicidad en lo externo, pero esa felicidad pasajera se le escapa.  Pero si encuentra que hay algo superior, eso se hace prioritario.  Si vivimos unos pocos o muchos años ― 60, 70, 80 ― y muere el cuerpo, continuamos viviendo como almas, que son reflejo del espíritu inmortal.  ¿Qué es más importante, eso que vive, envejece, se enferma, y muere, o aquello que es inmortal y eterno?

 

Llegará el momento en nuestros estudios en nuestra Logia teosófica en que nos digan algo que al oírlo por primera vez nos puede sacudir ―  "Tú no tienes alma.”  Pero inmediatamente se nos aclara: “Eres un alma que utiliza cuerpos, para el desarrollo de tu naturaleza espiritual."  Eso cambia completamente nuestra visión del objeto de la vida.

 

Cecilita y yo encontramos que nuestra Logia era prioritaria y afortunadamente nunca hemos tenido un problema con mis hijos ni con mis nietos en cuanto a esa prioridad.  Ellos saben que primero están estas cosas de los padres y los abuelos.  Primero está su alimento espiritual que encuentran en la Logia que un cumpleaños, que un paseo, que cualquier otra cosa; más bien acomodan esas circunstancias ocasionales a las prioridades de los abuelos teósofos.  Si hay, por ejemplo, un cumpleaños en un día de la Logia, pues se puede celebrar ese cumpleaños al día siguiente, no hay problema.  Pero también ellos saben que nosotros siempre les respetamos sus gustos y sus ideas.  Jamás les exigimos que deben seguir por este o aquel camino, cada uno debe seguir su camino, el que le indica su naturaleza interior.

 

Encontramos que trabajar en la Logia o en la Sociedad Teosófica es un gusto, un placer.  Estudiando alguna vez a Confucio hallé un pensamiento fundamental en que nos dice él: "Si escoges un trabajo que te gusta, nunca tendrás que trabajar.” Es cierto, porque el trabajo gozoso no es una carga, es un placer.

 

Vimos que hay muchas oportunidades para servir. Indudablemente que hay gente necesitada económica, emocional o físicamente; y si uno es un teósofo debe estar listo a ayudar.  Pero ¿quién puede llevar estas ideas teosóficas a los necesitados de ellas, como una vez lo estuvimos nosotros?  Si nosotros no sabemos nada de esto, nada podremos decir.  Si nuestras ideas son confusas, no podremos transmitir sino confusión.  Tenemos que estudiar y prepararnos para que podamos hablar de las Leyes de la Naturaleza, de la Ley del karma, de la vida después de la muerte y otras cosas así.  Hay que estudiar, comprender, discernir, ver qué es lo más útil, ya que el trabajo de la ST es fundamentalmente llevar a las almas inquietas las ideas teosóficas, despertar almas.  En ese trabajo gozoso he estado yo toda mi vida.

 

Otra cosa que aprendí es que se pueden convertir las desventajas en ventajas.  Por ejemplo: la sede internacional de la ST actualmente, y casi desde el principio, está en Chennai, India.  Fue fundada en los Estados Unidos, en la ciudad de Nueva York, se trabajó allí en el idioma inglés, y en la India, el idioma culto es el inglés, además de ser el segundo idioma oficial después del hindi.  Entonces la literatura viene en inglés.  Eso podría ser una desventaja para quienes no comprenden el inglés.  Los que hablan inglés encuentran inmediatamente todo esto hecho.

 

Pero muchas veces, el tener todo hecho puede ser una desventaja; posiblemente se lee a la carrera.  Pero si hay que traducir, entonces hay que ver todo el texto con sumo cuidado para su transcripción, en nuestro caso al español.  ¿Quién lo hace?  Ese trabajo lo hacía Don Walter Ballesteros de una forma extraordinaria.  Pero Don Walter falleció, ya no está con nosotros.  Entonces vi que uno de mis trabajos podría ser traducir del inglés artículos, revistas, e inclusive libros.  ¡Cuánto me ha servido hacer esto!  El que más aprende es el que más se compromete, y es un placer hacerlo.

 

El primer libro que traduje fue Ciencia y Ocultismo de un teósofo científico, un químico, académico, catedrático en una universidad donde la facultad de química estaba en la India, el Dr I. K. Taimni, que ha escrito muchos libros.  Resolví traducir el libro editado en Adyar en 1980.  Desde entonces yo he seguido en ese trabajo y eso me ha servido mucho ― una desventaja que se convirtió en ventaja.  Muchos podrían preguntar: "Bueno, pero ¿yo qué puedo hacer para servir en la ST?  Cada uno, de acuerdo con sus aptitudes, puede buscar un trabajo por sí mismo.  Muchos lo hacen y ayudan entonces en ese sentido.

 

Ya hace muchos años, en una Logia teosófica en Bogotá, una joven que era miembro me dijo: "Hermano Gabriel, —aquí nos hemos acostumbrado a decirnos 'hermanos', no porque esta sea una organización de hermanos cristianos o algo así, sino para tener presente la fraternidad, que ciertamente somos hijos del mismo Padre Divino— ¿por qué no hace un curso de 'Teosofía'?"  Y le respondí: "Voy a hacerlo."  Realmente yo tenía facilidad para diseñarlo y mostrarlo a las personas.

 

Entonces, con Cecilita, nos pusimos en el trabajo.  No existía Internet en esa época y, para ayudarnos, yo sabía muy bien que si hay varios sentidos puestos en algo, el estudiante graba mejor las cosas.  No es lo mismo que sea simplemente oyendo, sino también viendo.  Así diseñamos gráficas en cartulina para el curso de Teosofía.  Hacer gráficas, cuadros sinópticos, etc., nos ayudó también muchísimo en nuestro estudio personal.  Algunas de esas láminas permanecen enmarcadas en la sede de la ST en Bogotá, y a veces se usan para estudios.  Hoy, con Internet, con PowerPoint, se facilita enormemente todo eso.  En esa época no se podía hacer.

 

Nació el curso, y se empezó a dictar anualmente en Semana Santa, jueves, viernes y sábado santos en las mañanas, alcanzando una duración de 12 a 14 horas en total, y que hoy dictan también otros miembros de la Sociedad que se han preparado para eso.  De ese curso salió el libro publicado en 2018 con el título Aproximación a la Teosofía.  El libro es algo pensado durante mucho tiempo, aunque naturalmente, muy resumido, pero que pretende despertar inquietudes.  He buscado que no sea una información simplemente, sino que haya también inspiración a través de lo que allí se dice, puesto que llegar al corazón es más importante que llegar a la mente.

 

Para llegar a la mente de quien nos escucha, hay que estudiar; si no estudiamos, ¿qué es lo que podemos transmitir?  Hay que conocer y, por lo tanto, hay que trabajar en ese campo.  Pero no podemos quedarnos simplemente en el campo de la mente y del estudio; hay que llegar a vivir esa teosofía.  Lo que más mueve al oyente es lo que trasmitimos a su corazón a través de nuestras vivencias.  Cada uno de esos postulados que se presentan allí implica un modo de vivir con un enfoque diferente, lleno de entusiasmo, de optimismo, porque la vida es bella y el propósito del vivir es feliz y majestuoso.

 

Alguna persona puede preguntar tal vez: "¿Para qué me sirve a mí la Teosofía?"  Bueno, eso es una pregunta que cada uno tiene que responder por sí mismo.  Si la persona piensa que viniendo aquí se va a preparar muy bien para hacer negocios, se irá defraudado.  Aquí no va a encontrar eso.  Si viene a la ST creyendo que va a despertar poderes, se va a volver clarividente, puede ver pensamientos de otros, puede escuchar lo que está en la mente de alguno, saber el porvenir, ¡qué maravilla!, pues está llamando a la puerta equivocada.  Tampoco lo va a encontrar aquí.

 

Es cierto que esos poderes existen y que se pueden despertar, pero deben despertarse a su debido tiempo.  Si esos poderes se despiertan antes de que haya un profundo desarrollo ético y moral, habrá la tendencia de utilizar eso en beneficio propio y en deterioro de otros; por lo tanto, la ST no ofrece eso.  Eso llegará cuando hayamos establecido en nosotros las condiciones adecuadas.

 

¿Para qué sirve la ST, o para qué buscarla?  Nuestro ideal lo tuvimos muy claro mi esposa y yo, inclusive antes de llegar a la ST: fue la paz ― vivir una vida de paz.  Resolvimos que nuestro matrimonio no podía ser como muchos de los corrientes.  Ella le tenía mucho miedo al matrimonio, porque en su familia, viendo el matrimonio de sus tías y tíos, no encontraba ninguno feliz ― algunos en medio de conflictos tremendos, y en otros simplemente una costumbre; ya estamos acostumbrados, sigamos viviendo en esa forma.  Nosotros no queríamos eso.

 

Queremos paz, y paz significa un cambio total en todos los niveles: físico, emocional y mental, iluminados por una vida espiritual.  Si hay angustias, estrés, miedos a lo que vendrá después, miedo a la muerte y a tantas otras cosas que la mayoría de las veces la gente está viviendo siempre, no puede haber paz.  Paz significa armonía, vivir ideales en conjunto mirando hacia la misma estrella, pero respetando y siguiendo cada cual su propio camino.  Esa paz he podido verla en alguna medida aquí en la ST, pero los miembros somos seres humanos y a veces hay conflictos entre nosotros, pero con una diferencia: nosotros vemos eso y tratamos de cambiarlo.  Ser miembros de la ST no significa que somos seres perfectos.  Buscamos la verdad, perfeccionarnos, y eso es una tarea de todos los días, de todas las horas, y de todos los minutos.  Esa paz no puede venir de afuera sino es una manifestación de lo que llevamos dentro.

 

¿Quién no quiere la paz?  Todos buscamos la paz.  Cuando hay elecciones estamos buscando alguien que acabe con las guerras, con las guerrillas, con los conflictos de toda clase, y votamos por el político de turno que nos ofrece soluciones para todo; nos defrauda cuando ejerce el poder porque no cumple lo que ha prometido y tampoco nos trae la paz.  Buscamos otro que también nos defrauda, y ponemos nuestras esperanzas en otro que va a establecer la paz por decreto o por la fuerza desde afuera: el dictador, el militar, el demócrata, el monarca.  La paz externa es importante, y un país en paz es maravilloso.  Pero la verdadera paz, para cada uno de nosotros los seres humanos, debe venir del ser espiritual que habita en lo más profundo de todo ser, y que es esencialmente paz, sabiduría, belleza, virtud y amor.  Hay que buscar esa fuerza y ese poder en nuestro interior más íntimo, la única parte en donde podemos encontrarlos.

 

Eso ha sido una constante en mi hogar.  Desde cuando esa pareja era joven, cuando se hizo madura y llegó a la vejez, y aún después, cuando mi esposa dejó el mundo físico, pues para mi ella está presente a todo instante; los cuerpos envejecen, pero la mente y el alma siguen jóvenes, y seguimos nosotros con esa idea que se ha reflejado en el hogar de los hijos y de los nietos.  Y espero que se refleje en mis queridos hermanos de estudio y amigos de la Sociedad Teosófica.

 

Quiero terminar con una idea de un ilustre miembro de la ST que fue Presidente internacional de ella por muchos años, el Sr C. Jinarâjadâsa. Dice allí:

 

"Hay muchas alegrías que nos esperan, y una de las mayores es saber que no somos simplemente gentes ordinarias que sufren y padecen, sino seres que podemos hacer de nuestro mundo algo bello para nosotros y bello para los demás.  Una vez hayamos creado cualquier belleza, queda como parte del universo perfecto.  La mayor alegría es dar algo, crear algo que sabemos que es glorioso y bello.  Podrá parecer que se desvanece en el espacio, pero vive en la eternidad.  Así pues, una sensación de paz, de fuerza, de alegría, puede llegar a todos nosotros; si, tal como nosotros estamos ahora, nos dirigimos hacia adentro un momento y creamos alguna cosa bella perfecta. Entonces termina el karma.”

 

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