|
Vol. 142- Número 03 - Diciembre 2020 (en Castellano) |
|
|
|
Página
9 |
|
La tradición del Yoga
Cecil Messer
Jubilado del Programa Científico Espacial de la NASA y del Equipo de Ingenieros, expuso las enseñanzas espirituales de muchas tradiciones durante doce años mientras residía en el Instituto de Krotona de Teosofía, Ojai, CA. Actualmente es practicante del dharma, y vive en las montañas de Carolina del Norte.
Alrededor de 250 años antes de nuestra era, el practicante religioso y erudito hindú, Patanjali, recopiló las enseñanzas esenciales para la liberación mental y las codificó para la posteridad como el Yoga-Sutra, una de las guías principales para la iluminación desde que apareció la escritura en este planeta. Un sutra (del sánscrito “hilo”) es un aforismo o un núcleo escueto de enseñanza espiritual. El Yoga-Sutra es un entramado coherente, un material vinculante usado por el aspirante para cruzar el abismo de la ilusión y la desesperación hacia el lado opuesto, donde residen la sabiduría y la alegría.
La raíz de la palabra sánscrita “yoga” significa “unir” y es generalmente traducida ya sea como “unión” o “yugo”, dependiendo del contexto. En el “Segundo Discurso del Señor Krishna” del Bhagavadgita, la antigua escritura hindú conocida como el Canto del Señor, “yoga” tiene el significado de “estado de unión con lo Divino”. Patanjali utiliza el significado de yoga, como “unir”, no como un estado de consciencia, sino como esa acción necesaria para unir la consciencia con el espíritu, unir la consciencia pura con la condición natural primordial de la existencia. Esta acción es una forma profunda de la práctica de meditación.
La famosa afirmación central del Yoga-Sutra se da aquí en sánscrito para expresar la belleza inherente de su sonido como también su efecto retórico: yoga cita-vrtti nirodhah. Pronúnciela o exprésela como yo-ga, chit-ta, vrit-ti, ni-ro-dhah. Esta afirmación sánscrita aseverativa forma el hilo de la totalidad que teje su tesis en la tela del yoga semejante al arcoíris y es preeminentemente traducido por el investigador Chip Hartranft como: “El yoga es aquietar el patrón de la consciencia”.
Mirar la naturaleza de la consciencia, no a través de los ojos del laico o del religioso, sino a través de los ojos de un niño o de un científico arquetípico; el propósito esencial de la consciencia es conocer todas las cosas correctamente. Para Patanjali el dilema fundamental de la humanidad, la causa básica del sufrimiento, es la incapacidad de ver a través de los velos de la ilusión y del egocentrismo.
El sutra 2.4 reitera:
“No ver las cosas como son, es el campo donde germinan las causas (secundarias) del sufrimiento (egoísmo, apego, aversión y apego a la vida). Faltando esta sabiduría, uno confunde lo transitorio, impuro, doloroso, o ausencia del Yo con lo eterno, puro, feliz y el Yo”. Desde esta perspectiva, el yoga es el proceso de producir deliberadamente un cambio fundamental en el funcionamiento de nuestra consciencia condicionada, de modo que nosotros podemos regresar a nuestro hogar natural como el hijo pródigo bienvenido.
A menudo, considerado como yoga clásico, el sistema de práctica de yoga de Patanjali consiste de ocho partes principales, traducido como “las ocho ramas del yoga”. Dos metáforas son útiles en la visión de este enfoque de práctica de meditación: la metáfora de una araña sugiere la igual importancia de la acción de cada parte en el conjunto para facilitar el progreso a lo largo del sendero. La metáfora tradicional de una planta es relevante por su amplia aplicabilidad a los varios aspectos del yoga. Las raíces representan la conexión con la benévola fuente madre; las ramas son los elementos yóguicos que permiten el crecimiento a través de la interacción con el entorno interno y externo; y el florecimiento de la planta es la emancipación y realización a que podemos aspirar secretamente. Las ocho ramas de esta planta naciente son: disciplina externa, disciplina interna, posición del cuerpo, regulación de la respiración, concentración, retraimiento de los sentidos, absorción meditativa e integración.
1. Disciplinas externas: incluyen indañabilidad, veracidad, honestidad, castidad y generosidad. Estas virtudes están orientadas hacia una relación funcional con el mundo externo. Se cultivan para reducir los patrones negativos de la consciencia, las malas hierbas nocivas que inundan el jardín de la meditación. Estas malezas emiten venenos que permanecen en lo más hondo de nuestra mente y causa que los frutos de la meditación se marchiten y mueran. 2. Disciplinas internas: tratan con la pureza mental, el contento, la austeridad, el estudio de si mismo y la devoción. Estas virtudes cultivan delicadamente nuestro yo interno formando las hojas de la receptividad, las que procesan la quietud requerida para nuestro viaje. 3. Posición del cuerpo se refiere a mantener una posición estable, aunque relajada que apoye la práctica de la meditación. Sentarse erguido con una espalda derecha promueve la atención y facilita el flujo de las energías sutiles en nuestros canales internos. El hatha yoga popular practicado en el occidente se relaciona con las dos ramas que incluyen la posición corporal y la regulación de la respiración. Su práctica es útil para aquietar nuestros pensamientos y emociones, como también como apoyo para nuestra salud física. 4. Regulación de la respiración: se refiere a observar los patrones de movimiento de la respiración, inhalación y exhalación. En las palabras de Harttranft: “…la respiración se vuelve extensa y sutil. Cuando comienza la realización, desaparece la diferencia entre inhalación y exhalación. Entonces, de la luminosidad de la mente, se levanta el velo. Y la mente está ahora preparada para la concentración”. 5. Retraimiento de los sentidos: significa apacentar los seis sentidos: vista, oído, olfato, gusto, tacto, y pensar en una buena disposición para servir atentamente. Esta práctica no está pensada para adormecer o inutilizar los sentidos. Hartranftf señala que las distracciones externas deben ser trascendidas para que la concentración y la absorción se desarrollen lo suficiente para ver que uno solamente observa la consciencia propia de un objeto, no del objeto en sí. No percibe directamente una cosa o fenómeno, sólo su representación neuronal en nuestra mente. 6. Concentración: enfoca la atención e inicia el proceso mental interno de la práctica de la meditación al dirigir la consciencia hacia un campo de interés. El proceso de concentración debería estar libre de conflicto, casi sin esfuerzo. Durante una sesión de práctica, observa cómo la atención se aleja del objeto y observa cuidadosamente su manera recurrente. Esta visión del movimiento de atención es central en la práctica de la meditación. 7. Absorción meditativa: continúa sin problemas hacia el proceso de concentración. En esta etapa, han desaparecido las distracciones. Los únicos pensamientos en actividad son aquellos que se encuentran dentro del campo del objeto mismo. En la absorción meditativa, podemos mirar profundamente las causas aflictivas del sufrimiento, para atenuarlas. 8. La integración: se mueve más allá de los procesos de concentración y absorción meditativa, hacia la meta de realización de la esencia y naturaleza del objeto de meditación. En el estado de integración, ha desaparecido la influencia del egocentrismo, la naturaleza subjetiva de la mente. En esta etapa final, se puede ver la luz de la consciencia en toda su gloria inefable.
Rohit Mehta usa la frase: “nube de bendición” para referirse a un estado donde no hay pensamiento, ni pensador, solamente percepción pura. La consciencia ha regresado a su condición original y no modificada, de absoluta libertad. Aunque la apertura del capullo es un proceso en el tiempo, el florecimiento pleno está más allá del tiempo.
|
|
|
Página
9 |