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Vol. 142- Número 02 - Noviembre 2020 (en Castellano) |
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Sobre la Verdadera Amistad JAMES E. TEPFER El Dr. James E. Tepfer es miembro de la Logia Unida de Teósofos en Santa Bárbara, California, USA
Cuando tu espíritu necesite un impulso, piensa en las virtudes y talentos de quienes te rodean, la energía de uno, la modestia de otro, la generosidad de un tercero, algo más en un cuarto. Nada es tan inspirador y edificante como la vista de estas espléndidas cualidades en nuestros amigos. Mantenlas siempre en mente. Marco Aurelio Gandhi comentó una vez que la noción de "mejores amigos" era algo sospechoso. Las amistades especiales tienden a reducirse ellas mismas al mínimo común denominador. La primera víctima de la devolución de un vínculo de amistad inicialmente significativo es la verdad. La sinceridad se pierde gradualmente debido al miedo a herir sentimientos y a la perspectiva de perder un compañero íntimo por decir verdades desagradables. Por desgracia, la lealtad a la verdad es fácilmente reemplazada por una lealtad casi ilimitada hacia una persona. Por esta razón, Gandhi sintió que es mejor intentar y hacerse amigo de todos los que encontramos que cultivar un "mejor amigo" especial. El psiquiatra británico, Garth Wood, escribió de manera similar en su controvertido libro, El Mito de la Neurosis, que la mayoría de las terapias eficaces para la mayoría de las personas es la "terapia moral". Argumentó que, en realidad, sólo dos formas auténticas de psicosis requieren la ayuda de un psicoanalista o un psiquiatra: la esquizofrenia y la depresión maníaca. Más allá de eso, la mayoría de las necesidades sentidas para hacer terapia surgen de los normales desafíos de la vida y generalmente son mejor resueltos consultando a alguien que se conoce y en quien se confía. Tal persona puede ser un "verdadero amigo" sin ser necesariamente un “mejor amigo". Una buena caracterización de un "verdadero amigo" es alguien que se ha ganado nuestra confianza y puede ser valientemente veraz cuando sea necesario. Tal franqueza moral es un acto de amor y es lo contrario de "habilitar", es decir, permitir racionalizaciones y excusas por acciones incorrectas. En un nivel más fundamental, el sabio griego Pitágoras dio un consejo sobre la amistad que Gandhi indudablemente ha respaldado. En las profundas enseñanzas de Pitágoras para la contemplación, afirma: De todo el resto de la humanidad, haz tu amigo al que se distingue por su virtudes. Presta siempre oído a sus suaves exhortaciones y toma ejemplo de sus acciones virtuosas y útiles. Abstente, hasta donde puedas, de rechazar a tu amigo por una culpa ligera, porque el poder rodea la necesidad (Los Versos Dorados, Pitágoras) La enseñanza de Pitágoras pone las sabias condiciones previas para una verdadera amistad. Sostiene que la base de toda amistad es la virtud o carácter, no las creencias compartidas, el carisma personal ni la popularidad. "Virtud", en un sentido Pitagórico, es fuerza de carácter, el conocimiento y el poder para actuar con justicia, con autocontrol y con consumada amabilidad. Cuando admiramos genuinamente a una persona de virtud, estamos en realidad "participando", hasta cierto punto, de las cualidades celestiales de ese individuo. Una persona virtuosa nos inspira y fuera de esa inspiración, concebimos un sincero deseo de emularlo. Sentimos un impulso interior de remodelar nuestra personalidad hasta ser dignos de una relación correcta con el luminoso divino en nuestro amigo así como dentro de nosotros. Pitágoras (y Gandhi también) nos alientan a no sólo hacernos amigos y emular a los dignos, sino a tener cuidado de rechazarlos por fallas leves. Mientras podemos visualizar la perfección, especialmente la perfección moral, vivimos en un mundo imperfecto. Las fallas y los errores son intrínsecos al crecimiento y también lo es la autocorrección. Por lo tanto, es mejor pensar en términos de perfectibilidad en lugar de perfección. Por eso, percibidos los errores o incluso los defectos menores de carácter de aquellos con los que nos hacemos amigos, se convierten en una oportunidad para aprender, no para juzgar o "sentarse en el asiento de los escarnecedores”. La vida es una escuela y aprendemos y crecemos tanto de las fallas, como de las virtudes. En el sentido más universal, el verdadero amigo es cualquiera y todos los que son dignos de admiración espiritual y moral. Son personajes heroicos reconocidos a quien Pitágoras celebra como "llenos de bondad y luz". Puede que nunca conozcamos personalmente a estos héroes y heroínas del espíritu. Pueden ser solo figuras históricas como Lincoln, Gandhi y Anne Frank. O podríamos ser inspirados por figuras legendarias como Rama o el Rey Arturo de la Mesa Redonda. No importa. Una vez que invitamos a los virtuosos y le damos la bienvenida a la catedral de nuestras mentes, pueden convertirse, para nosotros, en "los mejores amigos"-***
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