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Vol. 142- Número 02 - Noviembre 2020 (en Castellano) |
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Los Siete Rayos en Contexto RAFAEL MARQUES DE ALBUQUERQUE Rafael Marques de Albuquerque tiene un doctorado de la Universidad de Nottingham (Reino Unido) y trabaja como profesor en la Universidad de Vale do Itajaí (Brasil). Ha sido miembro de la Sociedad Teosófica desde 2012 y actualmente lidera el departamento de la juventud en la Sección Brasilera. Tuve contacto con el concepto de los siete rayos antes de tener cualquier noción de lo que era la Teosofía. Esto no es de extrañar, ya que esta idea se convirtió en muy popular entre los grupos de la Nueva Era que surgieron en el siglo XX, a menudo colocando los siete rayos más en el centro de atención de lo que la Sociedad Teosófica hace. El concepto suena fácil de entender: el ser humano, así como otras criaturas, se divide en siete amplias categorías, con consecuencias psicológicas y espirituales. Ayuda a los buscadores espirituales a comprenderse a sí mismos y a construir un sentido de diversidad con respecto a enfoques espirituales. Sin embargo, desde la primera vez que oí hablar de él, tuve la sensación de que estaba incompleto. Algo parecía faltar en las explicaciones sobre los siete rayos y eso me intrigó. Después de buscar por un tiempo, llegó a mis manos el famoso libro de Ernest Wood que publicó en 1925, Los Siete Rayos (1). Presentó una versión que fue, para mí, el más organizado e inteligible sistema. Sin embargo, la autobiografía del mismo autor, titulada ¿Es esto teosofía? (2), confirmó mi intuición inicial de que había más sobre los siete rayos que en su superficie. El concepto parece tener una profundidad esotérica considerable. En otras palabras, sus significados ocultos son vitales. Esta conclusión me motivó a realizar algunas investigaciones sobre su historia, buscando una perspectiva más amplia. Blavatsky es la autora obvia para comprender las raíces de la versión moderna de los siete rayos. Ella afirma que este concepto se encuentra en diferentes religiones, especialmente en sus tradiciones más esotéricas. Ella escribió, en La Doctrina Secreta, publicada en 1888 (3): Hay siete grupos principales de tales Dhyâni-Chohans, grupos que serán encontrados y reconocidos en todas las religiones, porque son los SIETE RAYOS primigenios. La Humanidad, nos enseña el Ocultismo, está dividida en siete grupos distintos con sus subdivisiones, mental, espiritual y física. (pág.573) La investigación sobre la historia de los siete rayos en las escrituras religiosas sería una línea de investigación diferente. Sin embargo, mi interés en los últimos años y en este artículo está en el concepto de los siete rayos en el movimiento teosófico y en los Grupos de la Nueva Era que surgieron más tarde. Por lo tanto, los escritos de Blavatsky son un punto de partida obvio. En una de sus más explícitas citas con respecto a este tema, ella escribió (3): La estrella bajo la cual nace una Entidad humana, dice la enseñanza Oculta, permanecerá por siempre su estrella en todo el ciclo de sus encarnaciones en un manvantara. Pero esta no es su estrella astrológica. Esta última concierne y está conectada con la personalidad, el primero con la INDIVIDUALIDAD. El "Ángel" de esa Estrella o el Dhyâni Buddha, será el guía o simplemente el "Ángel" que preside, por así decirlo, en cada nuevo renacimiento de la Mónada, que es parte de su propia esencia, aunque su vehículo, el hombre, puede permanecer eternamente ignorante de este hecho. Los Adeptos tienen cada uno su Dhyâni-Buddha, su "alma gemela" mayor y lo saben, llamándola "Padre-Alma" y "Padre-Fuego". Sin embargo, es sólo en la última y suprema iniciación que lo aprenden cuando se enfrentan cara a cara con la brillante "Imagen". (págs. 572–573) De esta cita y otras, podemos concluir que los rayos están relacionados con nuestra conexión con uno de los siete antepasados espirituales primitivos, con quien compartimos algo de nuestra esencia. Ella también sugiere que es común que la gente permanezca ignorante de la identidad de sus rayos y que esto es revelado en etapas avanzadas del sendero espiritual, en la iniciación suprema de Adepto. De esto, podemos inferir la razón de por qué Blavatsky no elaboró este tema en sus escritos. Ella no explicó cuáles son las identidades de cada uno de los siete rayos, posiblemente porque este tipo de conocimiento era secreto y, tal vez, de poca utilidad, a menos que el discípulo alcance etapas avanzadas de crecimiento espiritual. Ella menciona el concepto varias veces en sus escritos, usando diferentes palabras (ángeles, rayos, estrellas, espíritus, Dhyâni Buddhas o Chohans, lámparas de fuego que arden ante el trono, etc.) al señalar que a veces es difícil estar seguro de cuándo ella está hablando de los siete rayos o de una idea análoga. De cualquier manera, ella no nos dio detalles al respecto y parece que el tema permaneció nublado por algunas décadas. Sin embargo, hay razones para creer que los siete rayos permanecieron como una significativa enseñanza en la tradición oral de estudiantes avanzados de la Sociedad Teosófica. Podemos encontrar menciones de ello, por ejemplo, en los Escritos Esotéricos de T. Subba Row, un discípulo avanzado de los Maestros y contemporáneo de Blavatsky. Esos escritos solo se publicaron décadas después de su muerte. De hecho, apoya la afirmación de que los siete rayos se mantuvieron sólo para estudiantes avanzados, como escribió (4): La Voz te llega de repente cuando no lo esperas y te da direcciones importantes. Viene cuando un hombre se está acercando al Adeptado. Te dice la naturaleza más íntima de tu propio Logos, señala de qué Rayo has surgido y te dice en qué Rayo has de continuar. (pág.534) Cada Iniciado debe descubrir su propio Rayo. Hasta el momento del sonido de la Voz el modo de proceder es el común a toda la gente. Las instrucciones especiales para cada Rayo particular son dadas por la Voz (pág.535). De su descripción, podemos asociar otros escritos con el concepto de los siete rayos, como Luz en el Sendero (5), publicado en 1885. En su vigésimo aforismo, se dice: "Búscalo [al camino] haciendo una profunda reverencia del alma a la pequeña estrella que arde en el interior. En tanto que vigilas y adoras con perseverancia, su luz crecerá más fuerte. Entonces sabrás que has encontrado el comienzo del sendero”; y en su comentario: "Cuando hayas encontrado el comienzo del camino la estrella de tu alma mostrará su luz”. Considerando esas explicaciones, queda claro por qué las enseñanzas de los siete rayos no se publicaron. Ellas se vuelven relevantes en un momento específico en el viaje espiritual, probablemente muy lejos de alcanzar para la mayor parte de la humanidad. Además, cuando se manifiesta, el discípulo comienza la etapa en la que llegan las indicaciones más claramente desde dentro que de los libros, en cierto sentido, ya que elaborar el material de los libros sería inútil. En mi investigación hasta ahora, parece que los detalles de este asunto permanecieron ocultos para el público durante el siglo XIX. Mi suposición de que el libro de Ernest Wood de 1925 fue el primero en explicar los detalles de este asunto, estaba equivocada. Cuando fui bibliotecario de la Logia Nottingham de la Sección Inglesa, me encontré con un libro curioso, Los Siete Rayos de Desarrollo (6), por Arthur H. Ward, publicado en 1910 por la Theosophical Publishing Society de Londres. Es el primer escrito público que conozco que explica uno por uno los siete rayos y presenta una versión que nos recuerda a las descripciones que se hicieron populares unas décadas después. Respectivamente, los rayos fueron nombrados como los de (I) poder, (II) curación, (III) acción, (IV) devoción, (V) conocimiento, (VI) imaginación y (VII) discipulado. El lector que esté familiarizado, reconocerá las diferencias de lo que se conoce ampliamente hoy en día, pero las similitudes son suficientes para percibir que ambas versiones están relacionadas. No tengo noción de cuál fue el impacto conciso que tuvo el libro de Ward en su tiempo y ningún teósofo con el que he hablado parece haber oído hablar de él o de su autor. La parte más intrigante del libro, sin embargo, es la descripción de cómo ganó el autor acceso a este conocimiento. Él dijo: . . . varios amigos y yo, trabajando de forma independiente, nos pusimos en comunicación con el otro lado y obtuvimos alguna información de carácter interesante con respecto a nacimientos pasados, estados posteriores a la muerte, nuestras diferentes formas de crecimiento y tales asuntos. Muchas de las ideas planteadas tentativamente en los siguientes artículos fueron obtenidas de esta manera y me lo han dicho en el curso de una comunicación que yo “entiendo la cuestión de los Rayos de Desarrollo correctamente (págs. 7-8). En otras palabras, el autor afirma que obtuvo acceso por medios psíquicos, con cada uno de sus amigos investigando de forma independiente y más tarde recibe una confirmación de que la información obtenida fue correcta. El discípulo investiga un asunto con su intuición y el Maestro confirma. Este método de aprendizaje oculto no es nuevo en la Sociedad Teosófica. Un episodio anterior del mismo método se puede ver cuando uno de los Maestros escribió a A. P. Sinnett: (7)"Aunque estoy obligado a retener información sobre muchos puntos, si puedes descubrir cualquiera de los problemas por ti mismo, será mi deber decírtelo" (CM, N°. 14). En otras palabras, una vez que el buscador logra obtener por sí mismo algún conocimiento oculto, el Maestro puede manifestarse y confirmar su descubrimiento. Este detalle de la presentación de Ward pasaría desapercibido, pero es digno de mención porque un episodio similar sería reportado en otro libro, quince años después, en 1925. Sin embargo, hay otro libro digno de mención antes de 1925. La famosa teósofa, Alice Bailey, publicó Cartas sobre Meditación Oculta en 1922 (8) Según ella, las Cartas fueron recibidas entre 1919 y 1920, escritas por el misterioso Maestro El Tibetano, que se identifica comúnmente como Djwal Khul. En sus instrucciones de meditación, el rayo de cada persona debe tenerse en cuenta para establecer su práctica. Aunque sus descripciones de cada rayo en las Cartas son breves, podemos encontrar la definición que luego se popularizaría; los rayos se asociaron, respectivamente, a (I) poder, (II) amor-sabiduría, (III) actividad inteligente o adaptabilidad, (IV) armonía, (V) conocimiento concreto, (VI) devoción y (VII) magia ceremonial. Alice Bailey escribiría extensamente sobre los siete rayos en la década de 1930 y 1940, probablemente convirtiéndose en la referencia más conocida sobre este tema. Los siete rayos descritos por Bailey y su Maestro son posiblemente las versiones más conocidas hoy. Son icónicos de una diferencia significativa en comparación con escritos anteriores. Aunque las citas de los siete rayos del Siglo XIX son secretas y reservadas para una etapa particular y bastante avanzada del camino espiritual, en el siglo XX los rayos se convirtieron en un concepto más accesible. Se asociaron con temperamentos y rasgos de personalidad, convirtiéndose en una herramienta de autoconocimiento para los buscadores habituales, tanto en una perspectiva mundana como en progresión espiritual. Nos ayuda a entender la propia misión en esta vida y así sucesivamente. Casi al mismo tiempo, interesantes eventos estaban ocurriendo en la India y Australia. No se mencionó el año exacto, pero Charles W. Leadbeater lo describió en su libro de 1925 Los Maestros y el Sendero (9): El señor Cooper-Oakley , yo y un hermano hindú estábamos sentados hablando en el techo en Adyar en los primeros días. . . y vino a nosotros de repente el Maestro Djwal Kul, quien en ese momento era el alumno jefe del Maestro Koot Hoomi. . . . [Ese día surgió esta cuestión de los Rayos. El Sr. Cooper-Oakley, a su manera característica, dijo: "Oh, por favor, Maestro, ¿podría contarnos todo sobre los Rayos?" Hubo un centelleo en los ojos de nuestro Maestro cuando dijo: "Bueno, yo no puedo contarte todo sobre ellos hasta que hayas alcanzado una iniciación muy elevada. Todo lo que puedo decirte, será parcial e inevitablemente engañoso, o ¿prefieres esperar hasta que te digan toda la cosa?" Dijo "No puedo decirte más que eso, porque estoy obligado por ciertas promesas; pero si tu intuición puede sacar más te diré si tienes razón." (págs. 228-229) Según él, la información que le dio el Maestro fue la tabla disponible en su libro, describiendo para cada rayo una característica general, una magia característica y la última religión. Leadbeater admite que no pudo entender la tabla misteriosa, como el Maestro predijo. Es de destacar el mismo patrón descrito por Ward con respecto al método de aprendizaje oculto basado en la intuición y la confirmación de un Maestro, así como la indicación del Maestro Djwal Kul como fuente del conocimiento, convergiendo con las afirmaciones de Bailey. La autobiografía de Ernest Wood juega un papel clave en la comprensión de este periodo. Wood era un teósofo dedicado, muy cercano a Annie Besant y a Charles Leadbeater. Solía ayudarlos a editar sus libros. Durante la redacción de Los Maestros y el Sendero, Wood fue a Australia a ayudar a Leadbeater y afirma que escribió aproximadamente la mitad de ese libro. Según su autobiografía, mientras escribían el libro, Leadbeater se sorprendió por el conocimiento de Wood sobre el misterioso tema de los siete rayos. Wood dijo (2): Se asombró mucho y me preguntó de dónde había obtenido este conocimiento de un tema oscuro. Le dije que antes de dejar la India había estado recibiendo, de vez en cuando, lo que me parecieron comunicaciones internas sobre este tema de los rayos o tipos de hombres. A veces era una voz, pero en general las ideas habían sido, como fueron, insinuadas en mi mente, bastante claramente, con el sentimiento de la presencia de una inteligencia distinta a la mía. De esta manera había acumulado una cantidad de notas sobre el tema… Tarde una noche, mientras viajaba en un vagón vacío en el ferrocarril elevado en Chicago... Yo vi, o pensé haber visto al Maestro parado allí; y dijo: "No te preocupes por esa información sobre los rayos. Es bastante correcta. Te lo di a ti." Cuando le conté esto al obispo Leadbeater, él dijo: "Bueno, no haremos más de mi trabajo hasta que hayas escrito un libro tuyo de los siete rayos” (pág.290-291). Si consideramos, por el bien de esta revisión del artículo, que Arthur Ward escribió la primera versión detallada de los siete rayos accesible al gran público y Alice Bailey describió la segunda, podríamos decir que Ernest Wood propuso la tercera. Su exposición del tema, fuertemente arraigada en su conocimiento sobre Hinduismo, podría resumirse en el atributo principal y el trabajo en la sociedad para cada rayo, respectivamente: (i) libertad (gobierno), (II) unión (filantropía), (III) comprensión (filosofía), (IV) armonía (interpretación), (V) verdad (ciencia), (VI) bondad (religión) y (VII) belleza (arte). Personalmente, la versión de Wood tiene mucho de mi aprecio. De hecho, su versión me motivó a emprender la investigación sobre la historia de los siete rayos, para formular la conferencia presentada inicialmente en la Logia Nottingham (Reino Unido) en 2014 y más tarde en varias ciudades de Brasil, así como en la redacción de este artículo. El concepto de los siete rayos descrito por el movimiento teosófico moderno influyó en varios grupos. Durante el siglo XX, otros escritores describieron sus propias variaciones de los siete rayos, tanto en el contexto de la Sociedad Teosófica y otros. Con respecto a la última, hay autores como Guy Ballard, líder de la actividad "YO SOY", que surgió en torno a la noción de maestros ascendidos durante la década de 1930. En la misma línea, Geraldine Innocence fundó el movimiento Bridge to Freedom en 1951 y Mark y Elizabeth Prophet fundaron Summit Lighthouse en 1958. Estos son tres ejemplos de los movimientos de la Nueva Era que utilizaron el concepto teosófico de los siete rayos como estructura fundamental de sus enseñanzas. Típicamente, además de las dimensiones psicológica y espiritual, las enseñanzas de aquellos grupos describieron muchos elevados seres espirituales y los siete rayos juegan un papel clave en organizarlos en una jerarquía ordenada. Los colores de cada rayo, algo que Ernest Wood y versiones anteriores ignoraron, se volvió muy relevante; incluso aunque los colores varíen dependiendo del autor. Para el alcance de este artículo, las descripciones de los rayos en esos y otros grupos de la Nueva Era podrían agruparse como la cuarta versión de los siete rayos. Uno de los escritos posteriores más relevantes asociado con la Sociedad Teosófica en el asunto es el libro de Geoffrey Hodson, Los Siete Temperamentos Humanos (10) publicado en 1952. Su libro compacto hace el asunto bastante accesible, enfatizando las implicaciones psicológicas de los rayos en lugar del tono esotérico que podríamos encontrar en los primeros escritos. Ofrece una tabla de correspondencias muy detallada y de sus escritos uno puede decir que también se inspiró en la tabla supuestamente dada a Leadbeater por el Maestro Djwal Kul. Esto se puede concluir analizando sus correspondencias entre rayos y religiones, por ejemplo. Sin embargo, se podría argumentar que su sistema en conjunto se parece más al de Bailey que al de Wood. Curiosamente, Hodson menciona vagamente a algunos autores como las fuentes de las enseñanzas que explica, incluidos Blavatsky, Leadbeater, George Arundale, C. Jinarâjadâsa y Las Cartas de los Mahatmas a A. P. Sinnett. Sin embargo, no cita a Ernest Wood ni a Alice Bailey. Hipotéticamente, Hodson hubiera querido enfatizar a los miembros que eran más aceptados en la Sociedad Teosófica en ese momento. Alice Bailey creó su propia Escuela Arcana y Ernest Wood se volvió bastante crítico de las expectativas creadas en torno a J. Krishnamurti en la década de 1920 y dejó la Sociedad Teosófica después de perder la elección para presidente internacional en 1934. En este artículo describí mi propia investigación histórica sobre los siete rayos y seguramente se limita al material que pude encontrar. En lugar de asumir que esta es la historia completa, el estudio debe ser entendido como una invitación al lector para reflexionar sobre los intrigantes episodios en torno al concepto, tal vez para alentarnos a creer que todavía hay capas ocultas en el concepto de los siete rayos y preguntarse sobre la verdad detrás de las palabras. Con suerte, mis notas históricas permitirán al lector ver cómo el concepto de los siete rayos partió de una misteriosa noción para estudiantes avanzados en el siglo XIX para convertirse en un concepto clave en el Movimiento Teosófico y los grupos de la Nueva Era en el siglo XX, con muchas implicaciones, tanto psicológicas como en entender a las jerarquías de los seres. La historia, se podría argumentar, es una poderosa herramienta para desarrollar el discernimiento. Notas finales 1. Ernest Wood. Los Siete Rayos. Editorial Teosófica (TPH), Wheaton, Ill., Estados Unidos, 4th Quest Book Printing, 1989. 2. Ernest Wood. ¿Es esto Teosofía? Rare Reprints de Kessinger Publishing, publicado originalmente en 1936. 3. H. P. Blavatsky. La Doctrina Secreta. Vol. 1: Cosmogénesis. Ed. Boris de Zirkoff, facsímil de la versión original, 1888. 4. T. Subba Row. Escritos Esotéricos. TPH, Adyar, Chennai, 1ª ed., 1951, 2ª ed. 2002. 5. Mabel Collins. Luz en el Sendero. TPH, Adyar. ed., 2013. 6. Arthur H. Ward. Los Siete Rayos del Desarrollo. Editorial Sociedad Teosófica en Londres, 1910. 7. Las Cartas de los Mahatmas a A. P. Sinnett, transcritas y compiladas por A. Trevor Barker. Ed. Facsímil, Theosophical University Press, 1992. 8. Alice Bailey. Cartas sobre Meditación Oculta. Compañía Editorial Lucis. Ed. Portuguesa, Rio de Janeiro, 1970. 9. Charles W. Leadbeater. Los Maestros y el Sendero. TPH, Adyar, Chennai, 3.a ed., 2011. 10. Geoffrey Hodson. Los Siete Temperamentos Humanos. Quest Books, 7a ed., 1977.
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