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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 142 - Número 01 -  Octubre 2020  (en Castellano)
 

 
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La conciencia y el camino espiritual superior

 

WILLIAM WILSON QUINN

 

Antiguo miembro de la ST. en Norteamérica, trabajó como

Editor de su revista y Editor Asociado de la TPH (Wheaton, Ill).

Es licenciado en Teología y en Humanidades.

 

 

H. P. Blavatsky (HPB) escribió, “Todo en el Universo, en todos sus reinos, es CONSCIENTE: es decir, dotado de una conciencia de su propia clase y en su propio plano de percepción". 1

El caminante que recorre el camino espiritual superior no sólo debe aceptar esta premisa como verdadera, sino que debe comprender además los aspectos operativos activos de la conciencia humana "en su propio plano" como el medio para lograr la iniciación, seguida en última instancia por la iluminación y la liberación del ciclo de muerte y renacimiento. Cuanto mayor sea la expansión de la conciencia individual del caminante, más cerca estará de la reintegración de esa conciencia individual con lo que HPB denominó "conciencia cósmica".

 

Naturaleza septenaria de la conciencia individual

Así como la conciencia universal o cósmica que emerge de lo absoluto tiene su división septenaria, lo mismo ocurre con la conciencia relativa o individual. Toda manifestación formal que emerge de un estado de latencia, o pralaya, en un ciclo de vida, o manvantara, tiene este diseño septenario. Este es un principio antiguo, que se afirma repetidamente en los escritos de HPB. Un ejemplo destacado de sus repetidas afirmaciones es un artículo conciso en un número de 1883 de The Theosophist dedicado y titulado "El Principio Septenario en el Esoterismo". Los puntos de vista que HPB expresó sobre este tema fueron repetidos por el adepto Koot Hoomi (KH), quien escribió que “Así como el hombre es un ser septenario, de la misma manera que lo es el universo, y este microcosmo septenario es al macrocosmo septenario como una gota de lluvia es a la nube, de la cual se desprende y a la cual volverá con el tiempo. 2 (Carta N° 15)

Aunque puede ser simplista afirmar que la relación de las divisiones septenarias entre la conciencia universal y la individual, es afín a la relación entre lo abstracto y lo concreto, estos términos indican, sin embargo, una similitud correspondiente con respecto a esta relación. Más específicamente, HPB escribió que "Los tres superiores son los tres planos superiores de conciencia, ... los inferiores representan los cuatro planos inferiores - el más bajo es nuestro plano, o el Universo visible. Estos siete planos corresponden a los siete estados de conciencia en el hombre".3

Nuevamente encontramos el principio de "correspondencia" en su exposición. La naturaleza septenaria de la conciencia humana es, en principio, un subconjunto septenario de la conciencia relativa o individual, y ésta, a su vez, es un subconjunto septenario de la conciencia universal o cósmica.

Existe, pues, una línea ininterrumpida, un nexo, que recorre todos los niveles de manifestación como un patrón septenario. De lo macro a lo medio y a lo micro, y nuevamente, un tema constante y recurrente es esta "septenariedad". Pero las correspondencias son sólo eso, y no deben entenderse como réplicas exactas, fractales o facsímiles unas de otras en estos diversos niveles. Mientras que un patrón septenario es constante, existe una variación en la naturaleza y cualidades del plano o estado en cuestión.

Es importante notar aquí que HPB distinguió cuidadosamente entre los planos correspondientes de la conciencia individual y los estados de la conciencia humana en su afirmación anterior. Ella enfatizó estas dos palabras en cursiva. Siguiendo esta misma elección de palabras, HPB se refiere en un diagrama de la conciencia en La Doctrina Secreta a ". . . los cuatro planos inferiores de la Conciencia Cósmica, siendo los tres planos superiores inaccesibles al intelecto humano tal como está desarrollado actualmente. Los siete estados de la conciencia humana pertenecen a otra cuestión". 4

 

Conciencia humana y cerebro/mente

En la filosofía esotérica, el ser humano y la conciencia humana son "obras espirituales y evolutivas en curso". En nuestra investigación de la conciencia debemos mantener plena atención en que nuestros cerebros y mentes se encuentran actualmente en algún punto de su desarrollo cíclico final, ya que se trata de "rondas" y "razas raíces" de extraordinaria duración. Por lo tanto, lo que decimos sobre ellos aquí se aplica sólo a nuestra etapa actual. Según HPB la conciencia humana actualmente consiste en ". . . nuestros siete estados de conciencia, a saber: (1) vigilia; (2) vigilia-sueño; (3) sueño natural; (4) sueño inducido o en trance; (5) psíquico; (6) super-psíquico y (7) puramente espiritual, [que] se corresponde con uno de los siete planos cósmicos…” 5

Entre las perspectivas que separan al esoterista y al humanista secular, por ejemplo, está la de si el cerebro o la conciencia son a priori. Para el esoterista, la conclusión es sencilla: primero está el Espíritu (Brahman/âtmâ), luego la inteligencia o la mente (mahat/manas), luego la conciencia (prajñâ) y después el cerebro físico.

Los humanistas seculares, y otros, sostienen que el orden correcto es justamente el contrario: que la mente y la conciencia, excluyendo por completo el Espíritu, son esencialmente epifenómenos del cerebro, que es lo primero. La perspectiva esotérica fue articulada por KH cuando escribió que:

 

 Nosotros no nos conformamos con la confusión ante el misterio de la mente, porque lo hemos resuelto hace siglos. Al rechazar con desdén la teoría teísta rechazamos igualmente la teoría del automatismo, que enseña que los estados de conciencia son producidos por el orden en que están las moléculas del cerebro.... 6

 

HPB fue igualmente categórica al despreciar a los "sumos sacerdotes" de la ciencia del siglo XIX, como ella los describió, por pretender simplemente ". . . resolver la conciencia en una secreción de la materia gris del cerebro. . .” 7

La verdadera simplicidad de este debate entre Espíritu (âtmâ) y mente (manas) sobre la prioridad, fue captada por Ananda K. Coomaraswamy en su repetida crítica a la visión materialista contenida en el axioma de René Descartes Cogito ergo sum (Pienso, luego existo). Coomaraswamy calificó este axioma de "non sequitur", o ilógico, y trató de corregirlo reordenando las palabras como Sum ergo cogito (soy, luego pienso), haciendo hincapié en el primer "yo" como el âtmâ espiritual, reflejando la antigua máxima "Yo soy eso" (sánscrito, so'ham).

 

Diferentes partes del cerebro humano son responsables de diferentes funciones, y HPB mencionó especialmente la glándula pineal, que produce una hormona derivada de la serotonina llamada melatonina. Afirma que "El órgano especial de la conciencia es, por supuesto, el cerebro, y está situado en el aura de la glándula pineal en el hombre vivo.8 Y hablando esotéricamente, no anatómicamente, añade que al menos durante la existencia encarnada de la persona, “…la glándula pineal es en verdad el propio centro de la más elevada y divina conciencia en el hombre, su inteligencia omnisciente espiritual, que todo lo abraza". 9

 

Siendo este el caso, entonces el otro proceso, es decir, el pensamiento racional ordinario, que normalmente ocurre en el lóbulo frontal de la corteza cerebral, realiza funciones como el lenguaje, el razonamiento y la cognición práctica. Esta separación de las operaciones primarias de la conciencia humana vinculadas a dos localizaciones diferentes del cerebro físico sugiere fuertemente una bifurcación correspondiente inherente a una doctrina central de los siete principios del ser humano, de los cuales los tres más elevados son el 7º o âtmâ (Espíritu), el 6º o buddhi (intuición), y el 5º o manas (mente) en sus nombres sánscritos. Esta doctrina central se refiere a una bifurcación en el último de estos tres principios, manas, en (i) la cognición ordinaria o racional, conocida como manasrupa (mente formal o inferior) y (ii) el pensamiento abstracto o espiritual, conocido como manasarupa (mente sin forma o superior), estando estos dos aspectos de manas separados por una división sutil conocida en sánscrito como antahkarana.

Estas operaciones duales de la función cerebral, glándula pineal/lóbulo frontal, y manasrupa/manasarupa, se reflejan además en una operación dual de la conciencia humana o, como lo expresa HPB, una "doble conciencia". En cuanto a la conciencia ordinaria y racional de vigilia, HPB explica que "...el 'cerebro-yo' es real mientras dura, y teje su Karma como una entidad responsable. Explicado esotéricamente, es la conciencia heredada en esa porción inferior del Manas [rupa] que está correlacionada con el cerebro físico".10 Se refiere a este tipo inferior de conciencia humana como "conciencia sensible", y la contrasta con la "conciencia espiritual". La conciencia sensible se deriva de la "luz manásica inferior", o manasrupa, que muere con el cuerpo al morir. La conciencia espiritual se deriva del manas "iluminado por la luz de Buddhi", o manas arupa, que sobrevive a la muerte del cuerpo.

Como explicó HPB más adelante,

 

Hay una conciencia espiritual, la mente Manásica iluminada por la luz de Buddhi, la que percibe subjetivamente las abstracciones; y la conciencia sensible (la luz Manásica inferior), inseparable de nuestro cerebro físico y nuestros sentidos. Esta última conciencia está sujeta al cerebro y a los sentidos físicos y, siendo a su vez igualmente dependiente de ellos, debe, por supuesto, desvanecerse y finalmente morir con la desaparición del cerebro y de los sentidos físicos.” 11

 

La muerte del ser humano marca el fin de la "conciencia sensible" de la persona, ya que el cerebro, incluida su glándula pineal, muere con el cuerpo físico. Se trata de la salida de la conciencia basada en el fenómeno de manasrupa mortal de la conciencia basada en el noúmeno de manasarupa superviviente, ligada a buddhi y a su âtmâ inmortal. Lo que queda de la persona es únicamente la "conciencia espiritual", del âtmâ-buddhi- manasarupa, después de la muerte.

Esto se debe a que ". . . las ideas sobre el infinito y lo absoluto no están, ni pueden estar, dentro de nuestras capacidades cerebrales. Sólo pueden ser fielmente reflejadas por nuestra conciencia espiritual. . .”12

Además, tales ideas y conceptos espirituales dentro de cuyas esferas podríamos encontrar el atributo de la auto-conciencia (ahamkâra) serían igualmente reflejados por nuestra conciencia espiritual. "Porque, en el acto de auto-análisis", escribió HPB, "la Mente se convierte a su vez en un objeto para la conciencia espiritual. Es el dominio de la Mente por Buddhi lo que resulta en la realización última de la existencia,  es decir, la autoconciencia en su forma más pura".13

 

Meditación y Samâdhi

Durante milenios han existido varias escuelas de yoga y diferentes prácticas espirituales como parte de la filosofía perennis, o teosofía, que revelan múltiples métodos y técnicas para alcanzar la iluminación o la liberación. Junto con las escuelas y tradiciones esotéricas dentro de las principales religiones del mundo, éstas proporcionan colectivamente diversos caminos espirituales que, en sus niveles más altos, se funden en un camino iniciático uniforme. Lo que es central en prácticamente todas estas escuelas y tradiciones, es alguna forma de meditación contemplativa, generalmente como una práctica diaria de control gradual o dominio de la mente a través de la concentración enfocada mediante la aplicación de la voluntad. La meditación es universalmente la clave para avanzar en el camino espiritual superior y para la expansión de la conciencia.

Las prácticas meditativas de Oriente, como el zazen de las escuelas budistas zen Mahâyâna (incluidas las de Japón, China, Corea y Vietnam), o el vipassanâ de las tradiciones forestales budistas Theravâda, o el lojong de los budistas Vajrayâna, o el râja yoga clásico del hinduismo tradicional, se han globalizado en nuestra época. En ocasiones, estas prácticas se confunden con el hecho de sentarse a recitar mantras o japa, como en el hinduismo, o con la práctica del dhiker entre los sufíes islámicos, o incluso con la práctica de la recitación constante en el hesicasmo cristiano. Estas prácticas de recitación se confunden a veces con la oración, que no es meditación. Si bien es cierto que las prácticas meditativas orientales pueden ser valiosos portales de entrada a la meditación para los occidentales, adoptar un enfoque puramente de ciencia sagrada y no confesional del tema de la meditación en términos de los siete principios del ser humano, particularmente en lo que respecta al âtmâ (7º), el buddhi (6º) y el manasarupa (5º), proporciona más claridad.

Sin pretenderlo, HPB prácticamente definió el objetivo de la meditación en términos de ciencia sagrada en su cita anterior al afirmar que "Es el dominio de la Mente por Buddhi lo que resulta en la realización última de la existencia…” Para ampliar esta afirmación aplicada a la meditación, podemos añadir respetuosamente que es el objetivo intencional eclipsar manas o 5º principio del practicante, por buddhi o 6º principio, lo que finalmente conduce, a través de la práctica diaria y sostenida, a estados meditativos profundos y prolongados, es decir, a la realización última de la existencia. Esta práctica implica el suave aquietamiento de toda la actividad mental (inferior) seguida de una concentración sostenida en un único punto de significado espiritual (superior) que, dicho de otro modo, equivale a una sublimación de la "conciencia sensible" a favor de la "conciencia espiritual", para usar los términos de HPB.

Entre los iniciados y adeptos de la orden de KH, la meditación es reconocida como una práctica antigua e indispensable para el desarrollo espiritual y el progreso en el camino espiritual superior. Como señaló KH, “el ayuno, la meditación, la pureza de pensamiento, palabra y obra; el silencio durante ciertos períodos de tiempo para dejar que la misma naturaleza hable al que se acerca a ella pidiendo información...”, permitirá a los aspirantes espirituales alcanzar la "iluminación".14 (Carta 49).

Y, volviendo al budismo, este mismo adepto citó el Mahâvagga Theravadin del Khandhaka: "'Cuando la verdadera naturaleza de las cosas se vuelve clara para el Bhikshu que medita, entonces todas sus dudas se desvanecen ya que ha aprendido cuál es esa naturaleza y cuál es su causa'. " KH añadió entonces a esto un comentario propio: "La Meditación aquí significa las cualidades superhumanas (no sobrenaturales) o el estado de arhat, en lo más elevado de sus poderes espirituales."15 (Carta 10).

No debería sorprender que, en relación con otras religiones del mundo, el budismo sea consultado con tanta frecuencia en las investigaciones sobre la meditación o, para el caso, sobre la conciencia. Es justo decir, para explicar esta tendencia, que ninguna otra religión se aproxima al alcance o al nivel del discurso sobre la meditación, al que se encuentra en las escrituras budistas. Este hecho puede introducir ahora los estados budistas de meditación jhâna o, más exactamente, de conciencia, ya que son nada menos que la manifestación del eje vertical de la conciencia que asciende jerárquicamente de lo más bajo a lo más alto. Los estados de jhâna superior, que aparecen y se repiten en varios de los primeros suttas del canon pâli, son los planos meditativos alcanzados por los practicantes avanzados de la meditación, que describen efectivamente expansiones de la conciencia. Entre los suttas más citados está el Samyutta Nikâya (45.8), versos 8-10, que dice lo siguiente:

 

¿Y qué es, monjes, la concentración correcta? Aquí, monjes, apartado de los placeres sensuales, apartado de los estados malsanos, un monje entra y mora en el primer jhâna, que va acompañado de pensamiento y examen, con el arrobamiento y la felicidad que nacen del aislamiento. Con la disminución del pensamiento y el examen, entra y habita en el segundo jhâna, que tiene la confianza interna y la unificación de la mente, es sin el pensamiento y el examen, y tiene el éxtasis y la felicidad nacidos de la concentración. Con la atenuación y también el arrobamiento, mora ecuánime y, consciente y claramente comprensivo, experimenta la felicidad con el cuerpo; entra y mora en el tercer jhâna del que los nobles declaran: "Es ecuánime, consciente, uno que mora feliz". Con el abandono del placer y el dolor, y con la desaparición previa de la alegría y el abatimiento, entra y habita en el cuarto jhâna, que no es ni doloroso ni placentero e incluye la purificación de la atención plena y la ecuanimidad.16

 

Este texto es una explicación de una característica del "óctuple camino" del budismo, que es la "concentración correcta" o, en algunas traducciones, la "meditación correcta", que se encuentra en la última o cuarta, de las "Cuatro Nobles Verdades" de Buda. Lo que hay que entender es que no existen líneas brillantes o claras entre estos estados de jhâna que el practicante encuentra en la meditación. Más bien, deben entenderse como la verdad de la existencia de niveles superiores y más sutiles del propio viaje interior a medida que el caminante progresa en la meditación y, por tanto, en el camino espiritual superior.

El pináculo de la meditación y del desarrollo espiritual, en general, puede ser concebido por la palabra sánscrita samâdhi, cuyo tratamiento detallado se encuentra en los Yoga-Sutras de Patañjali. Este estado de conciencia elevada no es fácil de describir, ya que supera las concepciones de la mente racional y el vocabulario que ésta utiliza. Pero intentamos hacerlo, no obstante, utilizando las palabras de HPB antes mencionadas, con una ligera modificación. Ella se refiere al dominio de manas o 5º principio del practicante por buddhi o 6º principio, y cuando esto ocurre a través de la disciplina y la voluntad sostenidas del practicante, ambos principios, 5º y 6º, son efectivamente iluminados por las emanaciones divinas del 7º principio, el âtmâ.

Cuando la mente está enfocada y por fin alineada con buddhi, entonces la mente puede ser iluminada o esclarecida por el âtmâ inmortal. Este es el estado de samâdhi. Al mismo tiempo, es una iluminación de la conciencia humana. Expresado alternativamente por KH:

 

Cuando el término se interpreta correctamente es, en un sentido, "el Yo divino percibido o visto por el Yo", el Atman o Séptimo Principio liberado de su separación mayávica, de su Origen Universal, que se convierte en el objeto de percepción para y por la individualidad concentrada en Buddhi, el Sexto Principio, algo que sólo pasa en el estado más elevado de Samadhi”. 17 (Carta 59)

 

Y esta afirmación de KH es afirmada por HPB cuando escribió sobre la definición de Plotino del "éxtasis real" como "la liberación de la mente de su conciencia finita, que se convierte en una y se identifica con el infinito", y añade que "Tal condición es idéntica al estado que se conoce en India con el nombre de Samâdhi. " 18

 

La reintegración de la conciencia

Terminamos ahora como empezamos, citando los escritos de HPB:

 

La conciencia individual emana de la conciencia Absoluta, que es el MOVIMIENTO eterno, y retorna a ella "19. El efecto de alcanzar el estado de samâdhi es cruzar el puente que conecta y así permite un retorno a - reintegración a - la conciencia universal o cósmica desde la conciencia individual. Es el círculo completo, donde la cabeza del ouroboros se encuentra con su cola en el ciclo interminable del movimiento eterno. Pero para el ser humano individual que ha alcanzado o logrado este nivel más alto, que permite esta reintegración permanente de la conciencia individual, queda una elección. Esta elección es la de liberar esa conciencia individual de vuelta a la conciencia cósmica como la "gota de rocío que se desliza en el mar brillante", o, según Edwin Arnold, aplazar esta reintegración y continuar encarnando como un portador de luz consciente en nombre de la humanidad. Este último es el camino del bodhisattva, en el que el alto iniciado aprende a transferir su conciencia individual "ininterrumpidamente" de la muerte al renacimiento. Como explica HPB, "Únicamente los llamados Adeptos, que saben cómo dirigir su visión mental y cómo transferir su conciencia, tanto física como psíquica a otros planos de existencia, pueden hablar con autoridad acerca de tales asuntos. 20

 

De este modo, la conciencia individual, e iluminada, se pone en práctica en beneficio de la humanidad, para ayudar en la misión sagrada de la orden de adeptos, que no es otra que la iluminación espiritual de la humanidad en su conjunto. En este empeño, el nuevo bodhisattva, probablemente un iniciado en esa orden, aprende con el tiempo que, “por el poder de su conocimiento y por la iluminación de su alma, ha quedado exento de la aflicción de la transmigración INCONSCIENTE)” 21 (Carta 49) Una vez que se domina esta habilidad, el iniciado tiene: "la completa y verdadera inmortalidad, que significa una existencia consciente ilimitada, no puede tener ni grietas ni interrupciones, ni detención de la conciencia de Sí mismo o Auto-conciencia”. 22 (Carta 20)

En el mismo contexto, HPB escribe que "La inmortalidad sólo es la propia conciencia no interrumpida...." 23

Esta conciencia individual ininterrumpida, cuando no se libera y por lo tanto no se reintegra en la conciencia cósmica, está totalmente presente en una persona que sacrifica compasivamente esta reintegración y la dicha eterna que la acompaña. Por servir primero a las necesidades de la humanidad, de tal persona puede decirse: “Inmortal es, pues, aquel en la paneónica inmortalidad 24, cuya clara conciencia y percepción del Yo, bajo cualquier forma, no sufre ninguna interrupción en ningún momento, ni siquiera por un segundo, durante el período de su existencia como Ego”. 25 (Carta 20C)

 

Referencias:

1. Blavatsky, H.P., La Doctrina Secreta: The Theosophy Company, 1947, p. 272.

2. The Mahatma Letters to A. P. Sinnett, arreglado por V.H. Chin, Jr:

Theosophical Publishing House (TPH), 1993, p. 182.

3. Blavatsky, La Doctrina Secreta, Vol. I, p. 199.

4. Ibídem, p. 200.

5. H. P. Blavatsky, C Writings, Vols. I - XIV.Adyar: TPH, Vol. XII (1889-1890), p. 532.

6. The Mahatma Letters to A. P. Sinnett, p. 273.

7. Blavatsky, La Doctrina Secreta, Vol. I, p. 296.

8. H. P. Blavatsky Collected Writings, Vol. XII (1890-91), p. 289.

9. Blavatsky, La Clave de la Teosofía, p. 121.

10. H. P. Blavatsky Collected Writings, Vol. VIII (1887), p. 340.

11. Blavatsky, La Clave de la Teosofía, p. 178-79.

12. H. P. Blavatsky Collected Writings, Vol. XI (1889), p. 451.

13. Ibídem, Vol. VIII (1887), p. 96.

14. The Mahatma Letters to A. P. Sinnett, p. 73.

15. Ibídem, p. 275-76.

16. Bhikkhu Bodhi, ed., En palabras de Buda, Boston: Wisdom Public., 2005, p. 240.

17. The Mahatma Letters to A. P. Sinnett, p. 376.

18. Blavatsky, La Clave de la Teosofía, p. 10.

19. H. P. Blavatsky Collected Writings, Vol. XII (1889-1890), p. 133.

20. Blavatsky, La Doctrina Secreta, Vol. I, p. 166-7.

21. The Mahatma Letters to A. P. Sinnett, p. 75.

22. Ibídem, p. 210.

23. Blavatsky, La Clave de la Teosofía, p. 108.

24. Comenzando con un manvantara y terminando con un pralaya.

25. The Mahatma Letters to A. P. Sinnett, p. 211.

 

 

 

 

 

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