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Vol. 133 - Número 9 - Junio 2012 (en Castellano) |
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El Profeta Mahoma
C. JINARÂJADÂSA
Reimpreso de The Theosophist, setiembre 1931.
El Profeta Mahoma es como nosotros y diferente a nosotros. Es como nosotros porque él no reclamó Divinidad o separación de la humanidad, y fue humilde hacia Dios como el hombre más simple. Él fue diferente a nosotros por la grandeza de lo que de su carácter dio a la humanidad. La grandeza del Profeta se puede ver por el hecho de que fue una fuente de inspiración constante para todos los que se acercaron a Él, y porque construyó una gran civilización. Las enseñanzas del Profeta enfatizan tres puntos fundamentales. El primero es la concepción más elevada de Dios que se pueda encontrar en ningún lado, y sólo equiparable con la Vedânta más elevada. Esta es la concepción de Dios que no se puede representar en símbolos o de ningún otro modo, y sin embargo es el Creador de todas las cosas. El segundo es la afirmación de que sólo existe una Voluntad, la Voluntad de Dios en el Universo. El hombre tiene que aprender por lo tanto a unificar su pequeña voluntad con la Gran Voluntad. Uno de los significados de la palabra “Islam” es renuncia, es decir, “que se haga la voluntad de Dios”. El tercer punto fundamental es una Fraternidad que ha sido expresada por toda religión, pero que el Profeta logró más que cualquier otro en establecerla. Él es el único gran Maestro que logró unir a quienes profesan una fe; no es una Fraternidad sentimentalista, sino de quien practica comer y casarse con los de otra fe. El Profeta proclamó que el hombre debería ser juzgado no por su color, sino por su carácter. El resultado de estas doctrinas fue un ímpetu poderoso hacia la cultura y la civilización. Cuando la joven religión del Cristianismo descartaba como inútil a la antorcha de la sabiduría de Grecia y Roma, la más joven religión del Islamismo tomó esa antorcha y salvó a Europa de por lo menos 500 años de retrogresión. El Islamismo salvó los escritos de Grecia y Roma sobre filosofía, astronomía, matemáticas y medicina. Más aún, en las universidades de Bagdad, Cairo y Sevilla en España, este conocimiento y otros se desarrollaron para formar la gran cultura del Islam. Esa cultura inspiró la poesía especialmente en Persia y la arquitectura donde quiera que se expandió la religión; y en India construyó un bello culto a la Naturaleza con bellísimos jardines con flores. Todo lo que es precioso para la civilización descendió como una avalancha de fuerza divina por el Profeta de la Meca, y rápida y fuertemente construyó una nueva civilización. Existe todavía una grandeza posible más para el Islam, la de extender la enseñanza del Profeta en nuevas formas. Actualmente el musulmán considera como hermano sólo al hombre que recita el credo. Pero un mayor sentido de Fraternidad es el de quien considera como su hermano también a todo hombre que no recita su credo. Si el Profeta viviera hoy, cuando el mundo necesita la Fraternidad más que cualquier otra doctrina, seguramente Él llamaría a sus seguidores a extender la Fraternidad del Islam a todo el mundo. El Profeta mismo declaró que existe una Fraternidad entre los Profetas, y si esta idea se pudiera reconocer como esencial en el Islam de hoy, los musulmanes honrarían al Profeta reverenciando con afecto a su hermano, no sólo al seguidor de Mahoma, sino a todo hombre y mujer que vive en este mundo.
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