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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 133 - Número 9 -  Junio 2012 (en Castellano)

 
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La Mente: nuestro instrumento

más poderoso

 

 

SHIRLEY MACPHERSON

 

La Sa. Shirley MacPherson es un miembro de hace muchos años de la Sección Australiana de la ST y fue Presidenta de la Rama Adelaide.

 

   ¿Cuál es el origen de la mente? ¿Qué rol cumple en nuestro viaje evolutivo? Cada uno de nosotros es, en esencia, un ser de Espíritu puro y poder divino.

   Este Espíritu verdadero que está dentro de cada uno de nosotros se expresa de tres modos: Voluntad, Sabiduría e Inteligencia; o, Poder de la Voluntad, Intuición Espiritual e Intelecto. El trabajo de la humanidad en este periodo de evolución es desarrollar la mente, por este medio podemos pensar, observar, analizar, deducir, correlacionar y expresarnos en pensamiento, emoción, palabra y acción.

   También podemos decir que somos espíritu, mente y cuerpo con siete Principios; un Principio es una diferenciación básica sobre la que todo se construye, y manifiesta siete aspectos individuales y fundamentales de la Realidad Universal Una en el Cosmos y en los seres humanos.

   La mente es el principio que se encuentra en la mitad y por ello se llama el mediador. La mente también es dual en naturaleza: un lado está expuesto a la luz del espíritu, es subjetivo; el otro lado está oscurecido por su propia sombra, es objetivo. Por lo tanto la etapa actual de la humanidad está atrapada en la actividad de la mente dual. Este es nuestro lugar problemático pero también el eje o punto crucial en nuestro viaje evolutivo, la herramienta con la que tallamos nuestro futuro.

   En nuestra presente etapa de crecimiento, probablemente es este segundo aspecto el predominante porque nuestra mente todavía está dominada por el deseo. Hemos llegado por así decirlo, a la “cúspide de nuestra adolescencia” como lo expresa un autor. El verdadero Espíritu (la esencia de cada uno) es un Ser Espiritual y no puede ponerse en contacto con los mundos más bajos o densos, pero lo hace por medio de un reflejo o rayo de sí mismo,  este es el motivo del Manas inferior o mundo mental. Durante nuestra vida terrenal la mente inferior y los deseos (kâma) están unidos (kâma-manas) y están estrechamente entretejidos de modo que muy rara vez actúan de forma separada. Aún cuando estas emociones y deseos no están activos, siempre existe un trasfondo emocional.

   Mientras estamos en la región de la mente inferior, estamos limitados a nuestras imágenes mentales de modo que nunca vemos y conocemos las cosas como realmente son. Una imagen es algo relativo y nunca puede darnos la totalidad. Esto debería ponernos en guardia y mostrarnos que nuestras opiniones e ideas no son realidades. Por lo tanto no podemos conocer o comprender por medio del intelecto, es necesario que trascendamos el intelecto, recordando siempre que la mente tiene sus limitaciones porque usualmente funciona a partir de una información imperfecta. Por ello la acción de la mente es parcial y entonces su perspectiva es parcial. Como dijo el Hno. Sri Ram: “Ninguna imagen mental es la verdad de todo, es sólo su símbolo, aunque la verdad invisible e impalpable pueda brillar a través de ella.”

 

Intelecto o intuición

   Aquí puede ser interesante notar la diferencia entre intelecto e intuición.

   El intelecto es instrumento del conocimiento aunque un poco ineficaz. El verdadero conocimiento, la sabiduría, es el intelecto iluminado por la intuición. La intuición se interesa en las relaciones mutuas y en hechos significativos, por lo que la percepción de una nueva relación entre los hechos puede cambiar completamente su significado. De este modo la intuición puede cambiar nuestra perspectiva y actitudes sin cambiar las circunstancias externas. Un curso de acción indicado por la sabiduría es seguido invariablemente sin vacilación, es por lo tanto una acción correcta. El mundo mental es el mundo de la persona real, el Yo u hombre, la misma palabra “hombre” (“man” en inglés) como la conocemos, se deriva del sánscrito “man” que es la raíz de la palabra “pensar” (“to think” en inglés). De modo que el hombre es el pensador. El pensador o la individualidad perdura. Él es alguien para quien el tiempo no pasa, el joven eterno que como expresa el Bhagavadgitâ, asume y desecha cuerpos, como hombre asume nuevas vestiduras y desecha la vieja. Cada personalidad es un nuevo papel del Actor inmortal y camina por el escenario de la vida humana una y otra vez; en el drama de la vida cada personaje que asume es el hijo de los que le precedieron, y el padre de los que vendrán, de modo que la historia de la vida es continua (Annie Besant, C. W. Leadbeater). El mundo mental es el reino de nuestra verdadera relación, el reino de ideas, de fenómenos no físicos. Es la tierra de nuestro nacimiento, al que realmente pertenecemos.

   Como lo expresa Geoffrey Hodson:

 

Cuando el hombre, el pensador, encarnó en el vehículo físico construido para recibirlo, el animal inconciente se convirtió en el ser pensante por virtud del Manas que entró y moró con él. Así el Hombre pensador se vistió con su “ropa de piel” después de su “caída” en la materia física para poder comer del Árbol del Conocimiento y por lo tanto convertirse en un “Dios”.  De aquí que el hombre es el nexo entre lo Divino y el animal.

 

   Esta es la razón por la que el ser humano es diferente de las otras formas de vida, porque ha sido descripto como ese ser en quien el espíritu más elevado y la materia más baja se unen por medio de la inteligencia.

 

El plano mental

   Se divide en siete sub-planos o diferentes grados de vibración. Los cuatro inferiores sirven de medio para nuestro pensamiento concreto y forman el mundo mental inferior; los tres superiores, el medio del pensamiento abstracto, forman lo que llamamos el mundo mental superior.

   Para estos dos mundos tenemos dos vehículos o cuerpos: el cuerpo mental inferior y el cuerpo mental superior, que pertenecen a dos partes diferentes de nuestra naturaleza interna. El cuerpo mental inferior es la parte más sutil de nuestra personalidad que cambia de encarnación en encarnación. Ciertamente la vida de una personalidad comienza cuando el Pensador forma un nuevo cuerpo mental.

   El cuerpo mental superior, llamado el cuerpo causal, forma el vehículo más bajo del yo inmortal que perdura de vida en vida. De modo que la demarcación entre la mente superior y la inferior separa el yo inferior, la personalidad, y el yo superior, la individualidad o alma. Nuestra mente o intelecto es el lugar de encuentro de esos dos yoes, la personalidad temporal y el Yo permanente e inmortal. Es en el mundo mental Superior, el Cuerpo Causal, donde pasamos la mayor parte del tiempo, descendiendo brevemente en el mundo físico para cada encarnación donde reunimos la experiencia necesaria para continuar nuestro viaje en el arco evolutivo. Necesitamos distinguir entre la mente y el cerebro.

   El cerebro es principalmente una pantalla en la que el fenómeno de los diferentes mundos produce sus sombras. Esos fenómenos tienen su origen en diferentes partes de nuestro ser.

   Somos seres complejos: tenemos vehículos que nos conectan a todos los planos: físico, emocional, mental y espiritual; cada vehículo envía su vibración al cerebro. Nuestras sensaciones y sentimientos proceden del mundo emocional, nuestros pensamientos del plano mental. Nuestras verdaderas intuiciones proceden de planos más sutiles aún. Nuestros pensamientos son concretos y abstractos y ambos aparecen en nuestra conciencia física por medio del cerebro físico, pero tienen su origen en dos vehículos diferentes de conciencia trabajando en el plano mental.

 

El cuerpo mental

   Está construido de los cuatro sub-planos inferiores del Mundo Mental más la esencia elemental mental. Esta esencia elemental es una vida extraña semi-inteligente que rodea y vivifica la materia del plano mental (el emocional y el físico también). Responde rápidamente a la influencia del pensamiento humano. Está en el arco involutivo y por lo tanto necesita y se desarrolla por medio de la actividad constante, dirigiéndose de una cosa a otra. Por ello es principalmente responsable de nuestros pensamientos errantes. La forma del cuerpo mental es ovoide, asemejándose a la forma del Cuerpo Causal, constituido de los tres sub-planos superiores del Mundo Mental.

   En medio del ovoide está el cuerpo físico que atrae hacia sí la materia emocional y que a su vez, atrae la materia mental. Por lo tanto la mayor parte de la materia emocional y mental se reúne dentro de la estructura física. A la visión clarividente, el cuerpo mental parece como construido de una densa neblina, con la forma del físico y rodeada por una niebla ovoide mucho más fina, por lo que en el mundo mental una persona es fácilmente reconocible como en el físico. La porción que se proyecta más allá del físico es el aura. A diferencia del cuerpo físico que ha permanecido sustancialmente igual en tamaño desde los días atlantes, el cuerpo mental crece en tamaño a medida que evolucionamos.

   Se entiende que sólo la lectura no construye el cuerpo mental: el pensamiento lo hace. La lectura proporciona el material para el pensamiento.

   Cuando el cuerpo mental se ejercita y vibra bajo la acción del pensamiento, se obtiene nueva materia de la atmósfera mental y se incorpora al cuerpo de modo que aumenta en tamaño y complejidad. La cantidad de pensamiento afecta el crecimiento del cuerpo. La calidad del pensamiento afecta el tipo de materia que se construye. CWL da una advertencia para quienes son discutidores. Él dice:

 

Quienes son fácilmente provocados para discutir deberían recordar que cuando responden inmediatamente y con gusto a una batalla verbal, abren las puertas de su fuerte mental dejándolo sin defensas. En tal circunstancia cualquier fuerza de pensamiento que pueda estar en las cercanías, puede entrar y poseer sus cuerpos mentales. Mientras que la fuerza se desperdicia en puntos que a menudo no tienen importancia, toda la calidad de los cuerpos mentales se deteriora constantemente por las influencias que le siguen.

 

   Él concluye expresando: “Es una experiencia común que la discusión a veces tiende a alterar la opinión de ambos lados, en la mayoría de los casos sólo confirma la opinión que ya se tenía.” Sobre una pizarra afuera de la capilla Unitaria Rosslyn Hill en Hampstead había un aviso que decía: “Muchísimas personas piensan que están pensando cuando sólo están re-acomodando sus prejuicios.”

   Las partículas del cuerpo mental están en constante movimiento. También parece estar divido más o menos regularmente en segmentos, cada uno correspondiendo a un determinado departamento del cerebro físico. Muchos de nosotros, sin embargo, estamos desarrollados tan imperfectamente que un número de departamentos especiales todavía no están en actividad de modo que cualquier pensamiento sobre esos temas es torpe e incomprensible, por ejemplo algunas personas tienen facilidad para matemáticas  mientras que otros consideran un simple proceso matemático extremadamente difícil.

   Las funciones principales del cuerpo mental son:

  1. Servir como vehículo del Yo verdadero para el pensamiento concreto.
  2. Expresar esos pensamientos concretos por medio del cuerpo físico trabajando por medio del cuerpo emocional, el cerebro etérico y el sistema cerebro espinal.
  3. Desarrollar los poderes de la memoria y la imaginación.
  4. Servir, a medida que nuestra evolución avance, como un vehículo separado de consciencia en el plano mental.
  5. Asimilar los resultados de la experiencia reunidos en cada vida terrenal, trasmitiendo su esencia al Yo verdadero que vive en el Cuerpo Causal que es el vehículo de todo conocimiento pasado, presente y futuro.

   Además de servir como repositorio de la quintaesencia de las experiencias tenidas por las personalidades en diferentes encarnaciones y de las facultades desarrolladas en ellas, es también el depósito del buen Karma y del no tan bueno, que las personalidades han producido durante esas encarnaciones. Éstos permanecen como impresiones potenciales o semillas en el Cuerpo Causal y gradualmente se concretan y determinan las condiciones de las vidas futuras.

   Al igual que una de las características principales de nuestro cuerpo emocional es el color, es decir a la vista clarividente, así lo es también con el color en el cuerpo mental. Estos colores, conocidos y desconocidos, existen en todos los planos de la Naturaleza pero se vuelven más delicados a medida que las vibraciones se hacen más sutiles. Por ejemplo, tenemos el color rojo intenso del afecto, el color sanador descripto como blanco plateado; un esfuerzo mental constante muestra un amarillo dorado. Se dice que el amarillo en cualquier vehículo indica el intelecto pero sus tonalidades varían, por ejemplo en el pensamientos filosófico y en el científico. El pensamiento de las aspiraciones se muestra como un color violeta bello y con él, el azul del pensamiento devocional. Los cuerpos mentales de muchas personas están llenos de imágenes concretas, el color principal aquí es el verde y a menudo se lo ve sombreado con marrón y amarillo. Para mayor información sobre los colores, consulte El Hombre, visible e invisible y Formas de Pensamiento.

   La función principal del cuerpo mental es por supuesto pensar. Aquí usamos una fuerza poderosa, la energía del Universo. Existen cuatro efectos de pensamiento, dos de éstos están en el pensador y dos están fuera de él. En el pensador puede cambiar una persona, por ejemplos los hábitos y construir el carácter. Afuera del pensador, producimos ondas de fuerza de pensamiento y formas.

   Todos conocemos el adagio: “Lo que el hombre piensa en eso se transforma.” Somos criaturas reflexivas, y por lo tanto lo que pensamos en esta vida, nos volvemos en el futuro. Difícilmente existe cualquier límite al grado en que una persona puede recrearse a sí misma por una actividad mental concentrada. El pensamiento es la manifestación de la creatividad. Es el pensamiento el que actúa, crea y lleva a cabo los mandatos de la voluntad. Por lo tanto el pensamiento, al concentrarse en cualquier idea, convierte esa idea en carácter. Annie Besant expresó: “El proceso de construir el carácter es tan científico como el de desarrollar el poder muscular.” Geoffrey Hodson ha dado ciertas directivas para construir el carácter:

   Vivir sabiamente y tener un objetivo en la vida de modo que no estemos a la deriva;

   Aceptar condiciones que no se pueden cambiar;

   Aprender a reír, especialmente de uno mismo;

   Decidirnos y tomar decisiones rápidamente;

   Vivir en el presente, porque ayer ya no está y mañana tiene que llegar.

   Tener la actitud correcta hacia los errores y las dificultades, lo que significa no mirar hacia atrás, porque el pasado está terminado. Sea lo que sea que recibimos en las experiencias es algo que teníamos que saber. Las lecciones no se pierden.

   Henry Ford expresó: “El hombre que nunca cometió un error, ¡nunca hizo nada!”

   La meditación se puede usar para desarrollar el carácter, para incorporarle varias cualidades y virtudes. Ernest Wood sugiere, por ejemplo, que seleccionemos la cualidad de no dañar en acto, pensamiento, deseo y palabra. Vean cómo afectaría la vida diaria, cómo trataríamos a las personas. Luego al haber meditado sobre esa cualidad tratamos de llevar ese estado mental a nuestra vida diaria.

   Ahora, respecto a nuestros hábitos…

   El cuerpo mental está sujeto a hábitos al igual que los otros vehículos. Si nos permitimos pensar mal de otro, pronto se convierte en un hábito. Si por el contrario, nos entrenamos a pensar positivamente o a observar las cualidades deseables en otra persona, también originaremos un hábito de que nos guste en vez de rechazarlo. En cierto sentido somos nuestros hábitos. Pero podemos cambiarlos. Geoffrey Hodson explica lo que sucede físicamente en el cerebro y en el sistema nervioso cuando aprendemos un nuevo hábito o rompemos con uno viejo:

 

Cuando hemos realizado un acto, establecemos una especie de “camino cerebral” o “sendero nervioso” que conduce a nuestros centros motores. De modo algo similar, la materia de los cuerpos astral y mental responde al pensamiento. Por lo tanto, la próxima vez que aparece el impulso, el deseo o la idea de realizar este acto, dado que el sendero ya está marcado, un impulso más débil, deseo o idea viajará por el mismo camino, haciéndonos actuar, es decir llevar a cabo ese deseo, impulso o idea. Con el tiempo, a medida que repetimos este proceso, las células nerviosas, y los cuerpos astral y mental se organizan e integran tan bien, que el acto o el comportamiento resultante se vuelve casi automático. Así se forman los hábitos.

 

   Formar un nuevo hábito es invertir la operación usando una repetición mental constante de deseo controlado y de curso de conducta. Tú, el tú real está a cargo y determina cuál será tu pensamiento. La tarea de superar malos hábitos y construir el carácter es positivo, no negativo.

   El Dr. Arundale escribió:

 

Una debilidad es una fortaleza en desarrollo.

Un defecto es una virtud en desarrollo.

Una fortaleza es un poder en desarrollo.

Una virtud es una gloria en desarrollo.

El odio es amor en desarrollo.

El orgullo es comprensión en desarrollo.

El egoísmo es generosidad en desarrollo.

El deseo más burdo se convierte en una emoción ideal.

 

   La construcción del carácter y la corrección de malos hábitos consiste realmente en redireccionar la energía, de ser una expresión destructiva y dañina a que sea constructiva y armónica. Nuevamente, G. Hodson expresa:

 

Enojarse cuando alguien te llama idiota es probar su afirmación.

Enojarse cuando las cosas no se pueden cambiar, es empeorarlas.

Enojarse cuando otros no están de acuerdo con tu opinión es desacreditar el valor de tu opinión.

Enojarse cuando alguien te calumnia es la respuesta más pobre que se puede hacer.

Enojarse cuando no puedes tratar bien a la gente es probar que no eres de confiar.

Enojarse cuando tu consciencia te dice que estás equivocado, es pelear una batalla perdida.

 

   Observemos ahora el efecto de nuestro pensamiento en otros. Cuando pensamos, se establece una vibración en el cuerpo mental y esto produce dos resultados diferentes:

1.      Irradia vibraciones u ondas

2.      Produce formas de pensamiento

   Una vibración en el cuerpo mental se comunica con cualquier materia circundante. Cuando la atmósfera se llena de materia mental produce una onda y se irradia hacia fuera. Cuando golpee otro cuerpo mental, naturalmente establecerá una vibración similar. Dicho de modo simple, significa que cuando nuestro cuerpo mental es tocado por una onda de pensamiento, probablemente produciremos un pensamiento similar. Tendrá el mismo carácter aunque no necesariamente el mismo tipo de materia. La distancia, fuerza y claridad de la onda de pensamiento, dependerá de la nitidez y claridad de ese pensamiento. Un pensamiento auto-centrado se lanzará en el mundo emocional y no será efectivo (en el nivel mental). Como la materia mental es mucho más delicada que la física o la emocional, las fuerzas de vida en el plano mental aumentan su actividad. Esa materia mental está en movimiento constante e incesante y asume una forma siempre que tenemos un pensamiento. Realmente se mueve con el pensamiento.

 

Formas de pensamiento

   Un pensamiento da origen a un conjunto de vibraciones en el cuerpo mental, luego una porción que vibra es lanzada y reúne de la atmósfera circundante esencia elemental del mundo mental.

   La esencia elemental es una vida extraña semi-inteligente que nos rodea, materia vivificante del plano mental. Responde rápidamente a la influencia del pensamiento humano. Entonces tenemos una forma de pensamiento que es una entidad viva temporal. La fuerza de pensamiento es el alma, y la esencia elemental es el cuerpo. De modo que muy a menudo estas formas de pensamiento se llaman elementales, o algunas veces, elementales artificiales. (Sucede lo mismo con la materia emocional y física.)

   La calidad del pensamiento determinará su color, los colores a los que de modo breve ya nos hemos referido. La naturaleza del pensamiento determinará su forma y la claridad de ese pensamiento determinará cuán nítidamente  está trazado.

   Si nuestros pensamientos son intelectuales e impersonales entonces permanecerán en el plano mental. Si son de una naturaleza espiritual habrá cierto contacto con lo búdico o intuicional y esos pensamientos pueden ser muy poderosos e influyentes. Si estamos teniendo pensamientos egoístas y están llenos de deseos personales, serán atraídos hacia la materia emocional, debido a esa estrecha relación entre los cuerpos mental y emocional y porque ellos trabajan de modo combinado. Estos son los pensamientos más comunes porque la mayoría de nosotros todavía tenemos nuestros deseos, pasiones y emociones. Entonces con la mayoría de la humanidad existe un vasto número de pensamientos de formas irregulares y turbios porque muchos de nosotros todavía tenemos mentes poco entrenadas.

   Muchos de nuestros pensamientos son auto-centrados y por lo tanto permanecen junto a nosotros y si los repetimos, crecen en fuerza. Tales pensamientos también pueden atraer a otros similares de otras personas. Éstos se mantienen a nuestro alrededor y nos siguen donde sea que vayamos. Otra clase de formas de pensamiento que producimos son aquéllos que no son ni egoístas ni específicamente dirigidos a alguien y dejan detrás de nosotros una especie de rastro. Existen otros que son dirigidos a alguien en particular, o a un objeto, y salen disparando rápidamente del pensador. Cualquiera que pueda pensar, ejercita el poder de crear formas de pensamiento, los pensamientos son cosas y estamos generando estas formas de pensamiento día y noche.

   Por lo tanto, tenemos un enorme poder en nuestras manos, para bien o para mal. Aún más, nuestros pensamientos no son exclusivamente asunto nuestro porque cualquier pensamiento, bueno o malo, llegará mucho más lejos que las palabras.

   Existen muchas otras perturbaciones en el cuerpo mental. Si nos preocupamos, por ejemplo (una forma de pensamiento y una emoción), establecemos una tormenta o un lugar de dolor. Si somos discutidores, el cuerpo mental está constantemente inflamado y puede entrar en un punto delicado abierto. Si somos rígidos con una idea o un tema, entonces, cualquier pensamiento sobre ese tema se solidificará, por así decirlo, y aparecerá como un prejuicio.

   Como CWL lo expresó de modo gráfico:

 

Se forma un pequeño remolino en el que la materia mental gira y gira hasta que se coagula y se convierte en una especie de verruga. A menos que, o hasta que esta verruga desaparezca o se la erradique por la fuerza, la persona no puede usar esa parte particular de su cuerpo mental y es incapaz de pensamiento racional sobre ese tema.

 

   Estas son zonas enfermas en el cuerpo, y la inhabilidad para pensar o ver claramente aumenta y se extiende a otras partes.

   El prejuicio religioso es posiblemente el más común y más serio, y evita cualquier pensamiento racional sobre el tema. Como un Maestro escribió: “Tu mente está demasiado llena y no existe ni un rincón vacío desde el cual un ocupante anterior no se levante a luchar y eche al recién llegado.” Con todo esto formamos entonces un caparazón de pensamiento auto-centrado a nuestro alrededor y miramos al mundo “como a través de un oscuro lente”. Esto es una mente cerrada.

   Si esperamos hacer cualquier tipo de progreso oculto en nuestro viaje evolutivo necesitamos abrir nuestra mente y equilibrarnos.

   La mente humana no sólo es la cosa más maravillosa de la creación sino que también es el problema más grande para la persona que trata de hollar el sendero que conduce a la perfección. Es el principio que separa, que nos hace ver los muchos en lo Uno. Es el centro del egoísmo que nos hace sentir que somos individuos separados, con intereses en conflicto con los de los demás. Es el creador de la ilusión que nos muestra una visión distorsionada de la Realidad. De modo que tenemos ese famoso aforismo de La Voz del Silencio:

 

La Mente es el gran destructor de lo Real

Destruya el discípulo al Destructor.

 

   Es un destructor tan grande porque hemos permitido que todos nuestros prejuicios crezcan en él. Es frecuente el conocimiento de que nunca vemos las cosas como son, nunca vemos a otra persona como es sino sólo nuestro pensamiento de ella. Entonces, el discípulo tiene que atraer los poderes positivos del manas o mente superior, que es divina, por medio de la concentración y la meditación hacia los mundos más densos del manas inferior, o mente, que es sólo un reflejo o espejo. Esto se hace por el antahkarana que es el vínculo entre el alma divina o Yo Superior y el ego personal. La personalidad entonces se vuelve un instrumento y el discípulo es el maestro de ese instrumento. Incluso si sentimos que estamos lejos de poner nuestros pies en el Sendero del Discipulado, si somos sabios, observaremos nuestros pensamientos con el mayor cuidado, dándonos cuenta que en nuestro pensamiento, en nuestra mente, poseemos un instrumento poderoso, de cuyo uso correcto sólo nosotros somos responsables.

  

 

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