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Vol. 133 - Número 7 - Abril 2012 (en Castellano) |
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Dante - la Cosmología Ptolemaica - el Laberinto (Significados simbólicos para el viaje del Alma)
EDI D. BILIMORIA
El Dr. Edi D. Bilimoria es científico y músico; vive en Inglaterra.
Nuestra Tesis ‘Todo depende del contexto’ debería ser la afirmación que reemplace la expresión que escuchamos demasiado frecuentemente: ‘todo es relativo’. Esta dependencia del contexto ciertamente se aplica a nuestra visión del cosmos. Por ejemplo, si deseamos darnos el gusto de un viaje extra-galáctico, entonces la vida se hace más fácil si tratamos a nuestro sol ni como inmóvil ni como el centro del universo, sino como rotando alrededor del centro de nuestra galaxia. Porque para la dinámica del sistema solar, y viajes espaciales, un marco heliocéntrico es lo más útil. Pero para comprender nuestra llegada y salida de la encarnación terrestre, el sistema psico-físico ptolemaico es por cierto el más acertado. Este sistema formó el cimiento de la Cosmología Medieval y de la Grecia[1] antigua, donde la aparición de un universo y el nacimiento de un ser humano no se los consideraba como hechos estrictamente desconectados, sino como aspectos componentes de un proceso orgánico y unitario, basado en ‘Como es arriba, así es abajo’, el microcosmos reflejando el macrocosmos. Por este motivo, el universo ptolemaico fue codificado gloriosamente en el simbolismo del laberinto del mundo antiguo, y usado como estructura poética en obras tales como la Divina Comedia de Dante.
El sistema ptolemaico Básicamente, la obra de Ptolemeo se fundamentó en la idea de Aristóteles de un universo ordenado dividido en la región sublunar o terrenal que era corruptible, y la región celestial que era perfecta e inmutable. En el centro estaba la Tierra inmóvil y luego en orden ptolemaico los planetas; desde la Tierra hacia afuera estaba la Luna, Mercurio, Venus, el Sol, Martes, Júpiter y Saturno, cada uno de ellos moviéndose en su órbita respectiva, luego las estrellas fijas, y finalmente el Primum Mobile. Sin embargo, tengan en cuenta que la única diferencia entre este orden de los planetas respecto al sistema heliocéntrico es que la Tierra y el Sol han cambiado de lugar, la Tierra ahora rota en su órbita y el Sol esencialmente está quieto. Se sugiere que el sistema ptolemaico es válido incluso actualmente siempre que su significado simbólico se distinga de la interpretación física literal donde por supuesto, no funciona en un sentido científico mecanicista.
La Divina Comedia, la visión ptolemaica y el Laberinto La Divina Comedia refleja este significado simbólico detrás de la cosmología ptolemaica con detalles exóticos tales como sus círculos o esferas no sólo extendiéndose hacia el cielo, sino descendiendo al centro mismo de la Tierra que esencialmente es la base del Infierno. Esta última afirmación nos da un indicio de cómo los Antiguos consideraban la Tierra. (La antigua palabra inglesa para ‘ovillo’ era ‘clue’ -indicio-, un recordatorio del indicio crucial que la princesa Ariadna colocó en las manos del príncipe Teseo antes que entrara al Laberinto. Nosotros también ‘entraremos’ en él en breve, o mejor dicho, construiremos uno para recorrerlo.) La antigua visión de colocar la Tierra en el centro del universo no tenía la actitud egoísta que ahora pensamos que sí tenía, sino la noción de que lo más denso debe estar en el centro y lo más sutil debe elevarse. Por lo tanto, estar en el centro de las cosas (la Tierra) no era el mejor sino el peor lugar para vivir. Por lo tanto la Tierra era el Infierno, la escoria, donde todo se hundía, la parte del universo más indeseable para estar. Entonces, no sorpresivamente, Dante comienza su viaje épico desde ‘El Infierno en la Tierra’, una correlación perfecta entre la noción ptolemaica y la Divina Comedia. Pero ¿qué lugar ocupa el laberinto en todo esto? Como ya he mencionado, el orden ptolemaico está codificado en el laberinto, simbólica e históricamente. Ya explicaré esto.
Dos tipos de Laberinto Existen dos tipos principales de laberinto. En el laberinto con senderos opcionales, que es el laberinto tradicional, los senderos se diversifican en otros y se vuelven a bifurcar, y es posible que un viajero nunca llegue al centro. Por contraste, un laberinto con un solo sendero, o meandro, tiene sólo un sendero, y por muchas vueltas que aparezcan, finalmente conduce inexorablemente y sin interrupciones al centro. El laberinto en la Catedral Chartres es un meandro, mientras que el que se encuentra en Knossos en Creta es definitivamente un laberinto, ¿o no? Sigamos adelante.
El Laberinto cretense en Knossos, su significado doble La leyenda cretense y el significado simbólico que hay detrás de la muerte del Minotauro por parte de Teseo es famosa y se esbozó anteriormente (The Theosophist, vol.131.11, Agosto 2010, p.19). Aquí sólo mencionamos que la mitología exige que el laberinto en Knossos fuera con senderos opcionales. No hay dudas que a menos que entraran con una pista pronto se perderían en sus bifurcados pasajes y morirían devorados. Sin embargo el laberinto histórico en Knossos se puede observar en antiguas monedas y vasijas cretenses. El diseño se ve no como de senderos opcionales, sino que realmente es un meandro con siete circuitos, ¡es sorprendente! ¿Por qué existe esta contradicción entre el laberinto mitológico y el meandro histórico? ¿Por qué siete circuitos? Cuando entramos en la vida terrena, ciertamente, estamos en un laberinto con senderos opcionales de todo tipo de experiencias. No sabemos cuál de los muchos senderos tomar, y tenemos que aprender a controlar nuestro Minotauro personal de deseos sensoriales que obtienen lo mejor de nuestra naturaleza superior. Cuando tenemos éxito en controlar (o eliminar, para usar el término tradicional) nuestra naturaleza inferior al encontrar la pista, y usamos la espada de la mente, entonces el sendero delante de nosotros se aclara, nuestro laberinto personal se transforma en un meandro. El laberinto es por lo tanto el modelo simbólico del comienzo de nuestro nacimiento, y de la partida de nuestro nacimiento como veremos al construir y caminar dentro de uno en Creta.
Construyendo el laberinto cretense Las figuras que se dan a continuación muestran cómo se puede construir el laberinto histórico, es decir, un meandro en Knossos. Se comienza con una cruz con cuatro ángulos rectos en cada uno de los ángulos de la cruz y un punto en el medio de cada segundo ángulo, comiencen uniendo la parte superior de la línea de la cruz vertical dirigiéndolo hacia la próxima, y vayan alrededor del diagrama en el sentido de las agujas del reloj, como se muestra en la figura. Obtenemos siete circuitos que podemos denominar, yendo desde lo más externo hacia el centro: Saturno, Júpiter, Marte, Sol, Venus, Mercurio, Luna y Tierra, no es más que la representación de la cosmología ptolemaica.
Caminar en el laberinto cretense = Entrar a la encarnación Dejemos las estrellas fijas y caminemos en el laberinto cretense histórico, con la esperanza de nacer en la Tierra (asumiremos que somos almas viejas y que conocemos nuestro sendero en la próxima vida). El primer circuito que encontramos no es Saturno, sino Marte, porque es la pasión y el deseo por la vida, simbolizado por Marte, lo que nos atrae hacia la encarnación. En nuestro camino pasamos por el circuito de la Luna que simboliza el modelo del cuerpo[2] sobre el que se moldea el cuerpo físico. El último circuito que encontramos antes de ‘caer’ a la Tierra es Venus[3]. Al viajar hacia la encarnación cada planeta emite algo de su influencia al alma que llega. En la muerte, ocurre lo opuesto y ‘devolvemos’ esas cualidades que teníamos prestadas a cada uno de los planetas, a medida que ‘ascendemos’. Por lo tanto Marte es esta vez la última esfera planetaria que pasamos ya que tenemos que abandonar la sed o deseo de vida relacionada con los sentidos. Los planetas en el sistema ptolemaico, como se reflejan en el laberinto, indican por lo tanto el orden en el que nuestros principios de vida se activan al dirigirnos hacia la Tierra, y el orden en que deben ser desechados al abandonar nuestra experiencia en el laberinto, la Tierra.
Ptolomeo – Creta – Dante No sería útil intentar una correlación literal del sistema ptolemaico como lo usó Dante, con el laberinto cretense. Sin embargo, el importante rol central atribuido a Minos y al Minotauro en la Divina Comedia demuestra el conocimiento de Dante del significado alegórico y simbólico de la famosa leyenda cretense. Por lo tanto el Alma en el Paraíso asciende al nivel que le corresponde, entre la primera esfera de la Luna y la séptima esfera de Saturno. Aunque no sea exactamente igual al orden de las órbitas planetarias que se dan en la muerte como se describen en el meandro cretense, en general el principio es el mismo, el de elevarse al ‘nivel de flotabilidad’ de la influencia planetaria relacionada con el atributo del Alma.
Coda En conclusión y con toda sinceridad, debemos rendir homenaje a esas grandes Almas que siempre le han mostrado a la Humanidad el modo de salir del laberinto construido por sí mismo, si escucha sus sabias palabras; y Dante fue con seguridad una de esas nobles Almas. Al igual que el ‘Reino de los Cielos debe yacer en nuestro interior’, así, el viaje heroico que Dante emprendió, debe finalmente convertirse en nuestro propio viaje personal. Tal vez entonces, cuando hayamos absorbido verdaderamente este poema épico y nos transmita su mensaje sublime a nosotros desde el interior, la sorprendente Divina Comedia pueda alquímicamente transformarse, simplemente en la COMEDIA.
Referencias y Notas [1] Pero con excepciones destacadas como Aristarco de Samos que postuló un sistema heliocéntrico. [2] El Doble etérico y ´doppelganger´ son algunos de los muchos nombres que se le atribuyen. [3] Venus simboliza la sabiduría intuitiva o percepción interna. Por esto se dice que antes del nacimiento tenemos un destello intuitivo de nuestra próxima vida; y antes de morir experimentamos una revisión de la vida que hemos concluido.
El significado esotérico y simbólico detrás de la cosmología ptolemaica y el laberinto, se han tomado principalmente de las siguientes obras: Blavatsky, H.P.B, La Doctrina Secreta, Edit. Kier. Barborka, Geoffrey, The Divine Plan (El Plan Divino), Quest Books, 1986. Algeo, Prof. John, Labyrinth of Life (El laberinto de la vida), Quest Books, Edit. Teosófica USA, 1996. Tarn, Harold, The Soul´s Imperative (El Fundamento del Alma), Sociedad Teosófica en Inglatera, 1999.
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