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Vol. 132 - Número 12 - Septiembre 2011 (en Castellano) |
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Los pensamientos de J. Krishnamurti en un contexto moderno
S. SIDDHARTHA
El Dr. S. Siddhartha es un miembro de la Sección India de la ST.
El tiempo y la marea no esperan a nadie. El mundo continúa, y los hombres vienen y van. Algunos son buenos, otros son grandes, y otros antes de partir, dejan huellas que permanecen allí para siempre. Tal es el caso de J. Krishnamurti, el filósofo del moderno siglo diecinueve. No fue un Sankarâdhârya o un Râmânuja, y sin embargo fue la respuesta a la necesidad de la época. El Bhagavadgitâ dice, “dharma sansthâpanârthâya sambhavâmi yuge yuge”. Es la necesidad lo que produce grandes pensadores. El Señor Buddha apareció para brindar un antídoto al fanatismo de los rituales. Mohandas (Gandhi) se convirtió en un Mahatma cuando la confusión política en el país necesitó uno. De igual modo Krishnamurti llegó a la escena para liberar al hombre del adoctrinamiento a sus pensamientos. Él no enseñó ninguna religión, ni propagó ninguna filosofía. Por el contrario, quiso que el hombre se liberara a sí mismo de la rigidez y las limitaciones, no sólo de castas y credos, sino también de los grilletes de la tradición, las creencias y los rituales que nos atan desde antes del nacimiento. El siglo veintiuno está ubicado al borde de un peligroso precipicio. El análisis de Krishnamurti sobre la crisis, no ofrece soluciones prefabricadas, porque él no enseña ni predica. Su objetivo es hacer que cada uno piense por sí mismo. Él no es un Gurú o un Maestro, pero es un punto de referencia. “¿Cuál es el futuro de la humanidad?” Esta pregunta es de interés vital para todos porque la ciencia moderna y la tecnología claramente han abierto inmensas posibilidades de destrucción en la actualidad. Krishnamurti sugiere que el origen real de esta situación está en la mentalidad generalmente confundida de la humanidad, que no ha cambiado básicamente en este aspecto en toda la historia de la que existe un registro, y probablemente tampoco mucho antes de esto. Es esencial inquirir profundamente en la raíz de esta dificultad, si ha de existir alguna vez la posibilidad de que la humanidad pueda desviar el actual y muy peligro curso en el que se encuentra. Krishnamurti señala que el tiempo psicológico o el ‘devenir’ es la fuente misma de la corriente destructiva que está poniendo el futuro de la humanidad en riesgo. En el proceso del ‘devenir’, el cerebro de la humanidad ha acumulado mucho conocimiento, a través del tiempo. Esto ha condicionado profundamente la mente y ha producido un programa irracional y auto-destructivo en el que el cerebro parece estar atrapado sin poder hacer nada. Pero esta no es una situación inevitable. Krishnamurti enfatiza que la mente es esencialmente libre, y por medio de la percepción directa, puede cambiar las células del cerebro y eliminar el condicionamiento destructivo. La investigación moderna del cerebro y del sistema nervioso parece apoyar la afirmación de Krishnamurti, que la percepción directa puede cambiar las células cerebrales. Existen importantes sustancias en el cuerpo, las hormonas y los neurotransmisores. Estos afectan el funcionamiento total del cerebro y del sistema nervioso. Por lo tanto, la percepción directa, que surge en un estado de gran energía mental, podría cambiar las células cerebrales de modo profundo. Las ideas de Krishnamurti sobre educación son muy significativas en el contexto moderno. Él dice: La inteligencia es la capacidad de comprender la vida como un todo, y poner notas a los estudiantes, no asegura la inteligencia. Por el contrario, degrada la dignidad humana. El educador tiene un trabajo difícil. La mayoría de los padres están interesados sólo con el cultivo del conocimiento superficial que asegurará a sus hijos cargos respetables en una sociedad corrupta. Esta no es una situación feliz. Un desarrollo total del niño se puede producir sólo cuando existe la relación correcta entre el maestro, el estudiante y los padres. Krishnamurti le pide al hombre que sea justo consigo mismo, libre de todo prejuicio, tradición o fe. Una mente condicionada causa constante confusión. Un ejemplo ilustra esto con claridad. A un niño pequeño, Suresh, lo bañan su madre y su abuela. Luego lo ponen frente a una imagen de Cristo y le enseñan a colocar sus manos en actitud de adoración. Cuando le preguntan dónde está Dios, él señala la imagen. Con el transcurrir del tiempo, él leerá la Biblia e irá a la Iglesia. De modo similar, al niño musulmán le harán leer el Corán y dirá que Allah es Dios. El niño hindú estudiará las escrituras hindúes. El niño budista considerará a Buddha como el ‘más compasivo’. Y sucederá lo mismo con los niños de otras religiones. Veinticinco años más tarde, reunimos a estos niños, y les sugerimos la idea de ‘Dios’. ¿Cuál será su reacción? El joven cristiano no dudará de Cristo como el Dios verdadero, y lo mismo ocurrirá con los demás, según sus creencias. Cada uno de los jóvenes tal vez esté listo para perder su vida por su creencia, Dios y la religión. ¿Por qué cada uno piensa del modo que lo hace? Igual que un hombre ve el mundo según el color del cristal con que lo mira, estos jóvenes ven, según su entrenamiento o condicionamiento, ¿no es así? Por cierto, si a un bebé se lo deja crecer naturalmente, crecerá como una flor. La globalización, la ciencia, la educación, la espiritualidad, el materialismo, la pobreza y la prosperidad, todos ellos han hecho del mundo actual y de su gente algo complicado y confuso. “La Unidad en la Diversidad” no tiene importancia ahora. “La diversidad en la Unidad” tiene que ser ahora el slogan. Cada uno se tiene que conocer a sí mismo, aceptar que es responsable de sí, de sus pensamientos, sus creencias y su actitud hacia otros. Esta es la responsabilidad individual, que es de esperar que resulte en una salud colectiva. Entonces, comencemos cada uno de nosotros esta transformación humana, empezando por nosotros mismos.
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