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Vol. 132 - Número 12 - Septiembre 2011 (en Castellano) |
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La Naturaleza se conquista por la obediencia
S. U. MAHESH
El Sr. S. U. Mahesh es un miembro joven de la Rama Civil Station, en Bangalore.
Las palabras en esta afirmación parecen contradecirse entre sí. ‘Conquistar’ se refiere a la actitud de un individuo que aspira a alcanzar por la fuerza, a derrotar, socavar, o dominar al oponente por medio de la fuerza física o moral, para ser victorioso o superior. La obediencia, por el contrario, se puede relacionar con un individuo que sigue o acepta instrucciones sin cuestionar o sin un proceso del pensamiento. Tal actitud se espera de un esclavo o un soldado, que sigue la orden recibida de modo instintivo e inmediato. La Naturaleza respecto a nuestro entorno inmediato incluye las plantas, los animales, el suelo, los cerros, etc. Está en nuestra naturaleza individual ser el conquistador o el conquistado. Ante alguien fuerte, guardamos silencio o no realizamos acciones que provocarían la ira del superior, y sin embargo, a la vez, somos autoritarios con quienes son más débiles que nosotros. Los métodos que adoptamos y sus consecuencias a largo plazo, no sólo con la sociedad en la que vivimos, sino también con nosotros mismos, no encuentran un lugar en nuestro proceso del pensamiento. Continuamos suprimiendo nuestra voz interna para satisfacer nuestros precipitados deseos. Para perpetuar nuestro dominio o alcanzar la cima, intentamos crear un mundo más chico, interactuar con un grupo selecto y participar sólo de actividades que nos son provechosas o que magnifican nuestros logros pequeños o imaginarios, para llamar la atención. Mientras aspiremos a la felicidad material, mayor riqueza, poder y posición, este ciclo de victoria y derrota se repetirá reiteradamente. En el nivel individual hay ‘hombres religiosos’ inteligentes que prometen soluciones sin esfuerzo o molestia para quienes los siguen. Y las personas que siguen a tales ‘hombres religiosos’ son bastante inteligentes. Esto muestra que la gente quiere alcanzar un nivel más elevado o tener una vida cómoda sin tener que pasar por la experiencia requerida. Cuando las otras actividades de tales ‘hombres religiosos’ se desenmascaran, los seguidores buscan otro Gurú o Swami. Por otra parte, hay miembros individuales de la sociedad, deseosos de abandonar sus comodidades materiales, o incluso su vida, en su lucha constante por una sociedad justa y progresiva. Si tomamos un ejemplo a nivel nacional, tenemos ciertos países que han logrado y mantenido los niveles más altos en términos de educación, tecnología y servicios, y viven en democracia. Tales países avanzados tienen un sistema legal elaborado y bien equipado, donde incluso un simple violador de las normas de tráfico es rastreado, aprehendido y procesado en un corto tiempo. Pero también tienen leyes bancarias que permiten privacidad y completo secreto, y tales leyes han incentivado a personas en todo el mundo, que han hecho grandes cantidades de dinero con actividades ilegales y cuestionables, al guardar su dinero de modo secreto y seguro en los bancos de estos países. Se calcula que el total de los depósitos son casi la mitad de estos países ricos. La riqueza mal habida provine de países que están entre los más pobres del mundo, cuyos niños mueren por falta de alimentos y de agua potable, cuyos jóvenes son arrastrados a guerras civiles o al comercio de drogas, donde las mujeres y los ancianos no pueden llevar una vida digna. Pero, ¿por cuánto tiempo las personas de estos países avanzados, que se benefician indirectamente de tales leyes, se mantendrán aislados de la confusión que padece el resto del mundo? Los ciudadanos de tales países que se han dado cuenta de cómo se usan mal sus leyes, se lo están haciendo saber a sus gobiernos y compatriotas. Actividades reprochables de sus propios políticos, o el impacto negativo de tales leyes en el futuro, pueden forzar a sus gobiernos a cambiar las leyes. Las leyes hechas por el hombre procesarán inmediatamente a una persona sencilla por una infracción cometida involuntariamente, incluso aunque se de cuenta de su error y no dude en lamentarlo; mientras que el individuo deshonesto y astuto encuentra modos y medios de escapar de la ley. Cuanta más fanática es la sociedad, más bárbaras son sus leyes. La mente humana es a menudo excéntrica, ilógica y muy interesada, y trabaja en diferentes cosas para la sociedad mayor a la que pertenece el individuo. Cuando enfrentamos desafíos sin tratar de evitarlos o de interpretarlos negativamente, las dificultades que experimentamos agudizan nuestro intelecto y expanden nuestra mente. Una mente equilibrada e investigativa, después de vivir ciertas experiencias, elimina estas conocidas y a menudo indicadas cualidades humanas y trata de buscar las respuestas al ‘cómo’, ‘por qué’ y ‘luego qué’. Trata de descubrir qué nos creó y sustentó a nosotros y al Universo en el que vivimos. Si tomamos los ejemplos de los descubrimientos que el hombre ha estado haciendo en los dos últimos siglos, el descubrimiento de un nuevo virus o bacteria, de un nuevo lugar o galaxia, notaremos que produce gran agitación. Las personas que saben los modos y medios de obtener la atención de los medios de comunicación masivos, y con numerosas publicaciones que esperan una ‘noticia reveladora’ le dan a este descubrimiento una amplia cobertura. El descubridor obtiene el derecho a darle un nombre a su descubrimiento y luego le siguen premios y recompensas. Pero luego la mente pensante pregunta: “¿No existía antes este objeto descubierto?” Si es una planta o un animal puede haber estado por allí durante millones de años, y si es un planeta o una galaxia, entonces durante billones de años. La gente local, u hombres sabios que viven en armonía con la Naturaleza, siempre conocieron este objeto descubierto. Dependiendo de su influencia en la vida diaria de estas personas, le habrán dado un lugar apropiado en sus rituales y hábitos. Pero es sólo cuando documenta su existencia el así llamado ‘científico entrenado académicamente’, es que se convierte en un descubrimiento. De modo extraño, el hombre, que siempre ha sido parte integral de la Naturaleza, parece ser inconsciente de su existencia. Dedica gran cantidad de tiempo e inteligencia a actividades que no están en armonía con las leyes de la Naturaleza, imaginando y creyendo que haga lo que haga, es como debería ser. Incluso trata de asumir el rol de Dios o el Creador como un científico en un laboratorio o un así llamado ‘swami’. Es sólo después de un largo tiempo, cuando se da cuenta del propósito de la vida, que vuelve para comprender y seguir esas Leyes, o en cuando ocurre una ‘conversión’. Cuando la mente humana estudia la Naturaleza, se da cuenta que hay ciertas leyes definitivas o principios en los que se basan las actividades de la Naturaleza. La Naturaleza ha existido durante billones de años o más, y a pesar de las predicciones del fin del mundo, continuará. Parece ser complaciente y comprensiva. A pesar de todos los errores y equivocaciones que comete el individuo, la Naturaleza le da más oportunidades para mejorar. Probablemente observa la acción específica del individuo y también sus otras cualidades antes de actuar sobre él. Le da muchas experiencias por medio de las cuales la consciencia gradualmente despierta en él. Tal persona transformada es un valor para la sociedad, ya que guía a sus semejantes hacia el sendero correcto. Tales buenas acciones podrían equilibrar el mal karma creado por él antes. Eso significa que las leyes o los principios sobre los que la Naturaleza ha funcionado, no cambiaron, ni se detuvieron, ni se adulteraron o interpretaron de modo diferente. Se aplicaron uniforme y continuamente. A veces cuando ocurren ciertos hechos, puede que dudemos de la Naturaleza diciendo que es dura o incluso indiferente. Esto se debe a nuestra visión o comprensión limitada. Si tomamos el ejemplo de un astronauta o cosmonauta, antes de su primera incursión en el espacio, su pensamiento es ‘la superioridad de mi país, la superioridad de mi pueblo, la superioridad de los avances científicos que hemos hecho’. A medida que se eleva en el espacio, no ve ninguna frontera política, sus compatriotas ya no están visibles. Lo que ve es una Tierra y todo como parte de ella. Está envuelto por la belleza y vastedad del Universo. Todas las ambiciones materiales con las que él pudo haber crecido, todo el adoctrinamiento que su país le impuso, desaparecen instantáneamente sin dejar rastros. Las palabras ‘héroe’ o una ‘misión exitosa’ cuando regresa a la Tierra, probablemente no signifiquen nada para él. Ya no distingue a las personas por los cargos que ocupan, o la riqueza que tienen, el color de su piel o su edad. Un sentimiento de felicidad y una visión imparcial de la vida se vuelve su nuevo carácter. La mezquindad y el interés ya no existen más en él. ¿Significa esto que tenemos que hacer un viaje espacial para volvernos mejores personas? El servicio de pasajeros al espacio todavía está en una etapa experimental, y en el transcurso de nuestra vida tampoco va a ser accesible económicamente. Entonces, permaneciendo sobre la Tierra y viviendo en una sociedad como la de hoy, ¿cómo nos desprendemos de las limitaciones del cerebro, de las cualidades y de los hábitos que tenemos que son obstáculos para nuestro progreso hacia una vida holística? ¿Cómo nos movemos desde la naturaleza inferior hacia la Naturaleza superior? ¿Cómo comprendemos a la Naturaleza, sus leyes, sus principios, de modo que podamos implementarlos en nuestra vida diaria, desprendiéndonos así de una existencia emocional, indecisa y auto-centrada? ¿Cómo miramos al mundo del modo que es, y continuamos progresando en vez de pasar todo nuestro tiempo y energía haciéndolo como pensamos que debería ser? ¿Cuál es el Sendero correcto que debemos elegir y cuáles son las acciones correctas que deberíamos realizar? ¿Cuáles son las cualidades que deberíamos tener o infundir si tenemos que tomar el Sendero? O ¿nos impide el miedo a hacer algo mal, realizar cualquier tipo de acción? Si la Verdad es una tierra sin sendero, entonces las cosas se vuelven difíciles. Por lo tanto surge la pregunta, ¿en qué dirección debemos dar el primer paso, y cuántos pasos debemos dar antes de dar el próximo giro? ¿Vamos a buscar un guía? ¿Vamos a ir en la dirección que otros ya han ido antes? O, ¿nos arriesgaremos y enfrentaremos las cosas como vienen? Probablemente tendríamos que aplicar cada una de estas opciones en diferentes puntos del tiempo. Pero debemos avanzar. Muchas veces sentimos que hemos obtenido todo el entrenamiento o experiencia necesarios, y estamos listos para asumir cualquier cosa. Es como sentir que ya somos expertos nadadores, después de aprender a nadar en un estanque o en un río que fluye lentamente y que es de poca profundidad. Pero cuando vemos un océano, influidos por todos los elementos de la naturaleza y los posibles peligros al acecho bajo el agua, esa seguridad desaparece. Las respuestas a todas nuestras preguntas siempre han existido. Muchos grandes santos, mensajeros y avatâra-s las han repetido para refrescar nuestra memoria y fortalecer nuestra determinación. Han sido como un faro que muestra cuál dirección tomar, pero tenemos que movernos en esa dirección con nuestra propia fuerza.
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