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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 132 - Número 12 -  Septiembre 2011 (en Castellano)

 
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Desde la Atalaya

 

 

RADHA BURNIER

 

 

Abandonando este ‘mundo’

   Dos afirmaciones de Las Cartas de los Mahatmas a Sinnett dicen lo siguiente: “Si alguno de ustedes está tan ansioso de conocimiento y del poder benéfico que el conocimiento otorga, debe estar preparado para abandonar su mundo y venir al nuestro.” Este es un tema serio: ¿Está alguno de nosotros deseoso de abandonar el mundo porque queremos conocimiento real? “Déjenlo venir, por supuesto, pero como un aspirante del Maestro, y sin condiciones.”

   El Maestro expresó también esto de modo diferente. “Quien pretenda cruzar el límite del mundo invisible, no puede indicar por anticipado cómo lo hará, más de lo que un viajero que tratara de penetrar en los recintos subterráneos internos de Lhasa.” De modo que el aspirante que quiera entrar al mundo del Maestro, el mundo de la luz, no puede poner condiciones.

   En otro contexto, el Maestro dijo: “Debes venir incondicionalmente, sin consideraciones mezquinas del mundo.” Él también dijo: “La puerta siempre está abierta para el hombre justo que llama a ella. Y nosotros, invariablemente, damos la bienvenida al recién llegado. Sólo que, en lugar de ir nosotros hacia él, él tiene que venir hacia nosotros.” Mientras alimentemos nuestras ilusiones, no podemos cruzar el límite. Por lo tanto, podemos intentar comprender nuestras debilidades. Pensamos que vemos y sabemos, pero sólo sabemos algunos hechos, que pueden no ser hechos en absoluto. Por ejemplo, cuando decimos, conozco a tal o cual persona, tal vez conocemos algunos hechos de esa persona. Pero existe la ilusión de que sabemos todo. Incluso aunque conozcamos todos los hechos sobre esa persona, realmente no sabemos, porque es sólo en términos de un valor que no podemos describir, que existe el conocimiento.

   Lo que le ocurre al ser humano promedio es que se involucra en los objetos de percepción. En el momento en que llegamos a una conclusión respecto a un objeto (me gusta esto, no me gusta aquello; esto es lindo, aquello no), nos hemos involucrado psicológicamente. ¿Es posible ser indiferente al objeto de percepción en ese sentido?

   El objeto no desaparecerá. Está allí, la mente todavía observa al objeto de percepción, pero no se apropia del objeto, no emite opiniones, no se siente atraído ni lo rechaza. Pero simplemente por esta facultad de observar, de estar atentos, llega a conocer el interior de lo que sea.

   En una carta del Maestro, dice que Ellos sólo tienen que dirigir su atención hacia algo, y luego tienen una comprensión instantánea de lo que están observando. En otra carta, dicen que ellos viven en el Reino de la Verdad, y actúan desde la Verdad, que no es diferente de la Luz: es la Luz de la Verdad. Desde su punto de vista, todo nuestro conocimiento es trivial y nosotros pasamos mucho tiempo esforzándonos para obtener este conocimiento. Luego, nos consideramos expertos en esto o aquello.

   Puede ser de importancia práctica saber cómo está hecho un avión, y cómo vuela, y lo mismo con muchas otras cosas en el mundo. Pero aparte de lo práctico, no tiene ningún valor en absoluto. La persona que es experta en aviones, ¿es más feliz? ¿Más generosa, más compasiva, más capaz de liberarse de la miseria? De ninguna manera. El conocimiento real es diferente a lo que llamamos conocimiento. Es la percepción de la inmanencia de la Realidad Una en cada átomo, lo que crea una percepción de la belleza, una expansión del amor y la relación, una percepción en la naturaleza oculta de las cosas.

   Conocemos la famosa afirmación: “Quien no sabe, sabe. Quien piensa que sabe, no sabe.” Cuando una persona piensa “yo sé”, es sólo una pequeña actividad de la mente. No es una percepción de la naturaleza de lo que afirma conocer. Cuando existe esa percepción, no hay necesidad de decir, “yo sé”.

 

La vida es indivisible

   Pensemos en otro tipo de ilusión: la división. Incluso aunque teóricamente como teósofos podemos decir, “Toda la Vida es Una, por cierto la vida es indivisible”, permanece la realidad de que constantemente experimentamos el sentido de separación. Es fácil para nosotros hablar sobre la unidad, pero es a un nivel muy superficial. En lo profundo de nuestro subconsciente está este sentimiento del otro, incluyendo a todas las otras personas, cosas y criaturas.

   Probablemente es verdad que este sentido de separación surge con el crecimiento de la capacidad mental. La mente ve cada vez más diferencias a medida que se da la evolución. Todas las otras criaturas no se preocupan por las diferencias. Sólo quieren conseguir alimentos y sobrevivir. Pero lentamente el proceso del pensamiento se desarrolla: ¿De dónde voy a conseguir mi alimento? ¿Cómo voy a sobrevivir? La mente se desarrolla pensando en todo eso. Y los evolucionistas dicen que la individualidad se desarrolla, a medida que se desarrolla la mente.

   Pero, ¿por qué queremos continuar manteniendo ese sentido de separación? Pensemos en nuestras así llamadas reacciones normales. Alguien dice algo que no nos agrada. Entonces hay una reacción inmediata: ¿Por qué dijo eso? Eso no estuvo bien de su parte. Debería comportarse mejor.

   Cuando nuestra mente hace todo eso, puede que nos sintamos auto-complacidos, y creamos que estamos reivindicando derechos y normas; en realidad sólo estamos construyendo esta personalidad separada. Si la otra persona dice algo que no es muy agradable, por qué simplemente no ser conscientes de eso, sin reaccionar. Manténganse serenos y no se alteren internamente. Puede que no queramos enojarnos, pero existe otro aspecto al que sí le gusta, porque esa es una de las formas en que mantenemos nuestra identidad y separación. Sólo imaginen por ustedes mismos cómo sería la vida, si no existieran gustos y aversiones, nada que nos atraiga o que rechacemos, entonces, puede que sintamos que no existimos. Mi personalidad existe sólo debido a estas reacciones, que en menor grado difieren de las reacciones de los demás. Eso nos hace sentir bien. Mantiene nuestra identidad.

   De modo que gran parte de nuestra vida la pasamos manteniendo nuestra identidad separada. Esta es la causa básica de toda infelicidad y la gran infelicidad de todo el mundo. Esta es la razón por la que las relaciones nunca pueden ser pacíficas, porque cada uno de nosotros tira en una dirección diferente. Pero los Mahatmas no tratan de preservar una identidad o impresionar a otros con la personalidad. La verdadera individualidad o unicidad es algo diferente. Es parte de la Naturaleza producir la unicidad en todo. Pero como Krishnamurti solía decir, cuanto más tratamos de mantener nuestra personalidad, más somos como todos los demás. Estamos destruyendo la posibilidad del desarrollo de esa unicidad.

   El modo de ser ambicioso de una persona, su forma de saciar la ambición, puede ser diferente a la de otra. Pero realmente ambas son ambiciosas. Es un estado de la mente, y entonces ambas son iguales. Todos los que tratan de mantener su sentido de separación son iguales, duplicados de los demás.

 

El mundo de los Maestros

   En el mundo de los Maestros, todo esto no existe. Ellos viven en la eterna Verdad. Es un mundo de paz, no de lucha, de rivalidad, de frustración, de esperanza. La Paz es algo que no podemos tener mientras vivamos en el mundo de la ilusión, igual que el ciego no puede imaginar cómo es ver. Es un mundo en el que existe una unión que crea relaciones con todo lo que existe. En una de las cartas de los Mahatmas se dice que la Naturaleza ha construido un imperio en el que hay simpatía magnética con todo lo que existe, incluso entre la estrella más lejana y alguna persona u objeto aquí. Y la separación es una negación a ese hecho fundamental.

   Hemos considerado tres cosas que son en gran medida parte de nuestro mundo ilusorio, y entonces surge la pregunta, cómo podemos pasar de la ilusión a esa esfera de luz. El Maestro dice que la persona que quiere ir a lo profundo de las áreas subterráneas de Lhasa no puede decirle a su guía cuál es el camino para ir. Pero en el mundo moderno todos sienten que su libertad depende de hacer sus propias elecciones. ¿Qué sucede si progresan rápidamente en la dirección equivocada? Hacen lo opuesto a alcanzar el objetivo. La dirección es muy importante, la dirección dada por aquéllos que ya han ido hacia la luz, la sabiduría, la verdad. Esa es la razón por la que en una de las cartas de los Mahatmas, el Maestro dice que los Sabios de todas las edades han encontrado empíricamente, por experimentación, los medios hacia la iluminación. Los medios se han enunciado de formas diferentes, por diferentes personas, pero veremos que todas convergen en ciertas cosas. El Maestro incluye en su lista de medios: Pureza de pensamiento, palabra y acción. Pureza significa control, no hacer, hablar o pensar lo que uno quiere, sino aprender y luego actuar.

   En toda la Naturaleza existe un principio de control, por ejemplo, en una palmera, o en un árbol que crece muy alto, veinticuatro metros aproximadamente, y luego se detiene. Existen millones de palmeras que realmente son muy altas, sin ramas para equilibrarse. Si un árbol creciera más alto, no podría soportar el viento, y el clima. Sabe cuándo detenerse en su crecimiento. La mayoría de las criaturas no humanas saben cuándo detenerse después de comer. Sólo los seres humanos no lo saben. Si realmente lo observamos, veremos que la Naturaleza establece un punto final en varias cosas en el caso de criaturas que viven naturalmente. Pero se les deja a los seres humanos que impongan control ellos mismos.

   Debemos aprender a no hablar innecesariamente, aprender a usar las palabras correctas en las circunstancias correctas, no permitirle a nuestros pensamientos correr de aquí para allá, o que interfieran con todo lo demás que hacemos. Si vemos la ira surgiendo en nosotros, debemos controlarla, no ir inmediatamente a pelear con la otra persona. Eso es lo que significa la cultura para el ser humano: moderar nuestros pensamientos, palabras y acciones usando nuestra inteligencia para descubrir lo que realmente es bueno.

   Es muy difícil para nosotros saber qué está bien y qué está mal. Los seres humanos han hecho cosas terribles, pensando que hacían lo correcto. El Buddha dijo, considera cuidadosamente qué es bueno para todos, para otras personas, otras criaturas, para la atmósfera, para la tierra misma. Si estamos interesados en el bienestar de todos, nos impondremos límites a nosotros mismos.

   Esta es una de las cualidades que el Mahatma menciona. Actualmente a nadie le gustan los límites. Tenemos ideas erróneas sobre la libertad, pero pensamos que hacemos lo correcto, incluso en el nivel práctico. Por ejemplo, cuando una nación piensa que es competente para decidir cómo debe vivir otra nación, ¿está realmente bien?

   Pureza de pensamientos, palabra y acción es el modo natural de crecimiento espiritual, y cualquiera que diga: “A mí no me gusta eso”, no puede encontrar el camino hacia la luz. No podemos crear las condiciones para avanzar del mundo de la ilusión al mundo de la verdad o de la luz. Debemos escuchar, reflexionar y meditar, y percibir profundamente en nuestro corazón qué cambios deben ocurrir en nuestra propia psicología, en nuestra consciencia.

 

 

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