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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 132 - Número 8 -  Mayo 2011 (en Castellano)

 
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La Psicología analítica:

¿decae?

 

 

L. J. BENDIT

 

Reimpreso de The Theosophist, abril 1936.

  

La Ley de Polaridad

   Los teósofos están familiarizados con el concepto de “los pares de opuestos”, mientras que los estudiantes de yoga saben que es parte del trabajo del aspirante conquistar estos pares de opuestos que pertenecen al reino de Mâyâ, o la ilusión, y le ocultan la Verdad. La “conquista” requerida es, más correctamente, la resolución de los polos opuestos en un tercer estado en el que estos polos se combinan. Por lo tanto, si combinamos una carga positiva de electricidad con su carga igual opuesta negativa, las cargas eléctricas como tales desaparecen. ¿Qué sucedió con ellas? Como energía material, dependiente como es de la existencia de ciertas tensiones, se desvanecieron juntas, se cancelaron mutuamente y dejaron de existir. Sin embargo, podemos postular que en algún lugar del Cosmos, esos dos existen en un estado equilibrado, no-material, que no podemos expresar ni como (+) ni como (-), sino como (+ -).

   Además, Newton afirma en una de sus Leyes: “Para cada acción existe una reacción igual y opuesta”. Una carga eléctrica positiva ipso facto induce una carga igual y opuesta negativa en su entorno, y hay un estado de tensión entre las dos que, para lograr la estabilidad, se deben equilibrar. Esa tensión sólo se libera cuando las cargas dejan de existir.

   Anteriormente hemos hablado en términos de física. Pero lo mismo es igualmente válido cuando consideramos la psique humana. Porque aquí también, el esfuerzo de la Naturaleza (es decir, el ego) es producir siempre el equilibrio. Si tiene éxito en lograrlo y restablecer la salud, se logra el equilibrio resolviendo cualquier “par de opuestos” en su tercer estado, es decir, integrándolos y armonizándolos consigo mismo. Si, por el contrario, no tiene éxito en esto, intenta equilibrarlos sin resolverlos, entonces tenemos una condición de tensión entre ellos, que es neurosis. Un total fracaso en el equilibrio representa psicosis o demencia.

   Resumiendo, podemos decir que la polaridad es un estado de los mundos personales o materiales, mientras que la unidad, la integración o la polaridad resuelta, es la del mundo espiritual del Ego. Al principio, el Logos creó los mundos materiales y todas las criaturas allí. “Varón y hembra los creó”. Pero los dioses de todas las religiones o tienen esposas o se muestran como hermafroditas, combinando ambos sexos en ellos.

   La existencia de un intento para procurar el equilibrio en la personalidad puede no ser inmediatamente visible. Supongamos que una persona, en relación con cualquier cosa o persona, o con cualquier aspecto de sí mismo, tiene cierta norma de sentimiento, una actitud que -estando en armonía con lo que debería sentir en su posición particular en la escala evolutiva- es para él equilibrada y saludable. Si las circunstancias alteran la relación de modo que se desvía hacia un lado u otro de esa norma, entonces se produce el desequilibrio. La Naturaleza (el Ego) inmediata y automáticamente restablece el equilibrio, proveyendo un sentimiento igual y opuesto en el individuo. Si estos dos se unen, la norma se restablece. Pero si no ocurre, es razonable que los dos no pueden ser aceptados inmediatamente por la consciencia del individuo, entonces se produce una grieta en su personalidad, y cuando un sentimiento es consciente, el otro debe naturalmente estar oscurecido o reprimido.

   Digamos que un niño tiene cierta relación normal con su madre. Algo ocurre y ésta se malogra, el niño se siente ofendido por su madre, tal vez con buena razón. Pero algo en el niño, o más usualmente la moralidad impuesta en él, le dice que esto no debería ser así, y trata de arreglar las cosas, pero falla. El niño entonces desarrolla un aspecto de la relación, en la que se vuelve demasiado afectuoso hacia su madre. Claramente el resentimiento y el apego morboso son incompatibles, y por lo tanto sólo uno puede existir en determinado momento en la consciencia. La emoción aceptable es la que la “sociedad” aprueba, y es la más cómoda para el niño. Asumamos que los sentimientos conflictivos continúan existiendo y se vuelven más poderosos y complejos a medida que pasa el tiempo. En el intento de mantener el equilibrio, el niño, ahora un hombre adulto, puede desarrollar miedo y ansiedad -siente la tensión entre los dos opuestos. O puede tener éxito en mantener a ambos completamente separados, desarrollando una “personalidad dual” (éstos son los casos de los diarios de “pérdida de memoria”). O puede volverse loco, es decir, abandonar la lucha, etc.

   De cualquier modo, si se somete a análisis, tarde o temprano, tendrá que darse cuenta de que lo que tomó como “adoración” a su madre es en realidad un disfraz para un resentimiento profundamente arraigado. Y, cuando ve esto, y separa el complemento reprimido de sus pretensiones sentimentales extremas hacia la madre, el resentimiento desaparece junto con el afecto exagerado, y puedo lograr una relación saludable y normal con ella. 

   En otras palabras, resolvió los “opuestos”, alivió la tensión entre ellos, y se armonizó con su verdadero Yo.

   Hasta ahora el análisis ordinario funciona. Pero si miramos más profundamente, vemos que hay una “polarización” mayor en una dimensión diferente, por así decirlo, que se mueve por toda la personalidad. Porque siempre existe un conflicto entre la consciencia Egoica que inspira los vehículos inferiores, y la consciencia de los vehículos materiales mismos; hasta que la integración perfecta del Ego y la personalidad se logre, los polos aquí son Espíritu y Materia: la resolución de éstos nos saca del reino de ambos, y nos lleva al mundo Monádico, es decir convierte al hombre en Maestro. No podemos ir más allá de esto.

   Agrego una lista de palabras, en tres columnas: las columnas externas representan palabras “polares”; la columna central indica las palabras que denotan resolución de los “polos”. La lista se podría extender indefinidamente.

 

 

Masculino

Hermafrodita

Femenino

Hombre

“Dios”

Mujer

Placer

Felicidad

Dolor

Lindo

Verdadero

Desagradable

Atracción

Unión

Repulsión

Introvertido

Maestro

Extrovertido

amor

Amor

Odio

Acción

Desapego

Reacción

Ira

Aceptación

Auto-compasión

Actividad

Armonía y Ritmo

Pasividad

Coraje

Aplomo

Miedo

Licencia

Libertad

Represión

Pasado

Ahora

Futuro

Espíritu

Mónada

Cuerpo

  

Karma y Análisis

   Hemos visto cómo las fuerzas kármicas que funcionan en un individuo se pueden dividir en las que funcionan dentro de la personalidad y las que afectan esa personalidad desde afuera. El desarrollo del individuo depende de la interrelación de estos dos, la reacción de la personalidad y su medio.

   A la personalidad no le gusta el mal karma ni las experiencias desagradables y se aleja de ellas, el resultado es que tendemos a recordar las cosas que nos gustan y a olvidar las otras. Pero hay dos modos de olvidar. En uno, algo meramente desaparece de la vista, pasivamente, mientras que en el otro los procesos activos afines a huir o a la repulsión del peligro, se traen a la práctica. El segundo se llama represión, y se usa donde una experiencia ha sido tan activa y agresivamente dolorosa como para causar un moretón o una herida a las emociones. Entonces, todos tenemos un “olvido” que es mucho más grande que nuestra memoria consciente, en la que hay recuerdos perdidos deambulando en la oscuridad y que son fácilmente llamados a la luz, y también células en las que tratamos de encerrar los sentimientos dolorosos más activos. Si tenemos éxito en cerrar la puerta, la experiencia concluye. Pero, a menudo, fallamos, y luchamos constantemente para mantener a nuestro prisionero encerrado. Los síntomas de neurosis son signos de esta lucha.

   En el análisis, el objetivo es abrir las puertas ampliamente, para traer la emoción dolorosa a la consciencia, o para permitirle que fluya hacia fuera, eliminando las inhibiciones existentes a su alrededor. Y luego el paciente descubre que el temido monstruo se encoge volviéndose un mero ratón, y cesa de ser un objeto de terror.

   Por medio de la aceptación, la Bella, en el cuento de hadas, convirtió a la Bestia en un bello príncipe; sólo era una Bestia mientras ella huía de él. Huimos del acoso de los Cielos, sólo para encontrar refugio en sus brazos. Jesús no se habría convertido en Cristo, el Ungido, si no hubiera aceptado a Getsemaní, la Pasión, y el Descenso a los Infiernos, que le dieron el derecho a “sentarse a la diestra del Padre”.

   Quien es analizado está preparado a aceptarse a sí mismo incluso en sus aspectos más humillantes, no debe esperar que esto resulte agradable. El proceso ha sido llamado “la agonía del análisis”. Pero si, en el entorno, existe la consciencia de que soportando esta agonía uno está rompiendo grilletes, el aspecto doloroso se transforma.

   Además, es razonable que al aceptar, y por lo tanto al liberarnos de nuestra personalidad y de las dolorosas experiencias que ha sufrido, por así decirlo, estamos girando y aceptando el karma que viene del pasado, y eliminando sus limitaciones. Hasta qué punto se hace esto, depende del individuo y de su disposición a soportar el dolor. Pero me aventuro a sugerir que el hombre o la mujer que es psicológicamente “libre”, libre de los motivos y deseos  inconscientes de sus cuerpos astral y mental, verá que después de la muerte tendrá muy poco del aspecto del “purgatorio” de la etapa pos mortem -parece ser que esta región del plano astral inferior se relaciona con el trabajo con cabos sueltos y deseos no resueltos.

   Más aún, si tal cosa como un “análisis completo” fuera posible, todos los lazos kármicos se resolverían, y el individuo sería entonces libre de la Rueda de Karma, y del nacimiento y la muerte. Una consideración teórica, tal vez, pero digna de mención aunque sólo sea para su consideración.

 

 

El hedonismo superior

   Todos queremos ser felices. Algunos tratan de encontrar su felicidad ignorando la Vida y sus problemas, tomando tantos placeres como sea posible.

   Otros encuentran placer siendo mártires, por lo tanto sienten que deben ser personas magníficas, bondadosas, que se auto-sacrifican, que tienen altos principios, y sus pies en el sendero de la santidad, en la terminología de la psicología moderna a estas personas las llamamos masoquistas. En la antigüedad, los romanos (con quienes bien podemos simpatizar) los arrojaban a los leones, donde por lo menos cumplían un verdadero servicio al saciar el hambre de los pobres animales. Porque el sacrificio desempeñado ya sea para obtener un balance positivo de buen karma, o por vanidad, no es sacrificio en el verdadero sentido de “hacer sagrado”. El verdadero auto-sacrificio no da ni dolor ni placer a quien lo ofrece, es absolutamente no reactivo, y la acción o la renunciación a la acción que llama sacrificio se hace porque es lo único posible de hacer, a la luz de la consciencia espiritual. Es meramente incidental que pueda obtener buen karma, y no tiene ninguna importancia.

   “La cizaña gigante del egoísmo”, sin embargo, está profundamente enraizada, y sus raíces son tortuosas. Más aún, a la personalidad le gusta ignorar cualquier cosa que la haga sentir incómoda. Los “elementales” -físicos, emocionales, mentales- son egoístas en sí mismos, y tienen buen éxito en racionalizar, oscurecer y justificar tendencias egoístas, de modo que el hombre que las tiene cree que está libre del egoísmo inferior, mientras que constantemente se complace al máximo.

   Sólo la yoga y el análisis de la yoga pueden ayudar al hombre a darse cuenta de la falsedad de su posición respecto a su yo, y a fin de comenzar a ver esto, primero debe obtener el indicio de que no está realmente feliz. Con el amanecer consciente de este “descontento divino” se abre la puerta para liberarse de él. El Sr. Krishnamurti nos dice que debemos invitar -a esta insatisfacción, este dolor, esta duda- a nuestro corazón, como el primer paso para encontrar la Liberación.

   En nuestros consultorios tenemos a quienes de algún modo ya son infelices, y tal vez el Karma ha sido bondadoso con ellos, porque a partir de ese descontento patológico pueden encontrar una avenida hacia la percepción de que su enfermedad los lleva a tiempo a un descontento más importante, que es hacia alturas insospechadas, porque vienen a analizar y a darse cuenta de sus causas, que va cada vez más allá, hasta que finalmente esa percepción los lleva al Yo mismo.

   Sin embargo, quienes no están “enfermos” (y ¿qué persona pensante afirmará que está totalmente conforme consigo mismo?) pueden encontrar la práctica de alguna técnica de enfoque hacia sus problemas, ya sea esto yoga científico, ejercicios devocionales, o la técnica occidental moderna que emerge del punto de vista analítico. Todos ellos pueden llevar al mismo punto: kaivalya, Auto-realización, Liberación, Libertad.

   Pero, mientras la yoga es el tema de muchos tratados, y se ha diagramado y planificado totalmente, el análisis le ofrece al aventurero el ejercicio de encontrar su camino, guiado por la estrella polar de la intuición, por un país no explorado y desconocido. Los Teósofos, principalmente, pueden ayudar a planificar este camino, no sólo transitándolo ellos mismos, sino también comparándolo con lo que conocen en otras direcciones.

 

Recapitulación

   Estoy consciente de cuántos asuntos se han omitido en este artículo, como así también de cuántos se han mencionado o que sólo se han tratado brevemente. Mi objetivo, sin embargo, ha sido escribir un artículo (no un libro) para sugerir un campo útil de estudio, un estudio no sólo de la comparación objetiva entre la Teosofía y la psicología moderna, sino también un nuevo enfoque por el cual los teósofos pueden comenzar a estudiarse y comprenderse a sí mismos.

   Intencionalmente dejé de lado todo debate de “las escuelas” -Freud, Jung, Adler, etc. Su contenido se puede encontrar en los libros. Por el contrario, me he esforzado en dar una visión del análisis que es el resultado de estudiarlo desde un punto de vista que era teosófico antes que el análisis apareciera. Muy bien puede ser que, como resultado, se me diga que comencé con un sesgo contra lo que he llamado psicología materialita. Esto puede ser así, pero no lo creo, y al leer artículos escritos, por ejemplo, por ciertos freudianos, cuando me pregunto por qué su interpretación de ciertos fenómenos debería ser verdadera, y por qué no debería serlo, creo que al rechazar sus puntos de vista me guío no por preconceptos sino por la experiencia. Si uno siente, intuitivamente, que el hombre es un ser espiritual que tiene cuerpos, y no un cuerpo que puede tener, o puede que no tenga una naturaleza espiritual nebulosa sujeta en el entorno, se deduce que el énfasis debe ser el opuesto al del materialista.

   También intenté, al mostrar cómo algunos psicólogos analíticos están trascendiendo rápidamente el materialismo, siguiendo de ese modo la estela de los científicos físicos, cuyos descubrimientos los conducen al límite mismo del misticismo: Sólo necesito mencionar aquí a Eddington y a Jeans.

   Es verdad que la psicología todavía ignora mucho de lo oculto. Los chakras, entidades obsesivas y temas similares, todavía están fuera de su comprensión. Sin embargo el camino se está abriendo lentamente hacia una aceptación de tales ideas, y bien podemos imaginar lo beneficioso que será para la nueva ciencia.

   A su vez, el punto de vista analítico, aplicado adecuadamente, ya es un correctivo valioso para nosotros mismos y nuestros puntos de vista,  así como lo es para nuestra reacción hacia los demás. Fácilmente caemos en un surco de pensamiento, cristalizamos nuestros credos, y (en una frase popularizada ahora en nuestro medio) atraemos “abejas a nuestros sombreros”. Esto no puede suceder si nos mantenemos alertas y preparados, con sentido del humor, para observarnos a nosotros mismos y a nuestras reacciones cuando nuestras opiniones se cuestionan. Si nos mantenemos alertas no podemos envejecer, pero debemos conservar esa cualidad de flexibilidad y elasticidad que es característica de la mente que es siempre joven y que está en constante crecimiento.

 

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