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Vol. 132 - Número 8 - Mayo 2011 (en Castellano) |
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Nuestra actitud y deuda hacia la ciencia
EDI D. BILIMORIA
El Dr. Edi D. Bilimoria es un científico, autor y músico, que vive en Inglaterra.
Anomalías entre la literatura teosófica y la ciencia
Aquéllos que intencionalmente se ponen a refutar las afirmaciones hechas en la literatura teosófica clásica (La Doctrina Secreta, Las Cartas de los Mahatmas, etc.) encontrarán muchas anomalías entre ésta y la ciencia moderna. Quienes se inclinan a confirmar la Ciencia Oculta a la luz de la ciencia moderna también tendrán éxito al hacerlo, porque lo que descubran reflejará lo que se han dispuesto a hacer en primer lugar. El filósofo innato inglés, teórico y experimentador, John Michell, señaló cómo el universo (conocido) le refleja obligatoriamente al desprevenido cualquier creencia que proyecte en él, brindándole pruebas de su propia creencia, en un mecanismo de retroalimentación cerrado; karma puede ciertamente tener un sentido del humor irónico. De modo que la medida del temple y calibre de un verdadero investigador es su habilidad para romper con este circuito cerrado, cuestionando constantemente sus suposiciones favoritas, su dependencia psicológica de ideas familiares o de personalidades, y sus sistemas de creencias. Sin embargo, quienes investigan La Doctrina Secreta, y Las Cartas de los Mahatmas, etc., con una mente abierta, más una pasión sin motivos por la Verdad, pueden muy bien encontrar verdades eternas que a veces aparecen inexactas e imprecisas (para el científico) debido a la necesidad de tener que representar y expresar ideas abstrusas (a) usar los conceptos de nuestro mundo físico espacio-tiempo cuatri-dimensional, y (b) en términos del lenguaje, la cultura mental y el conocimiento científico prevaleciente en el siglo diecinueve cuando se produjo el vasto flujo de esta literatura. Las verdades eternas sobre la Deidad, el Cosmos y el Hombre tuvieron que ser (a) “eliminadas” para que le viniera bien a nuestras facultades y comprensión limitadas, y (b) filtradas por “velos” para protegerlas de revelar demasiado a las multitudes ignorantes. Por lo tanto, malentendidos, distorsiones e inexactitudes van a ocurrir, igual que cuando un objeto tridimensional se representa como la información digital que constituye su fotografía bidimensional. Los errores de hecho no se deben confundir con inexactitudes que inevitablemente aparecen en un intento de capturar lo inefable en pensamiento y lenguaje. Por esta razón, La Doctrina Secreta y otras grandes obras de ese periodo, por ejemplo La Sabiduría Antigua de Annie Besant, se deben leer, en gran medida, como un vasto símbolo con un rango de significado y, como HPB lo aclara, como un tipo de fórmula algebraica abstracta. Quienes lo han tomado literalmente como valor nominal, como un ícono, están condenados desde el principio. Las doctrinas ocultas deben ser apreciadas en su aspecto total y panorámico, porque es fácil exagerar los errores menores (supuestamente) descubiertos por la ciencia, a expensas de las verdades mayores aún sin descubrir, y no sujetas a investigación por tal ciencia. Dicho esto, es deplorable deleitarse sin sentido crítico de cada palabra de los escritos originales teosóficos (llamados de la primera generación), y denigrar todo el valor de los escritores posteriores (llamados de la segunda generación), y otros que están afuera de la principal corriente de la Teosofía, junto con la actual tendencia a deificar a HPB y los Maestros con una omnisciencia infalible. Esta actitud no muestra ni devoción, ni reverencia a los Fundadores, y menos aún un amor por la verdad, sino simplemente inmadurez y fanatismo idólatra nacido del egoísmo.
Examen científico, sus limitaciones y contexto
El examen y la experimentación científicos son vitales, pero dentro de sus límites y contexto apropiados. Mientras que La Doctrina Secreta sí contiene afirmaciones de estricta información científica posible de examinar (principalmente en el Apéndice sobre Ciencia Oculta y Moderna), gran parte del material simplemente no es compatible con los métodos de la ciencia occidental, y, como se mencionó anteriormente, es fácil obsesionarse con errores de detalles menores y perder la verdad de la totalidad, de todo el panorama presentado. Sin embargo, encontrándonos con la ciencia en sus propios términos, ¿por medio de qué metodología propone la ciencia que reunamos evidencia sobre la validez de, por ejemplo, las Cuatro Nobles Verdades de Buddha, o las Tres Proposiciones Fundamentales en el Proemio de La Doctrina Secreta? ¿Puede la ciencia verificar la Ley de Karma, o que la Compasión es la Ley de Leyes, o el rol de los Mânasaputras en despertar la mente dormida de la tercera Raza-raíz del hombre? ¿Son las placas tectónicas modernas fundamento suficiente para investigar si los continentes de Lemuria y Atlantis existieron o no? Si (con toda seriedad) la ciencia todavía tiene dificultad en explicar cómo ocurren actualmente los círculos en los trigales, ¿puede estar tan segura de sí como para desaprobar la existencia de continentes perdidos millones de años atrás? Más aún, cómo le demostramos a la ciencia que el sistema oculto no es una fantasía del hombre, sino el archivo no interrumpido de Adeptos, examinado por ellos durante siglos de experiencia, usando sus facultades internas mentales, psíquicas y espirituales perfeccionadas como instrumentos de investigación, más que los aparatos de laboratorio de los científicos, externos y físicos? La Ciencia y el intelecto no pueden decirnos qué hay en ellos mismos, es más, nos dicen lo que no son. La ciencia es sólo un método (la dimensión “horizontal”) para investigar la verdad. Existen otros modos de corroborar “evidencia” que puede no satisfacer la metodología de la ciencia occidental, pero que sin embargo son auto-consistentes y válidas en sí mismas (las mitologías auto-consistentes de razas en todo el mundo, para mencionar sólo una). Más aún, la ciencia en el total sentido del término deriva del latín scire, que significa `saber´, y no debe ser equiparado exclusivamente con la metodología de la ciencia occidental. Por lo tanto es perfectamente significativo hablar sobre la ciencia de la yoga, la ciencia de la astrología, o la ciencia de la religión, aunque el modus operandi de la yoga, la astrología y la religión, difícilmente apaciguará el paradigma actual de la corriente dominante (“normal”) de la ciencia.
La corriente dominante, ciencia materialista
He reflexionado bastante sobre el motivo por el que parece haber un intento deliberado evidente de la Naturaleza (los Poderes existentes, si así lo prefieren) para impedirle al público en general tener acceso al conocimiento sobre fenómenos super-físicos (paranormales). ¿Por qué las instituciones científicas gobernadas por los sacerdotes del cientificismo alcanzan tanto éxito en desacreditar lo que no sea la corriente dominante, la ciencia materialista? Uno sólo tiene que mirar a la locura del Viagra para comprender por qué. Luego mirar lo que yo llamo “ingeniería de la vanidad o del glamour”, particularmente, esos aspectos de la ingeniería genética y experimentos que implica inmensa crueldad a animales, para cautivar el sentido de vanidad del hombre. Los poderes y habilidades psíquicas latentes, una vez que se vuelvan propiedad pública son mucho más posibles de convertirse en una maldición, en manos del egoísta, que en una bendición como cuando aplicados altruistamente para la humanidad como un todo, sin ningún pensamiento de beneficio personal. El uso incorrecto del Viagra es una cosa, el mal uso de los sidhis podría llevar a consecuencias mucho más terribles. Por lo tanto, la Filosofía Oculta divulga pocos de sus misterios vitales más importantes. Los deja caer como perlas preciosas, una a una, bien separadas unas de otras… (ver “La Fuerza que viene” en La Doctrina Secreta, donde se describe la fuerza etérica descubierta por Keely). La Naturaleza por lo tanto parece estar trabajando por medio de agentes de la corriente dominante de la ciencia y la mediación de los diferentes establecimientos científicos para inhibir la diseminación al público en general de ese conocimiento superior que, si estuviera disponible libremente, y confirmado generalmente por la ciencia, haría mucho más daño que bien, dado el estado actual de la humanidad en masse. Tenemos una deuda perversa de gratitud a la corriente dominante de la ciencia occidental por salvaguardar a la humanidad hasta que esté mejor preparada, como un todo, para recibir conocimiento secreto. Por lo tanto, sin una Fraternidad verdadera de la Humanidad tanto de hecho como en pensamiento (ver La Carta del Maha Chohan), y un firme control sobre el yo personal, el conocimiento psíquico, etc., permanecerá siempre propiedad de individuos y grupos aislados, pero no integrados en una mente humana común. El éxito de nuestro Tercer objetivo depende por lo tanto críticamente del éxito de nuestro Primer Objetivo, de lo contrario la Sociedad Teosófica descendería ciertamente a ser “una academia de magia, un hall de ocultismo” (citando al Maha Chohan otra vez). Lo que no se puede explicar en unas pocas palabras es el hecho que, a pesar de las enormes contribuciones de la corriente principal de la ciencia hacia el bienestar físico de la humanidad, esta ciencia, a su vez, crea algunos de nuestros problemas, y luego nos protege de los peores efectos de lo que creó.
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Dos pasajes de importancia capital de la Conferencia “Blavatsky” dada por el Profesor Arthur Ellison, nos exhortan a llevar a cabo algo de pensamiento independiente a fin de transformarnos en teósofos prácticos, más que eruditos ratones de biblioteca esotéricos.
Un curso de estudio teosófico debe implicar la lectura crítica de otros libros escritos por pensadores e investigadores fuera de la Sociedad, y comparar y contrastar los diferentes puntos de vista. La ciencia, la filosofía y la religión comparativa (como se menciona en nuestro Segundo Objetivo), no podría ser más claro.
Proclamar a una persona como autoridad infalible sobre un tema desconocido para que quien lo proclama, es mostrar fanatismo más que razón. La Sociedad Teosófica… puede ser lastimada por el celo ciego de quienes adhieren su fe a cualquier investigador, y condenan a todos los demás (cita de Annie Besant).
Pero dicho esto, queda una consideración mucho más fundamental todavía… La ciencia occidental y la Ciencia Oculta no se pueden comparar directamente. Es sólo significativo comparar esas cosas que están dentro del contexto o en el mismo plano, por así decirlo. Para dar un ejemplo musical, ustedes pueden comparar a Arthur Rubistein con Vladimir Horowitz, tocando por ejemplo, Chopin; ambos eran pianistas virtuosos de destacado calibre y de la misma generación. Pero ustedes NO PUEDEN comparar a un pianista amateur con el más experimentado mecanógrafo de oficina del mundo, aunque ambos finalmente manifiesten los aspectos mecánicos de su habilidad usando sus dedos sobre un teclado (comparar la velocidad de los movimientos de los dedos en sus respectivos teclados es la única comparación que es viable en este caso, y sin embargo es insignificante). Entonces por ejemplo, comparar el Big Bang (es decir, descripciones científicas de cosmogonía) directamente con cosmogonía Oculta (sin afirmaciones preliminares) es cometer un error. Todo lo que pueden hacer es comparar los aspectos del plano físico de la Ciencia Oculta con la ciencia, porque aquí es donde se contactan y donde ambos están dentro del contexto, y eso es todo. Siempre que lo mayor se compara con lo menor, se pierden muchas dimensiones, o mejor dicho se ocultan: porque lo que es explícito y objetivo en el primero se vuelve cada vez más oculto e implícito (envuelto) en el segundo. De ahí que las diferencias percibidas entre los dos esquemas son un resultado de esta pérdida de dimensión sutil. El menor nunca puede “comprender” al mayor, aunque el último tenga infinita paciencia por el primero. Lo que significa que la ciencia tiene que elevarse para intuir las verdades Ocultas, no bajar estas últimas a su propio nivel, con lo cual muchas dimensiones de sutileza se pierden por ser “degradadas” para adaptarlas a las limitaciones y contexto de la ciencia física. Habiéndome expresado, no piensen ni un momento que La Doctrina Secreta es un libro irrefutable. En una obra de tal dimensión que habrá ciertamente algunos errores e imprecisiones. La ST necesita el espíritu de la regeneración enérgica y mucho de eso viene de la ciencia, no de la Teosofía! No puedo imaginar nada peor que el fundamentalismo teosófico, que existe (según mi opinión), pero afortunadamente en una medida tan pequeña que no domina a la Sociedad (todavía).
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