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Vol. 132 - Número 4 - Enero 2011 (en Castellano) |
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En mi inicio está mi fin
MARY ANDERSON
La Sa. Mary Anderson ha sido Vice-Presidenta internacional de la Sociedad Teosófica. Charla dada en el Congreso Mundial en Roma, 2010.
“En mi inicio está mi fin” es una cita de East Coker, de T. S. Eliot, (además, el eslogan de la Reina Mary de Escocia era, “En mi fin está mi inicio”.) Tal vez ustedes adivinen por el título lo que intento decir. El tema del Congreso es: “Fraternidad Universal, un camino hacia la comprensión”. De igual modo, considero que podríamos decir: ¡”La comprensión, un camino hacia la Fraternidad Universal”! Otra cita similar, esta vez de Little Gidding de T. S. Eliot, dice: “El fin es donde comenzamos”. Entonces, ¿comenzaremos por el final?, en otras palabras, ¿reflexionaremos sobre el discernimiento como el comienzo y la fraternidad universal sin distinciones, como el final? El comienzo de cualquier trabajo, generalmente se lo considera importante. Citando al poeta alemán Rilke: “Hay magia en cada nuevo comienzo”. Una amiga mía me dijo que, siendo adolescente, cuando ella comenzaba una nueva fase en su vida, tal vez al ir a la universidad o al empezar un nuevo trabajo, su abuela le decía, “Lo esencial es comenzar bien”. Este consejo la impactó, y trató de seguirlo toda su vida. ¿Por qué debe ser importante el comienzo de cualquier acción o cualquier sendero que uno toma en la vida? ¿No debe involucrar nuestro motivo, la razón original de nuestra acción, el espíritu con el que emprendemos algo? Además, debería indicar la dirección en la que intentamos avanzar. Si nuestro objetivo lo consideramos espiritual, pero nuestro motivo, toda nuestra actitud y por lo tanto nuestro punto de inicio son egoístas, empezamos con el pie equivocado y avanzamos en la dirección del auto-interés y no en una dirección espiritual. Por otra parte, si nuestro motivo es esencialmente generoso, filantrópico, espiritual, seguiremos el camino que conduce al amor, la filantropía, la fraternidad universal sin distinciones. Fue la percepción comprensiva del Señor Buddha, del sufrimiento humano, su solidaridad con toda la humanidad lo que lo llevó al sendero que conduce al alivio de ese sufrimiento. Y así también, en La Voz del Silencio, la llave de oro del primer portal del séptuple sendero, semejante a la balsa que conduce a la otra orilla, es dâna, “La clave de la caridad y el amor inmortal”. ¿Qué relación tiene el amor con la comprensión? Consideremos a los niños. ¿Hemos observado a niños jugando, absortos con una muñeca o un tren de juguete? Siempre recuerdo la expresión en el rostro de una niña, sentada en las rodillas de una amiga mía, cuando probó una frutilla por primera vez: la sorpresa, la maravilla, la revelación en sus rasgos, su percepción. Existe un movimiento en la OTS en Inglaterra, llamado “Ositos para la tragedia”. Voluntarios tejen ositos que se envían a niños enfermos de países del tercer mundo. Y cito: “Los médicos que tratan a niños en países del Tercer Mundo, han descubierto que los niños que tienen su propio osito para abrazar, se mejoran más rápidamente que quienes no lo tienen. A cada niño se le da un osito y se lo pueden llevar a casa.” Otro ejemplo de percepción es la experiencia de un erudito o un científico que tiene un problema para resolver. Él o ella puede pensar seriamente en el problema, darle total atención, no percibir nada más. Esto no siempre resulta en la solución del problema, en que se aclare. Pero después de concentrarse en primer lugar, y luego dejarlo de lado, relajarse, tal vez hacer una caminata o irse a dormir, la solución puede presentarse sola. ¿Se le entregó el problema al subconsciente? ¿Relajarse y descansar trajo la solución a la superficie? ¿No jugó una parte importante el discernimiento original? Un ejemplo similar es el de un monje Zen luchando con su koan. Un koan es una situación o afirmación aparentemente absurda, en la que el monje va cada vez más profundamente, hasta que puede encontrar una solución ¡que puede no parecer una solución en modo alguno! Para dar un ejemplo:
Un pequeño ganso es puesto en una botella el ganso crece y no pueden sacarlo de la botella sin lastimar al ganso, o sin romper la botella. ¿Cuál es la solución?
En primer lugar, la solución puede ser que el ganso nunca estuvo en la botella. No hay ninguna necesidad de una solución lógica. Lo que importa es que el monje ha estado profundamente consciente del problema. Pero ¿cuál es la comprensión que debería guiar hacia la Fraternidad Universal sin distinciones? ¿Podríamos decir que es la percepción espiritual? ¿Qué significa ‘espiritualidad’? ¿No se relaciona con la Unidad de la vida toda? Desde el punto de vista espiritual sólo existe lo UNO. Según la Sra. Blavatsky, la primera idea básica a la que nuestra mente debería adherirse firmemente es “La Unidad Fundamental de toda la existencia”; “la existencia es UNA… Sólo existe UN SER”.[1] Y ¿no es este el principio detrás de la Fraternidad Universal de la humanidad? ‘Universal’ significa que abarca todo, ilimitado, infinito. Pero consideremos un ejemplo de percepción espiritual de alguien que lo experimentó, Krishnamurti:
Tuve mi primer y más extraordinaria experiencia. Había un hombre arreglando el camino, el hombre era yo mismo; la piqueta que sostenía era yo; la piedra misma que estaba rompiendo era parte de mí; la tierna hoja de hierba era mi mismo ser; y el árbol al lado del hombre era yo.
Casi podía sentir y pensar como el obrero, y podía sentir el viento suspirando a través del árbol, y a la pequeña hormiga sobre la hoja de hierba.
Los pájaros, el polvo, y el ruido mismo eran parte de mí. En ese momento apareció un auto pasando a alguna distancia; yo era el conductor, la máquina, y las cubiertas; a medida que el vehículo se alejaba de mí, yo me alejaba de mí. Yo estaba en todo, o mejor dicho todo estaba en mí, inanimado y animado, la montaña, el gusano, y todo lo que respiraba.[2]
Y la conclusión:
Estaba inmensamente feliz, porque había visto. Nada jamás podría ser lo mismo. He bebido las aguas claras y puras de la fuente de la surgente de la vida, y mi sed fue mitigada. Nunca más podría estar sediento, nunca más podría estar en total oscuridad. Vi la Luz. Toqué la compasión que cura todo sufrimiento y dolor; no es para mí sino para el mundo.[3]
¿Qué mejor expresión de percepción y compasión, abriendo la puerta hacia la Fraternidad Universal? La Fraternidad Universal no es una abstracción. La gente a veces habla de la Humanidad como un concepto abstracto. Tal vez los políticos lo hacen a menudo. Aquí podemos citar las sabias palabras de William Blake:
Quien haga el bien a los demás, debe hacerlo en lo particular. El Bien General es la súplica del sinvergüenza, del hipócrita, y del adulador.’[4]
Pero la percepción de instante en instante, no debería y no puede ser una abstracción. Tampoco debería ser una abstracción para nosotros la Fraternidad Universal, sino que debería florecer de vez en cuando en las circunstancias de nuestra vida diaria. Nuevamente Krishnamurti ilustró este punto en un incidente registrado en su biografía por Pupul Jayakar. Él estaba debatiendo con amigos y les preguntó cómo podría uno ayudar a un moribundo que estaba temeroso, quizás miedoso de lo que la muerte tuviera guardado para él, o temeroso sobre cómo sus seres queridos sobrevivirían sin su apoyo. Algunos de los presentes sugirieron que a este moribundo, lleno de miedo, debería recordársele de la reencarnación, del karma, etc. Pero Krishnamurti rechazó tales sugerencias. Él dijo que sostendría la mano del moribundo, y le diría que lo comprendía, que comprendía su temor, que él mismo sentía temor. Son incidentes como éstos los que ilustran la comprensión y también la Fraternidad sin distinciones. No podemos excluir a nadie de nuestra consciencia, al igual que no podemos excluir a nadie de la Fraternidad Universal. Regresemos a nuestro título: ‘En mi fin está mi inicio’. Tomando el fin como el comienzo, deberíamos asumir que son simultáneos de algún modo. En otras palabras, donde hay verdadera comprensión, existe Fraternidad Universal. En la verdadera percepción abarcamos todo lo que se nos presenta, sin distinciones. En cierto sentido, somos uno con todos los seres humanos, incluso con todos los otros seres y si ‘vivimos’ la Fraternidad Universal, somos conscientes de todos los seres humanos, y de todos los seres que contactamos. Krishnamurti experimentó constantemente esa consciencia. Cuando supo de la inesperada muerte de su hermano Nityananda, sufrió una agonía por diez días. Pero emergió de ese estado con la realización de “Mi hermano y yo somos uno”. Mar de Manziarly, al encontrarlo de regreso a Adyar, dijo que el rostro de Krishnamurti estaba radiante. Estaba con su amado hermano constantemente. Esto es consciencia y es Fraternidad. La verdadera percepción, como Krishnamurti la experimentó sintiéndose uno con cada hoja de hierba, ¿no conduce hacia el corazón mismo de todas las cosas, es decir, a la fraternidad universal sin distinciones? Y la Fraternidad Universal sin distinciones implica consciencia, percepción, es decir, la experiencia de la Fraternidad Universal. La unidad de toda vida es la enseñanza fundamental de la Teosofía, y ciertamente todo verdadero teósofo adhiere a esa enseñanza. Pero no debería ser sólo una idea, una teoría, un ideal, sino una experiencia real en nuestra consciencia, una experiencia de comprensión, de Unidad. Entonces se expresará a sí misma no sólo en nuestros pensamientos, sino también en nuestros sentimientos, nuestras convicciones y nuestras acciones. Entonces, ¿podríamos decir que la Fraternidad Universal y la comprensión están inextricablemente unidas, y que la Fraternidad Universal es un camino hacia la comprensión, y la comprensión lo es hacia la Fraternidad Universal?
Referencias [1] Bowen, Robert, Madame Blavatsky sobre cómo estudiar Teosofía. [2] Lutyens, Mary, Los Años del Despertar, p. 158. [3] Idem., p.159. [4] Citado en Ecología Humana (Dr. Thomas Robertson), p. 370.
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