|
Vol. 132 - Número 4 - Enero 2011 (en Castellano) |
|
|
|
Página
12 |
|
El Sendero Preliminar
FELIX LAYTON
Reimpreso de The Theosophist, Julio 1982.
La primera mitad de Luz en el Sendero, describe un Sendero preliminar de auto-purificación y entrenamiento para el verdadero sendero que concluye cuando el aspirante se yergue frente al portal de la iniciación. Los aspectos externos de la iniciación se describen en Los Maestros y el Sendero y en algún otro lugar como un hecho glorioso en el que al candidato se lo recibe en la Gran Fraternidad Blanca y en la que se demuestra a sí mismo, poseer y ser capaz de usar ciertos poderes ocultos. Pero la experiencia interna mística en la que el discípulo entra al profundo silencio del corazón de su propio ser, el silencio que educe la belleza latente de los frutos de su larga lucha y con el cual se une indestructiblemente, es enormemente más significativa para él que las otras acciones. El sendero preliminar se describe como una batalla, cuando la naturaleza inferior lucha sin éxito para lograr la felicidad para sí misma. Luz en el Sendero señala que el único modo en que puede ganar esta batalla es rindiéndose completamente al Yo superior. Cuando esto sucede, el periodo de tormenta finaliza en una maravillosa calma interna, en la que la flor del alma se abre y el peregrino se vuelve consciente de la vida divina existente en el corazón de su propio ser. Cuando despega un avión en un día nublado, pronto entra en las nubes. Entonces el pasajero no ve ni la tierra ni el cielo, pero siente que el avión se estremece y vibra, mientras avanza en un caos aparente. Luego, de pronto, sale de la zona de nubes y entra en la brillante luz solar. El pasajero ahora tiene una visión clara hacia todas partes, y entra a una zona de serenidad y paz. Este es un débil reflejo del viaje en el sendero preliminar.
Busca la flor que debe abrirse durante el silencio que sigue a la tormenta y no antes… mientras la naturaleza toda no esté vencida y se halle subyugada por su yo superior, no puede abrirse la flor. Entonces sobrevendrá una calma como la que en los países tropicales sucede a una lluvia torrencial, cuando la Naturaleza obra con tanta rapidez que puede verse su acción. Una calma semejante se difundirá sobre el espíritu fatigado. Y en el silencio profundo, ocurrirá el misterioso suceso que probará que se ha encontrado el sendero… es la flor del alma que se ha abierto.
¿Significa esto que el sendero preliminar se ha hollado hasta el final y que el viajero ha entrado a un estado de paz que nada puede perturbarlo? Sí y no. En el último párrafo de su autobiografía, Annie Besant da su respuesta a esta pregunta. Ella describió sus años jóvenes de tormentas y torbellinos, su búsqueda de un significado y un propósito a la vida, su descubrimiento final de la Teosofía, su encuentro con H. P. Blavatsky y el ser aceptada como una de sus discípulas. Ella escribe:
Y así llegué yo a través de la tormenta, a la paz, no a la paz de un mar de vida externa sin problemas, que ningún alma fuerte puede ansiar, sino a una paz interna, que los problemas externos no pueden aprovechar a alterar, una paz que pertenece a lo eterno, no a lo transitorio, a las profundidades, no a lo superficial de la vida.
El primer párrafo de la segunda mitad de Luz en el Sendero es profundamente significativo. Al igual que el último verso de la primera mitad que considera sobre todo el sendero preliminar, así éste mira hacia delante en el sendero frente a él, hacia donde el hombre un día se erguirá en el umbral de la divinidad.
Del Seno del Silencio que es la paz, una voz resonante se elevará…Y sabiendo que esta voz es el silencio mismo, obedecerás.
Aquí existe una paradoja: el silencio habla. Parece una línea de pensamiento útil considerar el silencio y el sonido, el particularmente controlado, y el sonido dirigido como el de una voz resonante, como los aspectos positivo y negativo, o masculino y femenino de una realidad o poder fundamental. Comparando la turbulencia del primer sendero con el silencio, uno ve muestras desenfrenadas de poder, viento, lluvia, truenos y relámpagos, pero éstos son descontrolados, desorganizados y destructivos. En el silencio, sin embargo, están presentes grandes poderes, preparados, controlados y listos para ser usados. De modo que es sólo en el silencio que sigue a la tormenta, que las fuerzas del hombre y de la naturaleza pueden trabajar juntas en armonía y producir objetos tan bellos como la flor del alma abierta, que une al hombre del mundo con el hombre espiritual, y con las ilimitadas posibilidades de mayor crecimiento espiritual. Por lo tanto cuando la voz resonante, que es un aspecto del silencio, habla, el discípulo obedece automáticamente porque él es el silencio.
Karma y Compasión Y ¿qué dice la voz resonante? “No está bien, lo que has cosechado, ahora debes sembrar.” Al reflexionar sobre estas palabras, uno vuelve a pensar y a descubrir una nueva comprensión del karma y de la naturaleza de los Señores del Karma. Estos grandes seres no son meramente administradores imparciales de la justicia kármica, sino señores de compasión que protegen a la humanidad de la avalancha de adversidad que de otro modo la sepultaría y destruiría, la avalancha de consecuencia kármica surgiendo de sus acciones primeras, ignorantes y auto-centradas. Tal reflexión muestra que mientras, por un lado, el concepto tradicional de karma con su ciclo de siembra y cosecha es válido, sin embargo existe otro movimiento diferente, glorioso y casi opuesto, que funciona simultáneamente. Consideren cómo funciona en un ciclo de vida. Un bebé nace débil y desprotegido. Para que pueda vivir, alguien, inspirado por el amor, debe alimentarlo, protegerlo y guiarlo. Sólo puede recibir y no puede dar nada a cambio. A medida que crece, asume cada vez más responsabilidad por sus acciones, hasta que como adulto, está listo a su vez para dar alimentos, protección, amor y guía a otras vidas humanas nuevas. En mayor escala, el peregrinaje a partir del hombre primitivo hasta el Adepto, pasa por un ciclo similar con cada uno de nosotros comenzando como almas humanas jóvenes, desprotegidas, guiadas y ayudadas por hermanos mayores de razas u oleadas de vida previas. En particular, cuando ignorantes y obstinados, nos ganamos una acumulación de karma doloroso y destructivo que podría abrumarnos, son los Señores del Karma, actuando como padres amorosos, quienes por un gran acto de sacrificio, absorben ese material desagradable y lo guardan hasta que nosotros alcancemos una etapa donde podamos manejarlo y aprender de él. A medida que crecemos en fortaleza, cantidades pequeñas de este karma desagradable son liberadas en nosotros, hasta que finalmente, en el momento de la iniciación, la flor del alma se abre y el nuevo discípulo ya no necesita la protección de los padres. Habiendo recibido y cosechado maravillosos obsequios de sacrificio y amor, ahora, a su vez, avanza sin cargas, para sembrar por el beneficio de las almas más jóvenes. Así comienza a “levantar un poco el pesado karma del mundo; (y a dar su ayuda) a las pocas manos fuertes que evitan que los poderes de la oscuridad obtengan una completa victoria”. Entra en un grupo que le ocasiona mucho trabajo y profunda tristeza, pero también una enorme dicha, siempre en aumento. Al unirse a esta maravillosa tarea es llamado a permitirle al Poder del Silencio que limpie su naturaleza.
Mantente ajeno a la batalla que empieza, y aunque tú pelees, no seas el guerrero.
Busca al guerrero y deja que pelee en ti.
En un comentario sobre esto, el maestro que escribió muchos de estos bellos versos expresa:
Él es tú mismo; sin embargo, tú eres finito y sujeto al error. Él es eterno y seguro. Él es la verdad eterna. Una vez que haya penetrado en ti y se haya convertido en tu guerrero, jamás te abandonará por completo, y en el día de la gran paz, él y tú os convertiréis en uno.
|
|
|
Página
12 |