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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 132 - Número 4 -  Enero 2011 (en Castellano)

 
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 Fortaleciendo el vínculo

 Vivir en la Unidad de la Vida, con los Maestros, en lo Divino.

 

HENRIETTE VAN DER HECHT

 

La Dra. Henriette van der Hecht, doctora en medicina, es una antigua miembros de la ST en Bélgica.

 

   ¿Cuándo nos sentimos más unidos a otro ser humano?

   Cuando despiertan en nosotros los estados de consciencia más elevados, en respuesta a la expresión de su propia vida interna, cuando nos hace experimentar el asombro frente a la belleza, al amor radiante, a la profunda paz, a la intensificación de los ideales más elevados y de las virtudes más nobles, a la dicha de la consciencia iluminada o de la comprensión incluyente, y al entusiasmo de la consagración, y cuando nos lleva a la comunión con lo Divino.

   Aunque ese compartir generalmente sucede por medio de la expresión verbal o artística, también hay una transmisión de pensamiento, o de un estado mental noble o elevado.

   El hombre que siente en gran medida su unidad con todos los seres, le comunica a otros las poderosas ondas de Amor-Sabiduría que lo animan, y, al mismo tiempo, imparte un maravilloso sentido de paz. Como resultado, los otros también sienten una unidad, una íntima unidad entre sí. Aquí no hay un vínculo que une entidades separadas, sino una consciencia compartida de la Vida Una. Esto ocurre más intensamente aún cuando el alma que es consciente de su unidad con lo Divino transmite directamente a otro, u otros, una consciencia de la Divina Presencia. Luego, el mismo Fuego Divino Uno habita en cada uno de nosotros.

   De modo que esta unión existe como un fuerte vínculo dinámico con el uno que nos eleva, ya sea individual o colectivamente, hacia las regiones más elevadas del alma y del espíritu. Nos lleva a penetrar los dominios de esa unidad que se llama búdica o ‘crística’, donde nos sentimos como uno, unidos. Esta consciencia de unidad reside indeleble, en el trasfondo de la consciencia. Se puede despertar cuando las circunstancias conducen a ello, y unen a los seres humanos.

   El ser humano que alimenta su alma con lo más bello, noble, exaltado, eleva por lo tanto su alma hacia el dominio espiritual, y el impacto sobre otras almas de las vibraciones que emanan de él las eleva a ese mismo nivel, que es el nivel de la unidad, donde se produce la unión. Quienes estudian y se esfuerzan por vivir la Teosofía con toda la intensidad de su ser, pueden traer a otros, especialmente a sus hermanos de la Sociedad Teosófica, este tipo de inspiración en su búsqueda de lo Divino.

   Realmente, estos seres inspiradores son, por lo general, discípulos de los grandes Maestros de la Sabiduría y la Compasión, ya sean discípulos aceptados, o discípulos aún en probación. Como uno de los Maestros de Sabiduría escribe en una carta a un aspirante a discípulo, es sólo elevando nuestro pensamiento al nivel del de los Maestros que el contacto con ellos es posible. Esto es un contacto interno. Por la purificación del corazón y de la mente, por sentimientos de amor universal, por tratar habitualmente con elevadas verdades y con la belleza, el alma altruista puede recibir inspiración de los Maestros de Sabiduría, y vibrar al unísono con ellos, volviéndose así más aptos para elevar a otras almas hacia el nivel de la unidad, por el amor y la sabiduría que emana de ellos.

   Aquí está lo que el tratado místico La Voz del Silencio, expone al respecto:

 

No busques tu Gurú en aquellas mayávicas regiones. (29)

 

Aquél que ha de darte nacimiento, búscalo en el Vestíbulo de la Sabiduría, el Vestíbulo que está situado más allá, en donde son desconocidas todas las sombras y donde la luz de la verdad brilla con gloria inmarcesible. (32)

 

   Como dice Platón, uno debe alimentar las alas del alma con todo lo que es bueno, bello y verdadero, a fin de que puedan llevarnos hacia los reinos celestiales.

   Estudiar y practicar el libro La Renovación de Sí Mismo, de nuestro hermano I. K. Taimni, nos ayuda a elevar sistemáticamente nuestro nivel interno; también lo hace el meditar sobre los profundos pensamientos de los grandes Sabios, reunidos en las obras místicas La Voz del Silencio, Luz en el Sendero y A los Pies del Maestro. En ésta última obra se afirma:

 

Puedes ayudar a tu hermano por medio de aquello que tienes en común con él, y eso es la Vida Divina, aprende cómo elevar Eso en él, aprende cómo apelar a Aquello en él.

 

   A su vez, como existe una atracción hacia el Yo divino en otro ser, al ayudarlo de este modo, hay comunión con la Unidad Divina. Es allí, donde está el vínculo más fuerte, la relación es más profunda. El objetivo presente constantemente en nuestra mente debe ser vivir en la Unidad Divina, de ahí las enseñanzas místicas dadas constantemente en La Voz del Silencio:

 

(216,217) Oh discípulo, antes que te halles en disposición de encontrarte con tu Preceptor cara a cara, con tu Maestro frente a frente… tienes que aprender a separar tu cuerpo de tu mente, a disipar la sombra, y a vivir en lo eterno. Para ello has de vivir y alentar en todo como en ti alienta cuanto ves, has de sentirte residiendo en todas las cosas, y a todas las cosas en el Yo.

 

(218) No permitirás que tus sentidos hagan de tu mente un sitio de recreo.

 

(219) … antes sumirás el Océano en la gota, y la gota en el Océano.

 

(220) Así estarás en perfecta armonía con todo cuanto vive; amarás a los hombres, como si fuesen todos ellos tus compañeros y hermanos, discípulos de una misma tierna madre.

 

   (Porque lo Divino es el Maestro Supremo, el Instructor en el corazón del alma, como Él es a su vez la fuente de nuestro ser, nuestro Padre y nuestra Madre.)

 

(221) Instructores hay muchos, el ALMA-MAESTRO es una, Âlaya, el Alma Universal. Vive en aquel MAESTRO, como SU rayo vive en ti. Vive en tus compañeros, como viven ellos en Él.

 

   Como cada vez más aspirantes teósofos pueden vivir de este modo, el lazo entre ellos, entre ellos y los Maestros, y entre ellos y toda la humanidad se hará cada vez más fuerte.

   Aprender a vivir en Unidad, y por lo tanto a vivir con los Maestros, y a vivir en lo Divino, es desarrollar el verdadero vínculo entre los miembros de la Sociedad Teosófica y todo lo que existe.

 

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