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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 132 - Número 1 -  Octubre 2010 (en Castellano)

 
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 Volverse un niño otra vez

 

 SHAILENDRA AGRAWAL

 

El Sr. Shailendra Agrawal es un miembro de la Rama Adyar, que trabaja en la Sede Internacional de la S. T.

 

   Cerca de la librería, a la entrada de la Sociedad Teosófica, en Adyar, hay un poste blanco que dice: “Que la paz prevalezca sobre la Tierra”, una aspiración acertada en estos tiempos de lucha y confusión. Durante muchos años, ha propuesto una elevada meta a quienes pasaron sus puertas y vieron el mensaje. La paz es algo que queremos, y apreciamos como uno de nuestros ideales. Cuando las naciones están en armonía unas con otras, cuando se desarrolla un grado de confianza entre vecinos, cuando la ambición y el egoísmo se reemplazan por el compartir y por una comprensión amorosa, la paz puede ciertamente volverse una realidad en nuestra vida diaria. Afortunadamente, y con una consciencia en expansión, se encuentran caminos y medios para implementar la paz a escala global.

   Gradualmente, la educación para la paz está encontrando su lugar correcto en instituciones educacionales. La currícula se arma introduciendo este concepto a los jóvenes. Las universidades y colegios alrededor del mundo están comenzando a ofrecer programas formales para sensibilizar a los jóvenes de la necesidad de vivir en paz y armonía. Se analizan varios tipos de conflictos con el objetivo de encontrar la causa subyacente. Como adultos nos hemos dado cuenta que la paz es fundamental para salvarnos de caer en el precipicio; que la aniquilación del planeta Tierra por las divisiones fundamentalistas causadas por los ‘ismos’ (nacionalismo, capitalismo, etc.) no es el único modo de seguir para los seres humanos. Sentimos que las horas más oscuras están por venir, y un nuevo amanecer está próximo. Cuando el hombre despierte de su sueño, sus pies se apresurarán con confianza y rápidamente darán grandes pasos para alcanzar el dichoso estado de coexistencia pacífica. La educación por la paz, como Artículo 26 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, está “dirigida al total desarrollo de la personalidad humana y al fortalecimiento del respeto por los derechos humanos y las libertades fundamentales”.

   Considero que la ausencia de hambre debe estar a la vanguardia. Ausencia de pobreza, enfermedades, terror, atrocidades, y miedo; libertad de expresión y movimiento, todo esto y mucho más vendrá bajo el paraguas de una sociedad libre. Las injusticias que hoy prevalecen en el mundo deben desaparecer. Las voces de muchas personas en todas partes se levantan para asegurarse que esto sea así. No puede haber paz sin justicia. Las injusticias en el mundo han hecho que lograr la paz sea difícil. En toda nación sin excepción, existe la noción de libertad, más en algunos que en otros, pero en ninguna parte se puede decir que existe a pleno. Millones de pobres se pueden ver en los países más ricos que se jactan de libertad de expresión y movimiento. Otras naciones ofrecen justicia a costa de una libertad sofocante. Una sociedad justa, donde las naciones del mundo trabajen juntas para solucionar los problemas de la tierra, permanece siendo un sueño. Las distancias entre los vecinos y entre las naciones son grandes. Se puede decir que un déficit serio de confianza, es la causa de tal estado de cosas. Como hombres, como naciones, no tenemos fe o confianza mutua. Sospechamos de los motivos y acciones de los demás. Existe el miedo de ser usado por otras personas o naciones. La justicia es un pre-requisito necesario para la paz duradera. De modo similar, si hay que hacer justicia, debemos aprender a confiar mutuamente, otra vez. La justicia sin la confianza es tan difícil de alcanzar como lo es la paz sin la justicia. ¿Qué se requiere para construir esta confianza?

   ¿Qué produce la desconfianza entre las naciones y qué habrá que hacer para reconstruir esa confianza? Los países ricos y los pobres no parecen confiar los unos de los otros; ni el occidente y el oriente parecen tan divididos como lo están las naciones del norte y del sur. Los que tienen y quienes no tienen, nunca estuvieron tan polarizados como lo están ahora. El deseo de aferrarnos a lo que tenemos y el temor de perder una parte, parece ser la razón de esta desconfianza. Preservar el status quo subyacente es el mantra que se practica. Pero esto no puede durar demasiado. El egoísmo, la ambición y la competencia deben ceder el paso a la cooperación y a compartir. Se puede recuperar la confianza cuando se pone en práctica la simple idea de compartir.

   Cuando éramos jóvenes, niños pequeños, confiábamos en todos instintivamente. Antes de aprender a sentarnos, dormíamos felizmente en los brazos de alguien. No podíamos hablar, pero aceptábamos dichosos cualquier mano extendida hacia nosotros. Sin embargo, con el pasar de los años, tomamos identidades y cargamos con su peso desde ese momento. La confianza, que se apoyaba suavemente sobre nuestros hombros, le cedió el lugar a las identidades adquiridas. Nos encontramos a nosotros mismos perteneciendo y apoyando a una nación particular, por ejemplo, y comenzamos a temer el ataque de otras naciones, ataque a nuestra herencia, nuestras posesiones, nuestra riqueza y nivel social. Se gastan enormes sumas todos los años para fortalecer el aparato de defensa. Por el contrario, si los recursos se comparten con sabiduría, puede llevar a una transformación que tenga enormes proporciones.

   Cuando compartimos, construimos confianza. Compartir es natural en los seres humanos y se demuestra todos los días. Casi todo lo que tenemos se puede compartir, nuestras tecnologías se pueden compartir con esas naciones que más lo necesitan. La producción excesiva de cereales se puede compartir para eliminar la cara del hambre en la tierra. Compartir nuestras habilidades, nuestro poder laboral, nuestros recursos naturales, todo esto contribuye a construir la confianza dentro de nuestras comunidades y entre las naciones. Las señales abundan que esto está pasando ahora en todo el mundo y la gente de todas las profesiones y condiciones sociales se están esforzando en esta dirección.

  La justicia gira sobre nuestra habilidad para compartir, y sabemos dentro de nuestro corazón que implementando los principios del compartir alegre y voluntariamente, es el modo de avanzar. Volvámonos como niños otra vez, y redescubramos la dicha de ser así.

 

 

 

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