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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 132 - Número 1 -  Octubre 2010 (en Castellano)

 
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El cambio fundamental hacia

el recto vivir

 

A. KANNAN

 El Dr. A. Kannan, Doctor en Química, ha sido Conferencista Nacional en India, y Editor de Ciencia Holística y Valores Humanos.

 

   El cambio fundamental en la consciencia del hombre se puede considerar y comprender como un cambio evolutivo que se extiende por eones de tiempo, y también en el presente, como una necesidad urgente de sobreponerse a la reputación del hombre. En la perspectiva evolutiva, la Naturaleza ha cuidado del hombre para producir cambios en su naturaleza física y biológica, psíquica e intelectual, y espiritual y monádica. El resultado de esto es que puede percibir y ser consciente de sí mismo como ‘yo’ y ser responsable de sus pensamientos, sentimientos y actividades. La mayoría de las personas, sin embargo, excepto los Maestros, no viven en armonía con este ideal.

 

De auto-consciencia a Espiritualidad

   El Maestro describe esta situación del modo siguiente (Cartas de los Maestros, Ed. Española): “Es el hombre interno, la inteligencia en desarrollo espiritual o divino, que es la prueba.” La “prueba de espiritualidad en evolución” se puede reconocer como el desarrollo de la consciencia holística de verdad, amor, fraternidad universal y paz. Lo holístico se refiere a la totalidad del hombre y también a la actitud de sacralidad hacia todos los seres. Tal consciencia implica que el hombre no debería sucumbir y dejarse dominar por la noción de que está separado del Yo que realmente es. Sin embargo, esta situación ha persistido con el transcurrir del tiempo, con el paso del hombre por varios nacimientos y muertes. La Naturaleza, como el agente evolutivo, ha producido auto-centrismo, egoísmo, orgullo y prejuicio.

 

Orgullo, prejuicio y egoísmo: los obstáculos mayores

   El Maestro resume esta situación así (CM, p.4):

 

Por lo que se refiere a la naturaleza humana en general, es la misma ahora que era hace un millón de años: prejuicios basados en el egoísmo; mala disposición en general para renunciar al orden establecido de las cosas a favor de nuevos modos de vida y de pensamiento –y el estudio oculto exige todo esto y mucho más- el orgullo y la obstinada resistencia a la Verdad, si ésta transforma sus conceptos establecidos de las cosas; esas son las características de su época, especialmente de la clase media y de la clase humilde.

 

   Esta situación comprendida con la percepción interna del Maestro, se mantiene válida para la actualidad, y pide un cambio fundamental urgente en la consciencia. Se produjo por la actitud adversa del hombre, y es la respuesta de la Naturaleza en su tarea de cambio evolutivo. A fin de rectificar esta situación el hombre debe usar su iniciativa y el Maestro menciona este importante trabajo como “la espiritualidad en desarrollo es la prueba”.

   Esta tarea espiritual de cambiar fundamentalmente la auto-consciencia debería ser asumida por el individuo que discierne, como una obligación sagrada hacia el cumplimiento de su responsabilidad de elevar a la humanidad, mencionada por los Maestros como “Causa”.  Esto podría ser el resultado del hombre dándose cuenta de su unidad con el resto de la humanidad. Uno de los mayores aspectos de tal cambio fundamental, que tiene que ser un esfuerzo individual y colectivo, lo mencionan los Maestros (Cartas de los Maestros de la Sabiduría, I) del modo siguiente: “La cresta de la ola del avance intelectual debe ser aceptada, tomada, y guiada hacia la espiritualidad”.

 

El rol de la razón

   La fuente de este avance intelectual es la ‘razón’ que el hombre está usando indiscriminadamente para adquirir conocimiento de naturaleza científica, lógica, filosófica, y de otros aspectos del pensamiento moderno. Esta carencia de discernimiento combinada con deseos de varios tipos está identificada como el ‘yo’, como se explicó anteriormente, y el progreso espiritual en este contexto implica eliminar estos aspectos de la naturaleza humana y alcanzar su naturaleza superior. El potencial de alcanzar alturas espirituales existe en la humanidad y el hombre tiene que darse cuenta de esto a fin de utilizar tales facultades y poderes espirituales para el bienestar de la humanidad como un todo.

 

La conquista del yo

   El Maestro afirma (CM, p.571 Edic. española):

 

… el propósito que todos abrigamos en nuestro corazón, es decir, la propagación de la VERDAD por medio de las doctrinas Esotéricas transmitidas por no importa qué canal religioso, y la destrucción del burdo materialismo y los ciegos prejuicios y el escepticismo.

 

 Este propósito dual debe ser llevado a cabo por el ‘verdadero teósofo’ que busca la verdad de modo incansable. El Maestro afirma que el verdadero teósofo es un filántropo (LMW). El filántropo, el verdadero teósofo, abandona su modo de trabajo para el yo, o por el egoísmo, para trabajar sólo por el beneficio espiritual de la humanidad como un todo.

 

El amor hacia la humanidad como un todo

   “Un filántropo, no para sí sino para el mundo en el que vive” (LMW, I) también implica que tiene amor que es puro, generoso, incluyente e inmortal. Tal sentimiento es la cualidad espiritual más importante y “debe llenar toda tu naturaleza, como para no dejar lugar a ningún otro sentimiento” (A los Pies del Maestro). El Maestro también afirma (CM: que “aprendiendo a amar a nuestro país, aprendemos a amar a la humanidad más”.

   El cambio fundamental en la consciencia implica y resulta en la limpieza de los impedimentos en la práctica de la fraternidad universal. El Maestro explica esto como (CM, p. 46):

 

… tendríamos precisamente que sostener que es “cuestión de magia” humanizar nuestras naturalezas con la compasión hacia toda la humanidad, igual que hacia todos los seres vivientes, en lugar de concentrar y limitar nuestros afectos en una raza predilecta… humanos y puramente personales e individuales… todos para fundirse en un sentimiento universal, el único sentimiento verdadero y santo, el único desinteresado y Eterno: ¡el Amor, un inmenso Amor por la Humanidad, como un Todo!

 

 

 

Una Fraternidad práctica regeneradora

   El Maestro explica esta verdad así (CM):

 

… en las manos de los verdaderos filántropos y teósofos, ella (la Teosofía) podría volverse tan poderosa como un fuerte impenetrable... Sólo quien tiene el amor a la humanidad en el corazón, es capaz de comprender totalmente la idea de una Fraternidad práctica regeneradora, y tiene el derecho a poseer nuestros secretos. Sólo él, tal hombre, jamás usará mal sus poderes, porque nunca se temerá que los utilice para fines egoístas. Un hombre que no ponga el bien de la humanidad sobre su propio bien no es digno de volverse nuestro chela, no es digno de adquirir más conocimiento que su vecino.

 

   La Paz que devenga de este cambio fundamental tiene arraigada en ella fuerza espiritual y por esto no alterna con violencia y desarmonía que es el estado de hoy. Sólo en tal estado benigno de consciencia transformada puede irradiar la dicha hacia todos los seres. El Maestro señala la realidad de tal situación en la historia de India (CM):

 

Hubo un tiempo, en que de mar a mar…había sólo una fe, un grito unido, salvar a la humanidad de las miserias de la ignorancia en Su nombre, quien primero enseñó la solidaridad de todos los hombres… ¿Dónde está la grandeza de nuestro pueblo y de la Verdad una?

 

Una humanidad regenerada

   Las características del ser humano regenerado, en particular la Filantropía, la Verdad, el Amor, la Fraternidad Universal y la Paz, pueden aparecer sólo cuando existe una aceptación de todo corazón del ideal de un ser humano regenerado, y cuando uno persevera en tal empresa ‘de mente y corazón’. Su modo virtuoso de vivir está en él, siendo fiel a su naturaleza espiritual interna. Él también debería comprometerse en la ‘conquista del yo’, el ‘yo’ es su naturaleza inferior y las pasiones animales. Él las debería contener por medio de la compasión espiritual dirigida a todos los seres. Debería extender a todos los seres la beneficencia del amor filantrópico al establecer su relación como fraternidad universal por medio de su naturaleza regenerada. Y debería ser por lo tanto, un centro de paz y armonía.

   Con tales virtudes expresándose, debería trabajar en cooperación con la Naturaleza en sus extraordinarias actividades legítimas de destruir “los perniciosos errores del pasado, en los antiguos credos y supersticiones… (caracterizando) prácticamente a toda la humanidad…”, construyendo “nuevas instituciones de una Fraternidad de la Humanidad genuina y práctica, donde todos se volverán colaboradores de la naturaleza, trabajarán por el bien de la humanidad…”(CM). Más aún, el verdadero teósofo que discierne siendo igual a un hombre regenerado en transformación, “popularizará un conocimiento de la Teosofía… (se involucrará) en una búsqueda de auto-sacrificio, a fin de encontrar los mejores medios para conducir a (sus) semejantes al sendero correcto, para hacer que tantos de ellos como sea posible, se beneficien con ella” (LMW). También se esforzará en el trabajo concebido:

 

La Sociedad Teosófica fue elegida como la piedra fundamental, el fundamento de las futuras religiones de la humanidad. Para lograr el objetivo propuesto, se estableció una amalgama más grande, más sabia, y especialmente más benevolente, de lo elevado y lo grosero, ¡del Alfa y el Omega de la sociedad! (LMW).

 

 

 

 

 

 

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