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Vol. 132 - Número 1 - Octubre 2010 (en Castellano) |
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¿Qué nos divide?
P. KRISHNA
El Prof. P. Krishna es miembro de la Sociedad Teosófica desde hace muchos años. Charla dada en el Congreso Mundial, Roma, 2010.
Una de las mayores aspiraciones de Annie Besant fue la creación de una fraternidad universal del hombre. Durante toda su vida trató de enseñar que la vida es sagrada, que todos los seres humanos son iguales, que las diferentes religiones son meramente diferentes enfoques de la misma verdad, que toda la vida y todo el medioambiente alrededor de la tierra, constituyen una unidad de la cual el hombre es una parte intrínseca. La mayor amenaza para la creación de un mundo y una fraternidad universal del hombre es su tendencia a identificarse con aquellos que parecen similares a él. Esto ha divido a la humanidad en un gran número de grupos; grupos religiosos, nacionales, étnicos, lingüísticos, de casta, profesionales, políticos e ideológicos, y todos ellos de vez en cuando se vuelven antagónicos con los otros grupos cuando sus propios intereses necesitan ser protegidos. El deseo de un individuo de pertenecer a un grupo, nace del sentido de seguridad que siente al pertenecer a él. Sin embargo, es obvio, que esta misma división en grupos ha creado la mayor inseguridad para todos los seres humanos sobre esta tierra, por medio de guerras, luchas, disputas internas y competencia. A pesar de todos los ideales de unidad, un mundo y una fraternidad universal, es claro que la humanidad se está moviendo en la dirección opuesta. Hemos presenciado en años recientes la ruptura de países como la USSR, Yugoslavia y Checoslovaquia, acompañada de gran violencia y crueldad. En India también, existen tendencias separatistas similares, en Kashmir, Punjab, en Assam; la división hindú-musulmana crece más gravemente día a día. Debemos por lo tanto preguntar ¿por qué, después de miles de años de la así llamada cultura y civilización, la humanidad es todavía tan brutal, y está tan equivocadamente dividida? Si examinamos eso seriamente, encontramos que la división surge de un sentimiento de que ‘nosotros’ estamos separados de ‘ellos’, que es el sentimiento de ser diferente. Pero, ¿somos realmente diferentes o sólo imaginamos que lo somos? Me gustaría examinar esto bien científica, objetiva y precisamente. Tomemos a los hindúes y musulmanes, o árabes y judíos, o cualquier otro grupo de personas y preguntémosle si sus diferencias son reales o imaginarias. Un ser humano tiene un cuerpo y una consciencia. Por lo tanto, ¿somos realmente diferentes en nuestros cuerpos o nuestra consciencia? Si vamos al médico o a un biólogo y le preguntamos, nos dirá que las diferencias son muy superficiales, el color de la piel o el cabello puede ser diferente, pero dentro de la piel la sangre es la misma, el corazón, el hígado, los pulmones, todo es igual. Obviamente, en nuestros cuerpos no somos realmente diferentes, excepto en nuestra forma y características externas. Entonces, ¿somos realmente diferentes los unos de los otros en nuestra consciencia, o meramente diferimos en nuestras ideas, que nos hacen sentir que somos diferentes a los demás, cuando en realidad puede que no lo seamos? Si despojamos a un ser humano de todas sus posesiones, su casa, su propiedad, su conocimiento, y miramos el contenido de su consciencia, ¿es realmente muy diferente de otro ser humano? ¿Es la consciencia muy diferente para el hombre pobre y el rico, para el hindú, el musulmán, o el judío, para el americano o el indio? Me refiero a lo que realmente somos, no a lo que hemos acumulado. Si miramos más allá de lo superficial, vemos que todo ser humano tiene los mismos sentimientos, el sentido de temor, de inseguridad, de soledad, el deseo de triunfar en la vida, de ser alguien. Todo ser humano tiene apegos y el consecuente sufrimiento cuando se rompe ese apego. Tiene deseos y lucha por cumplirlos o ir sobrellevándolos. ¿De qué modo somos diferentes? Un ser humano puede orar de un modo, y otro de forma distinta, pero la necesidad de orar, las necesidades psicológicas, los instintos, son todos iguales. De modo que me pregunto si realmente somos diferentes, o sólo imaginamos que lo somos. ¿No es como una ola en la superficie del océano diciéndole a otra ola, “soy diferente a ti”, porque es apenas distinta en altura, en forma, en la velocidad con que se mueve? Si fuera consciente de la profundidad de ese océano, vería que estas diferencias son triviales. De modo que, debido a que le hemos dado tremenda importancia a lo superficial, sentimos y pensamos que somos diferentes a los demás. Si fuéramos conscientes de la profundidad de nuestra consciencia, no sólo las ideas y el conocimiento superficiales, sino la totalidad de nuestro ser, sería exactamente como la ola en el océano. Está formada de agua, tiene la misma profundidad que el océano, igual que todas las otras olas, pero se siente distinta sólo porque en la superficie es un poco diferente. Entonces, me parece que siempre que vemos o sentimos una división en nosotros, debemos examinar si esa diferencia no surge debido a que estamos mirando el todo de forma muy fragmentaria y superficial. La división entre la ciencia y la religión también surge porque le damos a estas dos formas de búsqueda significados un tanto estrechos. La ciencia es la búsqueda del hombre para descubrir el orden que se manifiesta a sí mismo en el mundo externo de materia y energía, y la búsqueda religiosa se interesa en el descubrimiento del orden en el mundo interno de nuestra consciencia. No existe división o antagonismo entre ellos. Los hechos y la realidad no dividen, pero las ilusiones que nuestras mentes construyen a su alrededor, sí lo hacen. Nuestra propia mente no ve las cosas en cuanto a los hechos; tiene conjeturas, opiniones, toda una carga de prejuicios, asociados con lo que observa. Lo que hacen en la sociedad es crear una nueva ilusión a fin de unir a la gente. Si en India la situación interna es mala y la gente pelea entre sí, un modo de unirlos es hablar sobre el nacionalismo y decir que Pakistán es nuestro gran enemigo. Luego, debido a ese gran odio, la gente se siente unida, pero entre ellos se encuentran divididos por las castas, la religión, y todo tipo de diferencias superficiales, a las que les han dado tremenda importancia. Si miráramos la vida y la comprendiéramos profundamente, tanto a ella como a nosotros mismos, entonces no habría división. El hecho de que yo vaya a un templo y tú vayas a una sinagoga o a una iglesia, no divide. Este hombre se arrodilla, este permanece de pie; este hombre se quita los zapatos, aquél lo hace con los zapatos puestos, ¿divide? No. Entonces, si realmente no hay divisiones no existe la necesidad de integración. Si esa división es ilusoria, cuando la ilusión cesa, la división termina. Por lo tanto, lo más importante que los sabios han señalado, pero que necesitamos darnos cuenta por nosotros mismos, es eliminar la ignorancia y salir de una visión superficial de nosotros y de la vida. En la actualidad, desafortunadamente nos educan con prejuicios. Uso la palabra ‘educación’ no sólo en el sentido de lo que hacemos en la escuela, sino también de todas las otras influencias en la crianza de un niño en la sociedad, que incluye los condicionamientos de la familia, la televisión, etc. Nos educan con prejuicios y éstos se perpetúan por la tremenda inercia existente en la sociedad humana. Tomemos el ejemplo de las castas en India. Comenzó hace quinientos años atrás o más, pero lo que sabemos es lo que vemos ahora. El gobierno está tratando de eliminar las castas, dice que la gente tiene las mismas oportunidades, que las profesiones no se tienen que relacionar con líneas de castas, que no habrá discriminación. Pero sin embargo, continúan porque en cada familia el niño crece viendo la discriminación; al hombre de una casta baja, se lo trata de un modo particular, y ve que la gente no se casa con personas de otra casta; eso es lo que asimila del medio. Entonces crece con ello y adquiere ese prejuicio sin darse cuenta que es un prejuicio. Para él es un hecho, eso es una realidad. Es lo mismo en toda sociedad, en todas partes. Esa es la razón por la que los norteamericanos siguen siendo norteamericanos, los indios siguen siendo indios, y los cristianos siguen siendo cristianos. Creamos a la generación más joven a nuestra imagen, con un pequeño cambio en las ideas aquí y allí. Pero la generación más joven se crea a imagen de la anterior, lo que significa que ¡tenemos éxito en transmitirles a nuestros niños todos nuestros prejuicios! No somos conscientes de esto. Pensamos que los amamos y que hacemos lo correcto con ellos. Esto es lo que significa cuestionarse, no aceptar nada que hayamos asumido hasta ahora de modo incuestionable. Si veo eso, entonces no quiero pasarles mis prejuicios a mis hijos. ¿Podemos hacerlos conscientes de este problema? Al educarlos, mientras les transmitimos nuestras tradiciones, que nosotros aprendimos en nuestra familia y no las desechamos después de cuestionarlas, ¿podemos alentarlos a que ellos sí lo hagan? Pídanles que no se conformen, sino que inquieran, para que descubran si ese es el camino correcto, si eso es verdad. La humanidad puede cambiar en un sentido fundamental. Puede cambiar política o económicamente y lo ha hecho, pero todo es muy superficial. Las divisiones no terminarán porque la división surge de la mente cuando está llena de ignorancia. Hasta que esa ignorancia se desvanezca, vivirá con ilusiones que dividirán. Puede manifestarse de modo más cruel en un lugar, y de forma menos cruel en alguna otra parte, pero la división continúa. Actualmente no sólo estamos transmitiendo nuestros prejuicios sino que estamos creando grupos alrededor de un prejuicio común. Un hindú puede tener cierta noción de Dios durante la niñez, pero esa noción puede ser una ilusión. Alrededor de esa ilusión se reúne mucha gente, quienes creen en la misma ilusión. De modo similar existe otro grupo alrededor de otra ilusión. Entonces este grupo se siente separado de ese grupo. Luego hablamos de tolerancia. ¡Deben respetar la ilusión del otro, sus ilusiones no son inferiores a las vuestras, etc.! ¿Podemos rehusarnos a pertenecer a cualquier grupo reunido alrededor de cualquier tipo de ilusión? Me preguntarán, si como teósofos, no somos también un grupo. Si consideramos que la Teosofía es un número de respuestas y conclusiones, que todos estamos de acuerdo y las sostenemos, entonces sí creamos un nuevo grupo, una nueva religión, y consecuentemente una nueva división en la humanidad. Pero si consideramos la Teosofía no como un cuerpo de respuestas o como instrucciones para ser obedecidas, sino como un enfoque de la vida que dice: quiero descubrir qué es verdadero y correcto, quiero mirar las cosas no de modo fragmentario, sino holístico, entonces todos somos estudiantes de la vida y ese no es un grupo que divide. No tenemos las respuestas, por lo tanto no hay nada para propagar. Sólo señalamos el modo correcto de enfocar la vida, de enfocar un problema o un tema como un estudiante, y tal enfoque es básico para la Teosofía. Porque, ¿cómo sabemos las respuestas? Los cristianos tienen sus propios mensajes, los judíos los suyos, y otros los suyos, y todos se pelean por las respuestas. Por lo tanto no le demos importancia a las respuestas sino a las preguntas. Es importante vivir con un profundo sentido de misterio, con la humildad que llega de saber que no sabemos. ¿Tiene que terminar la búsqueda en una conclusión o es posible vivir con la búsqueda? Tenemos que preguntarnos a nosotros mismos por qué siempre queremos una respuesta. ¿Es eso también algo a lo que nos han condicionado? Y ¿cómo sabrán que en algún momento han llegado a obtenerla? Puede ser que sólo estemos satisfechos con un prejuicio particular pero no sabemos si realmente es verdad. A menudo las cosas parecen ser verdad cuando no lo son. Si miramos hacia atrás, encontraremos que nuestras ideas y opiniones han cambiado, entonces, ¿cómo podemos estar seguros que no cambiarán otra vez? Por lo tanto, ¿por qué debo estar apegado a mis propias opiniones ahora, y de qué valor son? Las opiniones no son importantes, sólo los hechos lo son. Por lo tanto busquemos los hechos y dudemos de las opiniones, sosteniéndolas tentativamente; sabiendo que pueden surgir de la ignorancia, sabiendo también que si nos apegamos a nuestras respuestas particulares, conclusiones y creencias, creamos una nueva división en el mundo. La fraternidad universal del hombre no es un ideal, un lema, sino un hecho. La otra persona es tu hermano. Ciertamente Krishnamurti avanzó un paso más. Dijo que el otro es tú mismo. No tu hermano, sino tú mismo. En el grado en que una ola del océano es diferente a otra ola, en ese grado somos diferentes unos de otros. El Buddha lo expresó con otra analogía. Dijo que un ser humano difiere de otro sólo como una vela es diferente a otra, y esa diferencia no es más que la que existía entre lo que la vela era antes y lo que es ahora. Porque, con el tiempo y la experiencia mis ideas y condicionamientos continúan cambiando, y la diferencia entre yo y tú, es sólo una distinción en condicionamiento. De modo que si como individuo, sabiendo que soy parte de este misterioso fenómeno total de la vida, sabiendo que he venido a este mundo no por elección, que me concedieron estas facultades que la mente humana posee, surge la pregunta: ¿cuál es el uso correcto de estas capacidades? ¿Estamos haciendo un uso correcto de ellas? Si usamos estas facultades para comprender nuestra relación con todo el mundo, con nuestros semejantes, y qué es nuestra vida, entonces la vida es una exploración. Tomemos una de las capacidades, por ejemplo el pensamiento. ¿Cuál es el uso correcto del pensamiento? Puedo usar el pensamiento como una ayuda para explorar. Es limitado porque funciona dentro del campo de lo conocido. La razón tiene sus limitaciones, el pensamiento tiene su limitación, pero también tiene un campo dentro del cual puede explorar. Alguien dio la analogía que el pensamiento es como la garrocha del salto de altura. En este deporte de salto con pértiga, un hombre usa la garrocha para impulsarse hacia arriba a fin de ascender y pasar sobre la barra. La razón y el pensamiento son como la garrocha. En el momento correcto estás dispuesto a dejar la garrocha si quieres pasar al otro lado. Pero es una facultad, una muy importante, que te elevará en tu búsqueda hasta cierto punto. Pero no estamos usando el pensamiento de ese modo, para explorar. De las respuestas que se ofrecen primero elegimos una, luego nos alineamos con una respuesta en particular, y después la usamos como un abogado, defendiendo la opinión particular que hemos elegido. Esto es lo que crea división en el mundo, el uso incorrecto del pensamiento. ¿El objetivo de esta facultad es pensar, razonar, imaginar, crear paredes a nuestro alrededor? Vamos a proponer lo que es verdad como lo desconocido e inquirir en él, o nos vamos a alinear con la opinión que, alguien grande o pequeño, dice que es verdad. Si nos unimos a un grupo particular y hacemos propaganda por lo que mantienen como verdad, entonces lo que difundo es una ilusión. Lo que difundo es sólo la palabra porque no he encontrado la verdad, no he examinado. Si simplemente lo han asumido, entonces todas vuestras habilidades y toda vuestra inteligencia se usa como la de un abogado que acepta dinero por eso. El pago que recibimos es la seguridad ilusoria de ese grupo, ilusoria porque tal formación grupal ha creado la mayor inseguridad en el mundo. El abogado dice: “Defenderé sólo a mi cliente, mi cliente está en lo cierto, ¡porque me pagó! No usa la inteligencia para descubrir quién cometió el crimen, sólo la usa para explicar que su cliente hacía lo correcto. Hacemos algo similar cuando invertimos nuestra felicidad en un grupo particular, alrededor de una creencia particular, y eso crea división. De modo que son nuestras ilusiones, nuestra ignorancia lo que nos divide. En el hecho real no existe división y si eliminamos nuestra ignorancia no hay necesidad de integrar o de propagar la fraternidad universal.
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