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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 131 - Número 10 - Julio 2010 (en Castellano)

 
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La cuestión fundamental respecto

a un diseño inteligente

 

 

DARA TATRAY

 

La Dra. Dara Tatray es Presidenta Nacional de la Sección Australiana de la Sociedad Teosófica.

 

   Este es un debate de lo que yo considero como la cuestión fundamental respecto a un diseño inteligente; o por lo menos el asunto esencial desde un punto de vista particular, y no necesariamente la opinión científica. Existen otros asuntos respecto al diseño inteligente que pueden ser más productivos desde el punto de vista de un científico; pero ninguna otra cuestión es más fundamental, según mi opinión, que la relacionada con la naturaleza de la inteligencia. Una consideración más amplia surge hacia el final de este debate: si podemos o no apoyarnos en la inteligencia del diseñador, cuando éste es un ser humano, más que un principio metafísico. Este debate también provee información de fondo para comprender mejor cuatro palabras importantes, y cómo estas interactúan mutuamente: Vida, Consciencia, surgimiento y karma.

   Según la doctrina del monismo físico, que domina actualmente la imaginación científica, lo que existe es materia/energía de lo cual surgen la vida y la consciencia en cierta etapa de complejidad. Según las enseñanzas teosóficas, sin embargo, la Vida y la Consciencia están presentes en el principio. El proceso del surgimiento es lo que los hace explícitos al final. Tendemos a pensar sobre el karma en términos puramente humanos, acción y sus consecuencias, lo que siembres, cosecharás, etc. Pero la doctrina de karma también se refiere al principio subyacente de orden o armonía que mantiene unido todo el proceso y lo guía constantemente. No como una guía que fuerza, sino más bien como la idea de la divinidad de Whitehead, como un atractivo que seduce suavemente. De modo sorprendente, tal vez, la ley de karma también se la puede apreciar funcionando en el nivel material más grosero. Toda especie es el resultado de una serie única de eventos e interacciones, sujeta a adaptaciones, oportunismo ecológico y relaciones funcionales con el medio. La vida, en el proceso de la evolución, cambia el medio en el que vive y luego se adapta a ese medio. Esta historia de hechos pasados y sus consecuencias es karma, la acción y sus resultados. Subyacente en todo el proceso hay una fuerza que tiende hacia el equilibrio o al Orden. Entonces, examinemos ahora el significado de la Vida y la Consciencia, como si fuera de arriba hacia abajo.

   Comencemos con algunas preguntas retóricas. ¿Es la inteligencia algo que poseen los seres humanos, en diferentes grados, o está difundida universalmente, y no sólo entre los humanos? ¿Adquiere el ego la inteligencia, o existe (como opuesto al intelecto) en proporción inversa al ego? ¿Es la inteligencia un epifenómeno del cerebro, o del pensamiento? Expresándolo metafóricamente, ¿es el pensamiento el receptor o el transmisor de la inteligencia? Existe una respuesta a estas preguntas bastante consistente, en diferentes culturas y  climas, Oriente y Occidente, desde los Upanishad-s y Platón a Bruno, Blavatsky y Bohm: y lo que voy a dar es sus respuestas a estas preguntas.

   Primero se debe hacer una distinción básica entre la inteligencia y el intelecto, y entre la ‘mente’ con minúscula, y la ‘Mente’ con mayúscula; entre el pensamiento y la consciencia, y entre la consciencia y su contenido. Platónicos, gnósticos, teósofos, budistas y vedantinos siempre distinguieron dos formas de conocer, que corresponden a dos campos distintos del conocimiento. Por ejemplo, G. R. S. Mead distingue entre gnosis y conocimiento ordinario cuando escribe: “Gnosis es conocimiento, pero no conocimiento discursivo de la naturaleza de las múltiples artes y ciencias” (Mead, 1906 b). La percepción intuitiva y la percepción directa, en la que no hay separación entre el conocedor y lo conocido, el observador y lo observado, es fundamental para la Vedânta, el Budismo, el Taoísmo, y la Yoga de Patañjali. También aparece de modo destacado en el trabajo de los Presocráticos, incluyendo a Heráclito y Parménides, en Platón y los Neoplatónicos, y también más recientemente en la filosofía de Spinoza, Schelling, Bergson y Bohm. La Gnosis, la percepción directa, la percepción unitiva, sea cual sea el sinónimo más aproximado que prefieran, es un modo de conocer no mediado por el pensamiento: un modo de conocer del que Aldous Huxley observó en cierta oportunidad, que cuando existe un cambio en el modo de conocer, hay un cambio proporcional en el modo de ser (y viceversa, cuando hay un cambio en el modo de ser, hay un cambio en el modo de conocer). El intelecto está relacionado al pensamiento discursivo, analítico, que está siempre condicionado, y la inteligencia se relaciona con el momento presente, lo incondicionado, los espacios entre el pensamiento. Consideremos también la naturaleza de la consciencia. El Profesor E. A. Burn presentó una valiosa idea, a la concepción occidental general, cuando señaló que el occidental generalmente: “define la ‘consciencia’ como que siempre implica consciencia de algún objeto”. Por contraste, el pensador oriental ve algo de importancia vital más allá de los objetos y subyacente en ellos, en particular, el universo que los engloba, y el yo que los capta, el conocedor, que por su misma naturaleza es el sujeto de la conciencia y siempre nos elude cuando tratamos de hacerlo un objeto. Ciertamente, él está seguro que cuando su esencia como conocedor se realiza plenamente, la separación entre el sujeto y el objeto que es necesaria para el conocimiento racional, se trasciende, y el yo se vuelve consciente de sí mismo como una unidad en la que esa separación se ha superado. Asimismo, él está seguro que la consciencia, en la medida en que desaparece en esta realización, sólo entonces se libera de su prisión y alcanza su naturaleza intrínseca (Burtt 1965, p.286).

   En sistemas no dualistas como el Advaita Vedânta, el universo en que existen los objetos, y el Yo que los concibe, son una y la misma nada a menudo descripta como consciencia pura.

   La consciencia tiene diferentes connotaciones en los sistemas filosóficos del sur de Asia, distintos a los de Occidente. La consciencia sin un objeto, es decir, sin contenido, se la considera como consciencia per se o consciencia pura, que es sagrada o divina, infinita y universal. El pensamiento y las imágenes mentales no son la consciencia en sí misma, sino parte de su contenido, al igual que todos los objetos materiales. En la metafísica clásica de India, conocida como Sânkhya se hace la distinción entre la consciencia pura, Purusha, y Prakrti, que es materia o naturaleza, un principio metafísico subyacente en todas las manifestaciones o fenómenos físicos (Schweizer 1993, p.847). Esta última categoría no sólo incluye todos los objetos y procesos físicos, sino también todas las cualidades mentales, tales como el pensamiento, el deseo, la volición, el sentido de yoidad, etc.

   En la Sânkhya, la categoría de la mente incluye tres funciones diferentes pero relacionadas, las que son consideradas como materiales; 1)buddhi, que es una sustancia altamente refinada o sutil, comparable a la nous griega; se refiere a los niveles más elevados de la inteligencia humana incluyendo la percepción intuitiva y unitiva; 2) manas, que es la facultad cognitiva misma, el intelecto racional que discierne y analiza, el órgano cognitivo como tal; y 3) ahamkâra, el creador del yo o ego que “se apropia de toda experiencia mental para sí” (Schweizer 1993, p.848). En este sistema, Purusha es lo único que no es material, no es una cosa en modo alguno, sino que es pura consciencia sin contenido, nunca se transforma en algo, pero sin lo cual nada puede llegar a ser.

   Uno de los beneficios del dualismo mente/consciencia de la metafísica de la Sânkhya, es que arroja luz sobre la naturaleza de la consciencia.

   La consciencia es lo que permanece después que todas las otras categorías de la existencia se niegan o se trascienden. La consciencia es lo que subyace en todo objeto y en  toda imagen mental. Estaba presente en el comienzo, y permanece cuando todo lo demás ha desaparecido. En la Vedânta, la misma nada, la misma totalidad llamada Purusha en Sânkhya, se describe como Brahman al que sólo se le atribuye “que es, que percibe, y que disfruta una felicidad eterna” (Müller 1883/2002, p.176). Los autores de los Upanishad-s descubrieron algo “detrás del velo del cuerpo, detrás de los sentidos, detrás de la mente, y detrás de nuestra razón” que llamaron el âtman, el Yo universal (Müller 1883/2002, p.176). Argumentaron que el âtman es finalmente idéntico a Brahman y que esta consciencia universal, que es inteligencia pura, es nuestra verdadera naturaleza, el elemento eterno en nosotros. Más aún, los autores de los Upanishad-s sostienen que todo en el universo está guiado por esta inteligencia, está sostenido por esta inteligencia, y está establecido en esta inteligencia (Aitareya Upanishad, III.3).

   No debemos olvidar que la inteligencia, como se usa aquí, se debe diferenciar de la razón discursiva, la facultad cognitiva, y el principio creador del yo o ego. La ‘mente’ con minúscula, y el intelecto, son personales, mientras que, la inteligencia y la ‘Mente’ con mayúscula son universales en todo sentido.

   Volviendo al presente, consideremos la visión de David Bohm de la inteligencia. Bohm describió su teoría del orden implícito, como posibilitando “la comprensión de la materia inanimada y de la vida, basadas en un mismo terreno, común a ambas” (Bohm 1980/1997, p.193). Ese terreno lo describió de formas muy diversas como consciencia, el orden generativo, y el movimiento total. La así llamada materia inanimada y la vida, se deben comprender sobre la base de un terreno común, cuya naturaleza es la inteligencia. Distinguiendo entre el pensamiento y la inteligencia, Bohm y Krishnamurti comenzaron definiendo a la inteligencia como atención mental, la capacidad de leer entre líneas, particularmente de leer el pensamiento y comprenderlo.

   Ellos luego continuaron considerando los niveles más profundos de la inteligencia, donde ésta se puede considerar como sinónimo de Dios (Diálogo con Bohm en Krishnamurti 1986, p.509/526). Krishnamurti sugiere: “La gente religiosa, en vez de usar la palabra inteligencia, ha usado la palabra Dios”. Bohm contesta: “Dios es tal vez una metáfora para inteligencia. Dios significa aquello que es inmensurable, y que está más allá del pensamiento” (Diálogo con Bohm en Krishnamurti 1986, p.525-6). Krishnamurti está de acuerdo y luego nos recuerda que nuestra imagen de Dios y nuestras ideas de Dios fueron creadas por el pensamiento para satisfacer sus deseos y disipar sus temores: “el deseo por esta inteligencia, a través del tiempo, creó esta imagen de Dios. Y por medio de la imagen de Dios, Jesús, Krshna, o cualquier otro nombre, y teniendo fe, que también es el movimiento del pensamiento, uno espera que haya armonía en nuestra vida” (Diálogo con Bohm en Krishnamurti 1986, p.526).

   Esto no es para negar la existencia de una inteligencia, o Dios, más allá del pensamiento, del deseo y del temor. No dicen que no existe algo así como Dios, cuando Dios es despojado de nuestras supersticiones y temores, solamente indican que la palabra, la imagen, y las ideas construidas por nuestros pensamientos no son Dios.

   De modo que el camino hacia la armonía en la vida no es por medio de la imagen, sino solamente por la realidad de Dios, o si lo prefieren, la realidad de “lo que es”. Comprendiéndolo así, no es hasta que todo el proceso del pensamiento se entiende, que hay algo parecido a estar inspirado, ser guiado o tocado por algo, excepto por el pensamiento, a largo plazo. Podemos tener nuestros momentos, pero hasta que nuestras vidas se arraiguen en la inteligencia universal, permanecen según Mead las describió, como procesiones del destino. Tal vez el terreno o la totalidad de la que habla Bohm, el orden generativo más elevado, es igual a la consciencia pura de la Vedânta: estando ambos más allá del pensamiento y siendo inmensurables. En Ciencia, Orden y Creatividad, Bohm y Peat usan geometría fractal para ilustrar cómo el orden puede existir dentro de un aparente azar (Bohm y Peat 1987, p.173). Los fractales de Mandelbrot poseen un orden oculto, la figura base y el generador, que manifiesta un sorprendente conjunto de imágenes complejas, incluyendo estrellas de seis puntas, cristales de nieve, montañas, imágenes de Buddha, y muchas otras: todas basadas en una figura simple y un generador aplicado a varias escalas. (Bohm y Peat 1987, p.152-4). Este modelo puede ayudar a contestar la pregunta, ¿de dónde proviene el orden? Si el orden se puede ocultar dentro de un azar geométrico aparente, entonces tal vez también se puede ocultar dentro del azar aparente de la vida de modo más general. Ese orden oculto es la Inteligencia. En el sistema platónico se describiría como lo Bueno, y en el sistema gnóstico como la Mente, siendo todos ellos capitalizados a menudo para distinguirlos de sus imágenes mentales inferiores y a menudo muy distorsionadas.

   Bergson sostuvo que el desorden no existe. Según su opinión existen sólo dos tipos de orden: geométrico y vital (Lorand 1992, p.580-87). El orden geométrico incluye el movimiento de partículas en el espacio y el tiempo, el orden del número, el funcionamiento de máquinas y los órdenes más sutiles evidentes en el crecimiento de las plantas y el desarrollo del lenguaje (Bohm y Peat 1987, p.111). El orden geométrico es secundario, el orden vital es fundamental. Según la opinión de Bergson, el intelecto crea un orden artificial o mecánico, que puede ser de valor práctico, pero no es la verdad acerca de la realidad. Es el orden vital el que ordena la naturaleza, “el orden del intelecto es inerte” (Morand 1992).

   Esta comprensión informa el tratamiento de Bohm sobre el orden generativo o el movimiento de todo, la totalidad. Lo que Bohm llama la totalidad parece ser la misma nada llamada Purusha en Sânkhya y Brahman en Vedânta. Entonces, la consciencia pura, inteligencia o Mente pueden representar el orden fundamental generativo o implícito, del que surgen la mente y la materia, y todos sus centros. Más aún, como toda manifestación de orden, mecánica, biológica, hermenéutica y otras derivan del orden generativo, eleva la posibilidad de que la totalidad, el movimiento total y la consciencia pura son de la naturaleza del orden, y que finalmente, es orden que se desenvuelve de ellos. Esto concuerda con la idea de Platón del Bien, y la de la Unidad de Plotino. Supongo que podría ser descripto básicamente como una forma de emanacionismo.

   En este modelo se propone que aunque la totalidad es de la naturaleza del orden, y finalmente sólo el orden se desenvuelve de ella, lo mismo no puede asumirse de las partes semi-autónomas de la naturaleza, tales como el intelecto humano o el pensamiento. Más aún, en este modelo se podría proponer que el orden, la paz y la felicidad son parte de órdenes más profundos del ser, de modo que es necesario no pensar en términos del orden creativo a partir del caos, sobreviviendo en un mundo hostil, luchando para hallar la felicidad o cualquier otra cosa similar, y sin embargo, descubrir qué significa vivir en armonía con el orden natural, y no meramente el orden de la naturaleza física. ¿Provienen la Inteligencia y el Orden del yo personal empírico, o del Yo universal, la totalidad, descripto de diferentes modos como consciencia pura, Brahman, el âtman, el Principio Fundamental o Dios? La fuente esencial del orden, parece ser, según Bohm y Krishnamurti, la inteligencia más allá del pensamiento, que es sinónimo de Dios, consciencia pura y Brahman. Ellos afirman que el pensamiento es un proceso material, mecánico, medible y electroquímico, que ocurre en el cerebro y es principalmente una reacción del pasado; mientras que la inteligencia no es ni mecánica ni medible, ni es el producto del pensamiento o el tiempo. Finalmente acuerdan que la relación entre la inteligencia y el cerebro, o entre la inteligencia y el pensamiento, es que el cerebro puede ser un instrumento de la inteligencia, el pensamiento puede ser “el que señala” hacia la inteligencia, mientras que en sí mismo el pensamiento es ‘estéril’. No tiene valor alguno sin la inteligencia (Diálogo con Bohm en Krishnamurti 1986, p.520). Es entonces importante comprender claramente la diferencia entre el pensamiento, que es un movimiento en el tiempo, ajeno de lo ‘que es’, y la inteligencia, que existe en las profundidades de la vida, o los intervalos más profundos del orden generativo, y sólo puede contactarla una mente que está libre del deseo y del temor, del placer y el dolor, los impulsos mellizos que empujan a la mente hacia el exterior, cada vez más hacia la confusión. Podríamos preguntar, ¿qué es esta inteligencia que potencialmente es nuestro piloto en la vida? Ya hemos visto que no es una posesión personal, no es deseo, no es el pensamiento o el intelecto. Tampoco es un acuerdo social que nos dicta qué es correcto o incorrecto. Más bien es la luz de la inteligencia universal o consciencia pura, un reflejo dentro nuestro del movimiento total, que es sinónimo del Bien en el sentido platónico.

   Entonces, ¿dónde deja todo esto la cuestión del diseño cósmico y su diseñador, y del asunto relacionado pero separado respecto a la inteligencia o sino de los diseñadores humanos, digamos, científicos o genetistas? El ser humano puede ser, y esencialmente es, un microcosmos o espejo de la inteligencia pura o de la consciencia pura, que es inseparable del bien o de la totalidad. Mientras tanto, somos en gran medida la encarnación del deseo, el miedo, y del pensamiento condicionado. ¿Significa esto que los científicos y el resto de nosotros no deberíamos hacer lo que hacemos, porque no somos dignos de confianza? Eso sería asumir una posición un tanto idiota, por no decir imposible. Como señala de modo elocuente el Bhagavadgitâ, no es posible para un ser humano permanecer estático ni siquiera por un segundo. Sin embargo, también debe tenerse en cuenta la innegable diferencia entre nosotros como creadores, inventores, manipuladores, y la acción de la totalidad, Brahman o Dios, en el que los mundos aparecen y desaparecen infinitamente en un flujo y reflujo regular de creación y disolución, cuya naturaleza es el orden. El Bien en nosotros, la Inteligencia en nosotros, que es universal, está atenuada por haber encarnado en un instrumento que ha sido poseído por el pensamiento condicionado. Esa es la posición de Krishnamurti y de Bohm. Por contraste, la acción de la totalidad no está distorsionada por el elemento personal. Por definición es total, completa, ilimitada. Nuestras acciones son todas limitadas, fragmentarias, condicionadas, etc.

   No importa cuán inteligentes nos volvemos o cuán faltos de educación podemos permanecer, nuestro estado básico como seres condicionados dependientes permanece inalterado.

   ¿Cambiaría algo en mi argumento básico respecto  al diseño inteligente, si científicos avanzados de otro mundo crearan toda la ‘vida’ sobre la tierra? Considero que no, porque el Ser, no los seres, ‘crearon’ la vida. Creo que este universo y todo lo que éste incluye es la creación, la expresión, o emanación del Ser o la consciencia pura. Si deseamos hablar en términos de ‘multiuniversos’, que personalmente no lo haría, entonces de igual modo diría que la totalidad de todos los multiuniversos es la creación o emanación o expresión del Ser, no de los seres. Esa sería la opinión de Platón, Blavatsky, Bruno y Bohm entre otros, a los que elegiría para unirme a ellos. En este argumento, si científicos avanzados de otro mundo crearan la vida sobre la tierra, no sería igual a decir que ellos crearon la Vida misma. La Vida es la totalidad, lo inmensurable, la vastedad de lo que el espacio es sólo un reflejo, y de la que todo lo que existe es una emanación. Todo lo que los seres pueden hacer, ya sean terrestres o extra-terrestres, es juguetear con lo que el Ser ya ha producido: particularmente, las condiciones necesaria para la existencia, sobre la tierra, en el cielo, o en Marte, según sea el caso. Creo que podemos confiar en la inteligencia del Ser, que es de la naturaleza de la inteligencia y de la felicidad, sat-chit-ânanda, de un modo que no podemos confiar en la inteligencia de seres condicionados, limitados, tales como los humanos. ¿Tiene esto alguna repercusión respecto a cómo podríamos ver el esfuerzo científico? Pienso que implica solamente que veamos todo el esfuerzo humano y extra-terrestre con cuidado, con humildad, y donde sea posible, con precaución contra la carencia de inteligencia que la carne hereda, ya sea esa carne rosada o verde. Pero ésta no debería ser una historia de precaución, dado que nunca sabemos lo que realmente está actuando detrás de las cosas que hacemos: particularmente porque esa inteligencia en la que podemos confiar está dentro de nosotros. Todo lo que tenemos que hacer es encontrar nuestro camino de regreso hacia ella. 

 

 

Obras citadas

Bohm, David, La Totalidad y el orden implícito, Routledge, Londres y Nueva York, 3ra. Ed., 1980/1997.

Bohm, David, y F. David Peat, Ciencia, Orden y Creatividad, Bantam, Londres, Nueva York, 1987.

Burtt, E. A., Buscando la comprensión filosófica, New American Library, Nueva York & Toronto, 1965.

Krishnamurti, J. El despertar de la inteligencia, Victor Gollancz, Londres, 1986.

Lorand, Ruth, ‘El concepto de Bergson del orden’, Periódico de la Historia de la Filosofía 30 (4), Oct. ‘92, 279-595.

Mead, G. R. S., La Gnosis de la Mente, The Gnostic Society Library, 1906 b., acceso marzo 2006, disponible en www.gnosis.org/library/grs-mead.

Müller, F. Max, India, ¿qué puede enseñarnos?, Rupa & Co, Nueva Delhi, 1883/2002.

Schweizer, Paul, ‘Dualismo mente/consciencia en la filosofía de la Sankhya-Yoga’, Investigación filosófica y fenomenológica 53 (4), Dic. 1993, 845-59.

 

 

  

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