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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 131 - Número 10 - Julio 2010 (en Castellano)

 
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Fortalecer el vínculo

 

 

ANTONIO GIRARDI

 

El Sr. Antonio Girardi es Secretario General de la Sociedad Teosófica en Italia.

  

   Cualquier cosa que se puede ‘mantener’ también se puede ‘fortalecer’, pero el corazón de nuestra meditación es el ‘vínculo’. Este lazo se debe considerar no como una restricción o un límite, sino como una percepción vital y total conectada por buscadores espirituales a las ‘condiciones del ser’, actuando como un indicador positivo para mantener o fortalecer una conexión de acuerdo a puntos de vista espirituales, incluyendo:

-          el vínculo con los Maestros de la Sabiduría,

-          gratitud a los Pioneros de la Sociedad Teosófica,

-          vivir la realidad de la búsqueda filosófica y de la tradición, siempre teniendo en mente los valores del corazón, solidaridad, y servicio a otros,

-          intuición,

-          estar en armonía con la naturaleza,

-          creación e interpretación artística, y

-          meditación.

   Las ‘condiciones del ser’ no son una representación mecánica de esas suposiciones positivas que Krishnamurti define como ‘observación total’, lo único por medio del cual podemos captar la totalidad y santidad de la vida. Las ‘condiciones del ser’ sin embargo, son importantes, y brillan en el estado de impermanencia que pertenece a la dimensión humana, son fuertes y bellas sólo si están apartadas de la autoridad, la acumulación y de la percepción distorsionada representada por prejuicios, y cristalizaciones.  Para resumir, ‘vivir’ esas ‘condiciones del ser’ nos hace conscientes de la búsqueda, del verdadero vínculo con la Vida.

   El propósito de la búsqueda es superar la dualidad de lo observado y del observador, que es la observación total, meditación, amor, silencio. Al respecto podemos hablar de ‘despertar’, un despertar al que un profundo erudito, el profesor Giangiorgio Pasqualotto de la Universidad de Padua, le gusta definir como “súbito pero no improvisado”, como la ‘ciencia’ a la que se refiere Platón, que “aparece súbitamente (exaiphnes), pero sólo después de largos periodos de debate”.

   Es útil, llegado este punto de nuestra reflexión, profundizar en el ‘método’ de la tradición Platónica y Neoplatónica, que muestra una analogía sorprendente con la filosofía budista. Este método nos hace acordar a la palabra ‘debate’, la traducción española del verbo griego dialeghein. Platón no da a entender con esto una confrontación superficial de personas que están fuertemente convencidas de la verdad de sus opiniones, sino un debate abierto donde quienes hablan están deseosos de expresar sus opiniones abiertas a la duda.

   Esta profunda cualidad del diálogo platónico es análoga a lo que encontramos en las palabras de Buddha y del Buddhismo Zen.  Buddha no declara una ‘doctrina’ en el sentido de un sistema organizado de verdades, sino que le pide a quien habla, como Sócrates en los diálogos platónicos, que reflexione individualmente sobre la pregunta, a fin de llegar a una mejor solución. De modo que el enfoque teosófico moderno y contemporáneo tiene mucho en común con el método platónico y neoplatónico, y también con el budismo.    

   La línea común, entre otras cosas, es la importancia dada al ‘método’ de la búsqueda espiritual en términos socráticos y mayéuticos. Sócrates, en el ‘Teeteto’, dice que si Teeteto quiere indagar más profundamente, gracias a la búsqueda actual, estará lleno de buenas meditaciones, si permanece ‘vacío’ no sobrecargará a quienes están con él porque, en su sabiduría, no creerá que sabe lo que no sabe. Entonces, este es un método que refuerza el vínculo con la Sabiduría y la Compasión.

   Damodar, uno de los grandes pioneros de la Sociedad Teosófica, escribe en una carta a William Q. Judge:

 

Algunos panteístas creen en dos realidades diferentes: Materia y Espíritu. Sin embargo, meditando sobre este tema, concluí que esta definición no es lógica en modo alguno. Creo que hay una existencia infinita y no dos. Podemos llamarla Espíritu o Materia, como mejor nos parezca, pero es una. ¿Quién puede decir esto es Materia y esto es Espíritu?

 

   De la sabiduría y la compasión procede el concepto fundamental de la Unidad de Vida, como lo expresan las nobles palabras pitagóricas: “Hasta donde se le permite al ser humano, sabrás que la Naturaleza es Una y es similar en todo.” Sabiduría no significa acumular o hacer una lista de conocimiento, virtudes o conceptos, sino que significa desarrollar una actitud para concentrar las cualidades armónicas de los componentes de la realidad, comenzando a partir de la que percibimos, sin permanecer estáticos en ella.    

   La compasión no es puro sentimiento, un pensamiento fijado en algo o alguien, una frustración psicológica, sino una percepción que destaca las conexiones de la unidad entre todos los seres humanos y cosas. Vida es crear sistemas correlacionados, siempre transformándose, como si la mente rompiera sistemáticamente el límite del conocimiento.

   El sistema descripto precedentemente es muy completo y podemos ver en él diferentes procesos que muestran todas sus limitaciones y la insuficiencia del concepto de especialización, si se consideran separados del total, y permaneciendo solos. Una parte pierde su significado propio si se la separa del todo. La sabiduría y la compasión necesitan estar conectadas, con una perspectiva unificadora, porque ambas expresan fuertemente la dimensión del ser y la consciencia del todo. Para permitir que esto suceda, la sabiduría y la compasión no pueden considerarse como algo externo a nosotros, que podemos alcanzar siguiendo procedimientos establecidos de antemano.

   Sin embargo, existen algunos elementos fundamentales para seguir a fin de alcanzarlas:

-          eliminar la barrera del juicio dualista,

-          superar el contraste entre el corazón y la mente, no existe ni supremacía del corazón ni de la mente (sentir con la mente, pensar con el corazón),

-          promover una cultura holística de modo que podamos descubrir la Unidad en todo,

-          comprender la dimensión de causas y la acción de karma,

-          recordar que la dimensión de los sueños va más allá de los ‘croquis’ (el paisaje es diferente a sus elementos),

-          aceptar que si no es posible alcanzar una total iluminación espiritual, tenemos que aceptar la realidad de la ‘discontinuidad’ de la percepción.

   La sabiduría y la compasión florecen espontáneamente si la barrera entre el observador y lo observado se supera. Si no es así, debatiremos constantemente y hablaremos de ‘definiciones’, y no viviremos de modo sabio y compasivo.

   Jiddu Krishnamurti dice:

 

Cada instante se inicia en el observador, si él no comprende que el observador es lo observado, simplemente genera otra serie de imágenes y queda atrapado otra vez. Pero tan pronto como el observador comprende que la cosa que lo motiva a actuar, es él mismo, entonces no existe conflicto entre él y la imagen. Él es la imagen. No hay separación. Cuando está separado, hace o trata de hacer algo al respecto, pero cuando el observador comprende que él es lo observado, en ese punto no existe ni simpatía ni antipatía y el conflicto cesa.

 

   El método teosófico es muy parecido a todo esto, y es por esta razón que me gustaría terminar mi breve charla con estas significativas palabras de la Presidenta internacional de la Sociedad Teosófica, Sra. Radha Burnier:

 

La Teosofía no es un tipo de filosofía vacía, o una nueva secta o religión, sino que tiene relación con aprender sobre la vida y la percepción de su belleza y su significado. Quienes trabajan según su propósito son una luz que irradia amistad y armonía, bondad y amor hacia todo. Si lo que estamos estudiando no cambia la cualidad de nuestras relaciones y actitudes, entonces algo está faltando en nuestro modo de comprender la Teosofía.

 

 

 

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