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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 131 - Número 6 - Marzo 2010 (en Castellano)

 
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El punto central de la Verdad – II

  

EDI D. BILIMORIA

  

El Dr. Edi D. Bilimoria es un científico y ahora Coordinador de Educación en la S. T. en Australia

 

   El punto central de la Verdad nos ha mostrado qué senderos son válidos y cuáles no lo son para el buscador de la verdad espiritual. Pero ¿cómo haremos realmente el viaje desde donde estamos, hacia la meta que deseamos alcanzar? Transformemos alquímicamente nuestros dardos en vehículos y conduzcamos en una autopista, recordándonos que aunque estamos solos en nuestro automóvil individual, y aunque tenemos que conducir dependiendo de nuestra habilidad y esfuerzo, no estamos solos en el viaje, y pasaremos o seremos pasados por nuestros compañeros de viaje hacia nuestro destino común. También nos detendremos a ayudar a los viajeros varados en el camino.

 

Los tres factores necesarios para un viaje en auto

   Cualquiera de las tres autopistas que sea nuestra ruta preferida, para un viaje exitoso son indispensables tres factores.

  1. Un destino claro en mente.
  2. Un vehículo en total orden mecánico de funcionamiento.
  3. Habilidades de conducción.

   Los factores 2 y 3 son aparentemente obvios, pero a menudo se confunden o se toma el uno por el otro. El mejor conductor de vehículos de carrera no puede avanzar sin un vehículo que funcione. De igual modo, podemos tener un brillante Rolls-Royce a nuestra disposición, pero no llegaremos a ningún lado, o tendremos un accidente si no sabemos conducirlo. Entonces ahora, convirtámonos en motoristas espirituales.

 

Los tres factores necesarios para la evolución espiritual

   Nuestro viaje espiritual también necesita tres componentes para la iluminación, en particular:

  1. Una meta clara, lo que significa un deseo honesto de Auto-realización asociado con algún noble atributo hacia el cual aspirar.
  2. Comprensión de las Ciencias Ocultas, también conocidas como Râja Yoga o Brahma Vidyâ.

    Las enseñanzas clásicas (principalmente Las Cartas de los Maestros y las obras de Blavatsky) proveen de maravillosa instrucción sobre la `mecánica y dinámica´ de nuestro vehículo espiritual[5] pero no proveen prácticamente de ninguna instrucción (excepto a un nivel muy elevado)[6], sobre cómo manejar en el camino. Naturalmente, se enfatiza la importancia suprema de una Fraternidad regenerativa, pero ¿cómo alcanzamos tal actitud de cuidado y consideración hacia nuestros semejantes en el camino espiritual? Al respecto casi no tenemos guía alguna sobre la meditación y el servicio, sólo se enfatiza la necesidad de ambos.[7]

  1. Instrucción práctica y aplicación de Yoga, meditación, servicio, y auto-mejoramiento constante.

   Personas como Krishnamurti, Paul Brunton y también muchos de los teósofos post-Blavatsky, dan “instrucciones de conducción” activas para el viajero espiritual, pero, como se mencionó anteriormente, no las dan Blavatsky y las enseñanzas originales que asumen como un sine qua non que el estudiante ya ha hecho gran parte del trabajo duro, y ha dominado por lo menos los rudimentos de viajar en el difícil camino hacia la iluminación.

   Por ejemplo, tomen el caso familiar de un estudiante honesto que ha captado las enseñanzas en el cuadro mayor (tal como cosmogénesis, los siete principios del hombre), pero cuyos esfuerzos son asediados por los problemas más pequeños (hablando relativamente) de la vida diaria: salud, obligaciones familiares, ganarse el sustento, etc. Existe un artículo inspirador de Jinarâjadâsa[8] que ofrece consejo e instrucción prácticos para quienes no se benefician de voluminosos libros de metafísica oculta pero necesitan algunas “lecciones espirituales de conducción”. (Si bien pueden manejar hábilmente el auto a cualquier parte, en total ignorancia de su funcionamiento, hasta que se rompe.)

 

Algo de ayuda en el camino

Verdad Universal y verdades relativas. La advertencia de Einstein sobre la diferencia.

   Según Einstein, la ciencia nos puede decir la verdad, pero no la Verdad Real o la Verdad Absoluta. En sus propias palabras: “Pienso que debemos establecer una diferencia entre lo que es verdad y lo que es realmente verdad. Una afirmación que no manifiesta referirse a cualquier cosa excepto a las apariencias puede ser verdad, pero una afirmación que no sólo es verdad sino que se refiere a las realidades que existen por debajo de las apariencias es realmente verdad ”.

   La ilustración siguiente de la física[9] aclarará esta distinción entre `verdad´ y `verdad real´.

   Imaginen un conductor en reposo cargado con electricidad, colocado en cualquier parte sobre la superficie de la tierra. Es un hecho reconocido de electromagnetismo que habrá un campo eléctrico alrededor de tal conductor, pero no un campo magnético a su alrededor porque está en reposo. Sin embargo la tierra está en movimiento alrededor de su eje y en su órbita alrededor del sol. De modo que para un observador en un planeta distante, el conductor, que está en reposo respecto a la tierra, aparecerá estar en movimiento, y por lo tanto, estará rodeado de un campo magnético. Esto significa que no existe un campo magnético alrededor del conductor para un observador terrestre, pero si un observador estelar hiciera mediciones en el conductor de la tierra, detectaría un campo magnético.

   Llegamos a una extraña conclusión, que el conductor referido origina, y no origina un campo magnético en el mismo y preciso momento. Entonces, ¿cuál es la verdad absoluta? Hay un campo magnético alrededor del conductor, o no lo hay? No hay una respuesta para esta pregunta. Einstein dice: “Sólo podemos conocer la verdad relativa, la Verdad Real sólo la conoce el Observador Universal”. Y quién es este “Observador Universal” de Einstein sino el Todopoderoso, el Supremo Poder Innombrable y Superior, de conocimiento infinito y bienaventuranza, la Inteligencia Inescrutable de Sir Isaac Newton?

   Concluimos que la verdad investigada por la ciencia es SIEMPRE RELATIVA Y NO ABSOLUTA. La ciencia es una serie de aproximaciones a la verdad; nunca hay algo definitivo. Por lo tanto un Teósofo debe ser sumamente cauteloso con esos científicos que proclaman sus descubrimientos y teorías como verdades evangélicas, las que ciertamente no lo son.

   La Verdad Absoluta, llamémosla Brahma Vidyâ, es competencia de la Ciencia Real, la Ciencia Oculta. Y antes que tales Verdades sean impartidas, el buscador debe hacer cierto tipo de oración o entrega a algún aspecto de lo Divino. Por ejemplo los Jainos suplicarían:

 

   Me inclino ante el Señor Mahâvira, el gran propiciador de todos los seres vivos, la fuente de dicha de las almas del Universo, quien es adorado por todos los seres celestiales y el señor de los dioses.

   Busco la protección del Señor Sântinâtha, la encarnación de la Paz sobre la tierra, para la aniquilación de todas las lujurias y deseos de la carne. Él obtuvo máxima ecuanimidad de mente, y confiere paz a quienes viven a Sus pies.

 

   Esto no significa que destruimos nuestro ego (indispensable para nuestra existencia terrestre), sino que prestemos atención a cómo usamos nuestro ego. ¿Es nuestro ego nuestro maestro o nuestro sirviente?

 

El uso correcto del Ego

   Tomemos el ejemplo de Beethoven y Napoleón. Fueron contemporáneos, no por coincidencia, y ambos moldearon los destinos de los hombres. Obviamente sus senderos individuales eran totalmente diferentes, sin embargo, como muestra la Figura 5, tenían mucho en común respecto al carácter.

 

Mata toda ambición, pero vive como el que es ambicioso

-Comparación entre Beethoven y Napoleón-

 

 

   El punto aquí es que estos dos grandes hombres tenían egos poderosos, pero en el caso de Napoleón, usó el ego para servir el yo inferior, y Beethoven fue capaz de hacer girar su ego totalmente para servir lo divino. En el primero hubo auto-ensalzamiento y ruina de lo que podría haber sido una Europa unida siglos antes de haber sido planteada la idea de un Mercado Común de los países europeos; en el segundo, hubo auto-abnegación y toda la humanidad cosechó la recompensa inestimable de un hombre que, por la fuerza de su voluntad, dedicó todo su ser a servir sólo el propósito superior.[10] Y no tengamos ninguna duda, que quien sirve lo Superior, también debe por lo tanto servir a la humanidad. Porque ¿no afirmó acaso Annie Besant: “Que todo aquel que se sienta uno Contigo, sepa que por lo tanto es también uno con todo lo demás”?[11] Vean qué bello suena esto con la afirmación de Beethoven: “No existe misión más noble que acercarse a Dios más cerca que otros mortales, y por medio de ese contacto difundir los rayos de Dios por toda la raza humana”.[12]

 

Una última Verdad mordaz con un aguijón dulce

   La erudita en los Vedas, Jeanine Miller, nos advirtió sobre los peligros de las imitaciones de otros, como loros. Ella afirma que: la devoción a la verdad -no a ninguna personalidad o cuerpo de doctrinas o conceptos- expresada por H. P. Blavatsky y tomada por nuestros líderes, es demasiado a menudo pasada por alto, y esa repetición cerebral de lo que otros han dicho o escrito simplemente no es suficiente. Más importante aún: la fuente de la verdad espiritual no está contenida en ningún libro en particular. HPB misma nos dijo que La Doctrina Secreta levanta sólo una punta del velo, que debe ser retirado y vivido por medio del alma humana.

   Esta advertencia expresa dos factores de máxima importancia a los estudiantes serios de Teosofía. En primer lugar, que no podemos esperar volvernos iluminados cultivando “células madre” de La Doctrina Secreta, lo que significa que no podemos tomar la doctrina sólo como una pieza de información literal para ser procesada por el cerebro. En segundo lugar, y relacionado con esto, que estas elevadas enseñanzas deben ser digeridas por nuestra facultad de la sabiduría. Por ejemplo, la doctrina sublime de los Mânasaputras y la enseñanza de la transferencia de la Oleada de Vida de la Cadena Lunar a la Cadena Terrestre no puede tomarse como información a ser contrastada con las últimas mediciones astronómicas enviadas por las sondas espaciales. Incluso los científicos dentro de la Sociedad Teosófica tienen gran dificultad sobre esto, porque no es algo que las ciencias físicas puedan verificar de modo alguno. Este tipo de enseñanza no puede ser asimilada por el manas inferior común, la caja cerebral que revela en dicotomías. Debe obtenerse por medio del alma humana. Y ¿Qué es el alma humana sino el Manas Superior (Mente Superior), iluminada por la intuición o Buddhi?

 

Entonces, y de Blavatsky, ¿qué?

   Recordando las afirmaciones dadas al principio sobre libertad de pensamiento, somos libres por supuesto de ignorar a Blavatsky, pero como teósofos practicantes, la omitimos a nuestra cuenta y riesgo. Podríamos también tratar de volvernos concertistas de piano y rechazar el entrenamiento musical y la técnica del Preludio y Fuga 48 de Bach. ¿Por qué no aspirar a ser un gran actor y desestimar a Shakespeare? De modo que, aunque Blavatsky puede que no suene con todos nosotros, y no estemos obligados a estudiarla (porque somos libres), sin embargo, si decidimos aspirar al conocimiento y la sabiduría teosóficos, estamos obligados a estudiar sus obras y practicar el mensaje que propuso con tanta fuerza, claridad y en un espíritu científico, porque estaba respaldado por miles de fuentes de referencia. ¿Alguien más ha hecho esto? ¿Alguien más ha establecido el vasto proceso de cosmogénesis y antropogénesis, no como una imitación de doctrina encontrada de una forma u otra en las escrituras del mundo, sino como su fuente común, mostrándole al hombre un Propósito, un Plan, un Proceso Consciente, y un Camino?

 

Siete etapas en nuestro viaje

   Nuestro viaje hacia la iluminación claramente debe ser realizado en etapas. La Figura 6 describe las etapas principales que debemos ascender, es decir las vallas a conquistar, a fin de reclamar nuestra recompensa de iluminación espiritual lograda por nuestros propios esfuerzos. Estos pasos (o hitos del viaje, por así decirlo) son auto-evidentes, pero explayémonos en el último, aplicar la fórmula esencial para la verdad.

                                         

La fórmula fundamental, la dirección Web de la Verdad

   Resumamos nuestro caso usando el ejemplo de un físico meditando sobre, digamos, la naturaleza de la luz. Esto, la naturaleza de la luz, es la verdad que él desea descubrir; representa al “MÍ” en el punto central del tablero del blanco de sus investigaciones. Nuestro físico ahora desea elegir por cuál sendero, o senderos, se acercará a la verdad.

   Él no comienza su búsqueda preguntando quién es más grande: ¿Einstein o Newton? Y luego habiendo optado arbitrariamente por, digamos, Einstein, avanza por este camino (es decir, las teorías de Einstein) y rechaza las teorías de Newton totalmente, o peor aún, ataca las ideas de Newton y denigra su carácter. Nuestro humilde físico se preguntará: “¿Cuál es la propiedad del fenómeno físico que estoy investigando? Es la naturaleza óptica de la luz, como se aplica a microscopios y telescopios, o es el efecto fotoeléctrico[13], donde una corriente de electrones es emitida por ciertos metales al incidir un haz de luz sobre éstos últimos? ” Nuestro físico se dará cuenta que debe seguir el camino de Newton para la primera investigación, pero que deberá viajar por el de Einstein para la segunda. También verá que hay mucho más que une a Newton y Einstein, de lo que los separa en realidad, nada verdaderamente los divide en modo alguno. Ciertamente ambos tienen una gran deuda con Galileo y otros, porque toda gran mente científica aporta cierto aspecto de las leyes universales de la Naturaleza, para responder a preguntas sobre manifestaciones específicas de fenómenos naturales relevantes a la edad y cultura en la que vive.[14] En otras palabras, la verdad sobre la luz, per se, incluye todo investigador, y cualquier teoría sobre la misma.

   Pero lamentablemente todavía existen algunos “teósofos fundamentalistas”, si se permite tal oxímoron en un contexto teosófico, que hacen carrera ensalzando a sólo un maestro y denunciando a todos los demás, imaginando diferencias donde realmente no existe ninguna, excepto en términos de expresión y lenguaje, y en abrir pequeñas fisuras entre varias doctrinas, en un gran cañón de conflicto.

   Con vigor renovado debemos enfatizar nuevamente la necesidad de discernir lo absoluto de lo relativo, y ser conscientes de la diferencia. En conclusión, la Verdad no puede ser ajustada a la fuerza en Blavatsky, Besant o Leadbeater, o ningún otro, porque la Verdad siempre permanece por encima de todos, y trasciende a todos, y a cualquiera, de sus grandes exponentes.

   Para resumir lo expresado un tanto imaginativamente, en términos de Internet, un físico no conduciría su investigación sobre la luz usando una dirección electrónica: www.Einstein.com/light; sino www.Light.com/Einstein o www.Light.com/Newton[15]  De modo similar, la Verdad nunca puede descubrirse adoptando una actitud de www.HPB.com/truth, sino siempre Truth.com/HPB/…

   De modo que es una contribución primordial y un servicio indispensable de los teósofos, demostrar una Fraternidad que promociona la universalidad de la mente, y una actitud constructora de la paz, nacida no de un débil acuerdo, sino de una comprensión genuina de la sabiduría perenne que sostiene una reconciliación de los opuestos incluidos en la Verdad. Difundir meramente información teórica oculta sobre los estados post mortem y fenómenos paranormales, etc., es un asunto secundario.

 

 

 

Referencias y Notas


 

[5] Por ejemplo, la constitución septenaria del Hombre.

[6] Por ejemplo en La Voz del Silencio dedicado por Blavatsky “a los pocos”, y lo que se conoce afectuosamente como el Diagrama de Meditación de HPB.

[7] De aquí que la teosofía esencial le hace reclamos supremos al estudiante, a quien se lo deja generalmente  que se las arregle solo respecto a cuál sendero debe seguir para estar en consonancia con su temperamento y su meta.

[8] La vida del alumno ideal, C. Jinarâjadâsa, Teosofía en Nueva Zelanda, Marzo 2006.

[9] Este ejemplo se toma de un libro clásico de la cosmología de Jain, Cosmología Antigua y Moderna, Profesor G. R. Jain, Bharatiya Jnanpith Publication, 1991

[10] Ciertamente, Beethoven afirmó en cierta oportunidad que si pudiera dirigir ejércitos, como podía componer música, le enseñaría a Napoleón un par de cosas!

[11] Líneas finales de la Invocación Universal de “Oh Vida Oculta…” escrita en 1923.

[12] Beethoven, en una carta de 1823.

[13] Albert Einstein recibió el premio Nobel por su descubrimiento, no por sus famosas teorías sobre relatividad.

[14] Por cierto, Newton aludió, o mejor aún, afirmó el efecto fotoeléctrico (pero no en términos matemáticos) en su reconocida Opticks, para la que Einstein escribió el Prólogo de la cuarta edición. El escritor propone, pero obviamente no puede probar, que fue al leer esta obra escrita por ese místico-científico supremo, Newton, lo que le dio a Einstein el impulso de investigar la fotoelectricidad y luego formular la inter-convertibilidad de materia y energía como la piedra fundamental de su teoría de la relatividad.

[15] Esta es por supuesto la dirección correcta del sitio para investigar lo que Newton o Einstein dijeron sobre la luz.

 

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