|
Vol. 131 - Número 6 - Marzo 2010 (en Castellano) |
|
|
|
Página
9 |
|
El arte de aprender
P. KRISHNA
Prof. P. Krishna, miembro de la Sociedad Teosófica por muchos años, es Secretario del Centro de Educación Rajghat, de la Fundación Krishnamurti en India, Varanasi
Debemos distinguir entre dos tipos de aprendizaje. Está el aprendizaje que es acumulación de conocimiento, éste es cuestión de tiempo y esfuerzo. Es esencialmente el cultivo de habilidades o del pensamiento y la memoria. También existe un aprendizaje más importante, que es la capacidad de discernir qué es verdad y descartar lo que es falso, y por lo tanto llegar a un significado más profundo de todo en la vida, incluyendo el amor, la religión, la belleza y la muerte. Este aprendizaje no es acumulativo, por lo tanto no es cuestión de tiempo. Tiene la naturaleza de una conciencia holística, una profunda comprensión, una amplia visión, sabiduría y compasión. Con el transcurrir del tiempo, necesariamente crecemos en conocimiento y experiencia, pero no en sabiduría. Es sólo cuando la mente tiene una profunda percepción directa de la verdad que una ilusión desaparece, y aparece una mayor sabiduría, o comprensión de la vida. Mantener nuestra mente en tal estado de diálogo es el arte de aprender. El diccionario define a `diálogo´ como una conversación entre dos o más personas y también como un intercambio de opiniones o ideas. Krishnamurti le dio un significado mucho más profundo y señaló su importancia como un medio de inquirir religioso en la Verdad, que él propuso como lo desconocido. Él distinguió entre el conocimiento de la verdad y la realización de la verdad, y usó el diálogo como modo de lograr el segundo. Los libros sagrados de todas las religiones contienen descripciones de la verdad, que fue percibida por notables videntes religiosos, pero esas descripciones no nos revelan la verdad cuando las leemos. Pueden señalar hacia la verdad, darnos una idea acerca de ella y crear una comprensión intelectual, pero eso no es lo mismo que la realización de la verdad. Krishnamurti intentó unir la brecha por medio de lo que él llamó un diálogo. Un diálogo es muy diferente a lo que normalmente llamamos una discusión o debate. Un debate, generalmente, es entre personas que han adoptado puntos de vista definidos y que desean convencernos, o que comparemos sus opiniones. Usualmente están comprometidos con cierta opinión, ideología, creencia religiosa, sistema o nacionalidad política, y debaten desde ese punto de vista particular. La mayoría de nuestros seminarios universitarios y simposios, así como intercambios diplomáticos internacionales, son de tal naturaleza. Así son los debates dialécticos entre filósofos o dirigentes religiosos de diferentes creencias. Comienzan con conocimiento, incentivan un intercambio de ideas y concluyen con más conocimiento y más ideas. Dado que todo el ejercicio está limitado a un campo de ideas y conocimiento, no conducen a la realización de una verdad más profunda. Por el contrario, un diálogo como modo de búsqueda religiosa, comienza no sabiendo. Los participantes saben que no conocen la verdad, la proponen como lo desconocido y están ansiosos de investigar juntos a fin de descubrirla. Al no saber, al no identificarse con ningún punto de vista, al no tratar de convencerse mutuamente de nada, están juntos y no enfrentados unos contra otros. Es como si estuvieran del mismo lado de la mesa, y la verdad estuviera en el otro lado. Es nuestro conocimiento, nuestras creencias, nuestras opiniones, lo que nos divide. Si los dejamos de lado, podemos comenzar a explorar como dos amigos profundamente interesados en examinar cualquier tema en la vida y en llegar a una comprensión más profunda. La verdad puede revelarse a sí misma en el proceso mismo de explorar la cuestión, más que en tratar de responder rápidamente sobre lo que es. Una respuesta dada por una mente que no ha examinado y comprendido profundamente todo lo que implica el tema, es meramente una opinión superficial y por lo tanto de poco valor para un buscador de la verdad. Sabiendo esto, la mente no está interesada en formar opiniones en un diálogo y llegar a conclusiones. Tampoco es competir con otros para llegar a la verdad primero, porque no es ambiciosa y no está buscando satisfacción, fama o notoriedad. Es una mente que está inquiriendo por amor a la comprensión, no por un resultado o una conclusión. Una mente en diálogo duda de toda opinión, es escéptica de toda conclusión porque no está interesada en una respuesta verbal. Busca ir más allá de la palabra, y también tener una profunda percepción directa de la realidad. Explora sobre la percepción de hechos y la comprensión holística del tema, no meramente sobre un método para resolver un problema. Dado que estamos buscando una percepción profunda y directa de la verdad y no meramente la transferencia del conocimiento, no hay jerarquía en el diálogo. No hay división entre el que enseña y el que es enseñado, entre quien sabe y quien no sabe. Un diálogo comienza con la observación y se propone discernir entre lo que es verdad y lo que es falso. Ya que la búsqueda no está basada en el conocimiento, no está en la naturaleza de una transferencia de ideas de aquél que sabe a otro que no sabe. Es preferentemente una exploración en conjunto hacia “lo que es”, conducida con total humildad por amigos que saben que no saben pero desean comprender y llegar a la verdad. Dado que en un diálogo no existe sentido de competencia, rivalidad o discusión, ningún deseo de impresionar, o de ser el primero en señalar algo, no importa en cuál mente surge un pensamiento particular. Sólo es importante explorar qué significado trata de trasmitir ese pensamiento, y si es verdadero. Como nadie toma una posición definitiva con ninguna opinión, tampoco existe sentido de división en un diálogo. Cuando la mente está en el modo observador, no importa si hay dos personas participando en el diálogo, o doscientos, o sólo uno. Una mente verdaderamente imparcial puede ver todos los ángulos de un tema sin apegarse a ninguno de ellos, al igual que un jugador realmente imparcial puede jugar al ajedrez consigo mismo, moviendo las piezas blancas y las negras! Krishnaji comparaba el diálogo a un juego de tenis, donde la pregunta es como una pelota lanzada de un lado a otro, y cada jugador la devuelve con su comentario u observación. Esto continúa hasta que los jugadores desaparecen y la pelota queda suspendida en el aire! Eso significa que los observadores (participantes) con su conocimiento particular, opiniones, puntos de vista, etc., desaparecen y sólo existe la observación del tema que tiene lugar. Si los observadores (o sus personalidades) van a desaparecer, no importa cuántos o quiénes son. Actualmente se debate mucho sobre el mejor modo de conducir un diálogo, si debería haber un coordinador dirigiendo, o no, si debería comenzar con una pregunta pre-formulada, o si la pregunta debería llegar espontáneamente, si deberían haber sólo cinco personas o cincuenta, etc. Mientras que éstas son preguntas útiles desde el punto de vista de la organización, y es bueno saber las reglas del juego antes de comenzar, realmente son periféricas al tema. Ninguna de ellas puede crear un diálogo si la mente no está en el modo de diálogo. Por el contrario, si nuestra mente está en el modo de diálogo, la forma no destruye ni evita el diálogo. Lo que determina la calidad de un diálogo es primariamente el estado de nuestra propia mente. En este sentido, podemos vivir toda nuestra vida con la mente en un estado de diálogo constante, un diálogo con uno mismo, con otros y con la Naturaleza. Esto significa que una mente en el estado de diálogo no es diferente de una mente que escucha y observa, que esencialmente también es una mente que aprende, si entendemos que aprender no significa acumular conocimiento sino el discernimiento de lo que es verdad y de lo que es falso. Es una mente que no está apegada a cualquier opinión o cualquier creencia religiosa, que no está buscando satisfacción o juzgando sobre la base de sus gustos y aversiones. Para tal mente, toda experiencia, toda conversación, todo libro es una fuente de profundas preguntas. El auto-conocimiento y la comprensión son entonces sub-productos de la exploración de estas preguntas por uno mismo. Es una mente que es un estudiante de la vida, constantemente investigando, mirando, aprendiendo, y creciendo en su comprensión, que nunca se adhiere a una conclusión, nunca se apega a una resolución determinada. Sólo una mente así puede trascender los límites del conocimiento y descubrir si existe algo sagrado que esté más allá de todos los pensamientos y creencias humanos.
Quien es erudito, no es sabio; Quien es sabio, no es erudito.
Tao Te Ching
|
|
|
Página
9 |