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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 131 - Número 6 - Marzo 2010 (en Castellano)

 
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Pitágoras y Orfeo,

filósofos griegos

 

 

BHUPENDRA R. VORA

 

El Sr. Bhupendra R. Vora es miembro de la Rama de Mairobi, de la Sociedad Teosófica en África Central y del Este, y ahora vive en Inglaterra.

 

 

   Las verdades secretas del conocimiento espiritual se enseñaron en las escuelas de los misterios en muchas partes del mundo desde tiempo inmemorial. Su origen se debe asignar ciertamente a la Cuarta Raza Raíz. Los misterios se impartieron a los elegidos de esa Raza, cuando el Atlante promedio comenzó a caer demasiado bajo en el pecado para que le fueran confiados los secretos de la naturaleza. Su instauración se atribuye en las Obras Secretas a los Iniciados-Reyes de las dinastías divinas.

   Las instituciones religiosas llamadas Escuelas de los Misterios funcionaron durante la antigüedad en varias partes del globo. Muchos de tales centros espirituales estuvieron situados alrededor del Mediterráneo, en la antigua Caldea, Siria, Palestina, Creta y otros lugares, siendo los más renombrados los de Egipto y Grecia. Muchos famosos maestros enseñaron los misterios ocultos de la naturaleza en estas instituciones, en Egipto y Grecia.

   Entre éstos el nombre de Pitágoras es muy famoso, y se le atribuye la base del sistema filosófico occidental. Este gran iniciado nació alrededor del año 586 a.C., en la isla de Samos en Grecia, en una familia honrada. Pitágoras primero fue influido por maestros órficos. Cuando creció, viajó extensamente. En Caldea y Egipto estudió astrología y química. Permaneció en Egipto alrededor de veinticinco años, y se dice que asistió a las escuelas de los misterios del país y aprendió sus ciencias ocultas sobre los misterios de la naturaleza. Luego viajó a Babilonia, Persia e India, y en cada uno de estos países pasó algún tiempo aprendiendo sus sistemas de pensamiento y asistiendo a sus escuelas secretas. En India aprendió la sabiduría antigua de ese país, por medio de los Vedas, Upanishads, etc., como así también los diferentes sistemas filosóficos y de yoga. Se dice que se hizo famoso en ese país como Yavanâchârya. También estudió con sacerdotes árabes y druidas en la región de Galia. Después de iniciarse en unos catorce sistemas de las religiones del mundo, reconoció que todos eran idénticos en principio, que todos reconocían a Un Dios, y que todos practicaban disciplinas esotéricas similares.

 

 

La Escuela de los Misterios de Pitágoras

   Al regresar de sus largos viajes, Pitágoras estableció una escuela en Crotona Italia. En esta escuela los estudiantes eran admitidos sólo después de un cuidadoso examen. Las mujeres que querían estudiar eran admitidas bajo los mismos términos que sus compañeros varones. Antes de la admisión, los estudiantes nuevos eran interrogados cuidadosamente respecto a su actitud ante sus mayores, sus amigos y asociados, sus caracteres, su modo de pasar el tiempo libre, sus recuerdos y su curiosidad sobre la vida, etc. Sólo después de una investigación satisfactoria, se les permitía la admisión a la escuela. Hay en esto gran similitud con el tipo de exámenes que se les tomaba a los aspirantes que deseaban unirse a los âshramas de los sabios Védicos en India.

   Como filósofo, Pitágoras enseñó que los números eran la esencia de todas las cosas. Él asociaba místicamente los números con las virtudes, los colores, y con muchas otras ideas. También enseñó que el alma humana es inmortal, y que después de la muerte se dirige a otro cuerpo. Por lo tanto él aceptaba el concepto de la reencarnación.

   Pitágoras creía que la tierra era esférica y que el sol, la luna y los planetas tenían movimiento propio. Sus sucesores desarrollaron la idea que la tierra se trasladaba alrededor de un fuego central. Esta creencia se anticipó a la teoría del universo de Copérnico.

   La rutina diaria de los estudiantes estaba regulada y sujeta a una disciplina. Se esperaba que los estudiantes se levantaran temprano en la mañana y antes de salir de la cama, tenían que revisar los eventos del día previo, desde la noche hasta la mañana anterior. Este proceso de reflexión los ayudaba a crear conciencia de sus acciones y a desarrollar la memoria. Después de dejar la cama, los estudiantes tenían que sentarse solos durante un momento para armonizar el cuerpo, el corazón y la mente. Después de un baño y de hacer ejercicios, se les daba el desayuno y se sentaban en grupos de diez. Allí comenzaban los estudios. Durante el almuerzo se les servía pan, miel, vegetales y frutas. Sólo se les servía comida vegetariana, porque Pitágoras creía que la comida carnívora no era apta para el desarrollo espiritual. Después de la siesta, a los alumnos se les enseñaba Economía, Política, y los deberes de hospitalidad hacia invitados y extranjeros. En las tardes, los alumnos se separaban en grupos de dos o tres y debatían sobre las lecciones del día, y meditaban sobre ellas. Después de las oraciones y de ciertas ceremonias religiosas, se servía la cena, que consistía en pan y vegetales. Antes de irse a la cama, los alumnos examinaban el trabajo del día y consideraban especialmente si habían cumplido de modo satisfactorio sus obligaciones con Dios, los Seres Espirituales, los Mayores y los Compañeros.  Luego se iban a dormir y en ese momento se interpretaba música con algún instrumento musical, cuyo propósito era permitirle al estudiante salir de su cuerpo físico, y dirigirse suavemente al mundo astral para obtener experiencias astrales.

   Pitágoras tenía tres clases de alumnos. La primera se llamaba Akoustikoi, u oyentes. Esto significa que eran aprendices. Pero también era verdad que tenían que aceptar la regla de silencio absoluto por dos años. Otro significado de esta regla era que mientras el alumno permanecía como oyente o Akoustikoi, él sólo escuchaba, adquiría conocimiento pero no transmitía ninguna enseñanza. Existe mucha sabiduría en este precepto, y es algo que deberíamos practicar con nosotros mismos. A menos que vivamos plenamente la sabiduría antigua, es posible que engañemos a otros. Se esperaba que los alumnos observaran la disciplina de la clase y la reglas de salud y ética durante cinco años. Un Akoustikoi mantenía silencio, y no hacía preguntas sobre las enseñanzas que se le impartían. Escuchaba y meditaba sobre las enseñanzas con una actitud mental simple, y por lo tanto desarrollaba una cualidad intuitiva. Entonces su desarrollo ocurría por esfuerzo personal, y normalmente permanecía unos cinco años en esta clase preliminar. De allí en adelante, si pasaba los requisitos de esta etapa, estaba garantizado el paso siguiente, de Mathematikoi. Quienes fallaban debían irse de la escuela, porque se los consideraba inapropiados para más enseñanzas.

   Estos Mathematikois pasaban su tiempo en el estudio de geometría, números y música. Eran los “discípulos aceptados”. Además de geometría, números y música, se les permitía hacer preguntas y debatir temas. Incluido en el estudio de las ciencias estaba química, astrología, la ciencia de los números, geometría, música, aritmética, ciencias ocultas y yoga-vidyâ o la ciencia de la yoga. Un enfoque holístico a las disciplinas de la ciencia, filosofía y religión era evidente en la escuela.

   La tercera clase de alumnos estaba formada por los Physikoi (o Phusikoi), aquéllos que estudiaban física, la conexión interna entre el fenómeno, la construcción del mundo y la metafísica. Ellos aprendían la verdad respecto al hombre y la naturaleza y, tanto como podían aprenderlo, sobre El que creó a ambos. Esta era la enseñanza final de la relación entre el Hombre, Dios y el Universo.

   Tal vez no es sorprendente que la vida en la Escuela Pitagórica estaba dividida en cinco períodos, casi similar a los cinco pasos del sendero preparatorio de los hindúes, dado que el gran maestro Pitágoras conocía las enseñanzas espirituales en India.

   Los cinco pasos eran:

  1. Manodvâravajjana (abrir las puertas de la mente, viveka).
  2. Parikamma (preparación para la acción, vairâgya).
  3. Upachâro (shatsampatti).
  4. Anuloma (mumukshutva).
  5. Gotrabhu (condición de idoneidad para la iniciación).

   Entre quienes no fueron admitidos a la escuela se encontraba un hombre acaudalado que le guardaba rencor a Pitágoras y llevó a cabo una campaña difamatoria, creando ideas falsas sobre la escuela y sus enseñanzas. Como consecuencia, se recibieron órdenes de clausura de la escuela, y Pitágoras y sus discípulos más cercanos tuvieron que irse de Crotona y se dirigieron a la isla de Samoa donde enseñó hasta los últimos días de su vida.

   El Obispo Leadbeater, en su libro Cómo llegó la Teosofía a mí, recuerda una experiencia de su vida previa y menciona que en el 504 a.C. conoció a Pitágoras, durante un viaje por el Mediterráneo con un familiar. Visitaron varias islas Griegas, y llegaron a Samoa. En Samoa conoció a Pitágoras, quien por ese entonces ya era un anciano y cuyo fin, al parecer, estaba próximo. En ese momento su discípulo principal Kleinias (el Maestro Djwhal_Khul) estaba con él. El Obispo Leadbeater explica lo bien que fueron recibidos, y el gran Pitágoras le habló con amor de su filosofía, después de lo cual surgió en Leadbeater y sus amigos un fuerte deseo de ingresar a la Escuela de Pitágoras. El gran maestro mencionó que la escuela iba a ser establecida en Atenas, en la que se enseñarían las leyes de la ética, la reencarnación y los números.

   Cuando CWL y su grupo partieron, Pitágoras dijo: “Nos encontraremos nuevamente”. Después de dos años supieron que el gran Maestro había muerto y se sorprendieron de por qué habría hecho esa afirmación cuando se acercaba su fin, y no había esperanza alguna de encontrarse nuevamente. Kleinias, sin embargo, mantuvo la promesa del Maestro con respecto a establecer una escuela en Atenas. Leadbeater, con su hermano de esa vida, se unieron a la escuela y pasaban todo su tiempo libre aprendiendo filosofía y enseñando a otros. Al morir Kleinias, él asumió la dirección de la escuela. En su última vida cuando el Maestro KH se encontró con Leadbeater, Él le recordó de su reunión en el 504 a.C. y de Su afirmación y promesa.

   La filosofía que se enseñaba en las escuelas Pitagóricas estaba basada en las primeras enseñanzas de Orfeo y en sus propias enseñanzas sobre la sabiduría que adquirió durante sus viajes por muchas tierras. Algunas de estas enseñanzas se enumeran aquí.

 

 

Enseñanzas espirituales: Unidad de Dios

   Pitágoras enseñó la moderación en todas las cosas, “nada en exceso”. Este fue un enfoque muy similar al Sendero del Medio de Buddha. Enseñó que la armonía es un pre-requisito de la belleza. Creía que existen grados sucesivos de bondad, al ir ascendiendo de la materia al espíritu. La vida, la consciencia, y todas las cosas están en diferentes grados de bondad y armonía. Pensaba acerca del Universo como una gran relación armónica entre grados de bondad, cuyas graduaciones ascienden de la materia (en grado mínimo) hasta el espíritu (el grado máximo) de armonía y belleza. Enseñó que la Mónada, el Uno todo inclusivo, está relacionada con cada una de sus partes manifestadas y que el crecimiento esencial de cada parte es hacia la Gran Mónada o Vishvâtmâ, simbolizada por el Sol o Fuego Central. Consideró que diez era el número sagrado o la suma de todas las partes, y que representaba la totalidad de todas las cosas.

   Pitágoras enseñó que las relaciones son esencialmente mentales más que físicas. Enfatizó el valor de la amistad como un ingrediente importante de toda relación. Sugirió que fusionarse con el espíritu de las cosas es más valioso que conocer las formas. La acumulación de conocimiento viene en muchas formas, pero la sabiduría se logra elevando el intelecto a un punto de percepción intuitiva de lo invisible. Pitágoras describió a la Mónada como el “Átomo Permanente Misterioso”.

   El Dios de Pitágoras era la Mónada, o el Uno que lo es Todo. Describió a Dios como la Mente Suprema distribuida en todas las partes del Universo, la Causa de todas las cosas, la inteligencia de todas las cosas, y el Poder interno de todas las cosas. Declaró además que el movimiento de Dios es circular, y que el cuerpo de Dios está compuesto de la sustancia del nacimiento.

 

 

La Trinidad

   Pitágoras enseñó que “Todas las cosas están formadas de otras tres”. Todo en la naturaleza estaba dividido en tres partes. Todo problema podía ser diagramado como un triángulo. El Mundo estaba dividido en el Mundo Supremo, el Mundo Superior y el Mundo Inferior.

   El Mundo Supremo que todo lo impregna, es el hogar de la Deidad. Esta Deidad, considerada Omnipresente, Omnipotente y Omnisciente, interpenetra los dos mundos inferiores. El Mundo Superior es el hogar de los hombres super-humanos, los inmortales. Moran también en este Mundo Superior los arquetipos, o la naturaleza y plan de todos los seres y cosas. Pitágoras indicó que cada forma era una huella en la sustancia física de su arquetipo. Los griegos llamaron a estos arquetipos las “sombras” arrojadas en el mundo material e inferior de la forma. El tercer Mundo o inferior es el hogar de todas las entidades materiales, dioses mortales, ángeles, la humanidad, y los reinos inferiores.

 

 

El ascenso del hombre a los Mundos Superiores

   Pitágoras creía que el hombre finalmente alcanzará un estado donde ya no funcionará más en un cuerpo físico, sino que ascenderá a lo inmortal. Descubrió que los siete modos o claves del sistema griego de música influyen en las emociones y en las enfermedades de los nervios, y sobre esa base desarrolló un elaborado sistema de música terapéutica.

 

 

Ideas órficas y griegas sobre los cambios

   El antiguo sistema de cosmología usaba términos tales como “tierra” y “mundo” para significar esferas invisibles, super-físicas, que son los arquetipos de la tierra y del mundo, como el hombre las conoce. Las enseñanzas de Platón, basadas en la antigua sabiduría de la tradición órfica y otras, describían la unidad perfecta a partir de la cual toda diversidad se proyecta.

   La doctrina pitagórica enseñaba la relación de “unidades” menores, con unidades mayores. El hombre es un modelo similar al Universo, y como microcosmos es una miniatura del macrocosmos del mundo.

 

 

Conceptos órficos de la Ley Universal

   La ley suprema órfica es la de la armonía y el equilibrio. Enseñaba que todas las formas de consciencia existen en un estado de armonía, pero que si la armonía cambia a un estado de carencia de armonía, todo lo afectado debe ajustarse por medio de una reacción tras otra, hasta que la armonía se restablece. Una cadena de reacciones sigue continuamente a cada acción, desde el punto donde la causa de cambios comienza hasta que los ciclos de ajuste traen un nuevo estado de equilibrio y armonía. Esta ley justa, impersonal, continuamente trae armonía en toda porción de la vida, en el mundo de la materia y en el del espíritu.

 

 

Conceptos órficos de consciencia y forma que se despliegan

   Orfeo, cuyo origen es muy, muy antiguo, dícese ser el fundador de la mitología griega. Orfeo fue una encarnación anterior de ese gran ser que finalmente se convirtió en el Señor Gautama Buddha. Él usaba mitos para expresar simbólicamente sus grandes conceptos filosóficos. Obtenía su material, en parte de los egipcios, e indudablemente también de los Brahmanes de India. Fue uno de los muchos inmortales que se limitaron a sí mismos, descendiendo a la tierra para que la humanidad obtuviera la sabiduría de los dioses.

   Los misterios órficos estaban ocultos en el mito sobre Orfeo buscando a Eurídice, quien fue llevada prisionera al submundo. La leyenda representaba, por supuesto, un alma buscando experiencia y comprensión en el universo físico limitado. Las enseñanzas órficas trajeron comprensión sobre un plan divino para beneficio del hombre. Sólo la forma física muere, no el alma, la vida que regresa periódicamente al mundo material en busca de experiencia. Las escuelas de los misterios órficos se establecieron para purificar la naturaleza del hombre, a fin de que pudiera durante el crecimiento en muchas vidas, finalmente lograr la perfección.

   Los misterios órficos enseñaban que el hombre podía liberar las fuerzas dentro de su propia psiquis, controlando y dirigiendo sus energías dinámicas. Los griegos creían que el hombre tenía dentro de sí una chispa de vitalidad de lo eterno. En términos psicológicos actuales, se ha traducido el "daimon" de Sócrates como una parte del inconsciente: "los dioses" en general como conciencia grupal. Los griegos reconocieron a Dios en toda manifestación, incluso en las formas y funciones más bajas de la vida orgánica. Ellos reverenciaron sabiamente al Dios Uno más allá del alcance del pensamiento.

   Las expresiones órficas y platónicas de la Unidad son descritas bella y poéticamente en estos versos:

 

El amor es el más antiguo, noble y poderoso de los dioses, el autor principal y dador de virtud en vida y felicidad después de la muerte.

 

Siendo Dios un principio luminoso, que reside en el medio del fuego más sutil, Él permanece invisible por siempre a los ojos de aquéllos que no se elevan a sí mismos sobre la vida material.

 

Dios geometriza, y Su Gobierno del Mundo no es menos exacto matemáticamente que Su Creación del mismo.

 

Lo que Dios es, no lo sé:

Lo que Él no es, es lo que sé.

 

   El eco de las voces de los Sabios Védicos se pueden sentir en este último verso: Neti, Neti, Neti. Los sabios afirman así la dificultad de expresar en palabras lo que está más allá de las mismas, y dicen de modo similar lo que Él no es por un proceso de negación.

 

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