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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 131 - Número 6 - Marzo 2010 (en Castellano)

 
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El trabajo de la

Sociedad Teosófica

  

ANNIE BESANT

  

   Nuestra reverenciada maestra, H. P. Blavatsky, estableció muy clara y firmemente las líneas sobre las que la Sociedad Teosófica debería trabajar, dadas por Aquellos que la usan como uno de Sus canales de ayuda espiritual para los hombres. El Maestro conocido bajo las iniciales de KH, escribió:

 

Puedes hacer un gran bien ayudando a darle a las naciones occidentales una base segura sobre la cual reconstruir su derrumbada fe. Y lo que ellas necesitan es una evidencia que sólo provee la psicología asiática. Otórguenla, y le darán felicidad mental a miles… Éste es el momento de proporcionar el impulso constante que pronto debe llegar, y que empujará a la época hacia el ateísmo extremo, o la hará retroceder al sistema de sacerdotes, si no es conducido a la filosofía primitiva y auto-gratificante de los Arios… Tú y tus colegas pueden ayudar a proporcionar los materiales para una necesaria filosofía religiosa universal, una filosofía irrefutable al ataque científico porque sea en sí misma la finalidad de la ciencia absoluta, y una religión que ciertamente sea digna de tal nombre, porque incluye las relaciones del hombre físico al psíquico, y de ambos a todo lo que está encima y debajo de ellos… Su propósito principal (el de la Sociedad) es extirpar las supersticiones y el escepticismo comunes, y obtener -de antiguas fuentes firmemente establecidas- la prueba de que el hombre puede moldear su propio destino y saber con seguridad qué él puede vivir de ahora en adelante.

 

   Darle un fundamento firme a las religiones que se derrumbaban, destruir supersticiones por un lado e incertidumbre por el otro, tal fue la tarea legada a la Sociedad Teosófica por Aquellos que enviaron a H. P. Blavatsky como Su mensajero al mundo moderno. Su proclamación de la Fraternidad estaba basada sobre el hecho de que todos los hombres comparten una naturaleza espiritual y finalmente alcanzarán una meta espiritual, y un llamado a los hombres de todas las creencias a unirse en una plataforma de respeto y tolerancia mutua, que fue corroborado por las pruebas de que todas las religiones surgieron de una fuente común. Esta idea de que los males del mundo surgieron de la ignorancia, ya sea que esa ignorancia tomara la forma de superstición o de incredulidad, le dio a los métodos de la Sociedad la marca distintiva, apuntando más a extirpar la ignorancia que a destruirlos uno por uno a medida que aparecieran los innumerables males que crecen en la superficie de la sociedad moderna. En vez de cortar los brotes de la maleza y dejar las raíces para que perpetuamente lancen nuevos tallos, la Teosofía extirpa las raíces, y evita así el crecimiento de nuevos brotes. Dejándole a quienes no comparten su conocimiento de las causas de la lucha eterna contra los efectos, el trabajador teosófico se dedica principalmente a erradicar las causas. Enseña que toda mala acción se origina de un mal pensamiento, que cada vida está unida por una ley inviolable a otras vidas que la preceden y le siguen, que al comprender los principios subyacentes en todo fenómeno, se puede construir el carácter, se puede controlar el destino, y los problemas actuales se pueden rastrear hasta su origen, se pueden enfrentar con inteligencia y fortaleza, y se pueden usar para ayudar a los propósitos del Alma.

   Este método diferencia al trabajador teosófico de aquellos que se dedican solamente a aliviar los males físicos del hombre; ambos están motivados por el reconocimiento de la fraternidad humana y son compañeros de trabajo a favor de la humanidad, y ambos son necesarios como colaboradores de la humanidad en la actualidad. La filantropía, al alimentar al hambriento, darle ropa a quien no la tiene, dar cobijo al sin hogar, hace un trabajo útil y noble cubriendo los efectos de causas pasadas; la Teosofía al iluminar la mente de quienes piensan, develándoles las causas ocultas del dolor, al enseñarle a todos las doctrinas simples y sublimes de la fraternidad, del renacimiento y de la causación, hace el trabajo más difícil e ingrato al exterminar las causas del hambre y la miseria, eliminando así el origen del que surge la corriente de males que afligen a la sociedad.

   Sin embargo, individualmente, los teósofos que todavía no han dominado lo suficiente los principios de su profunda filosofía para ayudar a otros a comprenderlos -aunque todos deben saber más, seguramente, que quienes no han estudiado nada- pueden muy bien tomar parte en los esquemas de la caridad física activa, y nadie está exceptuado de la obligación de la dádiva personal, ni de la respuesta rápida a todo pedido de ayuda que sea capaz de dar.

 

Quien no practica el altruismo, quien no está preparado para compartir su último bocado con el más débil o alguien más pobre que él, quien se niega a ayudar a su hermano, de la raza que sea, nación o credo, siempre y cuando vea sufrimiento, y que hace oídos sordos al grito de la miseria humana, quien escucha que una persona inocente es injuriada, ya sea un hermano teósofo o no, y no se atreve a defenderlo como lo haría para sí mismo, no es un teósofo.

 

   Cada teósofo debería ser un “hermano”, brindando ayuda fraternal a todos los que se le acercan, según sus habilidades físicas, astrales, mentales o espirituales. Pero el trabajo de la Sociedad Teosófica, como Sociedad, no es alimentar cuerpos, sino alimentar almas con el pan de la sabiduría, debe portar la luz de la verdad y del conocimiento que elimina la oscuridad de la ignorancia, debe, como los Apóstoles de Cristo, negarse a dejar las enseñanzas de la Palabra de Dios para servir mesas.

   El método del trabajador teosófico se diferencia del de los religiosos exotéricos por su poder de explicarle al intelecto aquello que se le enseña por medio de las religiones y la autoridad. Muestra las bases científicas sobre las cuales se fundan todos los preceptos morales, y por lo tanto provee el “imperativo categórico” que responde la pregunta: “Por qué debería hacer esto cuando los dictados de mi naturaleza me conducen a hacer lo opuesto?” Él explica la constitución del hombre en su naturaleza superior e inferior, y da el conocimiento exacto que le permite purificar lo inferior y desarrollar lo superior. En vez de repetir meramente máximas morales -“sé bueno, haz el bien”- muestra los pasos por los cuales cada hombre puede volverse bueno con certeza, y hacer el bien con precisión. Sabiendo que las masas de la humanidad, por muchos milenios más por venir, obedecen a la autoridad a la que responde su intuición, les enseña con autoridad las doctrinas de la fraternidad, el renacimiento, y la causación, para ser comprendidas fácilmente; también trae a la filosofía y a la ciencia en ayuda de la religión entre los que piensan y los educados que se están deslizando hacia el escepticismo, porque sus intelectos quedan insatisfechos. Él sabe que los hombres pueden obtener conocimiento de primera mano de los mundos invisibles, y que las enseñanzas de los sabios y videntes pueden verificarse hoy tanto como en el pasado, que la vida del hombre espiritual puede estar plena de sabiduría y de poder ahora como cuando Buddha caminó por las planicies de India o como cuando Cristo recorría las tierras del Mar de Galilea. Colocando así, dentro del alcance de los hombres, la verificación de los hechos espirituales, las pruebas de las fuerzas espirituales, la naturaleza experimental de la vida espiritual, lleva a cabo el trabajo dejado a cargo de la Sociedad Teosófica y muestra en todas partes que es el amigo de la religión, y el enemigo del  materialismo. Por lo tanto los teósofos deben ser estudiantes y tienen que prepararse a sí mismos para su glorioso trabajo de dominar los principios difundidos en su filosofía, y aprender a aplicarlos a las circunstancias de la vida individual, familiar, social y nacional. Toda religión exotérica envía cientos de jóvenes que pueden repetir más o menos elocuentemente los puntos comunes de la moralidad, y que hacen un trabajo útil entre los ignorantes, reiterándolos con fuerza, y reforzándolos en tales mentes con promesas y amenazas, como lo sanciona su religión. La Sociedad Teosófica debe entrenar en sus Ramas, y enviar al mundo, maestros bien afirmados en la Sabiduría Divina. Las enseñazas que antiguamente fueron dadas al mundo por Kapila y Sankarâchârya, por Pitágoras y Platón, por Valentino y Plotino, por Bruno y Paracelso, por Boehme y H. P. Blavatsky, no deben haber sido presentadas al mundo en los últimos años del siglo diecinueve por incompetencia intelectual y charla irresponsable. Se requiere algo más de nosotros si nos aventuramos a permanecer de pie ante el mundo como exponentes de Teosofía.

   H. P. Blavatsky misma nos muestra un ejemplo que bien debemos intentar seguir. Ella se dio totalmente, sin reservas, al trabajo de adquirir y difundir el conocimiento de las verdades espirituales.  Ella enseñó con energía infatigable, con la pluma y la palabra; erigió el espléndido monumento de La Doctrina Secreta como su mejor don al mundo; se opuso con toda su fuerza al materialismo de la ciencia y se esforzó por revivificar las religiones antiguas de oriente. Ella daría su último centavo a un mendigo hambriento si se le acercara, pero no se dedicó a organizar ningún trabajo filantrópico y aunque ella estimulaba a cualquiera que se le acercaba para llevar a cabo cualquier plan caritativo que quisiera realizar, conducía firmemente a sus discípulos que mostraban cualquier tipo de aptitud por adquirir conocimiento, a dedicarse enérgicamente al estudio y enseñanza de la Teosofía. Ella sabía que el futuro dependía del éxito de su enseñanza en tocar la mente moderna con la Teosofía, y los condujo a darse a sí mismos totalmente a este único trabajo.

   Quienes pueden leer las señales del tiempo, comprenderán la importancia vital del futuro de la Teosofía, de la dirección dada ahora al trabajo de la Sociedad Teosófica. Estamos hollando un ciclo similar a aquél transitado por el Cristianismo en sus primeros siglos, y miles de almas que se enredaron en conflictos, renacen actualmente. En ese momento hubo una lucha entre los educados y los ignorantes; los comparativamente pocos que poseían la Gnosis y se esforzaron por preservarla en el Cristianismo, estuvieron abrumados por el entusiasmo y fanatismo hostil de las masas ignorantes. Las enseñanzas de Oriente fueron entonces transferidas a formas cristianas, y, dentro del cristianismo, los cultivados gnósticos, así como los ilustrados neoplatónicos fuera de él, ambos se esforzaron por mantener viva la Antigua Sabiduría, y por transmitirla, para que pudiera pasar a través de la marea de revolución social e invasión bárbara, y tener éxito en moldear la nueva civilización de Occidente que debía ser su sucesora. El salvaje fanatismo de los monjes egipcios repercutió sobre las irreflexivas masas de población ignorante; se consideró a la ignorancia como signo de religión, y el conocimiento fue burlado, denunciado a viva voz, y pisoteado; el aprendizaje y la educación fueron considerados carnales, mientras que la emoción salvaje fue alabada con entusiasmo como marca de iluminación espiritual. Nada pudo ser más agradable al perezoso e ignorante que considerar sus propias desventajas y vicios como signos de grandeza celestial, y juzgar a la cultura ilustrada y dignificada, con la que no podían rivalizar, como signos del intelecto no iluminado y mera sabiduría mundana.

Toda persona ignorante podía auto-denominarse maestro cuando un mero tema emocional pasaba como inspiración, y la repetición de axiomas morales pasaba como enseñanza. Lluvias de abuso servían como argumentos, y los insultos servían como motivos. El mejor tipo de cristianos fue atraído por profesiones de amor y caridad fraternal, y por el perdón de los pecadores; los pobres eran atraídos por dádivas y por ritos y ceremonias exhibicionistas. La batalla bramó por largo tiempo, y finalmente la victoria se declaró del lado de la ignorancia y de las masas; el Cristianismo entró en sus épocas oscuras, y los tesoros de la Gnosis desaparecieron.

   Ahora ha llegado el momento, en el lento cambio de los siglos, con el renovado esfuerzo de la gran Logia Blanca, de difundir la Sabiduría Antigua por medio de todos los cuerpos religiosos, como Teosofía, y muchos de sus antiguos instrumentos se están usando para su difusión. Así de extenso prosperó el trabajo, a pesar de los esfuerzos desesperados hechos para destruirlo, y las clases pensantes que guían el progreso intelectual del mundo son influidas más amplia y definitivamente, que nunca antes lo fueran en el pasado. Amenazas de cambio social se acercan sin luz en un futuro cercano, y nuevamente surge la pregunta de si los guardianes de la Gnosis en el mundo inferior son lo suficientemente fuertes, si hay un número suficiente, para proteger el tesoro y trasmitirlo entre las convulsiones del remolino popular para moldear la civilización que surgirá de las ruinas del presente. Las mismas fuerzas están surgiendo contra la trasmisión de la Sabiduría Divina entre los llamados “Teósofos”, como triunfó sobre ella antes entre los denominados “Cristianos” la glorificación de la ignorancia, los llamados de la pasión, la exaltación del fanatismo como devoción, y de la credulidad como fe. Se menosprecia la educación, y se censuran los intentos de alcanzar a quien piensa y es culto. También se apelan las emociones más nobles de amor y de fraternidad humanas, y la filantropía “práctica” se exalta a expensas de la sabiduría. La virtud rígida y la rectitud se consideran como menos valiosas que el entusiasmo ciego, y el juicio sereno y equilibrado se califica como “no espiritual”.

   ¿Son los miembros de la Sociedad Teosófica lo suficientemente fuertes como para soportar el torrente, tienen la suficiente clara visión como para discernir lo recto, son lo bastante firmes como para permanecer inalterados, y por lo tanto hacer de la Sociedad el arca en la que los tesoros de la Sabiduría Antigua se preservarán y se entregarán al mundo más allá del diluvio? No sé. Pero sí sabemos que todo esfuerzo es necesario y que ningún esfuerzo se pierde, que permanecemos de pie junto a muchos viejos compañeros, y nos asedian muchos opositores antiguos, que de los resultados de la lucha actual pende el destino de la próxima civilización. “Felices los guerreros, Oh Pârtha, que consigan esta lucha, espontáneamente ofrecida como una puerta abierta a Svarga… Por lo tanto, ponte de pie, Oh Hijo de Kunti, decídete a luchar”.

 

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