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Vol. 131 - Número 5 - Febrero 2010 (en Castellano) |
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El punto central de la Verdad – parte I
EDI D. BILIMORIA
El Dr. Edi D. Bilimoria es un científico y ahora Coordinador de Educación en la S. T. en Australia
Introducción Es una de las paradojas de la vida que algunas de las preguntas más fáciles de hacer, son las más difíciles de responder. Hablar sobre la Verdad es muy fácil; vivirla, es decir, estar vivos a la Verdad es muy difícil. Descubrir la Verdad, y luego estar vivos a la Verdad son dos cosas sumamente importantes para un teósofo. Lo primero implica conocer nuestra meta y hacia dónde apuntar para lograrla; lo segundo supone el viaje actual hacia ella. Por consiguiente, este artículo está organizado en dos partes con alguna ayuda adicional al final.
La Verdad polarizada en dos campos Ninguna sociedad, de acuerdo a lo que sé, tiene una universalidad igual a la que está consagrada en los objetivos fundamentales de la Sociedad Teosófica. Esa es nuestra singularidad, que se basa en nuestra tolerancia hacia los demás, nuestra universalidad de visión y totalidad de perspectiva; no en correr detrás de las vías de cualquier maestro. Sin embargo, una evaluación objetiva del trasfondo mental en la Sociedad moderna, deducida principalmente de los diferentes grupos de debate y de Internet, le indican al autor que la sangre y vitalidad de la Sociedad todavía están siendo energizadas por dos factores, que todavía están polarizando fuertemente nuestra búsqueda unida por la verdad. El primero consiste en muchas afirmaciones dogmáticas de quienes argumentan su caso por el único y exclusivo maestro que se supone es el excepcional repositorio de la verdad. Por ejemplo, se produce acalorada correspondencia en Internet, y a veces cáustica, por parte de quienes disfrutan en citar palabra por palabra, pasajes aislados de literatura teosófica, y fuerzan su significado en otros con estricto literalismo. El segundo factor es el Texto de la Resolución pasada por el Consejo General de la Sociedad Teosófica sobre Libertad de Pensamiento, que expone que ningún maestro, incluida Blavatsky, posee autoridad para imponer sus enseñanzas y opiniones a los miembros, que tienen el mismo derecho para unirse a cualquier escuela de pensamiento, pero no puede presionar a nadie a que lo haga. Esto, algunos lo toman convenientemente como que significa que cualquier cosa es aceptable en el nombre de la Teosofía, y que cada exposición en el nombre de la Teosofía le da derecho a una justa atención. ¿Significa entonces que libertad significa decir lo que nos guste, a quien nos guste, del modo que nos guste, en el momento que nos guste, y todo sin ningún sentido de responsabilidad acompañando lo que decimos? ¿Nos provee entonces la libertad de un trampolín para nuestros egos? Entonces debemos preguntarnos si la aceptación implícita de varios y diferentes senderos significa que debemos aceptar cualquier enseñanza, ya sea de naturaleza espiritual, religiosa o científica, en el nombre de la tolerancia y no siendo dogmáticos. La amplia visión implícita en nuestro Segundo Objetivo, y también en la Resolución del Consejo General, ¿significa que no hay sentido de dirección y centro conductor? ¿Cómo resolvemos la tensión entre la actitud, por una parte, que debe permitirse cualquier enseñanza psico-espiritual, bajo el espíritu de la libertad de pensamiento, y por otra parte, una posición rígida que sólo la enseñanza del Maestro es Teosofía auténtica? (Entre ambas, la primera es preferible porque no genera divisiones marcadas.) Mucho más importante que debatir cuál enseñanza es la más auténtica, es hacer una pregunta más importante: “¿Qué es la Verdad?”
Un juego de dardos Invitemos a ambos protagonistas a un juego de dardos. ¿Qué tan especial es dar en el blanco? Miren la figura 1.
Las Reglas del Juego El blanco establece los límites del juego de dardos y tiene lo que se conoce como diana o punto central, ubicado en el centro mismo. Las reglas del juego establecen que no importa en lo más mínimo desde qué ángulo disparamos nuestros dardos, mientras acertemos en el centro, sea cual sea nuestra posición en la línea de fondo, a fin de solicitar nuestro premio.
El centro de la Verdad Consideren ahora el centro de la Verdad. El blanco de tiro representa por supuesto todo el campo de nuestros esfuerzos en la búsqueda de la verdad. También tiene un punto central, pero de un tipo especial, conocido como “MÍ”, y el MÍ representa al Señor Krishna esperando darnos la bienvenida, con los brazos abiertos. Porque, ¿no le dijo a su discípulo Arjuna: “Sea cual sea el modo en que los hombres se acerquen a MÍ, les doy la bienvenida, porque el sendero que toman los hombres desde cualquier parte, es Mío, o Pârtha”? De modo simple el Señor puede haber estado diciendo algo así como: “Comprendo bastante bien que cada uno de vosotros tiene circunstancias de vida únicas, como vuestra salud, tiempo, energía, familia y situación personal. Todas ellas establecen el sendero que tú, y sólo tú puedes elegir para dirigirte hacia MÍ, y este sendero debe necesariamente ser diferente al de vuestros semejantes, los otros peregrinos, que tienen un conjunto diferente de condiciones de vida. Por lo tanto, realmente no me interesa qué dirección o ángulo elijáis, mientras hagáis de MÍ, la encarnación de la Verdad, vuestra meta de vida, y vuestro destino.” Un iluminador pasaje de Luz en el Sendero dice exactamente lo mismo: “Búscala no sólo por un camino. Para cada temperamento existe un camino que parece el más deseable. Pero el sendero no se encuentra sólo por la devoción, sólo por la contemplación religiosa… Sólo uno de ellos no puede llevar al discípulo más allá de un escalón. Todos los escalones (o senderos) son necesarios para ascender la escalera.” Más aún, es alentador también encontrar a Sri Ram llamándonos la atención a este hecho en su comentario sobre Luz en el Sendero, el que aparece en su libro El Sendero de la Sabiduría.[1] De modo que la Verdad es ciertamente una tierra sin senderos, como lo afirmaba Krishnamurti, porque en cierto sentido (y no es el único), nuevamente se nos recuerda que existe uno y sólo un sendero para el buscador, y todos los senderos son válidos siempre que ellos conduzcan a “MÍ”. La integración global de todos los senderos válidos es ciertamente una tierra sin senderos, que no es darse en el gusto de sutilezas semánticas. ¿Significa entonces esto que cualquier sendero se justifica dentro del espíritu teosófico de la libertad de pensamiento y de expresión? Ciertamente no. Sólo esos senderos que conducirán hacia “MI”(es decir, la Verdad como la simbolizó el Señor Krishna) se justifican para el estudiante de Teosofía. Entonces, ¿cómo vamos a resolver esta perpetua lucha sobre lo que constituye la Verdad, y lo que se permitiría en el nombre de la Libertad de Expresión?
Jugar a los dardos espirituales Juguemos ahora a los dardos espirituales y recordémonos que los jugadores nos representan a nosotros, los verdaderos buscadores, cada uno de nosotros; el punto central o diana es la meta a alcanzar la Verdad= Auto-Realización; y el vuelo del dardo representa nuestro sendero individual y auto-dirigido esforzándonos hacia nuestra meta de la Verdad. Respecto a la Figura 2, existen por supuesto innumerables modos en los que un jugador puede elegir dirigir sus dardos, aunque todos los posibles senderos de vuelo estarán dentro de una de estas tres posibilidades:
Esta situación es totalmente aceptable, siempre que el buscador trabaje sobre sí mismo a fin de acercarse cada vez más al centro.
Ser o no ser un fundamentalista En esta coyuntura, es bueno prevenir sobre los peligros del fundamentalismo aludidos en nuestros comentarios de apertura. Como con todos los problemas, si podemos comprender su génesis, seremos los mejor equipados para reconocer síntomas tempranos y tomar una acción correctiva. La Figura 3 ilustra el proceso que lleva del amor al fundamentalismo desenfrenado. Muestra cómo cualquier forma de comentario especial por algo o alguien, sea una persona, un libro, un ideal o una enseñanza, es un tipo de barrera y aislamiento del sujeto u objeto en cuestión de la totalidad de todo lo demás.
Esto es similar al fenómeno del agujero negro donde el campo gravitacional del objeto estelar es tan intenso que nada puede escapar a él, ni siquiera la luz: excepto que en este caso, el “tirón gravitacional” del prejuicio nacido del ego es tan poderoso que ningún pensamiento o contra-argumento lógico puede jamás influir a un fundamentalista. Al igual que la masa del objeto estelar tiene un tiempo-espacio a su alrededor para hacerlo impenetrable a la luz, un fundamentalista deja afuera el espacio mental a su alrededor para hacerlo impermeable a la razón. (Noten que esotéricamente, la luz y el pensamiento son análogos y en un sentido, el pensamiento es la luz de la mente.) La devoción intensa hacia cualquier enseñanza o maestro teosófico, es por lo tanto la señal de advertencia; aceptable en sí misma, puede demasiado fácilmente hundirse en el fundamentalismo, cuando se pierde toda cordura.
Hacer nuestro viaje hacia la Verdad, hacia el “Mí” Los buscadores que tienen un interés común en un aspecto particular de la sabiduría eterna preferirán naturalmente no trabajar aisladamente, y por el contrario, reunirse en grupos o Ramas con los que tienen opiniones similares. Tal unión de senderos relacionados transforma el sendero individual, estrecho y solitario, en un amplio camino o una autopista, bien iluminado y señalizado. Respecto a la Figura 4, podemos discernir tres autopistas principales que conducen a “MÍ”:
No es necesario decir que las tres autopistas que se originaron en todo el campo global de investigación alrededor del mundo son rutas igualmente válidas para viajar, porque todas ellas conducen, y se encuentran en el centro, el “MÍ”.
Notas y Referencias [1] El Sendero de la Sabiduría, N. Sri Ram, la Edit.Teosófica, 1989. Este libro también contiene transcripciones de sus charlas sobre A los Pies del Maestro, La Voz del Silencio y el Bhagavadgitâ. [2] David Buss, El Asesino de al lado: Por qué la mente está diseñada para matar, a publicarse en breve. [3] Las Cartas de los Maestros, Nº 22. [4] Parafraseando La Carta de los Maestros Nº 11, que afirma: "la ciencia moderna es nuestro mejor aliado".
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