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Vol. 131 - Número 5 - Febrero 2010 (en Castellano) |
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Las cualidades sobresalientes de nuestro Presidente Fundador
TEREZINHA KIND
La Sa. Terezinha Kind es la Presidenta de la Federación Teosófica Interamericana.
El 17 de febrero, conmemoramos la muerte de H. S. Olcott. El principal legado de Olcott fue su ejemplo de vida. Sus cualidades más importantes eran carencia de egoísmo y disposición para el auto-sacrificio por el bien de otros. Cuando tenía aproximadamente 25 años, era un científico agrónomo. Luego fue corresponsal y reportero de varios periódicos, incluyendo el New York Tribune. Su servicio más destacado durante la Guerra Civil Americana fue como Comisionado Especial investigando un fraude y abusos, primero en la Armada y luego en la Marina. Fue elegido para esta misión porque era valiente, justo e incorruptible. En aprecio a su carácter y trabajo, recibió el título de Coronel. Después de dejar el servicio militar, donde se destacaron sus cualidades de honestidad, integridad y coraje moral, Olcott estudió Leyes. Sus logros en esas actividades pre-teosóficas contribuyeron a aumentar su habilidad en los aspectos prácticos de la vida, que, junto a otras cualidades hicieron de él el hombre adecuado para ser el primer Presidente Internacional de la S. T. De la cita siguiente de su Alocución Inaugural, uno puede vislumbrar cuán profundo era su compromiso: “Sólo puedo decir que, para bien o para mal, mi corazón, mi alma, mi mente, y mi fuerza están comprometidos a esta causa.” En Las Cartas de los Mahatmas a A. P. Sinnett (Nº 5) una afirmación inspiradora de KH enfatiza las cualidades más sobresalientes de nuestro Presidente Fundador:
En él podemos confiar bajo toda circunstancia, y su servicio fiel está comprometido a nosotros para bien, o para mal.
¿Dónde podemos encontrar una devoción igual? Él nunca cuestiona, pero obedece; puede que cometa innumerables errores por un excesivo celo pero siempre está dispuesto a reparar su falta incluso a costa de la mayor de las humillaciones; considera el sacrificio de la comodidad e incluso de la vida como algo que debe arriesgarse con alegría cuando sea necesario; comerá cualquier cosa, o incluso pasará sin comer; dormirá en cualquier cama, trabajará en cualquier lugar, confraternizará con cualquier paria, soportará cualquier privación por la causa.
¿Podemos nosotros actuar así? Se dice que nosotros no aprendemos por lo que dice un sabio sino por lo que es o por cómo es. ¿Podemos imitar a Olcott? ¿Puede su ejemplo ser una fuente de inspiración para nosotros a fin de trabajar por la S.T. con igual dedicación y devoción? Nadie es perfecto. Nosotros no somos perfectos. Tampoco Olcott lo era. Pero siempre estaba dispuesto a admitir sus errores y a reparar sus faltas. La gente a menudo no es lo suficientemente fuerte para admitir que está equivocada, y sin embargo trata de encontrar a alguien para culpar por sus propios errores. Olcott no sólo admitía sus errores, sino que también reparaba sus faltas incluso a costa de auto-humillación. Esta notable característica fue por cierto una de las más admirables de nuestro primer Presidente Internacional. Además de su buen carácter y destacadas cualidades, Olcott estuvo siempre dispuesto a ayudar a los demás. Por ejemplo, ayudó a los budistas en Sri Lanka, quienes eran perseguidos bajo el gobierno británico. Promovió la libertad de pensamiento. A pesar de críticas y oposiciones, continuó trabajando para proteger a los budistas, para fortalecer y difundir el Budismo, cuyos principios se parecen a los de la Teosofía. El Mahachohan consideró ese trabajo como el verdadero sendero de la Teosofía, mucho más que gratificar el deseo del conocimiento oculto. Más aún, Olcott escribió El Catecismo Budista, que resume enseñanzas comunes a las diferentes sectas budistas, y que todavía se usa como libro de texto. Un visionario de tremenda capacidad práctica, Olcott tuvo un interés especial en la educación, y durante su vida fundó muchas escuelas. Jinarâjadâsa dijo que sólo con HPB, habría Teosofía, pero sin Olcott, no existiría la Sociedad Teosófica internacional. Nuestra eterna gratitud a Henry Steel Olcott.
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