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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 131 - Número 5 - Febrero 2010 (en Castellano)

 
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La Sociedad Humana,

espiritualidad y renovación

  

LINDA OLIVEIRA

 

La Sa. Linda Oliveira es la Vice-Presidenta internacional de la Sociedad Teosófica. Ella dio esta conferencia el 30 de diciembre de 2009 en la Convención internacional, Adyar.

 

   Hemos viajado a la luna, descubierto evidencia de agua en Marte, ascendido el Monte Everest, y encontrado formas de vida desconocidas hasta ahora en el fondo del océano. Pero existe otra búsqueda que es la aventura humana primordial. Los interrogantes que caracterizan esta exploración trascienden el mundo físico, pueden confundir la ciencia moderna, y no se pueden contestar con mediciones físicas, cámaras sofisticadas u otros tipos de tecnología moderna. El Prof. Kurt Dressler denominó este examen como “la búsqueda humana fundamental de los orígenes, esencia y objetivo de nuestra misteriosa existencia en un mundo multifacético.” Esta exploración puede conducirnos hacia la religión, la filosofía o la ciencia. Pero finalmente, también es una búsqueda dentro de nuestra naturaleza más profunda. Un modo de describir este proceso es la búsqueda del Espíritu, reflejada más y más en nuestra espiritualidad emergente.

  

La Sociedad humana

   Al examinar la sociedad humana hoy, desde cierto punto de vista nos presenta una gran variedad de instituciones. Definiciones formales de sociedad incluyen “una comunidad particular”. La pregunta “¿Qué es una comunidad?” aparece naturalmente. Expresado simplemente, una comunidad es un grupo de personas. Entonces cuando consideramos la sociedad humana, podemos reducirla de la complejidad de muchas instituciones y elementos culturales, a sus unidades constituyentes esenciales, es decir, a los aproximadamente 6.8 billones de personas en el planeta, y lo que ocurre entre ellos. Ciertamente, el filósofo J. Krishnamurti describió la sociedad fundamentalmente como relaciones. Él expresó: “Los seres humanos por todo el mundo han tratado de crear una sociedad justa, externamente. Pero la sociedad es la relación mutua  con todos los demás.”

   Al respecto, hubo un agregado oportuno de la característica de la primera década del siglo veintiuno, por parte de un periodista de la BBC, que escribió que el mayor impacto de la década, que estableció el tono y definió la era, llegó de ‘usted’. Según su opinión, la revista Time estuvo acertada en el 2006 cuando lo hizo a ‘usted’ la Persona del Año, colocando un espejo en la tapa de la misma. “Usted”, escribió este periodista, “ha estado cada vez más en desacuerdo con las instituciones que se supone lo representan o que actúan en su interés. Usted ha perdido la fe en… los bancos…., en los políticos…, y en las compañías que ponen comida sobre su mesa”.  Y cuando usted puede hacer algo al respecto en Internet, comentó, usted ha florecido. Entonces el mayor conflicto en la década pasada, afirmó, ha sido entre usted y sus expectativas. En otras palabras, él ve esta década como de auto-interés, auto-expresión y conflicto en las relaciones, en este caso entre el individuo y las instituciones de la sociedad. Podríamos agregar sin embargo, que el auto-interés parece ser más o menos una característica perenne de la humanidad como un todo.

   Las relaciones toman formas diversas. No sólo nos movemos hacia fuera, hacia otros, relacionándonos, sino que la polaridad de la vida determina asimismo que, con el tiempo, debemos finalmente movernos hacia adentro también, por los campos de nuestra consciencia, hacia la trascendental Fuente de la Seidad, que la Sra. Blavatsky denominó la Realidad Suprema. Durante milenios, por medios destructivos, la humanidad como un todo perdió su inocencia y ahora tal vez se ha vuelto muy sofisticada por su propio bien. Para muchos, sin embargo, una relación abierta con lo espiritual ayuda a traer una perspectiva más equilibrada de la vida.

 

Espiritualidad

   Ahora podemos preguntar, “¿Qué es la espiritualidad?” Actualmente se tiende a usar el término libremente y de modo vago. Ciertamente sería útil comenzar considerando lo que la espiritualidad no es, antes de tratar de que tenga sentido, lo que puede ser. Los comentarios siguientes se basan en el axioma que los humanos tienen una conciencia en varias capas, que son más profundas que la personalidad de todos los días, más profundas que la mente, y se relacionan con regiones de nuestra conciencia que nos conectan con Brahman, la Deidad insondable.

   Entonces, consideremos lo que la espiritualidad no es:

   En primer lugar, la espiritualidad no es sinónimo de psiquismo. Actualmente se ofrecen numerosas búsquedas aparentemente espirituales que prometen muchas cosas maravillosas. Éstas pueden atraer a la persona hacia varias direcciones al mismo tiempo. Pero tales búsquedas no satisfacen nuestros anhelos más profundos. Por todo el mundo se puede ver un panteón de avisos publicitarios, prometiendo ayudarnos a ser felices o tal vez a desarrollar ciertos poderes psíquicos. Tales poderes pueden tener cierto atractivo, pero pertenecen al reino de la personalidad cotidiana, con todas sus ambiciones y defectos. No nos llevan muy profundamente hacia el interior. Ciertamente, los fracasos de un individuo que logra prematuramente ciertos poderes psíquicos, son posibles de aumentarse en tal situación, tal vez llevándolo a un sentido muy aumentado de auto-importancia e ilusiones, como que la persona es extraordinariamente especial con mensajes de gran significancia para el mundo. Tal individuo puede, o no, ser ético. En muchos casos, sin una preparación moral real, el desarrollo deliberado de poderes psíquicos puede ser inútil a la larga. Es más sabio permitirle a tales habilidades que se desarrollen naturalmente en el curso de la evolución, en vez de acelerarlas artificialmente.

   En segundo lugar, la espiritualidad no puede ser otorgada por otro individuo. La dependencia de cualquier tipo nos aleja del despertar espiritual.

   En cuarto lugar, la espiritualidad no aparece automáticamente sólo porque uno se vuelva un erudito en temas religiosos.

   En quinto lugar, la espiritualidad no es algo superficial.

   Y, en sexto lugar, la espiritualidad no es el resultado de la búsqueda auto-centrada de ciertas cosas. Es decir, no es sobre ‘usted’, tomando prestado el término de la revista Time.

   Entonces, ¿qué es la espiritualidad? Para empezar, si consideramos lo opuesto de los puntos mencionados, podemos comenzar a comprender mejor su naturaleza.

   En primer lugar, la verdadera espiritualidad trasciende el reino físico. Es un anhelo innato profundamente establecido para conectarse conscientemente con la Divinidad. Cuando la espiritualidad es genuina, existe una convicción profunda de sacralidad dentro de toda la vida, que se expresa a sí misma naturalmente al vivir éticamente. Ciertamente, en el libro La Naturaleza de la Naturaleza, el Profesor Klaus Klostermaier cita al famoso científico Konrad Lorenz, que vio el máximo peligro de la humanidad actual, “no en la amenaza nuclear, o en la crisis ecológica, sino en la decadencia y desintegración progresivas de la ética y la moralidad” (p.379). Este es un pensamiento para reflexionar. La crisis ecológica es muy real. Pero necesitamos preguntarnos, ¿cuál es la raíz de todo esto? Desafortunadamente la humanidad carece colectivamente de moralidad. Hasta que haya un sentido más generalizado de la santidad de la vida, esta crisis moral continuará.

   En segundo lugar, el desarrollo de la espiritualidad requiere de atención sostenida, no se manifiesta rápidamente. Durante el curso de la evolución humana el condicionamiento mundano se adhiere a la consciencia, como un fósil que se incrusta en la roca por mucho tiempo. Sin embargo, finalmente esto necesita ser revelado para toda nuestra humanidad, lo que puede ser doloroso.  Por lo tanto puede tomar vidas para que un individuo alcance la madurez espiritual.

   En tercer lugar, el desarrollo de la espiritualidad genuina es un trabajo ‘házlo tú mismo’, y no puede sernos otorgado por nadie. Ciertamente, podemos buscar y recibir ayuda en esta búsqueda de muchos modos, tal vez por medio de las tradiciones religiosas, pero finalmente nadie puede darnos la espiritualidad.

   En cuarto lugar, el conocimiento por una parte, y la transformación de las experiencias de la vida en Sabiduría por otra, son muy distintas una de la otra. Por ejemplo, la habilidad para simplemente recordar varias enseñanzas religiosas no hace necesariamente espiritual a una persona. Pero cuando tal conocimiento está acompañado de un sentimiento de lo interno en la vida, y un anhelo genuino de examinarse a sí mismo, entonces puede surgir la espiritualidad. El antiguo aforismo griego “Conócete a ti Mismo”, inscripto en la entrada del Templo de Apolo en Delfos, fue un mensaje perenne de Sabiduría para la humanidad que no es específico de una era cultural en particular.

   En quinto lugar, la espiritualidad requiere de inteligencia meditativa templada por el discernimiento. En alguna etapa durante nuestro viaje, comenzamos a hacernos grandes preguntas sobre la vida, tan seguramente como la noche le sigue al día. Podemos comenzar a cuestionar enseñanzas que se nos presentan, incluso tal vez cuestionar a las así llamadas autoridades espirituales, a fin de llegar a nuestra propia comprensión de nuestro lugar en el Cosmos. En el proceso existe un crecimiento natural en carácter y en fortaleza interna.

   Y sexto, la espiritualidad significa la activación de nuestras cualidades más elevadas, que surgen de adentro hacia fuera. Tales cualidades incluyen humildad y el matiz más noble del amor. Son esencialmente cualidades carentes de egoísmo y altruistas. No están centradas en el individuo, sino en los demás. La espiritualidad es este ‘estar centrados en los demás’.

 

Significado

   Podemos agregar a estos puntos que la espiritualidad se vuelve intensamente destacada al descubrir el significado en la vida. Porque carente de significado, la vida permanece común e incluso árida. La energía sólo está enfocada en cosas materiales y un falso grado de importancia puede atribuirse a la búsqueda cotidiana. En La Conquista de la Ilusión, el autor, J. J. van der Leeuw, escribió:

 

Cuando nos damos cuenta del significado eterno de la vida, podemos ver cuánto hay en la vida que es superfluo e incluso dañino, podemos ver cuánto hay que puede dejarse y que debe ser eliminado, pero al mismo tiempo podemos ver cuánto está faltando, cuánto más necesitamos. (p.221)

 

   Aquí también podemos aprovechar a considerar la enseñanza del poder cósmico de mâyâ. La Sra. Blavatsky señaló que mâyâ denota todo lo que está sujeto al cambio por medio de la decadencia y la diferenciación, todo lo que tiene un comienzo y un fin. Por lo tanto, los pensamientos que vienen y van son mâyâ, las emociones que aumentan y se desvanecen son mâyâ, y las formas físicas que finalmente decaen son mâyâ. La palabra se origina de la raíz , medir, que transmite un sentido de limitación o tal vez de expresión incompleta.

   Mâyâ no significa que las cosas que se ven no existan. Pero el objeto de mencionar a este concepto es que por lo general, realmente tenemos una visión distorsionada del mundo como resultado de nuestro propio condicionamiento, que está limitado por el tiempo y es incompleto.

   Cuando existe una perspectiva mayor, y la vida se ve como desde arriba, entonces la visión cambia completamente. Para usar una analogía, cuando ascendemos en un aeroplano, las cosas en la tierra abajo nuestro comienzan a unirse, de modo que hay cada vez más conexión. Un cuadro más amplio toma forma, y toma prioridad sobre pequeñas cosas. Se levanta un velo, o desaparece una visión limitada, cuando las cosas se aclaran. 

 

Simplicidad

   Cuando la perspectiva de nuestra consciencia se altera de este modo, entonces ciertas cosas que previamente parecieron necesarias se vuelven ‘pequeñas’ cuando se las ve en su lugar. Por ejemplo, las tendencias hacia la competencia, la agresión o, acumular cosas materiales pueden comenzar a palidecer. Existe, en efecto, un nuevo modo de ver que es de pronto aparentemente simple y profundo.

   El pasaje anterior de J. J. van der Leeuw, continúa:

 

La simplicidad de la vida real puede verdaderamente manejar sólo una fracción de los numerosos impedimentos y complejidades de la vida moderna… Verdaderamente no podemos arreglar nuestras vidas sabiamente a menos que sepamos el significado de la vida; continuaremos buscando nuestras riquezas cuando no existan, malgastando nuestras energías sólo cuando lastimen, olvidando siempre la sabiduría de lo expresado por Ruskin: “No existe riqueza que no sea la vida.”

 

   El pasaje referido sugiere que ‘la vida real’, que se experimenta por medio de una conciencia más elevada, se funda en la simplicidad. Esto se opone directamente con la compleja existencia mundanal de tantas personas. ¿Nos hemos olvidado por lo tanto, de qué es la simplicidad? Se puede desperdiciar mucha energía en cosas que finalmente no son tan importantes. En una vida genuinamente espiritual, las acciones se vuelven más moderadas. Pero, paradójicamente, nuestra vida interna se vuelve más profunda y mucho más rica. Una vida de ‘dedicación’ se vuelve una vida de totalidad.

 

Los polos de nuestra naturaleza

   También podemos acercarnos al tema de la espiritualidad de un modo algo diferente, considerando la polaridad fundamental de la vida. La polaridad esencial que uno encuentra en las Enseñanzas de la Sabiduría, es Purusha-Prakriti, o Espíritu-Materia.

   Necesitamos diferenciar polaridad de dualidad, porque si Espíritu-Materia fuera una dualidad, entonces estaríamos irrevocablemente apartados de nuestra naturaleza espiritual. Pero en esencia estamos inseparablemente integrados con el Espíritu. Muchas personas sienten una conexión fundamental con el Cosmos. No estamos divididos en Espíritu y Materia, sino que somos Espíritu-Materia unidos. El polo espiritual de nuestra naturaleza se revela a sí mismo gradualmente, a medida que evolucionamos, igual que una flor que se abre.

   Una autora norteamericana, Emily Sellon, expuso el tema de Espíritu-Materia de modo algo diferente, que puede facilitar su comprensión. Ella observó que toda entidad única tiene un ‘aspecto interno’ y otro ‘externo’. Esto es algo que podemos sentir fácilmente como seres concientes. Dentro del ser humano existe un espacio interno de conciencia y percepción que es no-física y no-local.

 

Dinamismo en la polaridad

   Cuando hay polaridad entonces, también hay interacción. Existe una palabra particular en la Sabiduría Antigua que denota cierto dinamismo resultante de la polaridad, ‘fohat’. Se dice que es un término tibetano, y se ha descrito de diferentes modos, por ejemplo, en términos de energía, fuerza y dinamismo. Se ha descrito como el poder energizante del universo.

   Adicionalmente descrito como la esencia del cambio de una fase de la existencia manifestada a otra, fohat se dice que es activo micro y macrocósmicamente, en átomos, sistemas solares, planetas, e incluso dentro nuestro. Pero, de modo apropiado, también se dice que energiza y une, actuando como una especie de adhesivo, porque conecta las polaridades. Significativamente para nosotros, se lo trae a la vida aún más con el despertar espiritual y su renovación interna asociada. Algunos se refieren a esto como la consciencia crística o la naturaleza  búdica.

 

Renovación

   Entonces, ahora entramos al reino de la renovación. El Apóstol cristiano San Pablo dijo: “No permitáis que el presente os presione dentro de su molde. Por el contrario, transformaos por la renovación de vuestra mente”. ¿Estaba sugiriéndole a los Corintios, a quienes les hablaba, que no permitieran ser moldeados por la sociedad? Él aludió a esa renovación mental que naturalmente aparece cuando nuestro condicionamiento se deja de lado. Tal renovación no puede surgir cuando la mente está llena de cosas terrenales, ocurre cuando entramos a una serenidad no terrenal. Cuando nos silenciamos, aunque sea por un breve periodo, inevitablemente se revelan espacios dentro de los límites más elevados de nuestra mente. Asociado con esto hay una pérdida de sentido de espacio físico, tal vez una especie de iluminación. Estos espacios internos de nuestra consciencia están vacíos, y tienen gran vitalidad. Al estar más cerca del polo espiritual de nuestra naturaleza, contienen una energía no condicionada que se puede filtrar en nuestra conciencia diaria, ayudando a hacer surgir lo mejor en nosotros, de un estado latente a otro activo. Momentos de silencio mental pueden traer claridad y liberación de energía, ayudándonos a navegar por la vida más fácilmente, así como un rayo ilumina de pronto la oscuridad.

 

Amor

   El pasaje citado anteriormente de J. Krishnamurti continúa así: “En esa relación no existe el amor, ni la compasión. Ustedes pueden tener leyes excelentes, pero esas leyes pueden transgredirse. Entonces, sin esa cualidad, hagas lo que hagas, no crearás un mundo maravilloso”(p.56). Él observó que podemos trabajar juntos por un ideal si estamos de acuerdo en algo, pero “pronto comienza a romperse porque lo interpretamos de acuerdo a nuestros gustos y aversiones personales, prejuicios”. La cooperación sólo llega, manifestó, cuando existe el amor en nuestro corazón. Entonces, mientras no haya amor, sin compasión, el mundo es un lugar menos valioso.

   De un modo u otro, el amor se recomienda en las tradiciones religiosas del mundo. Por ejemplo, los comentarios de San Pablo sobre el amor en la Sagrada Biblia son sublimes. Incluyen las siguientes palabras:

 

Si hablo con la lengua de hombres y de ángeles, pero no tengo amor, soy como un latón ruidoso y un címbalo tintineante… si no tengo amor, no soy nada.

 

   San Pablo dijo que el habla es un poder, aunque tal vez no se lo considere comúnmente de ese modo. Las palabras son notablemente potentes y sus vibraciones tienen un efecto mucho más grande que lo que podemos imaginar. Muchas palabras descuidadas se pronuncian porque proceden de una conciencia que se caracteriza por ser auto-centrada. Carentes de una conexión fundamental con la vida toda, de nuestra parte, tal vez no tengan mucha importancia. Hasta que el amor universal haga raíces en nosotros y comience a crecer, no somos capaces de expresar más completamente nuestra humanidad.

   Probablemente es justo decir que generalmente sólo conocemos una versión más limitada del amor. Podemos sentir un profundo cariño por otro, pero lo que nosotros llamamos amor, puede todavía tener un matiz egoísta. Tal vez es condicional en ciertos factores, para que se mantenga.

 

Relaciones y sociedad

   Volvamos, finalmente, a las relaciones y a la sociedad. Las relaciones encuentran su máxima expresión cuando existe un amor genuino. Una máxima que se encuentra en varias tradiciones religiosas presenta un principio fundamental de relación correcta. Es simple, y sin embargo extremadamente difícil de llevar a cabo. La máxima a la que me refiero, nos recuerda tratar a los demás como nos gustaría que ellos nos trataran, y se la conoce popularmente como la Regla de Oro.

   Las enseñanzas teosóficas señalan no sólo la posibilidad, sino la inevitabilidad de la humanidad desarrollando una relación auténtica y significativa con el Espíritu. Muchos sienten tal relación, ya sea que pertenezcan a una tradición religiosa o no. Los grandes santos y sabios de la historia, y algunos individuos inspiradores en esta era, dan testimonio de la realidad de la nobleza fundamental del Espíritu de la humanidad. Porque dentro nuestro hay renovación si nos atrevemos a mirarnos inteligentemente, y si nos atrevemos a serenarnos, algo que muchas personas temen hacer. Con la renovación llega la energía y la bondad. Con la renovación llega una ética natural que cae como una cascada sobre nuestras actividades y relaciones. En la relación significativa existe la renovación. La renovación de una masa crítica de la humanidad, reflejada en la relación correcta, puede actuar como una partera que algún día ayudará a que nazca un renacimiento espiritual dentro de la sociedad humana.

   Una, y sólo una pregunta es importante ahora: ¿Existe una urgencia profundamente sentida para tal renovación dentro de todos y cada uno de nosotros?

 

Referencias

 

Blavatsky, H. P., Glosario Teosófico, Edit. Teosófica, Krotona, 1918.

Concise Oxforfd English Dictionary, Edit. India, Oxford University Press, New York, 2009.

Frei, Matt, ‘Matt Frei’s diary: The Noughties’, www.bbc.co.uk/news, 19 Dic. 2009.

Krishnamurti, J., In the Problem is the Solution, Krishnamurti Foundation India, Chennai, 2008.

Purucker, Gottfried de, Occult Glossary, Theosophical University Press, Pasadena, 1972.

Klostermaier, Klaus, The Nature of Nature, The Theosophical Publishing House, Adyar, 2004.

McLean, Richard, Zen Fables for Today, Avon Books, New York, 1998.

Reanney, Darryl, Music of the Mind, An Adveneture into Consciousness, Hill of Content, Melbourne, 1994.

Sellon, Emily, The Pilgrim and the Pilgrimage, Theosophical Publishing House, Wheaton, 1996.

Smith, Huston, The Soul of Christianity, Harper San Francisco, 2005.

Van der Leeuw, J. J., The Conquest of Illusion, The Theosophical Publishng House, Wheaton, 1966.

 

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