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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 130 - Número 6 - Marzo 2009 (en Castellano)

 
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Los privilegios crean responsabilidades

 

Antonio Girardi

 


 

Annie Besant afirmaba en La Gran Visión:

Cuando los ricos estén dispuestos a sacrificar algo, el amanecer de la nueva era aparecerá en el cielo sobre nuestra tierra. Cuando la riqueza, la educación y el poder se consideren como un patrimonio común, entonces tendremos los cimientos de un estado mejor y más noble. Cuando los hombres y las mujeres educados recuerden y digan: “La educación que yo he recibido -gracias a los esfuerzos de miles de personas que han trabajado para que pudiera recibir una educación- les pertenece, en realidad, a ellos y yo tengo que devolverles eso con mi trabajo de servicio, para poder pagar la deuda que tengo contraída con ellos”. Cuando el hombre rico sienta, en su interior: “yo soy un administrador y no el propietario de esta riqueza que procede del trabajo de miles de personas; que esta riqueza los ayude y los eleve”, entonces la Fraternidad empezará a reinar en la faz de la tierra.

La Gran Visión de Annie Besant es capaz de inspirarnos con un enorme eco interno, porque vuelve a conectar simultáneamente el plano de la acción individual con los aspectos de los temas éticos y sociales. Por esto, es un planteamiento íntimamente coherente con el concepto teosófico de la Unidad de la Vida.

Pero ¿qué significan “privilegio” y “responsabilidad”, desde el punto de vista lingüístico? El origen de la palabra “privilegio” es latino (privilegium) y es extremadamente concreto; el significado original, de hecho, procede de privus, que significa “individual” o “particular” y lex (ley); por consiguiente el significado original es: una disposición que concierne a una persona individual. Este término pasó pronto del ámbito jurídico de la ley pública y privada, del cual se originó, a tener un significado y extensión más amplios, indicando una condición, cualidad o mérito especiales. Y por consiguiente, no podemos separar este significado de un valor ético[1].

La palabra “responsabilidad”, por otra parte, proviene del inglés y se utilizó pronto también en Francia, responsabilité[2]. Filosóficamente hablando, responsabilidad significa una situación para la cual “se presenta un acto como una causa voluntaria de cierto efecto y por consiguiente se nos pide tener compasión o recompensar al perpetrador, según si el efecto fue oportuno o inoportuno”.[3]

 

La significación de “causa” es una parte integral del concepto de responsabilidad; originalmente, los dos conceptos en realidad eran coincidentes: los griegos, de hecho, se referían a “aquél que era la causa” como la parte moralmente responsable. Pero pronto se vio la necesidad de relacionar el significado de responsabilidad con el de la naturaleza voluntaria de un efecto.

Como consecuencia que no es en absoluto secundaria, esto implica un concepto más profundo, dentro del ámbito de la discusión filosófica y religiosa, sobre la libertad y la voluntad, donde responsabilidad también significa una evaluación de las consecuencias “kármicas”, por así decirlo, de una acción[4]. Y tiene que haber una referencia precisamente al karma.

En cierto sentido, podríamos decir que tanto el privilegio, como fruto del pasado, como la responsabilidad, como acción en el presente, siguen siendo las consecuencias de la acción responsable, que también se desarrollan en el futuro y que no pueden negar la conexión íntima con la Ley de Causa y Efecto. El privilegio, de hecho, deriva de una posición kármica determinada que ocupa un individuo. Pero si nuestra atención se limita al estrecho ámbito del privilegio (que tal vez sea de inspiración calvinista), no llegaremos muy lejos, tal como demuestra el planteamiento dominante

 

en la cultura occidental actual, donde la riqueza material es la motivación para diferenciar a los hombres. Es un concepto que hace que la riqueza sea una especie de bendición de Dios, y por ello, justifica toda la diversidad que hay entre los seres humanos.

Desde el punto de vista kármico de nuestra existencia, podría ser importante comprender cómo podemos empezar responsablemente, desde nuestros privilegios, a desarrollar una conciencia superior: una conciencia capaz de captar totalmente el significado de la Unidad de la Vida y la fraternidad Universal sin distinciones. El privilegio, por consiguiente, se convierte en la causa de una acción responsable y altruista; se convierte en un reparto, en el amor por una vida plena y por todos los seres.

Nada de esto puede suceder, sin embargo, si no somos conscientes de ello. Ser conscientes es algo extraño, es algo que un joven poeta que recitaba sus versos en la calle, una noche de verano en Perugia, llamaba “la puerta a la eternidad”. Cuando le pregunté por el significado de esa frase, me respondió que ser conscientes significa vivir en el presente, con la capacidad de comprender todo el potencial del pasado, pero también con la firmeza nacida de la observación. Ser conscientes es un factor fuera del tiempo, me dijo.

En ese momento, me vinieron a la mente las palabras de Jiddu Krishnamurti:

El orden en la totalidad de la atención, y no puramente a nivel consciente, tiene lugar cuando la división entre el observador y lo observado deja de existir totalmente. Lo que existe es trascendido cuando el observador, que es el pasado y el tiempo, deja de existir. El presente activo, la sustancia de la existencia, no es un esclavo del tiempo, como lo es el observador.[5]

Ser conscientes es, por consiguiente, concebido también como la capacidad de comprender la causalidad kármica, proyectada en el futuro.

Pero ¿qué significa todo esto, concretamente, en la vida de cada uno de nosotros? Ante todo significa comenzar desde un nivel de aceptación de la vida y de la realidad. No se puede comprender una cosa si se la rechaza, y si uno se niega a aceptarla y observarla. Y hay que hacerlo sin olvidar el nivel extraordinario de ignorancia que caracteriza a la comprensión humana.

Hablando en términos del karma, por consiguiente, para cada uno de nosotros, el tiempo y el espacio, y la situación de nuestro entorno son algo correcto y oportuno. Es rico en posibilidades que ayudarán a nuestra conciencia a madurar. Es rico en posibilidades para emprender acciones y mejorar nuestra comprensión. Aceptar el presente significa comprender el pasado. Aceptar el presente significa decir “sí” a la vida. Significa decir “sí” a vuestra propia vida, pero también a la vida de los demás, de cada ser humano, empezando por los que tenéis más próximos.

¿Cómo podemos dejar de ver la íntima interconexión que hay entre todas las cosas y todos los planos, incluso los más sutiles? ¿Cómo podemos dejar de considerar que el ser humano individual es el producto de una evolución extraordinaria, que actúa con millones de mecanismos que permiten que la vida exista, y de los cuales no somos ni mínimamente conscientes (y tal vez sea mejor)? ¿Cómo podemos dejar de ver el verdadero “milagro” que se renueva continuamente en todo esto?

Así pues, la aceptación de los demás y de nosotros mismos nos presenta la posibilidad de una observación incondicionada. Es un tipo de observación que utiliza los instrumentos culturales que tenemos disponibles, pero que nunca está condicionada por ellos.

En las  Cartas de los Maestros a A.P. Sinnett, KH cita una afirmación del Buda:

Cuando la verdadera naturaleza de las cosas adquiere claridad para el Bhikshu en la meditación, entonces todas sus dudas se desvanecen, porque ha comprendido la naturaleza y la causa de todo esto. La ignorancia es la raíz de todo el mal. El conocimiento engendra el fin de toda esta infelicidad, y así, el Brahman en la meditación impide el paso a las hordas de Mara, como el sol que ilumina el cielo.[6]

La clave de la alquimia que transforma el privilegio en responsabilidad reside en ser conscientes. Para los filósofos estoicos, no era importante poder escribir su propio guión existencial, su propia vida; era mucho más importante recitar bien su propio papel y buscar esta concienciación interior.[7] Puede que haya quien diga: “no todo el mundo tiene privilegios, al contrario, ¡sólo los tienen unos pocos!”

No es una observación que debamos pasar por alto y deberíamos aceptarla por su naturaleza incisiva,  no exenta de amargura, para ayudarnos a darnos cuenta de que, con toda probabilidad, todos los buscadores espirituales sinceros son privilegiados. ¿Cómo podemos, entonces, dejar de responder positivamente al pedido en las palabras de Annie Besant, que hemos citado antes?

Revisando los archivos históricos de la Sociedad Teosófica italiana, hemos encontrado el documento de la síntesis de la primera Convención de nuestra Sección, que tuvo lugar el 1° de febrero de 1902. En esa ocasión, C.W. Leadbeater pronunció unas palabras que siguen siendo vigentes hoy en día:

La mayor dificultad no es la de conocer, sino la de aplicar el conocimiento. Es muy fácil llevar a cabo grandes hazañas bajo el impulso del entusiasmo, pero es difícil vivir con el ideal de esta gran causa constantemente en el corazón…  hemos de mantener siempre vivo nuestro entusiasmo; sin él no seríamos capaces de trabajar y tiene que ser una forma de entusiasmo regulado por la razón y el sentido común… es necesario recordar lo grande que es la causa de la Teosofía, la causa gloriosa de los Maestros, que están detrás de nosotros, ayudándonos, pero por más grandes que ellos sean, sólo nos pueden ayudar si queremos ser ayudados.[8]

Expresado de una manera extremada-mente compacta, es la vida misma lo que es un privilegio, en su unicidad, en su carácter único y sagrado.

¿Qué significa entonces la responsabilidad? Responsabilidad significa empezar siendo conscientes de la Unidad de la Vida para conseguir pasar a la acción y vivir en beneficio de todos los seres. Es un concepto apreciado por las tradiciones budistas y teosóficas, pero que está también presente en todas las religiones, así como, definitivamente, en el corazón de los hombres de buena voluntad.

Cómo podemos dejar de recordar, por ejemplo, el Sermón de la Montaña, del Evangelio de Lucas:

Y si quieres a aquellos que te quieren, ¿qué mérito tienes? Porque incluso los pecadores aman a aquellos que les aman. Y si haces el bien a los que te hacen el bien, realmente, ¿qué mérito tienes? Al contrario, sigue amando a tus enemigos y haciendo el bien, y prestando (sin intereses), sin esperar nada a cambio; y tu recompensa será grande, y seréis hijos del Más Elevado, porque él es amable con los ingratos y malvados. Seguid siendo compasivos, como vuestro Padre es compasivo.[9]

El Sufi  Jami dice: “Suprime las palabras este y aquel; la cualidad implica diferencia y hostilidad.  En este universo, todo está lleno de belleza y carece de imperfecciones. Veis solamente una sustancia que es sólo una esencia”.[10]

Una vida responsable, entonces, parece ser una de las posibilidades del hombre. La vida responsable es la capacidad de observar para hacernos conscientes, como una interacción entre el karma individual, con toda su complejidad e “impulso” interno, animado por el amor y la tolerancia, y las posibilidades del corazón, demasiado pasadas por alto,

San Francisco de Asís, que demostró ser extraordinariamente consciente de estas posibilidades, escribió una oración, que yo llamo la Oración para todos. Estas son sus palabras:

Señor, haznos instrumentos de tu paz. Donde haya odio, sembremos amor; donde haya ofensa, perdón; donde haya discordia, unión; donde haya duda, fe; donde haya desesperación, esperanza; donde haya tinieblas, luz; donde haya tristeza, gozo. Concede, Divino Maestro, que no busquemos ser consolados, sino consolar; ser comprendidos, sino comprender; ser amados, sino amar. Porque dando es como recibimos; perdonando es como somos perdonados; y muriendo es como nacemos a la vida eterna.


 

 

 


 

[1] Consultar “Privilegio” en el Diccionario

[2] Aparece en la obra Federalists (en inglés) de Alexander Hamilton, pág. 64; comparar con R. McKeon en Revue Internationale de Philsophie, 1957, n.° 1, pág. 8 y siguientes.

[3] Diccionario Enciclopedia Treccani (en italiano), vol. X, pág. 118

[4] Abbagnano, N. Dizionario di Filosofia, UTET, Turín (Diccionario de Filosofía, UTET), 2da edición, 1984, pág. 748 y 749.

[5] Krishnamurti, J., Revista, Ediciones Ubaldini, Roma, 1983, pág. 65.

[6] Las Cartas de los Mahatmas a A.P. Sinnett, primera traducción al italiano por Bianca Vallone (Lettere dei Mahatma ad A.P. Sinnett), 3ra edición, Editrice Libraria Sirio, Trieste, 1968.

[7] Para contribuir a una comprensión dinámica de la filosofía estoica, leer, por ejemplo, Memorias (I Ricordi) de Marco Aurelio, Ediciones Einaudi, Turín, 1968, pág. 81: “Examina las cosas en profundidad, no permitas que se te escape la esencia ni el valor de las cosas”.

[8] Leadbeater, C.W., discurso pronunciado en la Primera Convención de la Sección italiana de la Sociedad Teosófica, Roma, 1° de febrero de 1902, pág. 14 y 15 de las minutas.

[9] Evangelio de Lucas, 6:7-42.

[10] La cita de Jami (1414-1492), Sufi de la fraternidad de Naqshbandi, se extrajo de Los Místicos del Islam (Antología del Sufismo de Evade Vitray-Meyerovitch), Ediciones Guanda, 1991, pág. 252.

 

 

 

No es una tarea fácil descubrir, según las palabras de San Pablo, “las riquezas de las glorias de este misterio, que es el Cristo en ustedes, la esperanza de  gloria”. Es a esta tarea para la que se nos convoca. Verdad Divina, Belleza Divina, Ternura Divina, y cada factor de esperanza y gloria que abarca la palabra Mukti, o Nirvana, o Salvación,  todas  residen en nosotros mismos. Sólo para cuando los hombres sean conscientes de ellas, la búsqueda de la percepción espiritual será el único camino a la Felicidad. Nosotros los teósofos debemos instruir a la humanidad acerca de este nuevo camino.

C. jinarajadasa

 

 

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