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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 130 - Número 6 - Marzo 2009 (en Castellano)

 
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¿Cuál es la practicidad de la Teosofía?

 

Joy Mills

 

 

Hay una pregunta que parece presentarse una y otra vez de distintas maneras, pero siempre apunta en dirección al tema de la practicidad de la filosofía Teosófica. Una de las formas que adquiere dicha pregunta es sencillamente la del título de este artículo, mientras que otra dirige el tema hacia el individuo: “¿qué hacen los Teósofos?”. Sin embargo, otra forma de la pregunta involucra la membresía en su totalidad: “¿Por qué la Sociedad Teosófica no hace algo?”. Cualquier forma que adquiera la pregunta, es obvio que, para quien la formula, estudiar, meditar, disertar o publicar libros no son consideradas actividades prácticas.

 

Por lo general quienes hacen esas preguntas se refieren al gran número de buenas organizaciones que participan activamente en las que solían denominarse “buenas obras”, un servicio que merece nuestro reconocimiento por el beneficio que provee a quienes carecen de las necesidades materiales básicas. Se piensa que quienes están a la vanguardia de las causas participan de las más prácticas de todas las actividades, la de “hacer algo”. Quienes meditan y disertan, obviamente no están “haciendo” nada, ya que no hay un servicio visible o que pueda medirse. Esto no quiere decir que muchos Teósofos no participen en tareas para aliviar el sufrimiento que existe en todas partes, no sólo en el reino humano sino también entre los animales y, en realidad, en toda vida.

 

¿Pero qué hay de la Teosofía en sí? ¿Es práctica la Teosofía? ¿Traerá su estudio algún beneficio duradero, ya sea para nosotros o, más importante aún, para el mundo que nos rodea? ¿No es la filosofía un lujo que apenas puede permitirse un mundo que marcha con rapidez hacia el borde del desastre? Desafortunadamente, en estos tiempos en que se busca con fervor un gurú que pueda solucionar nuestros problemas con un rápido gesto de sus manos o su cabeza, o en que nos vemos absorbidos por fenómenos que satisfagan nuestros anhelos externos o que nos traigan iluminación personal, el estudio de Teosofía parece carecer del glamour o fascinación que atrae y retiene. Por lo tanto, según aquéllos que nos menosprecian, debe ser descartado mientras continuamos con el trabajo del mundo.

 

Se ha dicho, con relación al Budismo, que tan sólo porque su tema de estudio se encuentra en todas partes, uno no debería atribuirle su manifestación universal. Lo mismo puede decirse en verdad acerca de la Teosofía: tan sólo porque la Teosofía sea todo, no debemos caer en el error de suponer que todo es Teosofía. El profesor Cheuk-Woon Taam, al escribir acerca del Budismo, señala que “éste no abarca todo el universo. Presenta la naturaleza universal —la mente universal— pero lo hace como una enseñanza en particular. Confundir la enseñanza específica con su vasto e indiferenciado tema es una trampa en la que han caído muchos tigres”. Ésta es una acertada descripción de la Teosofía también, ¡y da al estudiante una útil advertencia!

 

En otras palabras, antes de poder evaluar la practicidad de la Teosofía, debemos tener en claro cuál es la visión del mundo de la Teosofía. Podemos percibir la practicidad de los conceptos Teosóficos sólo cuando hemos comenzado a asimilar, al menos en alguna medida, sus verdades eternas mediante un contacto genuino (que incluye mente y corazón, razón e intuición) con esas verdades universales.

 

Es verdad, la Teosofía no ha sido definida, ni puede serlo, al menos en términos  que abarquen su universalidad, ya que cada interpretación está, por su propia naturaleza, limitada por la mente y comprensión de quien la ofrece. Pero el hecho de que la Teosofía no  esté sujeta a una definición oficial y final no significa que sea una noción vaga o amorfa o un concepto que esté limitado por lo que sea que cualquiera desee interpretar. Es un darsana específico, una visión dentro del campo de la Realidad, una visión a través de las planicies de la existencia, la cual a menudo es oscurecida por la nieblas que se levantan de ellas y que, en nuestra ignorancia, atribuimos a fuentes externas a nosotros. Es precisamente nuestra visión acerca de la existencia y última Realidad lo que determina nuestra acción en el mundo. Podemos decir entonces que la practicidad de la Teosofía radica en hasta dónde hayamos permitido que las ideas e ideales Teosóficos ejerzan su influencia en nosotros aclarando nuestras percepciones para que podamos ver las cosas en su totalidad, sin oscuridad.

 

Todo intento por definir o redefinir esa visión del mundo que constituye la Teosofía, debe conducirnos inevitablemente cada vez más dentro del ámbito de la Sabiduría, ya que nuestros esfuerzos nos conducen a una comprensión de, precisamente, lo que está contenido en el término Teosofía. Comienzan a surgir ciertos principios fundamentales, aunque pueden hacerlo en numerosos contextos y bajo una gran cantidad de disfraces dependiendo de si uno se acerca a ellos por medio de las grandes tradiciones religiosas o, una vez más, por medio de verdades reveladas por la ciencia. Son fundamentales —radicales, en el sentido original de la palabra—  ya que se aplican con igual validez a la naturaleza, al hombre y a la sociedad. Abiertas a una amplia gama de interpretaciones y capaces de reencarnar en un idioma apto para estos tiempos, estas ideas o principios afectan la estructura misma de la existencia individual y colectiva proveyendo valores espirituales que se traducen en actitudes personales de motivo y acción. Para el Teósofo, no deberían ser meras abstracciones teóricas, sino más bien la propia esencia de su vida, a medida que se esfuerza por comprender la verdad en ellas por medio de su propia experiencia y descubre el poder transformador de éstas.

 

Es precisamente esa practicidad la que se enfatiza en uno de los documentos más notables que se hayan recibido durante los primeros años de existencia de la Sociedad: una carta enviada a A. P. Sinnett, y de la cual se dijo que “era una versión resumida de la visión del Chohán acerca de la ST”. C. Jinarâjadâsa escribió acerca de esa comunicación que “Esta es realmente la Carta más importante que se haya recibido de los Instructores Adeptos”, agregando que “es prácticamente el estatuto para el trabajo y desarrollo de la Sociedad Teosófica a lo largo de las edades”. En ese documento, leemos estas significativas palabras:

 

 A fin de permitir a nuestras doctrinas que ejerzan su acción sobre el código moral, como se le llama, o sobre las ideas tocantes a la veracidad, la pureza, la abnegación, la caridad, etc. es necesario difundir en el público las nociones teosóficas.

No es la resolución individual de alcanzar el Nirvana (cumbre suprema de todo conocimiento y sabiduría absoluta), resolución que en definitiva no es más que un egoísmo superior y magnífico. Es el buscar desinteresadamente medios mejores de hacer seguir a nuestro prójimo el buen camino, y de llevar la mayor cantidad posible de nuestros semejantes a que aprovechen de ello, lo que constituye al verdadero teósofo.

 

 Entonces, a riesgo de simplificar excesivamente la Sabiduría que es la verdadera Teosofía, de reformular de otra manera los fundamentos de una verdad inmortal, podemos preguntarnos cuáles son los principios eternos que componen la visión Teosófica del mundo. Por el momento, sugerimos un delineamiento de cinco puntos:

 

  1. El universo y todo lo que hay en él son un todo interrelacionado e interdependiente, porque
  2. Cada ser que existe, ya sea montaña, molécula, u hombre; sea animal o átomo, tiene sus raíces en la misma Realidad espiritual universal, que es todo y está en todas partes y sin embargo trasciende todas sus expresiones
  3. En consecuencia, esa Realidad una puede percibirse en todas partes, en el orden, armonía, belleza y significado del mundo natural así como en los lugares más recónditos de la mente, el corazón y el espíritu.
  4. Por lo tanto, el valor único de cada ser viviente es reconocido y honrado. Ese reconocimiento se expresa a sí mismo mediante reverencia y compasión por toda vida, solidaridad con las necesidades de los demás, alentando a cada persona para que encuentre la verdad por sí misma, y respetando todos los senderos que conducen al hombre hacia la iluminación espiritual.
  5. Finalmente, todos estamos embarcados en una empresa común: la búsqueda de comprensión, y el crecimiento hacia una auto-conciencia; es el proceso de un crecimiento interno, el que es la verdadera marca de ser humano. La totalidad de la experiencia humana es en realidad un proceso de auto-desenvolvimiento, de desarrollo de una conciencia cada vez mayor de la verdadera propia naturaleza. Al arraigarse el hombre en la Realidad universal adquiere, por lo tanto, infinitas posibilidades de crear un futuro para la humanidad “cuyo crecimiento y esplendor no tienen límites”.

 

La practicidad de esa visión del mundo debería ser  evidente de inmediato, ya que le da significado y sustancia a la existencia, y despierta en aquéllos que logran percibir su verdad esencial el altruismo que, según la definición de H. P. Blavatsky, es ocultismo o Teosofía pura.

 

Cualquiera que lea la historia de la civilización comprenderá la validez del axioma al cual han hecho referencia en muchas ocasiones los Instructores Adeptos en sus cartas a A. P. Sinnett: “las ideas gobiernan al mundo”. Nunca debe subestimarse la fuerza de las ideas, ya que nuestras propias vidas exhiben las ideas que dan forma a nuestras acciones. Una filosofía basada, por ejemplo, en el concepto de que dentro de la creación de Dios hay una estructura original por la cual existe un número de esferas interdependientes, cada una con sus propios derechos, conduce inevitablemente a acciones que separan y dividen en clases, nacionalidades, grupos étnicos, creando antagonismos y conflictos. Tal filosofía, basada en los puntos de vista de Rousseau y el político y teólogo Calvinista holandés Abraham Kuyper, ha dominado gran parte de la historia europea de este siglo y ha contribuido enormemente a la filosofía del colonialismo del cual el mundo aún no se ha liberado por completo.

 

Se ha dicho repetidamente, desde los comienzos de la Sociedad, que nuestra tarea es cambiar los patrones de pensamiento del mundo. Al ver los efectos devastadores provocados por una filosofía de separatismo y al percibir el resultado de filosofías y visiones que se ocupan sólo de intereses especiales o con resultados temporarios (los denominados puntos de vista de “una vida”), deberíamos estar alertas a la necesidad de ese cambio que la filosofía Teosófica puede producir. La tarea no es fácil, ni puede lograrse de la noche a la mañana; sin embargo, es el único emprendimiento que vale la pena y al cual deberíamos entregar todos nuestros esfuerzos y permanente atención. Es mucho más fácil quedar atrapado en la vorágine de los problemas de actualidad que parecen estar conduciendo a nuestra actual civilización  por la pendiente que lleva a la aniquilación. Hacer frente a las corrientes de circunstancias e intentar detener la “marejada”- a la cual HPB una vez se refirió al hablar de la Teosofía y su objetivo - demanda una valentía del alma y un coraje de espíritu que debemos desarrollar cueste lo que costare. Sin embargo, seguramente no existe otro camino, si hemos de ser fieles a nuestros ideales y leales a la visón que hemos tenido.

 

El eminente psicólogo suizo Dr. C. J. Jung, dijo en una ocasión: “A la pregunta que se reitera constantemente “¿Qué puedo hacer?”, no tengo otra respuesta que “Conviértete en lo que siempre has sido”, es decir, en la plenitud que hemos perdido en medio de nuestra existencia consciente y civilizada, una plenitud que siempre fuimos, sin saberlo”.

 

Así, entonces, debemos aprender a responder esa molesta pregunta: “¿Cuál es la practicidad de la Teosofía?”  Al estudiar la filosofía Teosófica, al abrazar la visón Teosófica del mundo, debemos aprender a realizar esa plenitud, volviéndonos plenos nosotros mismos, e inculcar en el mundo que nos rodea esas ideas y valores que transforman la vida, y que por sí solos pueden guiar a la humanidad hacia un nuevo amanecer de comprensión, anunciando un día de paz y unidad.

 

La mente del hombre, una vez que se expande con una nueva idea, jamás retorna a su dimensión original.

 

 Oliver Wendell Holmes

 

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