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Vol. 130 - Número 5 - Febrero 2009 (en Castellano) |
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H. S. Olcott como Organizador
Reimpreso del The Theosophist – Agosto 1932
No existe un testimonio mayor respecto a las capacidades del Coronel Olcott como organizador que la Sociedad Teosófica como hoy día es. Hay 47 Secciones Nacionales actualmente, en 1907 cuando él murió sólo había 13. Pero fue la sabiduría de su plan lo que hizo posible este crecimiento natural. Fue él quién formuló la amplia plataforma de la Constitución de la Sociedad como es ahora. La organización de la Sociedad naturalmente es el resultado de una serie de experimentos. Primero, hubo ‘Juntas de Control’, como la de Estados Unidos, dicha Junta actuaba en nombre del Presidente. Luego, el Coronel Olcott desarrolló la idea de las ‘Secciones’, llamadas ‘Sociedades Nacionales’ durante la Presidencia de la Dra. Annie Besant. Una característica notable de la Sociedad actual es que es una organización mundial de Secciones Nacionales autónomas que se mantienen unidas por profundos sentimientos de lealtad hacia la Sede Central. La Sede Central no dictamina lo que las Secciones deben hacer, aunque algunas de sus actuaciones oficiales como la emisión de Cartas Constitutivas y Diplomas son realizadas en el nombre de la Sede Central representada por el Presidente de la Sociedad. Sin embargo el Presidente es sólo el Oficial Ejecutivo del Consejo General de la Sociedad, actuando en representación de todas las Secciones Nacionales autónomas que componen un Todo indivisible. El Coronel Olcott describe así esta relación de las partes con el todo en los dos extractos siguientes.
Historia de la Sociedad Teosófica – Volumen II
Otro trabajo importante de la Convención de 1888, fue la adopción del plan de reorganización de la Sociedad en Secciones autónomas, este había sido el motivo principal por el cual había otorgado una Carta Constitutiva a la Sección Americana en 1886, y más tarde otra a la nueva Sección de Londres. El éxito en América fue tan grande que después de dos años de ensayos prácticos parecía justo extender el método a todos nuestros demás campos de actividad. Este plan era admirable en todos sus aspectos, la autonomía local implantaba responsabilidad local, propaganda local y obligaba a grandes esfuerzos personales. La creación de Secciones reducía a un mínimo aquella cantidad de menudos detalles que hasta entonces me habían hecho perder tanto tiempo, y la Sociedad, de ser casi una autocracia, se convertía en una Federación constitucional, de la cual cada estado independiente en cuanto a sus asuntos personales, permanecía responsable ante el conjunto para el leal sostén del Movimiento y de sus ideales, y del Centro Federal, el cual unía el conjunto como las fasces del lictor[1], formando un todo imposible de romper. Con este método, la formación de una nueva Sección añade poco trabajo a los trabajadores de Adyar, pero aumenta considerablemente la fuerza colectiva de la Sociedad y los cimientos del edificio se hacen más y más fuertes con cada piedra cimentada en su masa.
Discurso en la Convención Anual de 1893
Año a año, los resultados muestran lo acertado del plan de dividir a la Sociedad en Secciones y espero que en breve se pueda extender a todo el mundo. . . . Mi esfuerzo ha sido desde el principio erigir una liga Federal sobre la base de nuestros tres Objetivos declarados, la cual, mientras brinda a todos los miembros y ramas la más grande amplitud de opinión y elección de trabajo, se mantiene como una entidad trabajando en forma compacta, uniendo a todas sus unidades por el lazo de un fuerte nudo común de interés mutuo y política corporativa claramente definida. El jefe ejecutivo ya se ha convertido en gran parte, y debe finalmente ser totalmente, el simple pívot oficial de la rueda, la unidad central de su vida, el representante de su estatuto federativo, el árbitro en toda disputa inter-seccional, el supervisor de la autoridad del Concejo. Como he dado autonomía a cada Sección en la medida en que iban surgiendo, así pretendo continuar con las futuras, estando convencido que nuestros intereses comunes serán mejor manejados por administradores locales. Aborrezco la simple sombra de la intervención autocrática, pero igualmente detesto ese principio de invalidación que lleva a las personas a tratar de subvertir las constituciones bajo las cuales han prosperado y han probado ser adecuadas en la práctica para promover el bienestar general. Este sentimiento me ha hecho resentir a veces hacia lo que parecía tratar de que la Sociedad fuera responsable de autoridades, ideas y dogmas especiales, que, aunque fueran en sí mismas buenas, eran extrañas a los puntos de vista de alguno de nuestros miembros, y por lo tanto una invasión a sus derechos personales de conciencia bajo nuestra Constitución. Como el guardián oficial de ese instrumento, mi deber requiere esto de mí, y espero nunca fallar. No puedo entender como un Movimiento de alcance mundial como el nuestro pueda mantenerse avanzando sin un hilo oficial que ensarte el collar de Secciones y Ramas que lo componen y sin una oficina central, y varias locales, desde la cual se emitan circulares oficiales y otros documentos, se de dirección a la propaganda, se comuniquen los resultados de los congresos generales y Seccionales, y se propague la información de interés general; un centro en el que las controversias puedan ser dirimidas y los archivos guardados. . . . Estoy contento de que ahora la Sociedad aceptará el riesgo de estar dividida en sociedades fragmentadas, igual al número de secciones que puedan existir al momento de mi muerte, aunque este excelente y muy práctico esquema de administración después sea abandonado. No puedo imaginar cómo se puede prescindir de este esquema, y para mi mente, el único problema real es encontrar una persona que ocupe el cargo de Presidente, que administrará su oficina con estricta imparcialidad entre naciones, sectas y sistemas políticos. Debe vivir en Adyar, desarrollar la Biblioteca, mantener El Teósofo, continuar la obra educacional ahora tan próspera, en Ceilán e India del Sur, y estar dispuesto a visitar distintas partes del mundo de acuerdo a lo que requiera la ocasión, entretejer las Secciones más distantes en una gran red dorada de fraternidad cuyo centro y núcleo esta en Adyar.
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Es debido a que Adyar representa al mundo en miniatura, que miles de teósofos de todo el mundo se dicen a sí mismos: “¡Si tan sólo pudiera visitar Adyar!”. Porque ellos sienten que en Adyar obtendrán esa visión ‘desde el Centro’, que hará cada sueño noble que tuvieren más real, y los equipará con mayor fortaleza, no sólo para soñar, sino también para alcanzar el éxito . . .
Desde 1882, cuando los Fundadores visibles de la Sociedad hicieron de Adyar el hogar de la Sociedad Teosófica, un Pensamiento grande y penetrante ha permeado ampliamente Adyar. Este es el Pensamiento de aquellos Hermanos Mayores que son los verdaderos Fundadores de la Sociedad, aquellos grandes que han arribado al umbral de la liberación pero renunciaron a ese esplendor para poder trabajar esforzadamente para llevar a nuestra triste tierra un poco más cerca del cielo. Adyar es el recipiente a través del cual se vierte una bendición sobre el mundo día y noche. Cada diminuta planta, cada árbol grande y pequeño, cada flor, recibe algo de esta bendición desde Adyar. Por eso es que Adyar tiene una atmósfera propia.
Adyar vive y trabaja para el mundo. Tres veces felices son aquellos cuyo karma les da el privilegio de venir a Adyar, y benditos entre ellos quienes reciben de Adyar lo que Adyar tiene para darles.
C. Jinarājadāsa, 1934
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