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Vol. 130 - Número 3 - Diciembre 2008 (en Castellano) |
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Estudios sobre La Voz del Silencio, parte 14
JOHN ALGEO
El Dr. John Algeo es el Vice-Presidente internacional de la Sociedad Teosófica y Profesor Emeritus de la Universidad de Georgia, EEUU, y tiene muchas distinciones académicas.
Comenzamos ahora el tercer y último fragmento de La Voz del Silencio, titulado “Los Siete Portales”. La metáfora dominante de este fragmento es la de pasar siete puertas o entradas en el sendero espiritual. Aunque ya ha sido mencionada antes, esta metáfora se vuelve el tema principal de este último fragmento.
VERSOS [196-205]:
[196] Upâdhyâya,1 la elección está hecha, estoy sediento de Sabiduría. Has rasgado el velo puesto ante el Sendero secreto y me has enseñado el Yâna mayor.2 Tu siervo está aquí listo para que lo guíes. [197] Esta bien, shrâvaka.3 Prepárate tú mismo, porque tendrás que viajar solo. El Maestro sólo puede señalarte el camino. El Sendero es uno solo para todos, los medios para alcanzar la meta han de variar según los peregrinos. [198] ¿Qué escogerás, oh tú de corazón intrépido? ¿El samtan4 de la Doctrina del Ojo, el cuádruple Dhyâna, o seguirás el camino de los Pâramitâ-s,5 seis en número, nobles puertas de virtud que conducen a Bodhi y a Prajñâ, séptimo escalón de la Sabiduría? [199] El escabroso Sendero del cuádruple Dhyâna serpentea cuesta arriba. Tres veces grande es el que asciende hasta la empinada cima. [200] Las Pâramíticas alturas están cruzadas por un sendero más escarpado todavía. Tienes que luchar disputando tu camino a través de siete portales, siete fortalezas defendidas por crueles y astutos poderes, las pasiones encarnadas. [201] Ten buen ánimo, discípulo; acuérdate de la regla de oro. Una vez que hayas pasado la puerta Srotâpatti,6 “el que ha entrado en la corriente”, una vez que haya tu pie pisado el lecho de la corriente Nirvânica en esta o en alguna vida venidera, no tienes más que otros siete nacimientos ante ti, oh tú de Voluntad diamantina. [202] Observa ¿Qué ves ante tus ojos, oh aspirante a la Sabiduría divina? [203] “Sobre el abismo de la materia está el manto de tinieblas; entre sus pliegues yo lucho. Bajo mi mirada se hace más profundo, Señor; se disipas con el movimiento de tu mano. Una sombra se mueve, se desliza como el extender de los anillos de la serpiente. . . . Se agranda, se hincha y desaparece en la oscuridad.” [204] Es tu propia sombra más allá del Sendero, proyectada en la lobreguez de tus pecados. [205] “Sí, Señor; Veo el Sendero; con su base en el lodo y su cima perdida en la gloriosa luz Nirvânica. Y ahora contemplo los Portales cada vez más angostos en el difícil y espinoso camino de Jñâna.”*
[Nota de HPB]:* Conocimiento, Sabiduría.
COMENTARIO: En el verso 196, el estudiante ha decidido seguir el Sendero esotérico, que implica dedicarse al servicio del mundo, antes que buscar sólo la salvación personal. Upâdhyâya es un término para instructor (como el término más familiar âchârya), como la glosa aclara:
Glosa 1. Upâdhyâya es un preceptor espiritual, un Gurú. Los budistas del Norte los eligen generalmente entre los Naljor, hombres santos, eruditos en gotrabhujñâna y jñâna-darhana-buddhi, maestros de la Sabiduría Secreta.
Yâna es literalmente cualquier “vehículo” en el cual uno viaja: un barco, un carro, una carroza, etc. Metafóricamente, es el medio por el cual uno transita el Sendero. El Mahâyâna o “gran vehículo” es el Sendero secreto o esotérico; el Hinayâna o “vehículo pequeño” es el Sendero Abierto o exotérico.
Glosa 2. Yâna – vehículo; así Mahâyâna es el “Gran Vehículo”, e Hinayâna, el “Vehículo Menor”, nombres para las dos escuelas de enseñanza religiosa y filosófica en el Budismo del Norte.
El término upâdhyâya del verso 196 es correlativo al término shrâvaka del verso 197, este último significa “estudiante” o literalmente “oyente”. Existe una tradición generalizada, que se encuentra en India, Grecia antigua, y en otros lugares en la tradición de los misterios, incluyendo a la Francmasonería, que el estudiante principiante tiene que escuchar y observar pero no hablar o participar activamente en el trabajo. Solamente después de un período de entrenamiento inicial durante el cual se guarda silencio, el estudiante puede responder, en palabras o acción. Primero escuchamos la Voz del Silencio, luego respondemos a ella:
Glosa 3. Shrâvaka, un oyente, un estudiante que participa de instrucciones religiosas. De la raíz sru. Cuando pasan de la teoría a la práctica o al ejercicio del ascetismo, se convierten en shramana-s, “practicantes”, de shrama, acción. Como lo expone Hardy, las dos denominaciones corresponden a las palabras akoustikoi y askētai de los griegos.
El verso 197 también es importante como contra argumento de la exagerada opinión que hace al estudiante totalmente dependiente de su instructor. Por el contrario, los estudiantes deben prepararse a sí mismos, porque necesariamente transitarán el Sendero solos. El verdadero maestro no da instrucciones detalladas para nuestra vida, sino que señala el camino a través de la enseñanza y el ejemplo. Por lo tanto, los estudiantes deben hacer sus propios pasos caminándolos. Otra idea importante en este verso es que el Sendero es uno solo. Es decir, hay un solo ideal de servicio y una sola meta de unión con toda vida. Pero existen tantas maneras de realizar ese ideal y de alcanzar esa meta como viajeros en el Sendero. Como dice este verso, “El Sendero es uno solo para todos, los medios de alcanzar la meta han de variar según los peregrinos.” Aunque los instructores pueden mostrarnos el camino, cada uno de nosotros tiene que transitarlo por su cuenta y a su propia manera. Ese es un concepto central de La Voz y de la Teosofía. Aunque el estudiante ya eligió el sendero esotérico de servicio en vez del sendero exotérico de la salvación individual, la elección se presenta una vez más en el verso 198, entre la Doctrina del Ojo de conocimiento intelectual y la Doctrina del Corazón de la sabiduría del alma. En realidad, ninguna elección es definitiva, una vez y para siempre. Debemos tomar decisiones continuamente porque el camino se divide ante nosotros hasta el final y en todo momento. La Doctrina del Ojo del conocimiento intelectual no es sólo información intelectual, sino más bien introspección meditativa, como el verso y la glosa 4 clarifican:
Glosa 4. Samtan (Tibetano), el mismo que el sánscrito Dhyâna, o el estado de meditación, en el cual existen cuatro grados.
Similarmente, la Doctrina del Corazón de la sabiduría del alma no es sentimentalismo, sino la práctica de ciertas virtudes (y virtud significa literalmente ´fortaleza´, la cualidad característica de un vir, un guerrero o un héroe):
Glosa 5. Pâramitâ-s, las seis virtudes trascendentales; para los sacerdotes son diez.
Las seis pâramitâ-s son las llaves de los siete Portales de este Fragmento además de virâga o “ausencia de deseo”. Ellas son generosidad, conducta moral, paciencia, valor, meditación y sabiduría. Las cuatro adicionales, que completan las diez para los sacerdotes, son resolución, destreza, fortaleza, y conocimiento. Se dice que el Sendero consiste de varias etapas o iniciaciones. La primera de ellas se menciona en el verso 201, donde la iniciación se llama Srotâpatti, y las tres iniciaciones siguientes se nombran en la Glosa 6:
Glosa 6. Srotâpatti, (lit.) “el que ha entrado en la corriente” que conduce al océano Nirvânico. Este nombre indica el primer Sendero. El nombre del segundo Sendero es Sak-dâgâmin, “el que nacerá (solo) una vez más”. El tercero se llama Anâgâmin, “el que no reencarnará más”, a menos que lo desee para ayudar a la humanidad. El cuarto Sendero es conocido con el nombre de Rahat o Arhat. Este es el más elevado. Un Arhat ve el Nirvâna durante su vida. Para él no es un estado post-morten, sino Samâdhi, durante el cual él experimenta toda la bienaventuranza nirvânica.*
El número de vidas que pasarán después de cada una de estas iniciaciones antes de que uno alcance el nirvâna son habituales, pero se interpretan mejor simbólicamente. Los números pueden indicar un acercamiento gradual al objetivo, el cual es la participación conciente en el estado de samâdhi durante esta vida. Samâdhi, literalmente “poniendo junto” o “uniendo”, es la meta del Yoga. HPB tenía poca paciencia con los orientalistas, los occidentales que estudiaban e interpretaban la literatura oriental, como queda demostrado en su nota sobre los términos de estas cuatro iniciaciones o etapas:
[Nota de HPB]:* Cuán poco puede uno fiarse de los orientalistas en cuanto a la exactitud y significación real de las palabras, queda ilustrado en el caso de tres “supuestas” autoridades. Así los cuatro nombres que se acaban de explicar, R. Spence Hardy los expone del modo siguiente: 1. Sowân; 2. Sakradâgâmi; 3.Anâgâmin; y 4. Arya. Para el Rev. J. Edkins son: 1. Srotâpanna; 2. Sagardagam; 3. Anâgâmi; y 4. Arhan. Schlagintweit los expresa a su vez de modo diferente, dando además a cada uno de ellos una nueva variación en el significado de las palabras.
Los versos 202 a 205 brindan una visión de conjunto del Sendero a ser hollado, el Sendero que conduce de la oscuridad a la Luz. La oscuridad es la ignorancia, el egoísmo, y la violencia que caracterizan a la acción sin luz en el mundo. Dentro de la oscuridad hay una sombra, que es nuestra naturaleza personal desprovista de la guía y disciplina de la mano del maestro, que ella sola puede disipar la oscuridad con un movimiento. El instructor, como ya hemos visto, no es alguna persona externa, sino el Yo superior dentro de cada uno de nosotros. La sombra es lo que Sigmund Freud llamó el Id (´it´ en latín) y Carl Jung denominó la Sombra. También es lo que Edward Bulwer Lytton llamó el Morador del Umbral en su novela Zanoni, un término que HPB también usó, ya que admiraba esa novela y a su autor. El verso 205 nos dice que el Sendero pasa a través de Portales (de los cuales hay siete), cada uno más angosto que el anterior. Esta imagen de Portales enangostándose constantemente recuerda a la declaración de Cristo en el Evangelio de San Mateo (7:14): “Estrecha es la entrada, y estrecho [es decir “se hace estrecho”] el camino que lleva a la Vida, y pocos son los que la encuentran.” Recuerden que La Voz del Silencio está “dedicada a los pocos”, aquellos pocos que encuentran el estrecho Sendero que conduce a través de Portales cada vez más estrechos. Este sendero lleva por un “camino arduo y espinoso” hacia jñâna o gnosis, que la nota de HPB (citada precedentemente) define como “conocimiento, sabiduría”. Es conocimiento inmediato y directo de la Verdad. Y el “camino arduo y espinoso” que nos lleva a la Verdad, nos recuerda la declaración de HPB publicada póstumamente:
Existe un camino, empinado y espinoso, plagado de peligros de todo tipo, pero aún así un camino, que lleva al corazón mismo del Universo: Puedo decirte cómo encontrar aquellos que te mostrarán la entrada secreta que abre hacia dentro únicamente, y cierra rápido detrás del neófito por siempre jamás. No existe peligro que un coraje intrépido no pueda vencer; no existe tentación que la pureza sin manchas no pueda atravesar; no existe dificultad que un intelecto fuerte no pueda superar. Para aquellos que triunfan existe una recompensa más allá de las palabras, el poder de bendecir y salvar a la humanidad; para aquellos que fracasan, hay otras vidas en las que el triunfo puede venir.
Esta declaración es prácticamente un resumen de los puntos principales de La Voz del Silencio.
MEDITACION:
Piense sobre la declaración “Existe un camino”. Memorícela. Repítala. Deje que su significado se abra en su corazón.
Esta metáfora dominante del tercer fragmento, los siete portales en el Sendero, cada uno que abre con una llave diferente, se desarrolla en los versos 206 a 214, que enumeran las siete llaves y las describen brevemente.
VERSOS [206-214]
[206] Ves bien, Lanoo. Estos Portales conducen al aspirante a través de las aguas hacia “la otra orilla”. Cada Portal tiene una llave de oro que abre su cerradura; y estas llaves son: [207] 1. DÂNA, la llave de la caridad y el amor inmortal. [208] 2. SILA, la llave de la armonía en la palabra y acción, la llave que contrabalancea la causa y el efecto, y no deja ya lugar a la acción kármica. [209] 3. KSHÂNTI, la dulce paciencia, que nada puede alterar. [210] 4. VIRÂGA, la indiferencia al placer y al dolor, vencida la ilusión, se percibe la Verdad pura. [211] 5. VIRYA, la intrépida energía que desde el cenagal de las terrenas mentiras, lucha abriéndose paso hacia la Verdad suprema. [212] 6. DHYANA. Cuyo portal dorado una vez abierto, conduce al Naljor*, hacia el reino del eterno Sat y su contemplación incesante. [213] 7. PRAJÑÂ, la llave que hace de un hombre un dios, constituyéndole en Bodhisattva, hijo de los Dhyânis. [214] Tales son las llaves de oro de los Portales.
[Nota de HPB]: * Un santo, un adepto.
COMENTARIO. La metáfora del mundo como una masa de agua, ya sea un océano o una corriente, y la de nuestra experiencia de vida terrenal como un viaje sobre esa masa de agua o cruzándola, se encuentra en muchas culturas y tradiciones humanas. En los tiempos de los anglosajones, uno de los más conmovedores usos de esa metáfora se halla en un poema llamado “El Marinero”, que cuenta las dificultades y peligros de navegar en mar abierto. Una metáfora similar se halla en la tradición budista, que habla de arribar a la otra orilla como completando el viaje de la vida, y se encuentra en el verso 206, cuya glosa explica:
Glosa 7. “Arribar a la orilla” es para los budistas del norte sinónimo de alcanzar el Nirvâna, a través de la práctica de las seis y la diez Pâramitâs (virtudes).
El uso de la metáfora en el verso 206 es de alguna manera inusual, porque los siete portales, entradas o puertas, se dice que conducen al peregrino a través de las aguas. Esta parece ser una metáfora diferente, ya que las entradas y puertas están usualmente asociadas con un camino o un edificio. Una manera de reconciliar las dos metáforas es imaginar un puente sobre un río de aguas torrentosas, y sobre el puente siete sucesivos portales a través de los cuales el viajero debe pasar para alcanzar “la otra orilla”. La metáfora de un puente también esta muy extendida, como en la letra de una canción de Simon & Garfunkel “Puente sobre aguas turbulentas” y en el concepto zoroastriano de un puente que es el único acceso al cielo. De acuerdo al mito zoroastriano, después de la muerte, todos nosotros debemos cruzar el Puente Chinvat (literalmente “El Puente del Separador”), que conduce al cielo (“la otra orilla”). Cuando un alma buena está sobre el puente, se vuelve ancho y fácil de pasar, pero cuando un alma malvada intenta cruzar, se vuelve como el filo de una navaja, y el alma cae al abismo. Cada uno de los siete portales se abre con una llave particular, que se enumeran en los versos 207 a 213. Estas llaves son las pâramitâs o virtudes celestiales. El número de estas virtudes varía de una escritura budista a otra, pero generalmente se reconocen seis, con cuatro virtudes agregadas por los monjes, totalizando diez. En La Voz del Silencio, las siete llaves corresponden a las seis pâramitâs tradicionales y básicas, con la adición, en el medio o en la cuarta posición, de una séptima virtud. Los siete portales y sus llaves concuerdan con todos los juegos de siete, pero particularmente con las siete iniciaciones (que son etapas en el Sendero) y los siete principios humanos (cada uno de los cuales tiene que unificarse con las siete iniciaciones durante el peregrinaje humano): La primera, dâna, “generosidad, caridad, amor” (etimológicamente relacionada con la palabra donación), tiene correspondencia con el cuerpo físico denso (sthula sharira), ya que todos los actos de dación deben ser realizados en el plano físico. La segunda, sila, “buena conducta o comportamiento”, en La Voz se traduce como “armonía”, porque esta es la esencia de toda acción recta. Corresponde con los principios de vitalidad (prâna), que produce armonía en la acción en nuestra vida. La tercera, kshânti, “paciencia”, se corresponde con el principio de la forma, el cuerpo modelo o doble (linga sharira), porque eso es lo que persiste pacientemente a través de todos los cambios en nuestro cuerpo físico denso. La cuarta, virâga (o vairâgya) se traduce como “ausencia de deseos” en A los Pies del Maestro y a veces como “carencia de deseos”. Podría traducirse literalmente como “ausencia de color”; ya que la raíz de la palabra, râga, puede significar un “color matizado emocionalmente”; es un término que refiere a uno de los modos de la música india, cada uno de los cuales se asocia con un momento del día y una actitud emocional. Virâga se corresponde con el principio del deseo (kâma). El saber popular asocia las emociones con los colores: mirar el mundo a través de lentes rosados, estar verde de envidia, estar con un humor negro, etc. Los clarividentes dicen que cuando estamos embargados por una emoción, nuestras auras se inundan con el color correspondiente. Entonces literalmente, vemos o respondemos al mundo a través de esa coloración emocional, como sí estuviéramos usando lentes de colores. Para ver las cosas como realmente son debemos sacarnos los lentes y ver el mundo sin la coloración que dan nuestras emociones. Eso es virâga, una percepción del mundo a nuestro alrededor, desprovista de colores La quinta, virya, ‘valor, entusiasmo’ o literalmente ‘heroísmo, hombría’, de vira, ‘héroe, hombre’ (como en el título del fundador del Jainismo: Mahâvira, “Gran Héroe”) es afín a la palabra latina vir ‘hombre’ y por lo tanto con viril y virtud, etimológicamente ‘hombría’. Se corresponde con el principio de mente (manas), que también se relaciona a la palabra inglesa ‘man’, siendo la mente (mind) la facultad que nos hace humanos. La sexta, dhyâna, “meditación”, se corresponde con el principio de inteligencia o intuición (buddhi). Es la manera en que descubrimos la sabiduría y de acuerdo al verso 212 “conduce al Naljor* hacia el reino de Sat [Realidad]”. Un Naljor, dice HPB, es “*Un santo, un adepto”. La séptima, prajñâ, ‘sabiduría’ (de pra, ‘satisfecho, completo’, y jñâ, ‘sabe’r‘) corresponde al principio del Ser dentro nuestro (âtmâ). El conocimiento de quiénes somos es el máximo conocimiento, con el cual ya no es necesario saber nada más, como el sabio Uddâlaka instruye a su hijo Svetaketu en el Chândogya Upanishad. H. P. Blavatsky escribió un articulo titulado “Chelas y Chelas laicos” (Collected Writings IV, 606-14), en el cual ella discute las cualidades requeridas en un chela o estudiante de uno de los Maestros de Sabiduría. Ella enumera siete de esas cualidades, que son muy parecidas a las pâramitâs de las Llaves de Oro de los Siete Portales de La Voz del Silencio. El cuadro en esta página brinda una lista en paralelo de esas cualidades. Las Llaves de Oro para los Siete Portales son entonces otra manera de mencionar las cualidades que se necesitan en nuestra preparación para descubrir quiénes somos realmente. Al compararlas con las cualidades enumeradas en “Chelas y Chelas laicos” se revelarán algunas relaciones interesantes, y la descripción de las cualidades para el discipulado en ese artículo valdrá la pena estudiarla cuidadosamente.
Por ejemplo, la última de las cualidades es una “serena, calmada indiferencia pero a la vez una justa apreciación de todo lo que constituye el mundo objetivo y transitorio, en relación con las regiones invisibles”. Cada palabra en esa descripción es importante. Tenemos que estar apaciblemente indiferentes a todo en el mundo objetivo y transitorio, pero no significa que el mundo no tiene valor o que tengamos que abandonarlo. Porque también tenemos que tener una apreciación justa del mundo objetivo y transitorio, en la medida en que se relaciona con las regiones invisibles. Es en tal calmada indiferencia, combinada con una apreciación justa, donde yace la verdadera sabiduría, esa sabiduría que es nuestra naturaleza esencial.
MEDITACIÓN:
Tome una de las siete Llaves de Oro por vez, las pâramitâs, y medite en ella. Compárela con el respectivo principio humano y la correspondiente cualidad de un chela. Puede pasar un día, una semana, o un mes, en cada una. Valdrá la pena considerarlas repetidamente.
Estamos en el Solsticio de Invierno, el período en el cual el Sol al entrar en el signo de Capricornio cesa de avanzar, desde el 21 de Diciembre, en el Hemisferio Sur, y, cáncer o el cangrejo, comienza a retirarse. Es en este momento particular que, cada año, él nace, y el 25 de Diciembre fue el día del nacimiento del Sol para aquellos que habitaban el Hemisferio Norte. También el 25 de Diciembre está la Navidad, el día en que para los cristianos, nació el “Salvador del Mundo”, en que nacieron siglos antes que él, el Mithra persa, el Osiris egipcio, el Baco griego, el Adonis fenicio, el Attis de los frigios. Y, mientras que al pueblo de Memphis se les mostraba la imagen del dios Día, sacado de su cuna, los romanos apuntaron el 25 de Diciembre en su calendario como el día natalis solis invicti (en que el sol nace invicto)
Triste burla la del destino humano. Tantos Salvadores del Mundo nacieron en él, tanto y tan a menudo propiciado, y aún el mundo sigue siendo tan miserable, mejor dicho, mucho más desgraciado ahora que nunca antes, ¡como si ninguno de estos hubiera nacido nunca!
H. P. Blavatsky “El Año ha muerto, Larga vida al Año”, CW, X, 278
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