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Vol. 130 - Número 3 - Diciembre 2008 (en Castellano) |
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El misterio del Logos femenino
MANFRED K. EHMER El Dr. Mandred K. Ehmer es filósofo y autor, y miembro de la Sección alemana de la Sociedad Teosófica. Ha escrito muchos libros, poemas y artículos. El misterio del Logos femenino, la Sophia celestial, es uno de los Misterios más profundos del mundo y sólo puede ser comprendido por una percepción meditativa. Sophia es la madre cósmica celestial, la Sabiduría de Dios que, en tanto que “Alma del Mundo”, desposa el todo de la creación. El famoso filósofo religioso Arthur Schult escribió: “la virgen luminosa, como la Sophia divina, como la “Sabiduría de Dios”, es la personificación del cosmos primordial luminoso, el kosmos neotos, el mundo de Dios puro e ideal. Habita en una esfera que es hiperespacial, hipertemporal, hipercausal, más allá de cualquier separación de polaridades cósmicas, en el mundo de la totalidad siempre existente”. [i]
Como símbolo del Logos femenino, Sophia representa la parte reprimida del alma colectiva occidental. Porque en la esfera cultural occidental, el “Logos” siempre ha sido mal comprendido solamente como masculino, así que no había lugar para Sophia como figura de lo espiritual-femenino. Ciertamente, sería apropiado complementar la visión unilateral del Logos en occidente por medio de la reivindicación de las energías de Sophia; además, la teología feminista ha tratado de revelar una vez más la oculta tradición de Sophia en el Cristianismo y el Judaísmo.[ii] De las enseñanzas secretas de las tradiciones judaica, cristiana y griega, especialmente la cristiandad cóptica, gnóstica y ortodoxa, podemos percibir la imagen de una anciana diosa de sabiduría que inicialmente tenía un gran significado, pero que, posteriormente, fue completamente suprimida por el sistema patriarcal. En la antigua doctrina de la sabiduría del occidente y el oriente, que llamamos Theosophia/Brahmavidya o, más comúnmente, teosofía, está incluido el principio de Sophia, el misterio del logos femenino. En Teosofía, “Logos”, como “espíritu”, no es interpretado de forma alguna como masculino. Básicamente, en todos los sistemas esotéricos en Occidente, por ejemplo la Cábala, se valora mucho una cooperación semejante y equilibrada de las energías femeninas y masculinas del mundo. Además, hay que considerar como evidencia en sí misma, que el supremo principio divino, como quiera que lo llamemos, está más allá de cualquier sexualidad. En un nivel más profundo de la manifestación, sin embargo, lo Divino se divide en lo Masculino y lo Femenino. Y nosotros encontramos las energías de lo masculino y lo femenino completándose siempre en polaridad en cualquier parte de la creación y en todos los niveles de la manifestación. Incluso la deidad suprema a la que adoramos como el Logos Trino y el Sol Central del universo, contiene en sí mismo la primordial masculinidad y feminidad, en primer lugar, sólo potencialmente, como una pura posibilidad de desarrollo, pero, luego también, como una manifestación esencial muy concreta. La Deidad en su total abundancia comprende al Logos así como a Sophia, la Palabra así como la Sabiduría, pero en su misma esencia mora más allá de esta dualidad. En su total abundancia esencial, la deidad es la unidad que subyace en la dualidad masculino-femenina del Logos y de Sophia y la contiene en sí. Así que un Tercero más elevado abarca la dualidad divina, y éstos están juntos cobijados en una tríada. En ello se encuentra encerrado el gran misterio de la tríada divina: que Dios, como un todo, es trino, no está compuesto por tres personas, sino por una tríada dinámica dentro de una unidad. En la visión universal de la Teosofía, el Dios manifestado es visto como un Logos Trino que equivale a la trinidad hinduista de Brahma/ Vishnu/ Shiva, así como a la trinidad de Padre/ Hijo/ Espíritu Santo del Cristianismo. Esta trinidad divina es la cúspide de un gran organismo mundial viviente y espiritual, bajo el cual está el Logoi séptuple primordial (los siete espíritus ante el trono de Dios de la Biblia); y debajo de este nivel hay una multitud de poderes divinos creadores, organizadores y conservadores, que actúan como agentes de la suprema tríada divina en los reinos naturales así como en los espirituales: desde los relucientes querubín y serafín, pasando por las incontables jerarquías angélicas, los espíritus de la naturaleza, devas y espíritus elementales, una estructura creadora organizada, con múltiples niveles, en la que todo funciona en conjunto para formar una totalidad viviente. Esta es la visión del universo presentada por la teosofía, una imagen de la multiplicidad dinámica en la unidad. Puesto que el Logos Trino es el sol central primordial del universo, los tres aspectos de Dios corresponden a los tres distintos tipos de fuego cósmico: el primer Logos, como la Voluntad cósmica del fuego mental; el segundo Logos como el Amor y la Sabiduría del fuego solar; y el tercer Logos como Inteligencia activa del fuego material. El Primer Logos, el principio paterno de Dios, está más allá de la dualidad de lo “masculino” y lo “femenino”. Deberíamos tener cuidado de no ver esta primera manifestación de Dios como una especie de “persona”; no se trata tampoco de un “padre” en el sentido ordinario, sino más bien de un inmenso Desconocido, un prototipo supremo del mundo, un principio de creación supremo, en la Cábala Ain Soph, la Luz insustancial de Dios. De este prototipo inconcebible y Voluntad primordial se dice: “Es el principio y el fin de todos los niveles evolutivos de la creación. Todos ellos están marcados con Su sello y no podemos nombrarlo más que por su unidad. Es el único Ser (verdadero), a pesar de todas las formas innumerables en las que actúa y se organiza” (Sohar, I. 21ª). Quizás Angelus Silesius[iii] tenía a este Primer Logos en mente cuando habló en su famoso El Querubín Peregrino, sobre la “hiper-deidad”: Lo que han dicho de Dios no me basta: Mi vida y toda mi luz es una “hiper-deidad”.[iv] El Segundo Logos, el aspecto Amor-Sabiduría de Dios, se considera en algunas tradiciones como hermafrodita, como una dualidad de lo femenino-masculino. De este modo, la trinidad de Dios, estrictamente hablando, se extiende a un “cuaternario” divino. El Segundo Logos, el principio cristiano del Hijo, es completado así por una contraparte femenina. La celestial Sophia es, por así decirlo, el oculto y escondido principio de la Hija que complementa la acción del Cristo cósmico, mientras lo identifiquemos con el “Hijo”. El Tercer Logos, la inteligencia activa, aparece en la interpretación cristiana como el Espíritu Santo, el espíritu del mundo, la razón del mundo, la inteligencia cósmica, cuya tarea es llevar la acción del Primero y Segundo Logos a los niveles de la materia. A través del Espíritu Santo, que funciona como un medio de transmisión electromagnética, las energías del Hijo y de Sophia surgen en todos los rincones de la creación. Las energías esenciales vivientes de Dios vitalizan y animan todos los mundos visibles e invisibles, pues la creación nunca está separada del espíritu del creador. Dios no es el “orfebre” de los deístas, que construye el mundo como una máquina y luego la mira “desde afuera”; sino que es ese espíritu universal en movimiento, que vive y actúa en el mundo entero. En cada rincón de la creación están trabajando las energías del Logos y de Sophia, formando una polaridad universal de lo femenino y lo masculino. Así pues, toda la creación se manifiesta de forma dual, y toda la vida evoluciona por el conflicto siempre activo de las polaridades, como día y noche, luminosidad y oscuridad, superior e inferior, masculino y femenino, sol y luna. Estos son contrastes que no se oponen entre sí pero que alcanzan la realización suprema, solo por medio de la cooperación creativa. Sophia representa, entonces, el aspecto femenino del Segundo Logos y es por ello un elemento de Dios. En nuestra esfera cultural occidental, sin embargo, la idea de un Logos femenino se ha suprimido en la medida en que el sistema patriarcal identifica el “Logos” con el intelecto puramente masculino. No obstante, no es así en las tradiciones esotéricas de oriente, en ellas el misterio del Logos femenino ha sido conservado siempre, como lo demuestran ejemplos de China y de India: En el panteón hindú, encontramos una diosa llamada Vâch, la diosa de la Palabra, de la elocuencia, de la expresión humana y divina, un Logos femenino, sin duda, en el sentido en que “Logos” significa, primariamente, “palabra”. Se le llama también “la reina de los dioses” y de acuerdo con algunas opiniones está en conexión con el Creador Prajâpati cuando pronuncia las extraordinariamente poderosas palabras que llaman a la existencia al cielo y a la tierra, al océano y también al trueno y a la luz. Ella personifica en sí esas palabras primordiales de creación y crea así el universo por medio de su poder mágico. Algunas veces Vâch se identifica también con Sarasvati, la esposa de Brahma y diosa de la sabiduría. Desde todo punto de vista es un equivalente del “Logos” griego, que se da, no obstante, como una expresión puramente masculina. En la pareja divina Brahma-Vâch vemos el Segundo Logos personificado en su polaridad de lo femenino y lo masculino. Cuando volvemos la mirada hacia China, encontramos un equivalente de la Vâch india: la madre celestial Kwan-Yin, una manifestación de Avalokitesvara Bodhisattva, quien entre los chinos era tan popular como María, “la madre de Dios”, en el hemisferio occidental. Esta misma Kwan-Yin, llamada también “Madonna del lejano oriente” es la única Bodhisattva femenina en el budismo. Su nombre, traducido literalmente como “voz divina”, tiene el mismo significado que la palabra primordial divina, el Logos. Como Logos femenino, corresponde a la Sophia de las tradiciones occidentales; en la Doctrina Secreta Kwan-Yin es llamada explícitamente “Logos femenino”.[v] Del mismo modo, en la divina pareja egipcia Isis y Osiris encontramos el Segundo Logos en su polaridad masculino-femenina, como Brahmâ y Vâch. Isis es por consiguiente, un Logos femenino y una manifestación de Sophia. La mitología egipcia llama a Isis la hermana y la esposa del archidios Osiris (en Egipto, el matrimonio entre hermano y hermana era muy común, considerándose incluso un símbolo de estatus social), quien es definitivamente un Logos divino en sí mismo, dado que es identificado con el sol. Osiris es una manifestación del Logos divino del mundo. Una imagen de este grandioso Logos del mundo está en nuestro ser, porque el Logos Trino se refleja en la Mónada inmortal que, siendo eterna y sujeta a todos los cambios de nacimiento y muerte, representa la esencia misma de nuestro ser. Tenemos el Logos en nosotros en su forma trina, así como tenemos Sophia en nuestro ser. En términos modernos, podríamos también designar a Sophia como un arquetipo del alma humana que, yace dormida en el océano de la inconsciencia colectiva, reside en todos los seres humanos, tanto en hombres como en mujeres. Este es el impulso de Sophia en cada alma humana, que despertada del modo correcto, puede transformarnos y conducirnos hacia la verdadera consciencia de la sabiduría cósmica. “Lo Eterno Femenino nos eleva”, dice el Coro Místico al final del Fausto de Goethe; solamente la Sophia femenina puede ser expresada de este modo. ¿Acaso no dijo también Novalis[vi] en su famoso cuento de hadas Eros y Fabel, que Sophia “sería eternamente la sacerdotisa de nuestros corazones”? La novela termina con estos versos: Se ha fundado el reino de la Eternidad; En el amor y la paz termina toda lucha. Se ha ido el largo sueño lleno de pena; Sophie es eternamente la sacerdotisa de corazones.[vii]
Nota: Este artículo apareció en su forma original en el Theosophie Adyar, y también en algunas otras revistas. [i] Arthur Schult, Maria Sophia, Bietigheim, 1986, p. 21. [ii] Vide Verena Wodtke (ed.), Auf den Spuren der Weisheit, Freiburg, 1991. [iii] Angelus Silesius (Johan Scheffler), místico y poeta alemán, 1624-77. Su El Querubín Peregrino, una colección de poemas místicos, apareció en 1656. [iv] Angelus Silesius, Cherubinischer Wandersmann, Wiesbaden, 1949, p.3. Traducción de Manfred K. Ehmer. [v] H. P. Blavatsky, Die Geheimlehre, vol. I, Den Haag, p. 161. [vi] Novalis (Friederich von Hardenberg), romántico alemán: 1772-1801. [vi] Novalis, Werke in Zwei Banden, vol. 2, Köln, 1996, p.367.
Oír su nombre o ver su forma
Dotada de un poder sobrenatural
No importa cuántos males oscuros se junten,
¡Fiel Kwan Yin! ¡Pura Kwan Yin!
¡Oh resplandor inmaculado y refulgente! Sutra del Loto 25
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