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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 130 - Número 3 - Diciembre 2008 (en Castellano)

 
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Cualidades para nuestro trabajo

 

N. SRI RAM

 

Reimpreso de “Desde la Atalaya”, The Theosophist, Agosto 1959.

 

    Cualquiera que trate de ayudar a la gente a obtener una comprensión más profunda y verdadera de las cosas, debe él mismo hasta cierto punto, estar por encima de las trivialidades de la vida ordinaria en la cual mucho de nosotros gastamos mucho de nuestro tiempo y energía. Esto no significa que no debamos tener en cuenta las pequeñas cosas de la vida. Incluso las pequeñas cosas pueden ser de gran importancia en la vida de una gran persona y las cosas de real importancia para nosotros pueden tornarse triviales si las tratamos como si no tuvieran trascendencia. Los valores de todas las cosas dependen, en última instancia, del espíritu con que se manifiestan.

   Una de las cualidades requeridas para un trabajador es cierta honestidad y seriedad de propósito que no le permitan desperdiciar su tiempo, su pensamiento, su interés en temas que no sean de importancia, o en formas que no le ayuden ni a él, ni a otros. Ser serio de propósito no significa, sin embargo, que debamos ser totalmente solemnes, y eliminar cualquier sentido del humor que podamos poseer. Podemos ser solemnes y aún así ver el lado humorístico de las cosas. Cuando uno ve las cosas en la perspectiva correcta, cualquier cosa que no encuadre en ellas se torna incongruente, y esta incongruencia o desproporción puede ser expuesta en un comentario humorístico. Tener sentido del humor es tener sentido de la proporción, de valores relativos y de la oportunidad. Se ha dicho que nadie puede ir muy lejos en el sendero espiritual sin tener sentido del humor. Lo que se requiere es el equilibrio que proviene de la capacidad de mantenerse desapegados, y que no desaparece fácilmente. A pesar de ser alegres, es necesario no perder nuestro profundo propósito y, este propósito es hacer todo lo que sea posible para ayudar a nuestros hermanos a redimirlos de una condición de ignorancia y de todas las ilusiones que causan infelicidad.

   No es posible, simplemente mediante el empleo de grandes recursos producir el milagro de cambiar todas las personas del mundo, de lo que son, a algo enteramente diferente. Si pagáramos una suma lo suficientemente grande de dinero podríamos atraer a muchos graduados que hayan hecho exámenes brillantes, pero no creo que el trabajo Teosófico podría progresar de esta forma. La calidad de la Sabiduría tiene que estar en el corazón del individuo antes que se la pueda comunicar a otros. La Teosofía no es una ciencia que se pueda estudiar como una guía de ferrocarriles y luego repartirla para beneficio de otros. La verdad tiene que venir a través de la propia experiencia o de la realización interna; uno debe como mínimo hablar desde la más sincera convicción interna. Es perfectamente legítimo citar a alguien y decir: “Aprendemos de tal o cual.” Pero para influir sobre otras personas tiene que existir el toque de un sentimiento de primera mano. Si usted le da su propia respuesta a una gran verdad, tal respuesta es propia y de ninguna otra persona y, es por eso que aunque la verdad puede haber sido expresada por otras personas en diferentes formas, cuando hable de ella usted le dará a esa explicación algo de su propia cualidad, sus sentimientos, su corazón y emociones, las cuales tienen su propio valor.

   Uno tiene que tener fe en aquello de lo que habla: no fe ciega.  Si hay una creencia que es diferente a su propia experiencia, simplemente crea un conflicto interno; la creencia lo lleva hacia una dirección, mientras que la propia experiencia sobre las cosas y el contacto con otras personas lo han moldeado de forma diferente. Pero si un individuo tiene una percepción que no es producto de cualquier motivo de gratificación o temor, no es el producto de reacciones previas, entonces es independiente, y tenemos que denominarlo conocimiento a través de la fe o conocimiento intuitivo. Hay ciertas verdades que sólo se pueden conocer por medio de nuestro ser interno.

 

 

 

Esté totalmente conciente de la verdadera imagen del Hombre:

El hombre es espíritu.

El hombre es vida.

El hombre es inmortal.

 

Dios es la fuente de luz del hombre.

Y el hombre es la luz que vino de Dios.

No existe la fuente de la luz sin la luz,

Ni tampoco luz sin una fuente de luz.

 

Así como la luz y su fuente de luz son una misma,

Así el hombre y Dios son uno.

 

Dios es Espíritu; por lo tanto, el hombre es también espíritu.

Dios es Amor; por lo tanto, el hombre es también amor.

Dios es Sabiduría; por lo tanto, el hombre también es sabiduría.

El Espíritu no es material en naturaleza;

El Amor no es material en naturaleza;

La Sabiduría no es material en naturaleza;

 

Por lo tanto, el hombre, que es espíritu, amor y sabiduría no está de ninguna forma relacionado con la materia.

 

Seicho-no-le

Lluvia de néctar de las Doctrinas Sagradas 48-49

 

 

 

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